El abad Gérard, taxidermista de Voué.


El abad Gérard posa junto a dos leones.


Encontré la tarjeta postal rebuscando por internet y me llamó poderosamente la atención. Un cura-taxidermista francés posando en un jardin con dos de sus obras, un león y un cachorro de la misma especie. La imagen, como ocurre en ocasiones, incitaba a conocerlo, y la respuesta me la ofrecía el blog de la Academia Troyana de Estudios Cartofílicos (ATEC-Troyes), una asociación de aficionados a reconstruir la historia local a través de las postales. Sus miembros reconstruyeron la biografía de este personaje que aparecía nada menos que en nueve tarjetas editadas entre 1903 y 1914.

Foto familiar junto a un oso negro disecado.




Una familia anónima pasea por una ciudad norteamericana alrededor de los años cincuenta o sesenta del pasado siglo. Al pasar por delante, el reclamo callejero de una farmacia, un oso negro disecado con los brazos alzados, provoca el efecto deseado. El padre, cámara en mano, pide a su hija, a su esposa y a su suegra que se coloquen junto a la bestia. La niña sobre el pedestal. Y clic.

"El taxidermista fantástico", un ensayo de Luigi Amara.

"La delicada tarea de hacer que un animal muerto vuelva a la vida y permanezca para siempre al acecho o en una pose amenazante, la oscura habilidad de curtir y estirar su piel sobre un maniquí de alambre y yeso a fin de que adopte la actitud y a veces la ferocidad de cuando aún no había sido alcanzado por las armas de los cazadores, se antoja una tarea más burda, menos artística e imaginativa que la de conseguir la recreación de una quimera, de un animal fantástico que jamás dio un paso sobre la faz de la Tierra, y que sin embargo es posible apreciar en todo su esplendor en medio de plantas de hule y piedras de mampostería. La profesión de taxidermista, la profesión meticulosa y acaso un tanto macabra pero sobre todo fiel y rigurosa del taxidermista, fue alguna vez llevada al límite por Isidoro García Saldaña, un aprendiz entusiasta que primero tuvo la ocurrencia de fabricar un mamut con los restos de un elefante que había muerto en el circo, añadiéndole pelo importado de bisonte y colmillos de madera laqueada, pero que más tarde probó suerte con el arcanodonte y otras bestias fabulosas que nadie podía encontrar en ninguna de las taxonomías existentes por la sencilla razón de que esas criaturas, antes de ocupar el centro de dioramas extravagantes, solo habitaban en su cabeza."

Jules Terrier, taxidermista del Museo de París, reconstruyendo un dodo, especie extinta (1).

Exposición de homenaje a los Benedito en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid.


Objetos recreando el taller de los hermanos Benedito (1).


De octubre de 2019 hasta junio de 2020 permanecerá abierta la exposición Naturalezas recreadas. La obra taxidérmica de los hermanos Benedito, con la que el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid rinde homenaje a José María y Luis Benedito Vives, taxidermistas que ejercieron parte de su actividad en la institución. El visitante podrá admirar, además de ejemplares y grupos biológicos realizados con rigor científico, imágenes, esculturas de escayola y bronce y documentos personales. La exposición está repartida en dos plantas del edificio de Biodiversidad y dividida en ámbitos como ¿Qué es la Taxidermia?, Los Benedito, El taller de Taxidermia, Educación y conservación o El legado. Las obras expuestas son las del fondo del propio Museo, pero cabe destacar que para esta ocasión se ha reconstruido un grupo de flamencos que data de los años cuarenta.

Los caballos disecados del rey Gustavo II Adolfo de Suecia.

