"El sueño del taxidermista", lápiz en gran formato de Javier Garcés.


El sueño del Taxidermista (2017) de Javier Garcés (1).


El artista Javier Garcés, pintor y escultor, me visitó a mediados de 2016. No nos conocíamos. Tenía el encargo de dibujar una abubilla y, como lo hace siempre del natural, me pidió si disponía de alguna y si le permitiría dibujarla. La propuesta suponía tan solo dejarle un pequeño espacio de trabajo. Una más. Por la peculiaridad de mi oficio con cierta frecuencia recibo proposiciones similares y la respuesta suele ser la misma. Trabajo solo, me organizo a mi manera, me incomoda compartir mi espacio. A Garcés también le dije que no. Le sugerí que preguntara en el cercano Museo Darder de Banyoles. Quizá allí aceptarían. Tiempo más tarde le pediría disculpas.

El manejo de productos químicos tóxicos en Taxidermia. Precauciones. Historia.

Ejemplar de mediados del siglo XIX restaurado.
A modo de introducción histórica recordemos que en las instrucciones taxidérmicas que Giovanni Pietro Olina incluyó en su Uccelliera (1622) este empleaba sal, vinagre y alumbre (1) para conservar la piel de las aves. René Antoine Ferchault de Réaumur (1747 y 1753), considerado como el precursor del arte de la Taxidermia, utilizaba aloe (2), mirra (3), pimienta, cal (4) y alcanfor (5). Otras sustancias empleadas como preservativos fueron el tabaco, la canela, el almizcle (6), el cardenillo (7), el azufre (8) o la esencia de trementina (9), por citar algunos. La ineficiencia de la mayoría condujo a la búsqueda y hallazgo de algunos compuestos tan eficaces como venenosos. Se tiene conciencia además del riesgo de algunos de ellos, para la salud de quien los manipula, casi desde el principio de su empleo. Uno de los primeros fue John Woodward, quien en su Brief instructions for making observations in all parts of the World (1696) facilitaba la fórmula de una "solución de mercurio sublimado" -mercurio mezclado con agua y alcohol- y avisaba de la peligrosidad de este veneno. Los siguientes autores que lo recomendaron fueron Tesser Samuel Kuckhan (1770), Thomas Davies (1771) o Johann Reinhold Forster (1771), este último advertía asimismo de su nocividad. El corrosivo sublimado o bicloruro de mercurio se emplearía ampliamente sobre todo en Inglaterra durante la totalidad el siglo XIX, tanto como preservativo para la piel como protector superficial del plumaje. He contabilizado alrededor de una cincuentena de tratados editados durante ese siglo y primer cuarto del XX que lo mencionan. Quien más lo popularizó fue el excéntrico Charles Waterton a partir de la publicación en 1825 de su Wanderings in South America.

George Marshall restaurando los trofeos de caza de Roosevelt en 1923.

La siguiente fotografía fue tomada el 5 de mayo de 1923 y en ella aparece George Marshall, decano entonces de los taxidermistas del Museo Nacional de Historia Natural de Washington, con algunos de los trofeos de caza históricos de la Casa Blanca que se disponía a restaurar. El estado en que se encuentran las piezas es bastante lamentable, sucias y resquebrajadas. Hay bastante historia en esa imagen. Todas las cabezas, distinguimoss una de alce, dos de oso, una de ciervo, una de reno, dos ciervos de Virginia, dos carneros de las Rocosas y un antílope, colgaban de las paredes del Comedor de Estado durante la época en que Theodore Roosevelt, consumado cazador, presidió los Estados Unidos entre 1901 y 1909. Eran sus trofeos de caza.


El taxidermista George Marshall con los trofeos de caza de Roosevelt (1).


Viñeta de Arthur Wallis Mills.



"Nuestro regalo de Navidad para tía Jane, querido. Tiene casi de todo, pero estoy casi segura de que no tiene eso."
[comenta la señora de la casa a su sorprendido marido mostrándole un enorme y terrible espécimen disecado que acaba de descargar el taxidermista]

"Manual que trata del Arte de Disección y Taxidermia" de Isidro Sánchez Caro.

