"Taxidermie", el influyente tratado de Louis Dufresne.

Louis Dufresne forma parte, sin duda alguna, de la decena de autores más influyentes de la historia de la Taxidermia. Su trabajo como ayudante-naturalista y jefe del laboratorio de Taxidermia del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) de París, el mejor museo de la época; su condición de autor que popularizó el término Taxidermia; de ser el gran divulgador del jabón arsenical de Bécoeur y el primero en dar a conocer su formulación a través del tratado de su amigo el naturalista François Marie Daudin; y su visión crítica de técnicas contemporáneas o anteriores, como las hasta entonces desconocidas de Jean-Baptiste Bécoeur, de gran valor para el historiador; contribuyeron a que Dufresne se convirtiera muy pronto en todo un referente.
 
Principio de Taxidermie en el Nouveau Dictionnaire d'Histoire Naturelle (1803).

En 1803 se publicó en París el Nouveau Dictionnaire d'Histoire Naturelle. El naturalista responsable de la sección ornitológica, Louis Jean Pierre Vieillot, encomendó la redacción del artículo Taxidermie a Louis Dufresne. A pie de página lo justificaba: 
"Encargado de la redacción de este artículo, he pensado que me agradecerían el hecho de confiárselo a mi amigo el señor Dufresne, jefe de los trabajos zoológicos del laboratorio del Museo nacional de historia natural de París quien, por su lugar, sus más de treinta años de experiencia, y por razón de su particular sagacidad, es más capaz que cualquiera otra persona conocida en Francia para darnos un buen trabajo sobre esta parte. Este artículo no dejará nada que desear. (Vieill.)" 
Louis Dufresne empleó con profusión el término Taxidermia en aquel artículo. Había aparecido por vez primera en el Traité élémentaire et complet d'Ornithologie que el naturalista Daudin había publicado tan solo tres años antes. Teniendo en cuenta que Daudin había escrito su capítulo dedicado a la Taxidermia de aves a partir de las indicaciones de su amigo Dufresne, no nos atrevemos a atribuir la invención de la nueva palabra a ninguno de los dos, o quizá fuera un tercero que desconocemos. Lo que sí podemos afirmar es que el artículo del Nouveau Dictionnaire fue definitivo para que su uso se extendiera pronto en todo el mundo. 

Receta del jabón arsenical de Bécoeur  en el extracto de 1820.

Dufresne comenzaba aquel texto, que ocupaba un total de cincuenta y ocho páginas y que no se acompañaba de ningún grabado, reconociendo la contribución a la Taxidermia de algunos personajes y haciendo una introducción histórica. Dufresne escribía que había sido "a finales del último siglo cuando las colecciones de animales muertos han parecido llamados a la vida gracias a talentos como Lerot, Desmoulins, Levaillant, etc.". Dufresne contaba que, aunque la Revolución había hecho desaparecer gran número de colecciones de Historia Natural, había contribuido a un cambio favorable en la clasificación y en el arreglo de las producciones de la naturaleza. Cita aquí a René Maugé de Cely, amigo y compañero suyo, asimismo ayudante-naturalista en el Museo de París, a quien rinde homenaje y de quien dice que habiendo dedicado seis años de su vida, entre 1796 y 1802, a viajar en expediciones a América con el objetivo de recoger animales, plantas y minerales para el Museo, murió en la pequeña isla de Maria, en los mares del Sur. 

Remontándose a los inicios del arte de la Taxidermia, Dufresne recuerda a René Antoine Ferchault de Réaumur, cuya colección de aves disecadas sirvió de base para la colección de aves del Museo de París, y a quien atribuye el origen de la palabra empailler, puesto que los animales grandes los rellenaba de paja. Dufresne sin embargo prefiere sustituir la palabra empailler por monter (1). Al igual que hizo su contemporáneo lionés Pierre-François Nicolas, Dufresne se refiere a la técnica del naturalista alemán Jacob Christian Schäffer que, veinte años después de Réaumur, tras haberlas desollado, cortaba longitudinalmente las aves en dos, rellenaba una de las mitades con yeso, la sujetaba a un fondo de madera, le colocaba el ojo, y sustituía las patas y el pico por pintura, y que sobre este cuadro colocaba un marco y un vidrio para proteger el ave de los insectos destructores. Dufresne afirmaba que este método todavía se seguía en Alemania, aunque algo más perfeccionado. 

