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Grabado del "Correo árabe atacado por leones".


Grabado del Correo árabe atacado por leones (1).


El grupo Correo árabe atacado por leones (Arab Courier Attacking by Lions, 1867), obra de Jean-Baptiste Édouard Verreaux, se expuso por primera vez durante las últimas semanas que permaneció abierta la Exposición Universal de París de 1867. Se trata de un diorama ubicado en el desierto y con cuatro figuras, un dromedario, su jinete -una réplica humana- y una pareja de leones. Como puede apreciarse en el grabado, en el suelo yace una leona abatida por un disparo, y un león macho se abalanza sobre el dromedario al que clava las garras y su cabalgador, aferrándose a su montura y sobre el cuello del animal, amenaza con una daga al felino. La ambiciosa y realista escena transmite movimiento, la fiereza del león, el espanto del dromedario, la desesperada defensa del jinete. El artista pretendía congelar el movimiento y emocionar al espectador. La innovadora teatralidad de la escena, aún criticada por su falta de rigor científico, inspiraría a otros taxidermistas.
 
Un texto publicado por Paul Chapuy en la revista La Chase Illustrée en marzo de 1868, que iba acompañado del grabado protagonista de este artículo, nos describe las circunstancias que llevaron a Édouard Verreaux a realizar aquel montaje contrarreloj con el propósito de mostrarlo antes de que acabara Exposición:

"Lucha entre león y tigre" de Edwin Ward.


El taxidermista londinense Edwin Ward, miembro de una conocida saga de taxidermistas, hermano mayor de Rowland Ward, participó junto a su padre Henry Ward en la Exposición Universal de París de 1867. Hacía tan solo un par de años que Edwin había establecido su propio negocio, y se había especializado en mamíferos. Entre su clientela contaba con la familia real; aquel mismo año montó una cabeza de elefante para el duque de Edimburgo. En la Exposición de París el progenitor presentó una colección de aves disecadas, mientras que Edwin Ward expuso un efectista grupo consistente en la lucha entre un león y un tigre, erguidos ambos sobre sus patas traseras, disputándose encarnizadamente un ciervo que yace en el suelo, un montaje que se conocería como Lion and Tiger Struggle, Lucha entre león y tigre. Los felinos fueron cazados por Clement Smith de Torquay, Devon, cliente de Ward.
 
 
Lion and Tiger Struggle de Edwin Ward.

 
Desconozco si existe alguna fotografía del grupo. La única ilustración que lo recrea, la que precede, la hallamos en las páginas de la décima edición de The Sportsman's Handbook (1911), un manual editado por Rowland Ward.
 

La Taxidermia en la Exposición Universal de París de 1867.


Grabado con la exposición de Taxidermia en la primera página de L'Exposition Universelle de 1867 Illustrée.


Portada de la revista.
La Exposición Universal de 1867 fue la segunda que se celebró en París, tras la de 1855. Ambas fueron promovidas por Napoleon III, la primera para demostrar su superioridad a la Gran Exposición de Londres de 1851, ordenando construir en la avenida de los Campos Elíseos el Palacio de la Industria, mayor que el Crystal Palace; y esta de 1867 para superar de nuevo a la segunda Exposición de Londres, la de 1862. En esta ocasión la particular pugna por demostrar la grandeza francesa se tradujo en 67 hectáreas de exposición en los Campos de Marte y en la isla de Billancourt. Para aquella cita se construyó un gigantesco edificio ovalado con una superficie de 15 hectáreas. Las muestras relacionadas con la Exposición ocuparon además un centenar de edificios más pequeños. Participaron 32 países y más de 50.000 expositores. Durante el tiempo que permaneció abierta, entre el 1 de abril y el 31 de octubre de 1867, fue visitada por unos 10 millones de visitantes.
 
En esta ocasión la Taxidermia estuvo notablemente presente en varios espacios. La primera página de la entrega del 26 de septiembre de 1867 de la revista L'Exposition Universelle de 1867 Illustrée (1) mostraba un grabado a partir de un dibujo de Jules Gaildrau que acompañaba un texto de Henri de la Blanchère (2) de poco más de una página:

Anuncios de taxidermistas de los siglos XVIII y XIX.

La Taxidermia, una actividad artesana practicada mayormente de forma individual en un pequeño taller, como sucede en otros sectores, es un oficio que no permite dedicar mucho presupuesto a publicidad. Por contra, algunas empresas que alcanzaron cierta entidad sí se anunciaron en prensa u otras publicaciones, hecho que contribuyó a su crecimiento y reconocimiento. Los reclamos que reproduzco a continuación son una selección de algunos de los siglos XVIII y XIX.

