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"El loro disecado", un cuento de Rafael Dieste.

Rafael Dieste publicó Historias e invenciones de Félix Muriel en su exilio de Buenos Aires en 1943, y no fue hasta 1974 cuando se publicó en España. El cuento El loro disecado, deliciosa, fantástica y misteriosa historia, incluída en Historias e invenciones, comienza así: 
   "En su tienda de Efectos Navales y Similares (los “similares” eran, entre otras cosas, alpargatas, trajes de mecánico, abonos químicos y sulfatos para las viñas), don Ramón tenía un loro disecado. Estaba muy serio, y prendida a una pata y a la alcándara tenía una cadenita como si fuese un loro vivo y pudiera escaparse. De modo que los que lo veían por primera vez se le acercaban y decían:
   - Dame la patita, lorito real…
   O cualquier otra cosa de las que hay que saber para hablar con un loro.
   Pero aquel no decía nada. Era don Ramón si estaba de buen humor, el que algunas veces respondía por él.
   - ¡Qué loro más raro! –exclamaba entonces el visitante o cliente-. Habla sin abrir el pico, y hasta parece que suena en otro lado. Parece aquel de la chistera que vino una vez con los monifates.
   - Sí, es ventrílocuo –explicaba don Ramón.
   Otras veces decía:
   - Está dormido, no le moleste.
   O bien:
   - No tiene ganas de hablar. Está pensando, recordando… Tiene derecho al silencio. Hablemos nosotros. ¿Qué le parece el nuevo alcalde?
   - Señor –le respondió una vez un campesino que había ido por sulfato-, tengo derecho al silencio.
   Bien –respondió don Ramón-, entonces ya sé lo que piensa. Lo mismo que yo. De acuerdo, de acuerdo.

"Sparkie Williams", el periquito parlanchín.

Sparkie Williams (1).
Fue toda una celebridad en Inglaterra. Apareció en prensa, radio y televisión, e incluso grabó un disco. Sparkie Williams, que en español vendría a ser Chispa Williams, un periquito de color verde, con cabeza y  babero amarillos, manchas negras en las alas y cola de color azul, nació en 1954 en una pajarería de Houghton-le-Spring. Mattie Williams, su propietaria, profesora de profesión, lo compró con seis semanas, lo llevó a su domicilio del número 34 de Grandville Place, de Forest Hall, próximo a Newcastle-upon-Tyne, y lo bautizó con ese nombre porque según ella era "una chispa pequeña y brillante". Al cabo de tres semanas el lorito ya decía "Pretty Sparkie", "chispa linda", y poco después ya recitaba su dirección "por si acaso se perdía". Mattie le enseñaba palabras nuevas cada día, durante horas, y también rimas y refranes. En sólo nueve meses asimiló 300 palabras. En cuatro años llegó a aprender un vocabulario de 583 palabras y memorizar 383 frases y ocho canciones de cuna, todo ello con un distinguible acento Geordie (2). Traducidas, sus frases favoritas eran "Sólo soy un chico loco y confundido" y "¿Qué estás mirando?". Incluso fue inscrito en el Libro Guiness de los Récords.

"Mi amigo Perico", relato humorístico de Rafael García Santisteban.

Perico.
El 21 de mayo de 1883 la revista barcelonesa La Ilustración Artística publicaba un relato humorístico del periodista y escritor Rafael García Santisteban. "Lo que no consiga este loro..." debió pensar Luís López, el protagonista de Mi amigo Perico. El texto completo del cuento es el que sigue:
  "MI AMIGO PERICO
   (Historia casera)

 
   Yo como hombre libre, en el buen sentido de la palabra, trasnochaba in diebus illis por costumbre y en su consecuencia amanecía para mí en todo tiempo de once a doce de la mañana.
   Vivía en presidio correccional, como llama un amigo mío a las casas de huéspedes, y ocupaba un gabinete con su alcoba con vistas a un patio microscópico, que era el respiradero común de la vecindad.

El loro de Frances Teresa Stuart, duquesa de Richmond y Lennox.

Sobre el yako o loro gris (Psittacus erithacus) disecado en 1702, que perteneció a la duquesa de Richmond, probablemente el ave disecada más antigua que se conserva en el Reino Unido y quizá en todo el mundo, el ornitólogo George Dawson Rowley (1) escribió en el primer volumen de su Ornithological Miscellany (1876):
   "El señor J. G. Keulemans (2) nos proporcionó un hermoso grabado de este loro en su Natural History of Cage-birds (3), vol. 1. p. 1. Como, por tanto, no era deseable repetirlo, he tomado el fiel retrato de un individuo de esta especie (Psittacus erithacus) que ha alcanzado el honor (caso singular de la tribu de los plumados) de un lugar de descanso, después de la Reforma, en la Abadía de Westminster, donde ahora se puede admirar al lado de su señora, la duquesa de Richmond, donde recomiendo a mis lectores acudir a verlo. (...) Cassell (4) menciona el caso de un loro gris que murió de pena al separarse de su amo; y el aquí representado sobrevivió a su Gracia solamente unos días, después de convivir con ella durante cuarenta años.
   Dicha duquesa de Richmond está enterrada en el panteón de los Richmond, en la parte sur de la nave central de la capilla de Enrique VII de la Abadía. Su escultura, a petición propia, se colocó cerca de ella tras su muerte, realizada "en cera, a ser posible","bajo vidrio crown (5) y no otro", con los vestidos que llevaba en la coronación de la reina Ana (6) (...). Según el libro de la nobleza Burke, sus nombres de pila era Frances Sophia, aunque en la actualidad siempre se refiere a ella como Frances Teresa. Su hermana menor, la otra única descendiente de Walter Stuart, M.D., según Burke se llamaba Sophia."

Dibujo de J. G. Keulemans reproducido por G. D. Rowley en su Ornithological Miscellany.

El loro de Gustave Flaubert. Los loros de Julian Barnes.


Gustave Flaubert publicó Tres cuentos (Trois contes) en 1877. Fue todo un éxito. Contó con cinco ediciones en dos años. Un corazón sencillo (Un coeur simple) (1) es el título de uno de esos cuentos. Es el mismo Flaubert quien en una carta a Madame Roger des Genettes le resume el argumento:
   "Un corazón sencillo es el relato de una vida oscura, la de una pobre chica de campo, devota pero mística, sacrificada sin exaltación y tierna como el pan fresco. Ama sucesivamente a un hombre, a los niños de su ama, a su sobrino, a un viejo al que cuida, finalmente a un loro; cuando muere el animal, lo manda disecar, y cuando ella misma va a morir, confunde al loro con el Espítitu Santo. No es en modo alguno un cuento irónico, como supone, sino al contrario muy serio y triste. Quiero compadecerme, hacer llorar a las almas sensibles, pues yo mismo soy una de ellas."

Félicité y Loulou (2).

 
Para la redacción de Un corazón sencillo, Flaubert utilizó un loro disecado que, según cuenta él mismo, mantuvo en su mesa de trabajo todo el tiempo que duró su redacción. Quería "llenarse el alma de loro, para pintar al natural".