Dufresne aludía a la Mémoire de Étienne-François Turgot, describía su contenido, lamentaba que hubiera descuidado la forma de enviar los objetos frágiles como madréporas, estrellas de mar, erizos, mariposas, y evaluaba en una cuarta parte las pérdidas de objetos de historia natural causadas por un mal embalaje. Dufresne también citaba el Traité del abad Manesse, de quien dice que ofrecía unas opiniones acertadas, pero cuyos procedimientos no eran admisibles. Aún coincidiendo con Manesse en que el uso del arsénico era peligroso, Dufresne prefería seguir usándolo en la forma de jabón arsenical a la espera, decía, “de que la Química descubra un preservativo mejor”. Aunque destacaba las aportaciones de Manesse al estudio de las Ciencias Naturales, criticaba sus procedimientos: “los conocedores de la nueva taxidermia no tendrán jamás paciencia para emplear quince o veinte días en montar un pequeño cuadrúpedo, un ave o un gusano”. Por contra, Dufresne anunciaba que enseñaría “los medios de montar y conservar un ave de talla mediana en menos de una hora, y un gusano en cuatro minutos". 

Portada de la edición de Taxidermie de 1820.
Dufresne también menciona a Pierre Jean-Claude Mauduyt de la Varenne, de quien dice que jamás montó ningún ave, y que su Mémoire la escribió a partir de las notas que le había suministrado Lerot, que era quien realmente había preparado "su bella colección". "Sin embargo", prosigue Dufresne, "Mauduyt no indicaba ningún medio de conservación.  Las fumigaciones sulfurosas le parecían el no va más para destruir los insectos destructores". Para Dufresne el azufre destruía hasta a los animales muertos y, “a pesar de este daño, Mauduyt hizo adoptar a Daubenton el uso del azufre para la colección del Museo de Historia Natural. A mi entrada en este establecimiento", continúa Dufresne, "me costó trabajo conseguir la supresión, pero no fue por mucho tiempo. Alrededor de dos mil quinientas aves adornan la galería del Museo de las que noventa, como mucho, pertenecientes a la antigua colección, tienen sus partes superiores quemadas" (2). Dufresne comentaba el efecto que el azufre producía en las aves, como el cambio de coloración, etc., y, no obstante, aceptaba su sólo en algunos casos y únicamente en mamíferos. 