El primer anuncio de un taxidermista -en aquella época todos eran disecadores- del que tengo conocimiento es el siguiente de Luis Enequin, que como reza en el texto había estudiado Bellas Artes en la Real Academia de San Fernando. Allí debió coincidir con Francisco de Eguía y Arrese, también de origen vasco, y con el valenciano Juan Bautista Bru de Ramón, los primeros taxidermistas que trabajaron en el Real Gabinete de Historia Natural.
En aquella época la Real Academia y el Real Gabinete compartían edificio, el madrileño Palacio de Goyeneche, y fueron varios los alumnos de la primera que se incorporarían al segundo. Eguía falleció en 1777 a los pocos meses de ocupar la plaza de disecador, siendo sustituido por Bru, y cabe la posibilidad que Enequin aspirara a la vacante. En cualquier caso, lo que demuestra el anuncio que publicó La Gaceta de Madrid el 24 de junio de 1777 es que Luis Enequin se puso por cuenta propia ofreciendo sus servicios a particulares.


Crónica del "negro de Banyoles".

El negro de Banyoles en 1977 (1).
A finales de octubre de 1991 una carta de Alphonse Arcelín, médico español de origen haitiano residente en Cambrils, Tarragona, dirigida al alcalde de Banyoles, Girona, exigiéndole la retirada del Museo Darder del que popularmente se conocía como "el negro de Banyoles", desató una polémica que llegó a alcanzar repercusión internacional. Al cabo de pocos meses la ciudad se disponía a acoger las pruebas de remo de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Hasta entonces, el cadáver disecado de aquel bosquimano de etnia tsuana o bechuana, exhibido de acuerdo con los criterios museísticos del siglo XIX en la vitrina de un pequeño museo comarcal, a pesar de no haberse ocultado jamás, había pasado inadvertido. A día de hoy miles de personas guardan en su memoria la imagen de una visita infantil -la mía fue a mediados de los años setenta del pasado siglo- a una sala del Museo Darder donde además de la vitrina de el negro, se alineaban en estanterias cráneos verdaderos y reproducciones en yeso, fetos sumergidos en alcohol, momias y dos pieles humanas curtidas extendidas sobre una pared. Toda una experiencia. La controversia desencadenada a finales del siglo XX, acompañada de acusaciones de racismo, sobrevenida además en una población con una alta tasa de población inmigrante de origen africano y sin problemas de convivencia, analizada ahora con algo más de perspectiva, quizá fuera injusta y desproporcionada.

El "Ensayo sobre la antropotaxidermia" del cirujano suizo Mathias Mayor.


Afortunadamente el libro no tuvo mucho éxito. En él podemos leer algunas frases como las siguientes:
   "Y sin embargo, la piel humana difiere poco de la de la mayor parte del resto de animales, y es susceptible de ser colocada y montada, es decir, de ser preparada, conservada, y como todavía dicen, DISECADA (1), exactamente como la de estos últimos, de acuerdo con las reglas de este arte conservador al que los zoólogos han dado el nombre de TAXIDERMIA. O bien, pregunto yo, ¿qué ventaja no ofrecería este método para recordar la memoria de un pariente, de un amigo, de un bienhechor, de un gran hombre, para dejarlos como cuando vivían, y vivir junto a ellos?" (...) “Esta rama de la taxidermia constituye el medio más sencillo, el más seguro y el más natural de recordar los rasgos de los individuos de la especie humana que se deseen conservar como recuerdo”. (…) “Los animales son más privilegiados que los hombres; desde el elefante al avestruz, desde el ratón al colibrí, todos pueden pasar a la posteridad con sus propias formas, con el envoltorio que les perteneció y, por así decirlo, como si la vida no hubiera cesado de animarlos.” (…) “¿De dónde procede este singular contraste, ese estraño triunfo del bruto sobre la especie humana? Son, sin duda alguna, el resultado de ideas supersticiosas que hemos heredado desde el principio del mundo”.

Fragmento de Essai sur l'anthropo-taxidermie.

Los Verreaux, naturalistas y taxidermistas.


Fue en plena edad dorada de la Taxidermia. En el año 1803 Pierre-Jacques Verreaux, taxidermista, abrió una tienda en la Place des Vosges de París. Verreaux se había casado con Joséphine Delalande, hermana de Pierre-Antoine Delalande, taxidermista en el Museo Nacional de Historia Natural de París, e hija de Adrien Delalande, que fue preparador primero en el Museo de Versalles y después en el Jardin de Plantas. Verreaux y su esposa Joséphine tuvieron tres hijos, Jules, Édouard y Alexis. Los dos mayores siguieron las pasos de su padre e hicieron de la Maison Verreaux un lugar obligado para coleccionistas y museos de todo el mundo. Pierre Boitard, autor de manuales de taxidermia, escribía en 1825 que el el señor Verreaux era "uno de los pocos taxidermistas con tienda, honestos, con talento y digno de estimación".