En 1630, diez años después de su inicio, Suecia comenzó su participación en la Guerra de los Treinta Años contra el Sacro Imperio Románico Germánico de los Habsburgo. Las tropas suecas, que desembarcaron en Rügen, estuvieron comandadas por el propio rey Gustavo II Adolfo, el león del norte salvador de la europa protestante. Tras vencer en la Batalla de Rain am Lech, el ejército sueco se dirigió hacia Ingolstadt, donde Maximiliano de Babiera los esperaba con sus tropas. El 30 de abril, durante una expedición de reconocimiento por los alrededores de la ciudad, el caballo blanco del rey Gustavo fue alcanzado por un disparo, que según cuenta la tradición fue de un cañón falconet, cayendo la montura sobre el rey que no obstante solo resultaría ligeramente magullado, no así su acompañante Christoph von Baden-Durlach, que murió a causa de otra bala. El rey fue conducido de regreso al campamento sueco y el caballo recibió un tiro de gracia para evitar su sufrimiento. El asedio a la ciudad de Ingolstadt se prolongó durante tres días y fue infructuoso. Fue la primera ciudad alemana que logro evitar la invasión sueca. Tras perder unos 2.000 soldados y el campamento a causa de un incendio, Gustavo II Adolfo se retiró. Informados de que aquel animal abatido pertenecía al rey enemigo, los bávaros se apresuraron en recuperar el cadáver del caballo y transportarlo hasta la ciudad, donde se desolló y curtió la piel, y se montó sobre una escultura de madera.


Schwedenschimmel en el Museo Municipal de Ingolstadt (1).

"A Treatise on the Art of Taxidermy" (1882) de R. I. Scudamore.

Cubierta del tratado de Scudamore.
En 1882 se publicó en San Francisco, Estados Unidos, A Treatise on the Art of Taxidermy or Preserving and Mounting Birds and Animals in their Original Form and Color. El librito, un pliego de 32 páginas, carece de ilustraciones. R. I. Scudamore, personaje del que apenas sabemos nada y que se definía en la portada como "taxidermista coleccionista", describía su obra como "un nuevo y superior método adaptado por el autor para construir un cuerpo artificial, que permite al artista colocar las extremidades en su más naturales y fáciles posiciones, y a la vez simplificar todo el proceso".

En realidad tanto el desollado como el montaje de aves y mamíferos era el acostumbrado, y lo que Scudamore creía una innovación, el empleo de corcho como material de relleno, es decir esculpiendo el cuerpo a partir de un bloque, ya había sido propuesto con escaso éxito por autores anteriores como Pierre Boitard (Manuel du Naturaliste Préparateur, 1825), Joan Grau-Bassas (Nociones de Taxidermia, 1849) o Samuel Wood (The British Bird-preserver, 1877). En cuanto a los preservativos que sugiere para conservar las pieles se encuentra el formulado a partir de 5 libras (1) de sulfato de aluminio (2), un cuarto (3) de agua caliente y 100 granos de ácido arsenioso. También el "compuesto seco usado en Europa para preservar las pieles de aves": 1 onza de alcanfor (4), 1 onza de corrosivo sublimado (5), ½ onza de alumbre (6) y 1 onza de azufre; y finalmente el "jabón arsenical francés" (7): 5 dracmas de alcanfor, 4 onzas de arsénico, 4 onzas de jabón blanco, 12 onzas de carbonato potásico y 4 onzas de cal en polvo.

"Tideland" (2005), película dirigida por Terry Gilliam.


Jeliza-Rose con Dell, y al fondo el cadáver disecado de Noah (1).


