Jules Terrier, introductor de la técnica dermoplástica en el Museo de París.

Hasta entonces en el Museo Nacional de Historia Natural de París se habían montado las pieles de los grandes mamíferos directamente sobre una escultura de madera maciza o sobre una estructura de madera forrada también de madera: el antílope azul de El Cabo, un trabajo anterior a 1793; el rinoceronte indio de Luis XV por Félix Vicq d'Azyr en 1793; el cuaga de Luis XVI en 1798; el elefante Hans por Louis Dufresne en 1803; la elefanta Parkie (1817) y la jirafa enviada por la expedición de Le Vaillant en 1820, ambos obra de Pierre-Antoine Delalande; la jirafa hembra de Carlos X, actualmente conocida como Zaraza, y un gorila, ambos trabajos de Théodore Poortman de alrededor de 1842. En el caso del gorila Poortman modeló previamente una escultura a escala en arcilla, algo novedoso en el museo de la capital francesa. Algunos de aquellos montajes aún hoy pueden verse en los museos de París, de Bourges o de La Rochelle. 

Jules Terrier en 1894.

Casi simultáneamente al montaje de la jirafa, Poortman, que hasta no hacía mucho tiempo había sido conservador del Museo Zoológico de Lyon, ensayaría una primigenia técnica esculturodérmica. En 1844 obtendría un premio otorgado por el Jurado Central sobre los Productos de la Industria Francesa por un galgo disecado "preparado por un nuevo procedimiento plástico, que nos ha parecido superior a los generalmente empleados para conservar las proporciones, formas, actitudes naturales y detalles anatómicos que se dibujan a través de la piel", en el que sustituía la estopa por "una composición plástica y fibrosa" (1). 

Robert Didier y André Boudarel (1921) relatan que después de Poortman se continuarían montando los animales de gran tamaño conservando el esqueleto completo y envolviéndolo con viruta ligada con hilo representando los músculos. Desconozco las razones por las que no se siguió empleando y mejorando la técnica ensayada por Poortman. Desconozco asimismo hasta cuándo permaneció Théodore Poortman trabajando en el taller de Taxidermia del Museo. Didier y Boudarel afirman que breve tiempo más tarde los grandes mamíferos se empezarían a montar utilizando un perfil central de madera a cuya silueta se ceñían aros también de madera, revestidos de viruta. Estos autores explican que A. Quentin ensayó el montaje de un asno asiático salvaje modelando una escultura en arcilla, a la que aplicó una capa de cartón piedra, con lo que se obtuvo un maniquí al que encoló la piel. Aquel método, que consideraban defectuoso, tampoco prosperaría y se proseguiría modelando los maniquíes envolviendo la estructura de madera con viruta. 

Silueta con perfil de madera.

Quentin empezó a trabajar en el Museo alrededor de 1863 y Jules Terrier tres años más tarde. Éste último fue testigo de aquella prueba fallida del montaje de la piel de asno sobre una escultura cartón piedra. Terrier, que empezó montando los grandes especímenes con estructura de madera y viruta o estopa, en 1894 montó un búfalo aplicando yeso de París (2) a la superficie del maniquí, antes de colocar la piel, técnica que ya se practicaba en otros museos como el de Viena o el de Berlín (3). La aplicación de una capa de escayola sobre el maniquí era un procedimiento que se llevaba a cabo en Alemania hacía ya unas décadas y que había sido descrito por Philipp Leopold Martin en 1870 en su Dermoplastik und Museologie. 

Adobado de la piel.
Efectivamente Terrier, ya entonces jefe del taller de Taxidermia, recibió el encargo de preparar el búfalo que recién había fallecido en el zoológico anejo al Museo. El proceso completo de montaje se describiría meses más tarde en la revista L'Illustration. El texto de aquel artículo nos brinda información de primera mano y sus numerosos grabados nos servirán de ayuda para explicar la técnica, aunque en ningún momento cita ningún nombre, ni el de Terrier ni el de ninguno de los otros dos taxidermistas que aparecen en las litografías. Para la revista el anónimo Jules Terrier es "el preparador encargado de ejecutar esta pieza". El redactor únicamente nombra a Alphonse Milne-Edwards, director del Museo, para agradecerle el gesto de permitirle asistir a los trabajos. 

Según L'Illustration aquel búfalo del Cabo falleció en la ménagerie "víctima de los rigores del último invierno". Terrier, como ya se hacía desde la época de Dufresne, casi un siglo antes, tomó las medidas exactas del animal, hizo un croquis y modeló en arcilla una maqueta a pequeña escala del animal vivo. Desollado el animal, la piel estuvo veinticuatro horas en remojo en agua fresca y luego pasó al baño curtiente de alumbre y sal donde permaneció algunos días. El cuero se sacó para desengrasarlo, retirar tegumentos y afinar la piel, y se retornó al baño hasta su completo curtido. 

