"Una visita al taller del taxidermista", óleo de Victor Lagye


Una visita al taller del taxidermista de Victor Lagye.


En la imagen observamos al taxidermista con mandil descendiendo de un altillo con una garza real quizá a medio montar, puesto que tiene las alas abiertas y el cuello alzado. En la estancia de trabajo, decorada únicamente con un retrato quizá de Leopoldo I, espera el cliente sentado medio recostado en una silla, un personaje joven que viste ropas vistosas y que conversa con una pareja asimismo bien vestida, quizá sus padres. Más allá del arco de la puerta de la izquierda la esposa del disecador conversa con el viejo de la casa, su padre o su suegro, sentado ventilándose junto a una ventana abierta. En el centro del cuadro una banqueta baja con algunos recipientes, un pavo real sobre una peana de percha alta, una sólida mesa de trabajo a la que se fija un tornillo y sobre la que están dispuestos más pájaros terminados, probablemente del cliente o algunos que le son ofrecidos: una gallina blanca -¿o paloma?- con la cola abierta, un ratonero común, un somormujo, una cigüeñuela, una especie de loro inidentificable, y un último que se asemeja a un mirlo. La obra, un óleo sobre tabla, se conoce como Una visita al taller del taxidermista (A visist to the taxidermist's atelier), es del pintor belga flamenco Victor Lagye, no está fechada y mide 69'8x81'9 cm. Se desconoce donde se encuentra. Se le perdió la pista a partir de una subasta en Bonhams de Nueva York en octubre de 2011 donde se remató por un precio de 5.625 dólares.
 

"Ávida" (2006), una comedia negra surrealista.


Los guardas del zoo y el adiestrador esperan que el taxidermista termine su encargo (1).


Rodada en blanco y negro, Ávida (2006) es una comedia negra surrealista francesa escrita, dirigida y protagonizada por Gustave de Kervern, en el papel de un adiestrador de animales sordomudo, y Benoît Delépine, que aparece como uno de los guardas del zoológico privado de un adinerado. El título de la película es uno más de los homenajes de los directores, y está tomado del anagrama con que André Breton, fundador del surrealismo, bautizó a Salvador Dalí, Ávida Dollars, por el apego de este último al dinero. Sucesión de ocurrencias con apenas diálogos, en alguna ocasión Kervern y Delépine han comentado que Ávida, más que una película surrealista, es un tributo a La edad de oro (1930) de Luis Buñuel, película aquella con guion de Buñuel y Dalí. Ambas coinciden en un humor absurdo.