Noah (Jeff Bridges), un ex guitarrista de rock, y su esposa (Jennifer Tilly), ambos drogadictos viven con su hija Jeliza-Rose (Jodelle Ferland) en una desvencijada casa de Los Ángeles. La niña tiene su mundo propio y juega con muñecas decapitadas. La muerte de la madre por sobredosis acelerará los planes de Noah, amante de las sagas nórdicas, de marchar con su hija a Jutlandia. Teme ser acusado de homicidio. Emprenden su trayecto en autobús, lo prosiguen en autoestop, y finalmente se instalan en una abandonada casa de campo de Texas que perteneció a la madre de Noah, a quien Jeliza jamás conoció. Durante la primera noche Noah también muere por sobredosis. Su hija no le da importancia puesto que a menudo lo ha visto tumbado en su sillón. Jeliza conoce a sus vecinos Dickens (Brendan Fletcher), deficiente mental, y a su hermana Dell (Janet McTeer), una bruja loca, que viven en una oscura casa llena de animales disecados. La relación de la niña con sus vecinos es tan buena que les permite practicar la Taxidermia con su padre, cuyo cuerpo conservarán como ya hicieron hace años con su propia madre. Entre Jeliza y Dickens surge cierto sentimiento amoroso que llevará al segundo a confesar su secreto a la pequeña, un cartucho de dinamita que pronto empleará para acabar con "un monstruo". Dickens hace estallar un tren provocando gran número de víctimas. Una superviviente del convoy ofrece ayuda a Jeliza creyendo que la pequeña también es una víctima mientras Dell busca infructuosamente a su hermano desaparecido.

"El Taxidermista", cómic erótico de terror.




La joven Elsa pretende irse a vivir con Giorgio, su novio, lo que supondría alejarse de su padre, Gudrun Keil, un siniestro taxidermista que no aceptaría quedarse solo. Keil envia a su exuberante hija a un recado y cuando vuelve le dice que Giorgio marchó. Por la noche Elsa descubre a su padre entrando con un bulto a hombros en "la habitación de mamá", una estancia en la que nadie ha entrado desde que esta "se fue" y donde Keil guarda su macabra y secreta colección de humanos disecados. ¿Será Elsa la siguiente? Esta es una historieta de terror, sexo, incesto, necrofilia y muertos vivientes.

El hipopótamo del Museo de la Universidad de Pavía.

El hipopótamo de la Universidad de Pavía (1).


Según escribió Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, en su Historia Natural, a mediados del siglo XVI Pierre Belon describió imperfectamente un hipopótamo que vio en Constantinopla. En 1600 el cirujano italiano Federico Zerenghi capturó dos ejemplares en el delta del Nilo, junto a la ciudad de Damieta, y tres años después editó Vera Descrittione dell'Hippopotamo, un opúsculo de unas veinte páginas que el naturalista francés valoraría como la primera descripción fiable y de primera mano. El siguiente fragmento pertenece a la obrita de Zerenghi:
   "Más tarde, el día diecinueve me interné allí con ese propósito, vimos a unas doce millas de Damiata dos hipopótamos, macho y hembra, pastando. Fue el veinte de julio del año de nuestra salud de 1600 cuando los hombres que apostados a este efecto cavaron un hoyo en tierra del tamaño necesario, no muy lejos del lugar donde fueron vistos en el río, cubierto sutilmente con ramas, tierra y hierba, colocado de modo que no se pudiera conocer de modo alguno el engaño. Durante el ocaso del mismo día, cuando regresaban de pastar, ambos volvieron al río por el mismo camino. Gran cosa fue que ambos en un mismo punto cayeran en la fosa, lo cual fue presenciado por los hombres que los vigilaban. Enterado fui con mi jenízaro (2), y disparamos tres arcabuzazos en la cabeza, con arcabuces más grandes de lo ordinario, de cuyos tiros murieron casi al instante sin más que un doloroso mugido más parecido al del búfalo que al del caballo. Al día siguiente los mandé sacar de la fosa, desollarlos con diligencia, salar sus pieles y llenarlas de hojas de caña de azúcar, y de allí las envié a El Cairo donde con mayor comodidad las mandé resalar, algo para lo que se precisaron cuatrocientas libras de sal por piel. Cuando a mi regreso en el año 1601 las llevé a Venecia, y de allí a Roma, mostrándolas a numerosos médicos y entendidos simplistas (3), muy pocos de ellos los conocían. (...) Permítanme nombrar aquí al señor Gieronimo Aquapendente, médico ilustre en Padua, que dijo no encontrar diferencia alguna entre el hipopótamo y este individuo, solo los dientes, y que quería remodelarlo (4) según él lo imaginaba para desengañar a la gente. Lo conocía el señor Ulisse Aldrovandri, según me escribió Alessandro, mi hermano de Bolonia, que me pidió en una suya que, después de dejarle ver el hipopótamo macho en su domicilio de Bolonia, le haría gracia que le mandara el dibujo de la hembra, y que en agradecimiento por ello en su volumen, que estaba al punto de llevar a imprenta, haría una honorable mención a mi nombre."