La estructura interna de madera casi acabada.

Al tiempo que la piel se adobaba, Terrier empezó a construir el armazón como ya se ha descrito unos párrafos más arriba. Ninguno de los huesos del esqueleto se conservó. El esqueleto completo de aquel búfalo se montaría más tarde y se destinaría al Gabinete de Anatomía Comparada del Museo. Terrier partió de una silueta de madera que fijó a la base mediante dos soportes provisionales de hierro. Esculpió en madera los huesos de las extremidades, que colocó y fijó en su lugar, y retiró los soportes. A modo de costillas se colocaron aros de madera y también unos listones longitudinales para afianzar los aros. El cráneo también se talló en madera, se le colocaron unos cuernos naturales de otro espécimen similar, y se fijó a la silueta. La revista L'Illustration lo adornaba algo más: "Así se encuentra reconstituida la osamenta de la bestia, con un arte maravilloso del que no habrían renegado los antiguos constructores del legendario caballo de Troya". 

Prueba de la piel sobre el armazón.

Retirada del baño, la piel se probó sobre la carcasa para comprobar que cada detalle de ésta estuviera en su lugar correcto y que las articulaciones coincidiesen. "Es en suma lo inverso de lo que practican los sastres, los cuales deben ajustar el hábito al cuerpo; aquí, es el cuerpo el que se ha de ajustar al hábito", escribía el redactor de L'Illustration. Hechas las rectificaciones oportunas, Terrier empezó a envolver el "esqueleto ficticio" con una capa de paja "más o menos gruesa" modelando la musculatura con la ayuda de cordel. 

Terrier modelando con paja y cordel.

André Boudarel, discípulo de Terrier, borró la imagen de su maestro en su libro de 1921 (ver grabado anterior).

Siguiendo el modelo a escala, Terrier prosiguió aplicando sobre la paja una fina capa de estopa impregnada en yeso líquido, alisando la superficie y marcando músculos, tendones y arrugas con más escayola. Bordemos este artículo con la inestimable ayuda del articulista de L'Illustration:
"Bajo la rasqueta la cabeza aparece con su verdadero carácter; los formidables músculos del cuello y de las patas delanteras fuertemente contraídos, los tendones endurecidos de los miembros en acción destacan vigorosos; los costados y la grupa se diseñan con su brutal poder; todos los relieves, todos los huecos, son concienzudamente estudiados, ahondados con tanto cuidado que serán más aparentes bajo la piel del búfalo, de pelo corto y escaso. ¿Acaso es esto un empajado?, no, es una gran y magistral estatua.(4)" 

Terrier aplicando y modelando la capa de escayola.

Retirada definitivamente del curtido y conveniente escurrida, se aplicó a la parte interior de la piel una "sustancia untosa destinada a dotarla de la necesaria flexibilidad", se colocó sobre su maniquí y, tras las últimas comprobaciones se procedió a coser. Para evitar contracciones durante el secado, en los huecos, alrededor de los músculos y por la cara interna de los miembros, se sujetó la piel clavándole puntillas hasta su completo secado. "En unas semanas la piel estará completamente seca y fijada, las puntas podrán ser retiradas sin problemas, se limpiará y se alisará el pelaje, se colocarán los ojos y, después de una última limpieza, esta magnífica pieza se dirigirá hacia las galerías". Llama la atención del lector que el redactor de aquel texto dejara la colocación de los ojos para cuando el espécimen ya estuviera seco, mientras que en el último grabado que muestra el sujeto con la piel húmeda y recién claveteada, comprobamos que los ojos ya brillan bajo los párpados. Los últimos párrafos del artículo de L'Illustration los dedica la revista al disecado de aves y al elogio del "jefe de los trabajos taxidérmicos y de sus preparadores". 

El búfalo casi terminado.

Más tarde, en otras obras, el propio Jules Terrier perfeccionaría el proceso empleando tela metálica para dotar de volumen a la silueta y aplicando sobre ésta las mechas de estopa bañadas en yeso. Didier y Boudarel afirmaban en su libro que el montaje del búfalo se trató de una verdadera obra maestra, que Terrier era, como hemos tenido la oportunidad de comprobar, un escultor de un gran talento, y que en 1921 se seguía utilizando el mismo método en el Museo de París. Precisamente el sistema de montaje de grandes mamíferos de Terrier es el que André Boudarel, discípulo suyo, explica en su libro, sirviéndose precisamente de las imágenes de L'Illustration pero, pobre Terrier una vez más, eliminando la imagen de su maestro. 

Jules Terrier pintando la escultura de un dodo en 1901.

Biografía de Jules Terrier. 