Portada del libro.
Una docena de páginas insertadas en un tratado de lo más variopinto y con título largo: El artista práctico. Manual que trata de pintura, dorado, plateado y estucos; de moldear por todos los sistemas conocidos, de la fundición y del galvanismo; de la fotografía, retratos en papel y placa; del arte de disección y taxidermia y trabajos de cristal. El autor es Isidro Sánchez Caro, que se describía como "maestro de obras, pintor y revocador, fundador de la Biblioteca de la Amenidad y otros establecimientos de utilidad pública". En la portada aparece el año 1864, aunque en la cubierta figura 1866, el de reimpresión. Carece de ilustraciones.

A modo de introducción, podemos leer:
   "Este precioso arte, por cuyo medio se conservan las producciones de la naturaleza, es muy antiguo.
   En tiempo de los egipcios ya se poseía con la mayor perfección, y se le daba importancia porque estaba muy en uso el embalsamamiento de los cadáveres: Así es que en nuestros días se conservan las momias de aquellos tiempos en el estado más completo.
   Hemos admirado algunas en España, pero existen en mayor número en el jardín de plantas de París.
   Los procedimientos de la disección ofrecen a la par que estudio mucha distracción, por la variedad de objetos que se presentan a cada paso. Para proporcionárselos el disecador debe recurrir a la caza y la pesca, o cuando no sea aficionado a estas tareas, estimular a los que ejerzan tales industrias para que se los proporcionen.
   Como para la disecación se necesita de antemano tener los preservativos, me parece conveniente empezar por dar una idea de los mejores y más usuales, y las recetas para su preparación."

El naturalista y taxidermista Charles J. Maynard. Su manual de Taxidermia.

Charles Johnson Maynard (1).
Charles Johnson Maynard nació en Newton, Massachusetts, Estados Unidos, el 6 de mayo de 1845. A los dieciséis años abandonó la escuela para ayudar en la granja familiar. Su temprano interés por la Historia Natural y la recolección y conservación de especímenes lo condujo al aprendizaje de la Taxidermia y muy pronto a la creación en 1865, con tan solo veinte años, de la empresa C. J. Maynard & Co, domiciliada en Boston y dedicada a suministrar útiles, material y ejemplares a taxidermistas y naturalistas. Entre sus primeros clientes contó con, entre otros, Edward August Samuels, conservador del Gabinete Estatal para la Commonwealth; Joel Asaph Allen, conservador entonces del Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard y años más tarde conservador de mamíferos y aves en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York; y William Brewster, conservador asimismo del Museo de Harvard. Uno de sus primeros encargos consistió en reunir una extensa colección de aves para la Sociedad de Historia Natural de Boston.

Silueta del naturalista William Buckland recortada por Augustin Édouart.

El término silueta proviene del apellido del francés Étienne de Silhouette, ministro de finanzas del rey Luis XV, quien en 1759 impuso un recorte de gastos en la corte y de las pensiones. Criticado por la nobleza y tildado de tacaño, su apellido empezó a usarse para designar lo simple o barato. Al cabo de no mucho tiempo, silueta se emplearía para denominar el arte de recortar en una hoja de papel o cartulina una imagen oscura sin rasgos distintivos.

La siguiente, en la que además de huesos se aprecia sober al mesa algún ave disecada, titulada William Buckland y su esposa e hijo Frank, examinando la Colección de Historia Natural Buckland, es de alrededor de 1828-1829, está realizada en papel negro recortado sobre papel crema y con algunos trazos con lapiz negro, se conserva en el Museo de Bellas Artes de Boston, y es obra de Augustin Édouart.



El perro "Azor" de "Humillados y ofendidos" de Dostoyevski.

El viejo Smith fallece en la calle ante el escritor Iván Petróvich (1).

Humillados y ofendidos, obra escrita por Fiódor Dostoyevski en 1861, es una novela realista que pone al descubierto las diferencias sociales en San Petersburgo. Al inicio de la obra, en el primer capítulo, Iván Petróvich, el protagonista que ejerce de narrador, un incipiente escritor, pasea por las calles de San Petersburgo durante un atardecer de marzo mientras recuerda la historia de un viejo octogenario –en posteriores capítulos sabremos que se apellidaba Smith- y su perro con quienes coincidía a menudo en una confitería alemana. El texto describe el suceso que ocurrió cierto día cuando el viejo del perro miraba a Schultz, un comerciante alemán originario de Riga. Este último estalló, vociferó y pidió explicaciones al viejo por su mirada. Cuando Smith se disponía a marchar, se apercibió de que su perro estaba muerto. Müller, el confitero, le sugirió que lo disecara. Esta es la escena:

Taxidérmicas portadas de discos. Parte 2.