Jules Verreaux en 1860.
Jules-Pierre Verreaux (París, 14 de agosto de 1807- Londres, 7 de septiembre de 1873), el hermano major, además de taxidermista fue botánico y ornitólogo. El ambiente familiar favoreció que Jules fuera naturalista. En 1818, cuando contaba once años, acompañó a su tío Pierre-Antoine Delalande a una expedición a Sudáfrica. Regresó a París tres años más tarde habiendo recolectado para el Museo de París más de 13.000 especímenes, sobretodo plantas, pero también unos 300 mamíferos, unas 2.000 aves, unas 4.000 conchas y caracoles, unos 1.000 insectos, etc. Asistió a las clases de los naturalistas George Cuvier y Géoffroy Saint-Hilaire. Tras la muerte de su tío Delalande en el año 1825, por encargo de su padre el joven Jules regresó a Ciudad del Cabo donde permaneció durante trece años. De 1829 a 1838 trabajó como taxidermista en el Museo del South African Literary and Scientific Institution que cofundó junto al zoólogo Andrew Smith, y que albergaba las colecciones del barón Carl Ludwig, la del mismo Smith y, en calidad de préstamo, la colección privada de Jules Verreaux. Durante todos aquellos años en África Jules acumuló y envió grandes cantidades de animales que abastecieron la tienda familiar. En 1827, la Maison Verreaux cobraba 3.000 francos por un elefante o un hipopótamo, 500 por un rinoceronte, 200 por un tigre ó 40 francos por una mangosta. Con el propósito de hacer los preparativos del envío de las colecciones a París, llamó a su hermano Édouard, para que lo ayudara. Este y Alexis llegaron a Sudáfrica en 1830.

"Correo árabe atacado por leones" de Édouard Verreaux.


El Correo árabe atacado por leones (1867) es una de las obras maestras de la Taxidermia creada por la Maison Verreaux de París, atribuida a Jean-Baptiste Édouard Verreaux (París, 1810-1868).
 

El Correo árabe en el Museo de Pittsburgh (1).


La Maison Verreaux, ubicada en la Place des Vosges, fue fundada en el año 1803 por Pierre-Jacques Verreaux, pero fueron sus hijos Jules, Édouard y Alexis quienes hicieron de ella un lugar indispensable para coleccionistas y museos de Historia Natural de todo el mundo. A partir de 1834 Édouard se hizo cargo de un boyante negocio que más tarde se trasladaría al número 6 del Boulevard Montmartre y al número 9 de la Place du Collège de France, también en París. Se cuenta que aquel inmenso almacén de objetos de Historia Natural llegó a disponer, en su momento de mayor esplendor, de más de 3.000 mamíferos disecados y de 40.000 aves. A la muerte de Édouard Verreaux su viuda fue liquidando las existencias, hasta el cierre del establecimiento en 1899.

Deyrolle, la tienda de Taxidermia más bella del mundo.




Si viaja a París, no deje de visitar Deyrolle (46 de la rue du Bac). Se encontrará con la tienda de Taxidermia más bella del mundo.

Émile Deyrolle.
Fundada en 1831 por Jean-Baptiste Deyrolle, un apasionado por la entomología, la casa se dedicó en sus inicios, principalmente, a la venta de insectos y material entomológico. Su hijo Achille se hizo pronto cargo del negocio añadiendo la actividad de Taxidermia. De 1800 hasta 1855 el negocio de la Taxidermia y la compra-venta de objetos de Historia Natural en la ciudad de París estuvo dominado por los hermanos Verreaux, grandes viajeros, cuyo negocio se encontraba en el barrio de Montmartre. Pero la Maison Deyrolle se hizo un lugar.

En 1866 el nieto del fundador, Émile Deyrolle, ya dirige el negocio. Ejerce de taxidermista e inicia una etapa de editor especializado en la publicación de libros de fauna y flora. De esa época son célebres los carteles-murales Musée Scolaire Deyrolle coloreados, que se encontraban en la mayoría de las aulas de las escuelas de enseñanza primaria, secundaria y también en las universidades francesas, y que aleccionaban sobre Biología, Anatomía humana, Geografía o Instrucción cívica. Los carteles se tradujeron al inglés, al portugués y al español. La casa Deyrolle ya proveía por entonces de especímenes a Museos de todo el mundo.