Los métodos de modelado de mamíferos de Rowley y el esculturodérmico de Akeley.

A finales del XIX y principios del siglo XX los métodos taxidérmicos de montaje de mamíferos grandes evolucionaban de forma acelerada en los Estados Unidos. En algunos museos europeos se habían recuperado técnicas dermoplásticas, de montaje de la piel curtida sobre una escultura con armazón de madera y hierro revestida de una capa de escayola que marcaba con precisión la musculatura del sujeto. En los Estados Unidos se empezaron a crear departamentos de Taxidermia en los nuevos grandes museos. A principios de la década de 1880 Carl Ethan Akeley ensayaba la dermoplastia durante sus pausas del desayuno en el Ward's Natural Science Establishment de Rochester, método que aplicaría a sus primeros grupos a partir de 1886 en el Museo Público de Milwaukee. En 1887 en el de Washington William Temple Hornaday terminó un grupo de bisontes que montó, en vez de en yeso, sobre maniquíes terminados con una capa de arcilla. Hacia 1895 Akeley fue designado jefe del taller de taxidermia del Museo Field de Chicago y allí empezaría a evolucionar su técnica hasta desarrollar el de modelado de una escultura en arcilla a tamaño natural, el vaciado del molde de escayola, la elaboración de un contramolde de pasta de papel a partir de las piezas del molde, y finalmente la obtención de la escultura reuniendo las secciones de pasta de papel, método que aplicó con éxito en su grupo de elefantes del Museo Field y años más tarde en el del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. 


John S. Rowley, de autodidacta a taxidermista jefe del Museo de Nueva York.

John S. Rowley descarnando una piel (1).
John Stewart Rowley nació en Hastings-on-Hudson, Nueva York, en 1862. Siendo niño vivió en 1871 la inauguración del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, museo que visitó con su familia y que quizá le estimulara para aficionarse a la Taxidermia, aprender de forma autodidacta y acaso comenzar a ejercer de forma privada.

En breve retomaremos la biografía de Rowley. En 1882 el Museo Nacional de Washington contrató a William Temple Hornaday, procedente del Ward's Natural Science Establishment de Rochester, con el objetivo de crear un departamento propio de Taxidermia. Hasta entonces las grandes museos estadounidenses se limitaban a comprar los especímenes disecados a establecimientos como el Ward's, el de Frank Blake Webster de Boston y otros similares europeos, como la Maison Verreaux de París o Rowland Ward de Londres. Hornaday, especialista en mamíferos, llamó a su lado a su amigo Jeness Richardson, especialista en aves empleado asimismo en el Ward's. En 1887 Hornaday, empleando métodos dermoplásticos, más avanzados, laboriosos y costosos que los utilizados por los taxidermistas privados proveedores, terminó un grupo de bisontes ambientado que causó impresión entre el público. El Presidente de la Sindicatura del museo neoyorquino, el banquero y filántropo Morris Ketchum Jesup, vio aquel trabajo y regresó a su ciudad decidido a convencer a sus colegas para que se creara igualmente un departamento de Taxidermia. Los bisontes se encontraban en peligro de extinción en los Estados Unidos -Hornaday contribuyó a su salvación, influyendo incluso en los legisladores- y la población de otros mamíferos también mermaba. El joven Museo Americano, como todos hasta entonces, mostraba al público hileras de mamíferos mal montados, solos, sobre un pedestal, y de acuerdo con Joel Asaph Allen, conservador de la sección de mamíferos y aves, Jesup solicitó la creación del n uevo departamento, petición que fue aceptada. Para impulsarlo ficharon a Richardson, que pasó de segundo en Washington a taxidermista jefe en Nueva York.

"A History of British Taxidermy" de Christopher Frost.

El libro A History of British Taxidermy (1987) siempre es de consulta obligada cuando decido escribir acerca de taxidermistas británicos. Su autor, Christopher Frost (Bury St. Edmonds, Suffolk, 1950) comenzó a practicar la taxidermia en su juventud y pronto comenzó a coleccionar y a comprar y vender vitrinas victorianas con animales disecados. En 1972 se estableció profesionalmente denominando a su negocio The Enchanted Aviary y cinco años después lo trasladó al cercano y turístico pueblo de Long Melford. Su interés por la historia de este arte y los centenares de trabajos de antiguos taxidermistas que manejó le condujeron de forma natural a publicar en 1981 Victorian Taxidermy y años más tarde este que comentamos, del que autoeditó una edición limitada de 1000 ejemplares numerados y firmados. Frost escribió además una pequeña guía para la restauración de vitrinas antiguas de Taxidermia.

"Zarafa", la jirafa del rey Carlos X del Museo de Historia Natural de La Rochelle.

Zarafa en el Museo de La Rochelle (4).
En 1827 Francia entabló negociaciones con Mehemet Alí, el valí otomano de Egipto, con el propósito de conseguir su apoyo militar en Argelia. Al inicio de las conversaciones y como muestra de buena voluntad, aceptando una sugerencia del cónsul francés, Alí regaló al rey Carlos X una jirafa. Y aunque acabaría rechazando la petición francesa de intervención en 1829, de nuevo como señal amistad Alí obsequió además al rey dos obeliscos, el primero llegó a París en 1833 procedente de Luxor -se erigió tres años después en la plaza de la Concordia-, mientras que el segundo se quedó en Egipto debido a las dificultades de su traslado. La última jirafa viva que había pisado suelo europeo (1) fue en Florencia, la que recibió como regalo Lorenzo de Médicis en 1486 del sultán de Egipto. Con anterioridad las recibieron asimismo como regalo los reyes Alfonso X de Castilla, Federico II de Sicilia y Fernando I de Nápoles y varios nobles italianos (2). Quizá la primera que lo hizo desde la Antigüedad clásica fue la que acompañó a Julio César en su regreso triunfal a Roma de la campaña de Egipto en el año 46, un animal (3) que falleció en un espectáculo con leones. En Constantinopla algunos zoológicos de sultanes también las alojaron.