Para Louis Dufresne, el deseo de conservar las aves, ricas en adornos y de bellas formas, dio nacimiento a la Taxidermia. En principio las colecciones se limitaron, dice, a las aves, ante la imposibilidad de extenderla a todas las clases de animales. Para demostrarlo, el autor comparaba los museos del resto de Europa con el museo parisino. Dufresne contaba que en Alemania existían pocos museos con colecciones de aves y mamíferos, y que en Holanda donde "son amantes de las aves raras", contaba, "hay cuatro o cinco colecciones de gran interés, por la rareza y bella preparación de sus individuos. Un viejo escultor residente en La Haya se dio al ejercicio de la taxidermia, y superó, en poco tiempo, a aquellos que montaban animales, y sobre todo grandes mamíferos”. Dufresne proseguía que los holandeses, como medio de conservación, introducían los animales montados en vitrinas selladas y concluía que “un animal así cerrado puede durar mucho tiempo, a menos que ya aloje el gérmen vivo de su destrucción”. Y continuaba razonando:
“Los ingleses emplean los mismos medios para conservar sus animales; pero los montan con menos perfección que nosotros. (...) Parece que los ingleses y los holandeses no tienen, en su lengua, obra alguna que trate sobre la forma de montar los animales con algunos principios. En 1801, no estábamos más avanzados que ellos. (...) Solamente teníamos la obra del abad Manesse, pero la duración de los procedimientos que indicaba espantaba a quienes deseaban formarse en la taxidermia. (...) Los profesores de historia natural de las escuelas centrales de los departamentos tenían la necesidad de disponer de una obra que les instruyera en el medio de conservar y aumentar sus colecciones zoológicas. (...) En 1802, estos deseos fueron cumplidos. Aparecieron al mismo tiempo, dos obras sobre taxidermia; una del señor Nicolas, químico, la otra del señor Hénon.” 
Dufresne proseguía comentando el tratado de Nicolas. Dice que él y Manesse renunciaban a los venenos por su peligrosidad para los preparadores, y por insuficientemente adecuados para alejar los insectos destructores de las colecciones zoológicas. Y refiriéndose a Nicolas añadía: 
“Él pretende que con su pomada jabonosa y su licor curtiente, los animales montados se conserven durante mucho tiempo. Las drogas que componen sus preparados no tienen nada de dañino para aquellos que las utilizan. (...) suponiéndole igual virtud al preservativo del señor Nicolas, sin duda lo habríamos preferido, pero lo hemos ensayado sin éxito. Estamos obligados, pues, a seguir utilizando el jabón arsenical. Tras haberlo empleado durante más de veinte años (3), nunca me he sentido indispuesto. Podría citar a Le Vaillant, Maugé, Desmoulins y, sobre todo, a Bécoeur [sobrino] (4), puesto que ninguna otra persona en Francia ha montado más aves que éste último.” 
Comienzo de Taxidermie (1820).
En este punto de esta poco desaprovechable introducción, al referirse a Bécoeur [tío], el farmacéutico de Metz, Dufresne redacta una nota a pie de página para explicar el procedimiento de montaje de aves del creador del jabón arsenical, de quien afirmaba que había conseguido gran perfección. Gracias a esas líneas, seguramente redactadas a partir del testimonio de su sobrino, conocemos las técnicas de Jean-Baptiste Bécoeur. Su práctica era la siguiente. Abría el ave de la forma ordinaria, con una incisión en el vientre. Por esa obertura sacaba enteramente el cuerpo, sin cortar extremidad alguna. Descarnaba el esqueleto sin romper los ligamentos. Trataba la piel con preservativo. Volvía a poner el esqueleto en su lugar. Ensartaba la cabeza con un alambre en el que se le había formado un anillo en un tercio de su longitud. El extremo más corto atravesaba la rabadilla. Dicho anillo lo situaba a la altura del esternón. Tras alambrar las patas, los extremos de los alambres los fijaba al anillo y a la columna con la ayuda de hilo. Reemplazaba la carne por estopa o algodón cortado. Cosía la piel, fijaba el ave sobre un soporte de madera, y le daba una actitud natural. Dufresne confirmaba que un ave así montada sólo se podía flexionar por sus articulaciones naturales y que Bécoeur también preparaba los cuadrúpedos de la misma forma. Dufresne escribe a pie de página: 
“Si este hombre, sobradamente conocido (puesto que él creó el arte de la Taxidermia), no hubiese inventado el jabón arsenical, no hubiéramos tenido el placer de ver sesenta años más tarde, en nuestros gabinetes, gran cantidad de aves montadas por él, que todavía se conservan muy bien.” 
Dufresne pasaba a comentar la segunda obra de reciente aparición, la de Hénon y Mouton-Fontenille, de la que se atreve a asegurar que no satisfizo la necesidad que albergaban los ornitólogos. Criticaba el uso casi como único preservativo de la esencia de trementina, aunque no desaconsejaba su aplicación en la superficie de cuadrúpedos y peces.

Louis Dufresne comienza formalmente su tratado como de costumbre, relacionando las herramientas y el material que se precisará. También el producto preservativo que aplicará a las pieles, el jabón arsenical de BécoeurJean-Baptiste Bécoeur había mantenido en secreto la fórmula de su exitoso jabón arsenical, actitud que en vida le había costado numerosas críticas y algún sonado enfrentamiento público, como el que sostuvo con Mauduyt. Bécoeur murió sin revelarla. Aquel secreto lo heredó un sobrino suyo que trabajaba en el Museo de París, que lo confió a Dufresne y éste finalmente la dio a conocer, primero en el Traité d'Ornithologie (1800) que escribió su amigo Daudin, y ahora en este artículo del Nouveau Dictionnaire que estamos comentando. Una vez explicados los antecedentes, proseguimos. 