Segunda parte con diecisiete portadas más de discos con temática relacionada con la Taxidermia. A disfrutar.

Denise Lasalle, The Bitch is Bad! (1977)

Taxidérmicas portadas de discos. Parte 1.

La portada de un disco, más aún si es -era- de vinilo, de un formato más grande, es un arma más de mercadotecnia que las discográficas emplean vender su producto.  Las que reproduzco a continuación tienen en común la presencia de Taxidermia. Entre los animales disecados abundan las alfombras de tigre y oso en compañía de una mujer, un motivo que ya abordamos en la serie Bellas y Bestias. Están ordenadas cronológicamente, desde los años cincuenta del pasado siglo hasta el presente, lo que añade información acerca de cada época. La cantidad de discos con este tema me obliga además a ofrecerla en dos partes.

Eartha Kitt, Down to Eartha (1955).

John Edmonstone, el esclavo que enseñó Taxidermia a Charles Darwin.


John Edmonstone enseñando Taxidermia a Charles Darwin (1).


El excéntrico Charles Waterton (1782-1835) rememorando los primeros días de su tercer viaje en 1820 a la Guayana Británica escribió en su libro Wanderings in South America, the North-West of the United States, and the Antilles (1825): 
   "Tras permanecer algunos días en la ciudad, subí a mi antigua morada junto al arroyo en la residencia de Demerara, de mi digno amigo el señor Edmonstone, en el arroyo Mibiri. 
   La casa había sido abandonada hacía algunos años. (...) Contraté algunos negros de un leñador de otro arroyo para reparar el tejado, y luego la casa o lo que quedaba de ella, convirtiéndola en cuartel general de historia natural. (...). 
   Fue en aquella colina (2) cuando en el pasado intenté enseñarle a John, el esclavo negro de mi amigo el señor Edmonstone, la forma correcta de montar pájaros. Pero John era poco hábil y requería abundantes tiempo y paciencia para enseñarle cualquier cosa. Algunos años más tarde, su patrón lo llevó a Escocia donde, una vez libre, John lo dejó, consiguió empleo en Glasgow, y más tarde en el Museo de Edimburgo. El señor Robert Edmonstone, sobrino del anterior, disponía de un mulato capaz de aprender cualquier cosa. Me pidió que le enseñara el arte. Lo hice, era dócil y resuelto, y estuvo conmigo todo el tiempo en el bosque. Lo dejé allí para que siguiera este nuevo arte de conservar aves y lo enseñara a los demás." 

"Lisette", la yegua del zar Pedro I el Grande.

En junio de 1698 de regreso a Rusia de la que se conoció como Gran Embajada, un viaje de incógnito por Europa en el que Pedro I el Grande solicitó sin éxito ayuda a los monarcas europeos para enfrentarse al Imperio otomano, se cuenta que el zar a su paso por Riga, actual capital de Letonia, se enamoró de una bonita potra de color castaño de raza Karabaj, una raza muy resistente. Por ella ofreció a sus propietarias, unas jóvenes mercaderes (1), su viejo caballo a cambio más cien ducados holandeses. La escritura de venta se redactó en el acto. Bautizó la yegua con el nombre de Lisette, se cuenta que en honor de una de sus amantes durante su estancia en Sajonia.

La yegua Lisette compartiendo vitrina con los perros Lisette  (arriba) y Tirano en el Museo de San Petersburgo (2).

Los tratados de Rowley: "The Art of Taxidermy" y "Taxidermy and Museum Exhibition".

"Al escribir este trabajo, mi propósito ha sido eliminar todo aquello irrelevante y mantenerme tan próximo al sujeto de la taxidermia cuanto he podido. Nada más alejado de mis pensamientos que afirmar que los métodos recomendados aquí no son mejorables. Simplemente aporto los resultados de mi propia experiencia, unida a la de otros taxidermistas con los que he estado, con la esperanza de que los colegas que no se hayan beneficiado de la maestría ajena, ni tenido el tiempo y medios necesarios para experimentar nuevas líneas de trabajo, adquieran conocimientos novedosos y se sirvan de ello."
The Art of Taxidermy.
Ese era el modesto deseo que John Stewart Rowley (1862-1928), el autor, manifestó en el prólogo de The Art of Taxidermy (1898), un manual en tamaño octavo de 244 páginas ilustrado con veinte láminas y casi sesenta dibujos, volumen que dedicó a su mentor Joel Asaph Allen. Rowley, taxidermista autodidacta, ingresó en el Museo Americano de Historia Natural hacia 1890 como ayudante y tan solo tres años después, contaba 31, se vio obligado a hacerse cargo del recién creado Departamento de Taxidermia al fallecer su compañero Jeness Richardson. El tratado, bastante completo, vería reediciones en 1904, 1907 y 1914. Veamos su contenido.

