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| Paul Louis Steenhuizen (1). |
Claramente la fotografía es un posado. Lo que más me llamó la atención fueron los lustrosos zapatos de paseo. Nuestro personaje, perfectamente peinado, viste una impecable bata bajo la que asoma una camisa blanca de cuello club collar, corbata y jersey, y unos pantalones de lana; ropa de vestir, no de trabajo. Su mirada se alza por encima de la supuesta acción que realiza con las manos. Se supone que está ajustando el relleno de la escultura de un chimpancé, puesto que sujeta un cuchillo con la mano diestra y papel de lija con la izquierda. El relleno es turba desecada, que complementa y da forma a una estructura confeccionada a partir de perfiles de tablero de madera. La figura del simio reposa sobre una cajonera a modo de banqueta, junto a dos galgas. El suelo está impoluto, evidentemente el taxidermista no ha realizado ninguna acción, no ha lijado ni recortado la turba sobrante, lo básico de la escultura del animal estaba ya terminado, y tampoco hay piel alguna que comprobar sobre el maniquí. En realidad, sin pretenderlo el fotógrafo, son dos los sujetos quienes protagonzan la imagen, el disecador y el chimpancé, ambos sentados uno frente al otro.
