El "Hipopótamo de Bóboli" del Museo de la Universidad de Florencia.

Considerado erróneamente durante algun tiempo el mamífero disecado más antiguo conservado, su restauración y estudio en el año 2012 permitió conocer algunos detalles más sobre el hipopótamo de la Sección de Zoología de La Specola del Museo de Historia Natural de la Universidad de Florencia.

El Hipopótamo de Bóboli del Museo La Specola de Florencia (1).


Robert Wilson Shufeldt, conservador honorario del Museo Smithsonian de Washington, publicó en 1892 Scientific Taxidermy for Museums. Al principio de su trabajo, al abordar una inexacta aproximación a la historia de la Taxidermia, anotó a pie de página lo siguiente:
   "Probablemente, como me informa el señor Goode, el especimen de museo más antiguo que existe es un rinoceronte aún conservado en el Museo Real de Vertebrados de Florencia. Este fue durante mucho tiempo distintivo del Museo de los Médicis de Florencia, y fue originalmente montado para el museo de Ulises Aldrovandus en Bolonia. Data del siglo dieciseis."

Pablo Neruda y el oso polar disecado del duque de Alba.

En sus memorias tituladas Confieso que he vivido publicadas en 1974, un año después de su muerte, el poeta Pablo Neruda se refiere en varias ocasiones a su afición por la malacología (1) y las Ciencias Naturales. En el capítulo titulado "Palacios reconquistados describe además con cierto humor su descubrimiento durante la Guerra Civil del oso polar disecado que el duque de Alba tenía en su residencia del Palacio de Liria de Madrid:
   (…) Fui invitado a Rumania y acudí a la cita. Los escritores me llevaron a descansar a su casa de campo colectiva, en medio de los bellos bosques transilvanos. La residencia de los escritores rumanos había sido antes el palacio de Carol (2), aquel tarambana cuyos amores extrarreales llegaron a ser comidilla mundial. El palacio, con sus muebles modernos y sus baños de mármol, estaba ahora al servicio del pensamiento y de la poesía de Rumania. Dormí muy bien en la cama de su majestad la reina y, al día siguiente, nos dimos a visitar otros castillos convertidos en museos y casas de reposo o vacaciones. (...)
Dos milicianos del 5º Regimiento entre obras de arte. A fondo a la derecha el oso polar (3).

"The Taxidermist", escena de François Brunery.




The Taxidermist o A visit to the Taxidermist, como se conoció en algún momento, es un óleo sobre lienzo de un tamaño de 79x59 cm. sin datar pintado hacia 1900 por el artista François Brunery. La composición de la escena es algo desconcertante. Los muebles de marquetería, entre ellos una librería escritorio, no concuerdan con los del taller de un disecador, ausente además de herramientas. Quizá en el rincón opuesto de la sala se ubique una sencilla mesa de trabajo con tijeras, escalpelos, tenazas, alambre, estopa e hilo. Acaso el disecador se haya trasladado al gabinete del adinerado cliente, un naturalista aficionado, que en el cuadro observa sorprendido a través de una lupa, asistido por un ayudante, un objeto que no acertamos a distinguir. Es lo más probable.

Postales de principios del siglo XX: Taxidermia y niños.