Dufresne, del que nadie duda de que se trataba de uno de los más firmes defensores del uso del jabón arsenical de Bécoeur, recordemos que hasta que “la Química descubra un preservativo mejor”, daba su composición: 5 onzas de alcanfor, 2 libras de arsénico en polvo, 2 libras de jabón blanco, 12 onzas de sal tártara (5) y 4 onzas de cal en polvo; y explicaba cómo fabricarlo. Añadía además la receta para elaborar la cola de goma y la pasta de papel engomado que se empleará en algun momento del montaje. Prosigue comentando cómo debían cazarse y prepararse los animales destinados a ser disecados. Dufresne, como todos los autores, trata por separado la preparación de las diferentes clases de animales. 

Al acometer los mamíferos, Dufresne subdivide su explicación al describir la preparación y montaje de monos, murciélagos, erizos, osos, liebres, los castores, los osos hormigueros, los armadillos, el elefante (6), el ciervo, las focas, los cetáceos y las ballenas. A modo de resumen general tomando un mamífero de mediano tamaño, Dufresne comienza con una incisión longitudinal en el vientre, separa la piel del cuerpo, corta las extremidades y la cola, separa la piel de las patas hasta llegar a la segunda o tercera falange, extrae el cuerpo tras cortar el cuello por la base del cráneo y descarna los huesos. Mantiene el cráneo unido a la piel y, sin cortar los labios, vacía el cerebro. Descarna los huesos de las patas y extrae el hueso del rabo tirando de él. Alambra las patas y la cola. Aquí el autor explica con detalle cómo construye esa estructura conformando una columna vertebral también de alambre y cómo se enlazan los alambres de las patas y de la cola. Trata la piel con jabón arsenical. El alambre del rabo lo reviste de estopa y cola de harina hasta conseguir el volumen y la forma del original. Rellena las partes carnosas de la cabeza y del cuello con estopa cortada. Con estopa sin cortar rellena las patas. Une los alambres de las patas al alambre que hace las veces de columna, y acaba de rellenar con más estopa cortada, dándo forma a los omóplatos, los músculos, etc. Tras coser la piel, fija los alambres de las patas a una plancha de madera. A través de los ojos, las orejas, la boca, la naríz o el ano, va rellenando con algodón hasta hacer reaparecer todos los músculos. Coloca los ojos de vidrio con los párpados aún frescos. Arregla y sujeta los labios con alfileres, y coloca y fija las orejas. "Siguiendo éste método y habiendo adquirido destreza", afirma, "se podrá montar un cuadrúpedo del tamaño de un zorro en no más de cuatro o cinco horas". Aquí Dufresne vuelve a criticar la lentitud de los procedimientos de Manesse y la incisión longitudinal dorsal con la que Nicolas comienza a desollar, que dificulta el montaje del armazón interno y que provoca un relleno defectuoso. El caso particular de los grandes mamíferos, lo explica a partir del montaje del elefante Hans que durante esas fechas él y su equipo realizaron en el Museo de París.

Dibujo de Bourdet de la Nièvre representando la estructura del elefante Hans que montó Dufresne en 1803.

Por contra, al tratar el montaje de aves, Louis Dufresne explica un procedimiento general para todas ellas. Al igual que Nicolas, introduce un hilo por la naríz y lo anuda bajo la mandíbula, dejando largos los cabos. Tras apartar el plumón practica una incisión longitudinal desde el principio del esternón hasta algo más de la mitad del vientre. Va separando el cuerpo con la ayuda de pinzas y escalpelo. Para que las plumas no se peguen al cuerpo, entre piel y carne introduce algodón con algo de polvo o harina, acción que Nicolas desaprobaba. Dufresne corta las extremidades de las patas entre el fémur y la tibia, y las de las alas en la unión del cuerpo con el húmero. Descarna los huesos de las extremidades y continúa desollando el cuello y la cabeza hasta llegar al principio del pico. Corta el cuello por la base del cráneo, agranda el foramen magnum para extraer el cerebro, descarna el cráneo y extrae los ojos. Tras aplicar jabón arsenical comienza a volver la piel tirando con cuidado del hilo anudado al pico. Una vez vuelta prosigue rellenando la piel del cuello con estopa, sin atiborrarlo. Hinchiendo el cuerpo hasta llegar a la rabadilla, pero solamente hasta un tercio de su grosor. Prepara un alambre afilado poco más largo que la longitud del ave. Tras formar un anillo a un cuarto de su longitud atraviesa con el alambre el relleno del cuello y el cráneo. Ensarta cada pata con un alambre que une al anillo. Atraviesa con un cuarto alambre, el sujeta-cola, la rabadilla y también lo fija al anillo central. Termina de rellenar y cose la incisión inicial. Dufresne introduce algodón cortado en las órbitas oculares, a las que, una vez llenas, aplica algo de goma y coloca los ojos, que cubre con sus párpados que se podrán sujetar con alfileres. Sitúa el ave sobre una tabla o sobre una percha de madera, que será atravesada por los alambres de las patas. Coloca las alas, ordena las plumas, dota de una posición natural al ave y envuelve su cuerpo con tiras con tiras de gasa o muselina que se sujetarán con alfileres. Pasado un tiempo, una vez seco el pájaro, retira la muselina, corta el alambre sobrante de la cabeza, si es preciso colorea, etc. 