Los métodos de modelado de mamíferos de Rowley y el esculturodérmico de Akeley.

A finales del XIX y principios del siglo XX los métodos taxidérmicos de montaje de mamíferos grandes evolucionaban de forma acelerada en los Estados Unidos. En algunos museos europeos se habían recuperado técnicas dermoplásticas, de montaje de la piel curtida sobre una escultura con armazón de madera y hierro revestida de una capa de escayola que marcaba con precisión la musculatura del sujeto. En los Estados Unidos se empezaron a crear departamentos de Taxidermia en los nuevos grandes museos. A principios de la década de 1880 Carl Ethan Akeley ensayaba la dermoplastia durante sus pausas del desayuno en el Ward's Natural Science Establishment de Rochester, método que aplicaría a sus primeros grupos a partir de 1886 en el Museo Público de Milwaukee. En 1887 en el de Washington William Temple Hornaday terminó un grupo de bisontes que montó, en vez de en yeso, sobre maniquíes terminados con una capa de arcilla. Hacia 1895 Akeley fue designado jefe del taller de taxidermia del Museo Field de Chicago y allí empezaría a evolucionar su técnica hasta desarrollar el de modelado de una escultura en arcilla a tamaño natural, el vaciado del molde de escayola, la elaboración de un contramolde de pasta de papel a partir de las piezas del molde, y finalmente la obtención de la escultura reuniendo las secciones de pasta de papel, método que aplicó con éxito en su grupo de elefantes del Museo Field y años más tarde en el del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. 


John S. Rowley, de autodidacta a taxidermista jefe del Museo de Nueva York.

John S. Rowley descarnando una piel (1).
John Stewart Rowley nació en Hastings-on-Hudson, Nueva York, en 1862. Siendo niño vivió en 1871 la inauguración del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, museo que visitó con su familia y que quizá le estimulara para aficionarse a la Taxidermia, aprender de forma autodidacta y acaso comenzar a ejercer de forma privada.

En breve retomaremos la biografía de Rowley. En 1882 el Museo Nacional de Washington contrató a William Temple Hornaday, procedente del Ward's Natural Science Establishment de Rochester, con el objetivo de crear un departamento propio de Taxidermia. Hasta entonces las grandes museos estadounidenses se limitaban a comprar los especímenes disecados a establecimientos como el Ward's, el de Frank Blake Webster de Boston y otros similares europeos, como la Maison Verreaux de París o Rowland Ward de Londres. Hornaday, especialista en mamíferos, llamó a su lado a su amigo Jeness Richardson, especialista en aves empleado asimismo en el Ward's. En 1887 Hornaday, empleando métodos dermoplásticos, más avanzados, laboriosos y costosos que los utilizados por los taxidermistas privados proveedores, terminó un grupo de bisontes ambientado que causó impresión entre el público. El Presidente de la Sindicatura del museo neoyorquino, el banquero y filántropo Morris Ketchum Jesup, vio aquel trabajo y regresó a su ciudad decidido a convencer a sus colegas para que se creara igualmente un departamento de Taxidermia. Los bisontes se encontraban en peligro de extinción en los Estados Unidos -Hornaday contribuyó a su salvación, influyendo incluso en los legisladores- y la población de otros mamíferos también mermaba. El joven Museo Americano, como todos hasta entonces, mostraba al público hileras de mamíferos mal montados, solos, sobre un pedestal, y de acuerdo con Joel Asaph Allen, conservador de la sección de mamíferos y aves, Jesup solicitó la creación del n uevo departamento, petición que fue aceptada. Para impulsarlo ficharon a Richardson, que pasó de segundo en Washington a taxidermista jefe en Nueva York.

"A History of British Taxidermy" de Christopher Frost.

