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"Guide du naturaliste préparateur" de Guillaume Capus.

Portada de Guide du naturaliste.
Guillaume Capus, un veinteañero luxemburgués estudiante en el Museo de Historia Natural de París, publicó en 1879 Guide du naturaliste préparateur et du naturaliste collectionneur pour la recherche, la chasse, la récolte, le transport, l’empaillage, le montage, et la conservation des animaux, végétaux, minéraux et fossiles, un manual de unas trescientas cincuenta páginas y un centenar de ilustraciones, que contenía instrucciones acerca de cómo recoger y preparar especímenes de Ciencias Naturales.

Dedica Capus la primera parte de su obra a los minerales y fósiles, y la segunda a los vegetales. Es en la tercera donde se ocupa de la preparación de animales. A su vez subdividida en capítulos, en el primero se refiere a la captura de sujetos, y en el segundo a la conservación de los animales empleando alcohol, cloruro de sodio, alumbre o éter. También se refiere a la acción curtiente del tanino (1) como reforzante del curtido en algunas preparaciones anatómicas, y al uso del aguardiente, la glicerina, o aceites. El autor particulariza comentando la conservación de zoófitos, gusanos, moluscos, larvas, arácnidos y crustáceos; la conservación en alcohol de reptiles, peces, tortugas y batracios; y mediante inyecciones, de aves pequeñas y grandes, y mamíferos. Capus explica la conservación "en seco" utilizando como preservativos el arsénico blanco (2), el arsénico rojo (3), el sublimado corrosivo (4), la caparrosa (5), el cardenillo (6), el jabón arsenical de Bécoeur (7), el alumbre en polvo (8), la esencia de trementina (9), el licor curtiente y la pomada jabonosa de Nicolas (10), el éter sulfúrico (11), el azufre, los aceites y las sustancias vegetales olorosas como el romero, la manzanilla, el ajo, la pimienta, el tabaco, la lavanda, etc… El autor opta no obstante por la utilización del jabón arsenical de Bécoeur y transcribe la fórmula que Léonard Dupont –lo cita- incluye en su libro. Describe las fumigaciones sulfurosas (12) o de arsénico, las inmersiones en agua hirviendo, el curtido -mezclando tanino y agua, o tanino, alcohol, alumbre y sal-, las maceraciones conservantes -cita un procedimiento de Gannal-. Describe los peligros que pueden afectar a las colecciones como los insectos destructores, el calor, la luz, el aire, la humedad.; y concluye aludiendo al embalsamamiento (13).

El "español disecado" del Museo d'Allard de Montbrison.

El español disecado de Montbrison (1).
El periodista Miquel Molina publicó el 23 de abril de 2006 un artículo en el periódico La Vanguardia titulado El último prisionero de Napoleón donde daba cuenta de la existencia del cadáver disecado de una persona de raza blanca en los almacenes del Musée d'Allard de la villa de Montbrison, Francia. La historia de este sujeto se recompone  en buena medida a partir de la tradición oral y se remonta a entre 1808 y 1812, durante la Guerra de la Independencia Española. En aquella fecha mil seiscientos presos españoles fueron recluídos por las tropas de Napoleón en el cuartel de Vaux de Montbrison. Finalizada la guerra en 1814 y decretado el armisticio, un buen número de supervivientes permanecieron en el pueblo. Durante su confinación algunos de aquellos presos fueron subcontratados por el barón Jean-Baptiste d'Allard (1769-1848) al Gobierno francés como obreros para la construcción de su hôtel particular, que se concluiría en 1812. D'Allard, que llegó al grado de subteniente en el decimosexto regimiento de caballería de dragones de Orleans y que participó en la guerra en España, fue un personaje volcado con el coleccionismo de objetos de Historia Natural como animales disecados, insectos, conchas de moluscos, fósiles o herbarios, pero también de monedas, medallas, libros, antigüedades, cuadros, esculturas y otros objetos artísticos. D'Allard llegó incluso a mantener correspondencia con los naturalistas Georges-Louis Leclerc Buffon y Jean-Baptiste Lamarck. Su legado, acumulado en su mansión más tarde transformada en museo, se convertiría en el primer Museo de Historia Natural fundado en el departamento del Loire. 

El "Traité de Taxidermie" de Léonard Dupont.

Grabado 1 del Traité de Taxidermie de Dupont.

Léonard Dupont publicó en 1823 Traité de Taxidermie (1), un manual en formato octavo mayor con ciento dieciocho páginas y cuatro grabados. El libro reproduce casi al pie de la letra los procedimientos contenidos en el compendio Taxidermie de Louis Dufresne, jefe del laboratorio de Taxidermia del Museo de París. 

Dupont comienza su tratado explicando cómo se cazarán los ejemplares que deberán ser disecados y relacionando el material y los instrumentos que se precisarán. Al abordar el tema de los productos preservativos, Dupont no ahorra críticas al abad Denis-Joseph Manesse, al boticario Pierre-François Nicolas y al naturalista Jacques-Marie Philippe Mouton-Fontenille, autores que desconfiaron del jabón arsenical de Jean-Baptiste Bécoeur por su posible peligrosidad, quienes proporcionaban, afirma, unas fórmulas “insuficientes”. “El jabón arsenical solamente podría ser peligroso en manos de imprudentes”, declaraba Dupont, que se alineaba así con Louis Dufresne que en su Taxidermie lo recomendaba como el único conservante efectivo. Dupont detalla la fórmula del jabón arsenical y también la del baño curtiente, compuesta esta segunda por 4 pintas (2) de agua, 1 libra (3) de alumbre (4) y un puñado de sal marina, una mezcla que he podido comprobar en la actualidad siguen empleando algunos taxidermistas.

El "Ensayo sobre la antropotaxidermia" del cirujano suizo Mathias Mayor.


Afortunadamente el libro no tuvo mucho éxito. En él podemos leer algunas frases como las siguientes:
   "Y sin embargo, la piel humana difiere poco de la de la mayor parte del resto de animales, y es susceptible de ser colocada y montada, es decir, de ser preparada, conservada, y como todavía dicen, DISECADA (1), exactamente como la de estos últimos, de acuerdo con las reglas de este arte conservador al que los zoólogos han dado el nombre de TAXIDERMIA. O bien, pregunto yo, ¿qué ventaja no ofrecería este método para recordar la memoria de un pariente, de un amigo, de un bienhechor, de un gran hombre, para dejarlos como cuando vivían, y vivir junto a ellos?" (...) “Esta rama de la taxidermia constituye el medio más sencillo, el más seguro y el más natural de recordar los rasgos de los individuos de la especie humana que se deseen conservar como recuerdo”. (…) “Los animales son más privilegiados que los hombres; desde el elefante al avestruz, desde el ratón al colibrí, todos pueden pasar a la posteridad con sus propias formas, con el envoltorio que les perteneció y, por así decirlo, como si la vida no hubiera cesado de animarlos.” (…) “¿De dónde procede este singular contraste, ese estraño triunfo del bruto sobre la especie humana? Son, sin duda alguna, el resultado de ideas supersticiosas que hemos heredado desde el principio del mundo”.

Fragmento de Essai sur l'anthropo-taxidermie.