De Jules Laurent Terrier no se conocen más que algunos detalles biográficos. Debió nacer durante los primeros años treinta del siglo XIX. Sabemos que a mediados de los cincuenta estudió dibujo y escultura en la Escuela de Bellas Artes de París, donde coincidió con el más tarde reconocido escultor Justin Chrysostome Sanson, a quien como símbolo de amistad regaló en 1866 un medallón dedicado, que se conserva en el castillo-museo de Nemours. Aquel mismo año su amigo Sanson había regresado de Italia tras cinco años de estudios becados en Villa Médicis y Terrier ingresaría en el taller de Taxidermia del Museo de Historia Natural de París, donde llegó a ocupar el puesto de jefe del equipo de taxidermistas y donde permaneció hasta entrado el siglo veinte. Alrededor de 1880 fue miembro durante un tiempo breve de la Sociedad Zoológica de Francia. En aquella época tenía su domicilio en el número 26 del Boulevard de l'Hôpital de París.

Orycterope de Etiopía dibujado y coloreado por Jules Terrier en 1878 (5).

Disponemos de otra imagen de Terrier gracias al cuadro de Henry Coëylas Reconstitution du Dodo ou Dronte à l'Atelier de Taxidermie du Muséum, óleo de alrededor de 1903, donde vemos al taxidermista, paleta en mano, pintando la escultura en yeso de un dodo que él mismo modeló, y completando la escena un buen número de taxidermistas y ayudantes. En el cuadro de Coëylas también comprobamos que el método de montaje de mamíferos que aquí se ha descrito se siguió empleando años más tarde. En 1909 aún dirigía el taller de Taxidermia del Museo y el 25 de enero de ese año fue nombrado debido a sus méritos Oficial de la Orden de las Palmas Académicas. Desconocemos cuándo se jubiló o si falleció. Buen dibujante por formación, la Biblioteca central del MNHN conserva media docena de láminas coloreadas suyas donde se representan mamíferos y aves. Alumno del escultor animalista Emmanuel Fremiet, Terrier realizó y vendió un buen número de obras que se fundieron en bronce. En la actualidad, tanto el búfalo como la escultura del dodo, además de algunas otras de obras de Terrier, pueden admirarse en la Grande Galerie de l'Évolution del Museo Nacional de Historia Natural de París.


Ciervos bramando, escultura en bronce de Jules Terrier (6).


Notas.- 
(1) Más detalles sobre aquel trabajo de Théodore Poortman los encontrará el lector en el artículo "Tableau du Préparateur de Zoologie" en Taxidermidades. 
(2) El yeso de París o yeso mate se traduce frecuentemente al español como escayola. Realmente el yeso mate y la escayola no son lo mismo, ésta última es algo más refinada. Nosotros, no obstante, emplearemos el término escayola como sinónimo del yeso mate. 
(3) Johann Friedrich Naumann en su libro Taxidermie de 1848. 
(4) Tradicionalmente en Francia se viene empleando, aún en la actualidad, el término empailler, empajar, por disecar.
(5) Imagen propiedad del Museo Nacional de Historia Natural de París.
(6) Imagen obtenida en la web Artnet.com.


© All rights reserved. ® Reservados todos los derechos.
Taxidermidades, 2015.


Bibliografía:
---   Les travaux de Taxidermie au Muséum , en  L'Illustration, nº 2741, año 53, vol. 106, París, 7 de septiembre de 1895.
Jack Thiney   Taxidermie des grands spécimens au Muséum national d'Histoire naturelle ,  en La Lettre de l'OCIM, nº 48, Office de Cooperation et d'Information Muséographiques, Dijon, 1996.
Robert Didier y Albert Boudarel   L’art de la taxidermie au XXème siècle ,  Paul Lechevalier, Paris, 1921.
Amandine Péquignot  La Taxidermie au Muséum: un témoignane historique et muséologique , Mémoire de DEA de Muséologie des Sciences naturelle et humaine,  Muséum National d’Histoire Naturelle, París, 1999.
Johann Friedrich Naumann  Taxidermie oder dir Lehre Thiere aller Klassen am einfachsten und zweckmässigsten für Naturaliensammlungen auszustopfen und aufzubewahren, praktisch bearbeitet , C. A. Schwetschke und Sohn, Halle, 1848.
Philipp Leopold Martin  Dermoplastik und Museologie oder das Modelliren der Thiere und das Aufstellen und Erhalten von Naturaliensammlungen  , en Die Praxis der Naturgeschichte. Ein vollständiges Lehrbuch über das Sammeln lebender und... , vol. 2, Berhard Friedrich Voigt, Weimar, 1870.

Recursos:
Artículo "Reconstitution du dodo à l'Atelier de Taxidermie" de Henry Coëylas en Taxidermidades.
Artículo El Museo Nacionald de Historia Natural de París en Taxidermidades.