Una nueva entrega de tarjetas postales antiguas donde la Taxidermia es coprotagonista, en este caso, junto a los niños. La época dorada de este tipo de correspondencia tradicional fue a principios del siglo XX y las de esta temática, por los textos que se pueden leer en los reversos, solían mandarlas mayormente parientes y recibirlas niños y niñas por su cumpleaños u onomástica. Un ejemplo es la siguiente en la que el remitente escribió el  8 de febrero de 1907 en el anverso un "Feliz cumpleaños" en la postal dirigida a una mademoiselle de Montrouge, ciudad periférica de París. La fotografía, la número 3281 impresa por Éditions du Croissant, es de Roger Sazerac, un profesional que tenía su estudio en el número 43 de la rue Saint Lazare de París, y que trabajaba además como fotógrafo oficial en el Ministerio de Guerra y de la Marina, circunstancia chocante con la dulce imagen coloreada en la que una niña sostiene en sus manos un canario -disecado- liberado de su jaula.


Joseph H. Batty. "Practical Taxidermy and Home Decoration".

Retrato de J. H. Batty (1).
"El señor J. H. Batty, durante los últimos tres años y medio, recolector de especímenes de historia natural, principalmente aves y mamíferos, para el Museo Americano de Historia Natural, murió en el acto a causa de la descarga accidental de su arma mientras recolectaba cerca de Pijijiapan, al sur del estado de Chiapas, México, el 26 de mayo de 1906. Anteriormente había recolectado abundantemente en la provincia de Chiriquí, Panamá, y en la región del Cauca de Colombia. Esas colecciones también pertenecen ahora en buena parte al Museo Americano, obtenidos en parte por compra y en parte como donación del Sr. Batty. El Sr. Batty nació hace unos sesenta años en Springfield, Massachusetts, donde recibió educación secundaria y se preparó para la universidad, pero sus salidas al campo y la afición por la caza lo llevaron a abandonar temprano sus estudios universitarios. Tenía gran interés por la historia natural, y en 1873 fue colector de aves y mamíferos en las montañas de Colorado en la Expedición de Hayden (2). Durante años tuvo un negocio de taxidermia en la ciudad de Nueva York, y publicó un libro sobre Taxidermia y decoración del hogar que ha tenido una amplia venta. Más tarde se dedicó a la caza de la pluma, en los primeros días de ese desafortunado asunto (3), visitando con ese fin Florida, el oeste de México, América Central y el norte de América del Sur, cuyo continente atravesó de océano a océano. Durante los últimos ocho años estuvo involucrado en la recolección legítima de historia natural, obteniendo nuevas especies en Colombia y Panamá, antes de su compromiso formal con el Museo Americano. Era un cazador experto, e inusualmente exitoso en la captura de los carnívoros más grandes. Fue un hombre de gran resistencia física, coraje, persistencia y entusiasmo, y fue probablemente quien mejor se familiarizó con una gran porción de la naturaleza tropical de América, más que cualquier otro viajero o explorador. Durante los últimos tres años ha recogido extensamente en los estados de Durango, Sinaloa, Jalisco y Chiapas, México, habiendo enviado como resultado de su trabajo más de 3.000 mamíferos y unas 6.000 aves al Museo de Nueva York. En el momento de su muerte tenía contrato con esta institución para continuar su trabajo a través de la costa del Pacífico de Guatemala, y desde allí trasladar su campo de operaciones a regiones aún imperfectamente exploradas del suroeste de Colombia. Su muerte prematura es, por lo tanto, una grave pérdida para la institución a la que ha servido tan fielmente. En lo personal era un hombre de la más amable naturaleza, confiado y concienzudo en su trabajo."

Tervuren, de "Museo del Congo Belga" a "Museo de África".