En este punto el autor responde a las críticas de Nicolas que decía que era “impracticable” la acción de atravesar longitudinalmente el cuello con un alambre después haberlo rellenado. "Prueba de que no es impracticable", dice Dufresne, "son las más de dos mil aves que se han montado con esa técnica en el Museo de Historia Natural". Dufresne detallaba una tercera manera de alambrar las aves, que era practicada por su malogrado compañero René Maugé en el Museo de París, y proseguía aconsejando sobre cómo montar las aves “al vuelo” o con las alas abiertas, y relacionaba algunas particularidades a tener en cuenta en la preparación de algunas familias de aves como las rapaces nocturnas, las aves del paraíso, las aves trepadoras, las gallináceas, el avestruz, el flamenco, los "pájaros bobos" y los "pájaros niños" (7). 

Dufresne prepara las tortugas de la forma usual, es decir, separando el caparazón del peto y descarnando el interior, las patas, la cabeza y la cola. Aplica preservativo a la piel, al caparazón y al peto. Alambra las extremidades y el cuello y cabeza, y rellena su interior con estopa cortada. Une el peto al caparazón practicando cuatro agujeros con un punzón en cada parte, y los liga mediante alambre. El exterior del caparazón lo limpia restregándole ácido nítrico rebajado con agua y, para darle lustre, después volviéndolo a frotar con un trapo humedecido con aceite. Desuella los lagartos como los mamíferos, pero aplicándole menos cantidad de jabón arsenical. Dufresne desuella las ranas por la boca, las rellena de arena fina y, una vez secas, las barniza. Finalmente les practica pequeños cortes bajo el vientre, y vacia la arena. Nuestro protagonista desuella las serpientes mediante un corte longitudinal en un costado, a partir de donde terminan las placas, con el fin, dice, de poder clasificarlas por especies. Para montarlas toma un alambre suficientemente largo y lo envuelve de estopa no cortada hasta que se consiga el grosor del animal, extiende la piel remojada sobre una tabla, sitúa el falso cuerpo en el centro y la cose. Coloca los ojos, le da la forma deseada y la deja secar. Pata terminar le aplica una mano de barníz. 

Louis Dufresne comenta por separado el montaje de algunos tipos de peces. Las lampreas y anguilas las desuella por la boca, y procede como con las ranas y sapos, rellenándolas de arena fina, etc. Los escualos o “perros de mar” (8) los desuella mediante una incisión longitudinal por debajo, desde la cabeza hasta la aleta caudal, va separando toda la piel, corta la columna vertebral lo más próximo a la cabeza, va volviendo la cabeza para ir descarnándola con cuidado de no agrandar las oberturas branquiales. Si por accidente se cortase la piel, Dufresne tranquiliza comentando que, una vez seco se podrá reparar con "pasta de vidriero" y pintar adecuadamente con pintura al óleo. Los escualos de mayor tamaño se reforzarán con un bastón a lo largo del cuerpo, que se incorporará cuando ya se haya rellenado la mitad. Convendrá, comenta el autor, que este bastón de madera se introduzca en la cabeza para que la sostenga. También servirá para atar un par de alambres que atravesarán la piel del vientre, en caso de que tengan que montarse para ser suspendidos. Se proseguirá drogando la piel con preservativo, acabando de rellenar y cosiendo. Por los ojos y por la boca se henchirán las cavidades de la cabeza y, una vez seco el ejemplar, se le colocarán los ojos que se fijarán con goma arábiga mezclada con almidón en polvo. Los escualos, especifica Dufresne, no precisan barníz. Los peces ballesta se abrirán por el vientre y se extraerá toda la carne por esa obertura. Los peces cofre igual. Los peces erizo se conservarán aplicando esencia de trementina en su exterior. Los salmones, carpas, lucios, truchas, tencas, percas, etc., "se montan fácilmente", cuenta sin más nuestro protagonista, "y se barnizarán una vez secos". 