El libro A History of British Taxidermy (1987) siempre es de consulta obligada cuando decido escribir acerca de taxidermistas británicos. Su autor, Christopher Frost (Bury St. Edmonds, Suffolk, 1950) comenzó a practicar la taxidermia en su juventud y pronto comenzó a coleccionar y a comprar y vender vitrinas victorianas con animales disecados. En 1972 se estableció profesionalmente denominando a su negocio The Enchanted Aviary y cinco años después lo trasladó al cercano y turístico pueblo de Long Melford. Su interés por la historia de este arte y los centenares de trabajos de antiguos taxidermistas que manejó le condujeron de forma natural a publicar en 1981 Victorian Taxidermy y años más tarde este que comentamos, del que autoeditó una edición limitada de 1000 ejemplares numerados y firmados. Frost escribió además una pequeña guía para la restauración de vitrinas antiguas de Taxidermia.

"Zarafa", la jirafa del rey Carlos X del Museo de Historia Natural de La Rochelle.

Zarafa en el Museo de La Rochelle (4).
En 1827 Francia entabló negociaciones con Mehemet Alí, el valí otomano de Egipto, con el propósito de conseguir su apoyo militar en Argelia. Al inicio de las conversaciones y como muestra de buena voluntad, aceptando una sugerencia del cónsul francés, Alí regaló al rey Carlos X una jirafa. Y aunque acabaría rechazando la petición francesa de intervención en 1829, de nuevo como señal amistad Alí obsequió además al rey dos obeliscos, el primero llegó a París en 1833 procedente de Luxor -se erigió tres años después en la plaza de la Concordia-, mientras que el segundo se quedó en Egipto debido a las dificultades de su traslado. La última jirafa viva que había pisado suelo europeo (1) fue en Florencia, la que recibió como regalo Lorenzo de Médicis en 1486 del sultán de Egipto. Con anterioridad las recibieron asimismo como regalo los reyes Alfonso X de Castilla, Federico II de Sicilia y Fernando I de Nápoles y varios nobles italianos (2). Quizá la primera que lo hizo desde la Antigüedad clásica fue la que acompañó a Julio César en su regreso triunfal a Roma de la campaña de Egipto en el año 46, un animal (3) que falleció en un espectáculo con leones. En Constantinopla algunos zoológicos de sultanes también las alojaron.

Postal del "Unique Log Museum" de Garberville, California.




Probablemente sea de finales de los años cuarenta del pasado siglo. Está sin circular y el único texto está en el anverso, "Unique Log House Museum. Garberville, California" y la referencia del fotógrafo. Sus medidas son 13'8x8'8 cm. En mi colección hay varias tarjetas de pequeños museos locales aparentemente semejantes. En esta fotopostal observamos un rincón con varias cabezas de ciervo, una de corzo y otra de oso alineadas en los muros, bajo ellas cinco rapaces diurnas, una de ellas una águila calva, y sobre el estante toscamente ambientado un búho nival, un pelícano, un faisán, una barnacla, un piquero, un zorro medio escondido y una comadreja, y dos frontales de vaca en el suelo.

"El hijo del taxidermista" (2013), cortometraje de Enrique Vilallonga.

El taxidermista y su esposa (1).


Un proyecto muy personal este cortometraje de 19 minutos dirigido, coproducido, escrito -a medias con Juan Marí Susierra-, editado y musicado por Enrique Vilallonga. Su terrorífico argumento: el hijo de un taxidermista tras una larga ausencia regresa a la casa familiar donde es recibido por su padre, una persona inestable, obsesionada con Dios y rencorosa, que rememora los trágicos acontecimientos que sucedieron en el domicilio.

Taxidermista aficionado anónimo posando con sus trabajos.



El taxidermista de la fotografía, personaje anónimo, deseó inmortalizarse posando con algunas de sus obras. La fotografía es de finales del siglo XIX y, por los animales que aparecen en la imagen, debió tomarse en los Estados Unidos. Sobre el florido tapete de la mesita apenas se distinguen un búho americano, una ardilla, un mapache, un pequeño roedor, un par de patos, uno de ellos quizá un arlequín, y un último pájaro sobre una rama. El barbudo protagonista, de unos cuarenta años, posa en mangas de camisa, vestido con chaleco y mostrando la cadena del reloj. Está incómodo, no sabe muy bien qué hacer con las manos, la izquierda con el puño cerrado sobre el mapache y la derecha con la punta de los dedos en un bolsillito del pantalón.