El Museo a principios del siglo XX.
Hace un par de años un amigo coleccionista (1) me regaló la postal de la derecha donde aparece un elefante y un rinoceronte blanco disecados, un esqueleto de elefante y algunos esqueletos más en vitrinas. La tarjeta no circuló y en el reverso se lee "Tervueren - Musée du Congo Belge". Fue editada por Ernest Thill bajo la marca Nels de Bruselas con posterioridad a 1913. El Museo del Congo de Tervuren, Bélgica, se trató de un proyecto personal inaugurado en 1898 por el rey Leopoldo II. De 2013 a 2018 este, el último museo colonial, permaneció cerrado por reformas. Hace pocos meses reabrió renovado, con un discurso actualizado, y rebautizado como Museo de África. Quizá sea el momento de repasar su historia.

En 1885 concluyó en Berlín la Conferencia en la que las potencias colonizadoras solventaron sus diferencias en el reparto del continente africano, y se le concedió al rey Leopoldo II, no a Bélgica, la posesión del que se denominó Estado Libre del Congo. La explotación económica de su dominio privado convirtió a Leopoldo II en multimillonario, y la población congoleña, que trabajó en régimen de esclavitud, se redujo a la mitad, diez millones de personas. Se secuestraban hombres, mujeres y niños, y si un esclavo se negaba a recolectar caucho, la materia prima indispensable para la fabricación de neumáticos en la incipiente industria del automóvil, se mataba a su esposa.

Anuncios de taxidermistas de principios del siglo XX.

La ilusión del irlandés William Smyth (1838-1913) que en 1868 se instaló en Caversham, Dunedin, Nueva Zelanda, hubiera sido trabajar en un museo de Historia Natural, pero tuvo que conformarse con  dirigir su propio negocio entre 1873 y 1912. Algunos de sus trabajos en cambio, sobre todo aves, sí engrosaron las estanterías de algunos museos públicos nacionales y extranjeros, llegando incluso al de la Universidad de Oxford y el Carnegie de Pittsburgh. El siguiente anuncio es de alrededor de 1902.


Anuncios de taxidermistas de los siglos XVIII y XIX.

La Taxidermia, una actividad artesana practicada mayormente de forma individual en un pequeño taller, como sucede en otros sectores, es un oficio que no permite dedicar mucho presupuesto a publicidad. Por contra, algunas empresas que alcanzaron cierta entidad sí se anunciaron en prensa u otras publicaciones, hecho que contribuyó a su crecimiento y reconocimiento. Los reclamos que reproduzco a continuación son una selección de algunos de los siglos XVIII y XIX.

El primer anuncio de un taxidermista -en aquella época todos eran disecadores- del que tengo conocimiento es el siguiente de Luis Enequin, que como reza en el texto había estudiado Bellas Artes en la Real Academia de San Fernando. Allí debió coincidir con Francisco de Eguía y Arrese, también de origen vasco, y con el valenciano Juan Bautista Bru de Ramón, los primeros taxidermistas que trabajaron en el Real Gabinete de Historia Natural.
En aquella época la Real Academia y el Real Gabinete compartían edificio, el madrileño Palacio de Goyeneche, y fueron varios los alumnos de la primera que se incorporarían al segundo. Eguía falleció en 1777 a los pocos meses de ocupar la plaza de disecador, siendo sustituido por Bru, y cabe la posibilidad que Enequin aspirara a la vacante. En cualquier caso, lo que demuestra el anuncio que publicó La Gaceta de Madrid el 24 de junio de 1777 es que Luis Enequin se puso por cuenta propia ofreciendo sus servicios a particulares.


Materiales de relleno. Del henchido de la piel a los maniquíes de poliuretano.


Perro momificado, mascota de Amenofis II (1427-1397 a.C.) (1).
Por entonces la Taxidermia no se practicaba como tal, como un arte que consistía en aprovechar la piel de los animales, preservarla y rellenarla, con el propósito de dotarlos de una apariencia de vida, aunque algunos pueblos de la Antigüedad sí empleaban algunos, llamémosles, métodos pretaxidérmicos con sus familiares difuntos. Así pues, las momias más antiguas y complejas de la cultura Chinchorro, nos encontramos en el norte de Chile hace entre 7.500 y 4.500 años, se trata de cuerpos que fueron desollados, cuya piel fue descarnada y secada al fuego después de haberla rellenado con arcilla, lana, fibras vegetales y ceniza, incluso con palos longitudinales de refuerzo en su interior desde los pies hasta el cráneo. Por su parte, el proceso de momificación en el Antiguo Egipto, que en buen número de las introducciones históricas de los manuales se cita como un antecedente de la Taxidermia, consistía en una evisceración y vaciado del cerebro, la aplicación de natrón (2) y aceites y el vendaje del cuerpo, con mayor o menor  esmero  dependiendo de la capacidad económica de la familia del fallecido. Los materiales de relleno variaron, desde líquenes las momias más antiguas, hasta serrín, trapos, paja o arena, ya en la Dinastía XXI (1.050-950 años a.C.). Durante todo el periodo del Antiguo Egipto (3.000-31 a C.) se momificaron animales empleando las técnicas más sencillas y en general sin rellenar.

Los primeros osos panda gigantes disecados. Las fotografías de Karen Bean.


Diorama del Museo de Chicago con los osos panda gigantes cazados por los Roosevelt en 1929 (1).

En marzo 1869 en China un cazador le mostró al misionero y naturalista francés Armand David la piel de un oso blanco y negro. Fue el primer occidental que vio uno. David comunicó su hallazgo y envió la piel al zoólogo Henri Milne-Edwards, director del Museo Nacional de Historia Natural de París, donde sigue conservándose. Otro naturalista, el alemán Hugo Weigold miembro de la expedición de Walther Stötzner (1913-1919), se convirtió en 1916 en el primer occidental que vio uno vivo, e inclusó compró un cachorro que fallecería al cabo de poco tiempo. Tres años después, en diciembre 1919 el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York exhibió por vez primera un oso panda gigante (Ailuropoda melanoleuca) disecado, el de la siguiente fotografía. Fue capturado durante la expedición asiática de Paul. J. Rayney y el naturalista Edmund Heller (1918-1919), amparada por el Museo.


Esculturodermia de una gacela, paso a paso, por Carl Akeley (1897).

Carl Akeley, considerado como el padre de la taxidermia moderna en los Estados Unidos, innovador a nivel mundial de la técnica dermoplástica de montaje, la que se conocería décadas después con el nombre de esculturodermia (sculpturdermy), comenzó su etapa en el entonces recién inaugurado Museo Field de Historia Natural de Chicago en el año 1894, con apenas treinta años. Había trabajado en el Ward's Natural Science Establishment de Rochester, Nueva York, el mayor proveedor de objetos de Historia Natural de la época, y en el Museo de Milwaukee, donde no había podido desarrollar su técnica escultórica, y había recibido además una oferta para trabajar en el Museo de Historia Natural de Londres que no aceptó. Dos años después no rechazó en cambio la posibilidad de realizar su primera expedición a África organizada precisamente por el museo londinense. Fue precisamente en Somalia durante aquel viaje iniciático en el que un Akeley desarmado se enfrentó a un leopardo herido, un suceso que dio la vuelta al mundo. Uno de los ejemplares que Akeley se llevó de vuelta a Chicago fue un macho de gacela de Soemmerring que cazó el 5 de septiembre de 1896 y cuyo montaje paso a paso empleando su novedosa técnica inmortalizaría probablemente él mismo en una serie de fotografías (1) -una de sus aficiones- con el motivo de mostrarlas en una Exposición Internacional de Arte Taxidérmico que desconozco si el Field Museum llegó a organizar. La sucesión ordenada de estas imágenes documenta de primera mano la técnica de Carl Akeley de montaje de mamíferos de gran tamaño -la emplearía para montar varios elefantes, tanto en Chicago como años más tarde en Nueva York-, un sistema que seguiría popularizando uno de sus discípulos, Louis Paul Jonas.