Detalle de la cubierta del tratado.

Dufresne conserva las conchas de los moluscos terrestres, marinos y fluviales, vertiéndoles agua hirviendo y, acto seguido, los separa de su concha con la ayuda de unas pinzas. También explica cómo limpiarlos exteriormente. Los moluscos sin concha sólo se podrán conservar en licor. Los crustáceos como los ermitaños Dufresne los prepara haciéndoles una incisión en la cola, por donde los vacia y rellena de algodón e inmediatamente los vuelve a introducir en su concha. A los bogavantes y los cangrejos les extrae el caparazón, los vacia, les aplica preservativo y los vuelve a montar. La carne de las pinzas de las patas anteriores las vacia por la obertura que resulta tras haberle despuntado la parte pequeña de la pinza. 

Dufresne da instrucciones relativas a la conservación y transporte de los insectos. Los gusanos y las larvas de los insectos los conserva siguiendo el "método de Laurent", es decir, vaciándolos por el ano con la ayuda de una aguja, e inflándolos con la ayuda de una pajita a la vez que se deseca al calor de un hornillo. En medio minuto el gusano se habrá secado con su forma y color natural. Dufresne sumerge las estrellas de mar en agua dulce durante algunas horas, para luego secarlas sobre una plancha de madera. A los erizos de mar les agranda el ano y los vacia por esa obertura, los sumerge diez minutos en agua dulce, los rellena de algodón sin aplicarles preservativo y los deja secar sobre una plancha de madera. Los zoófitos como las gorgonas las conserva dejándolas secar con las ramas abiertas después de haberlas sumergido entre una y dos horas en agua dulce. Las madréporas y las esponjas también las deja secar tras haberlas desalado. Dufresne explica el procedimiento de Cuvier para conservar los nidos y los huevos de las aves, y acaba su obra adjuntando un extracto de la Manera de hacer los ojos de vidrio para los animales del abad Manesse.

El Nouveau Dictionnaire d'Histoire Naturelle se reeditaría quince años más tarde, a partir de 1816. El artículo Taxidermie volvió a aparecer en aquella segunda edición en 1819. Dufresne apenas cambió nada, algunas referencias temporales y cuantitativas y poco más. Al año siguiente Deterville, la misma editorial que imprimió el Dictionnaire, publicó el artículo de Louis Dufresne en forma de extracto, con el título Taxidermie ou l’art de préparer et de conserver la dépouille de tous les animaux, pour les Musées, les Cabinets d’Histoire Naturelle, etc. La longitud de aquel artículo, que ocupaba ciento dos páginas, permitía, sin modificarlo, convertirlo en un tratado. Así fue. Y tuvo éxito. La naturalista Sarah Bowdich lo tradujo al inglés en 1820, aunque su nombre no aparecía en la portada del libro. La revista The Montly Review publicó poco después un juicio sobre aquella traducción y sobre la obra original:
   "Taxidermia es un término recientemente introducido al idioma francés, que deriva del griego taxis, arreglo, y dermia, piel; definiendo el arte de rellenar y preparar los despojos de animales, con el fin de preservarlos en museos o gabinetes de historia natural. Comoquiera que, quizá, la nueva palabra se había hecho necesaria, la coyuntura ha forzado la adopción de una más expresiva en la ordenanza de especímenes y objetos naturales en general.
     Las más satisfactorias indicaciones para embalar, aderezar y montar animales de  diferentes especies, las publicó el señor Dufresne, asistente-naturalista y director de los laboratorios zoológicos del Museo de Historia Natural de París, en la primera edición del Nuevo Diccionario de Historia Natural, del que recientemente se ha reimprimido la segunda edición de este trabajo. "Los numerosos especímenes del Museo de París, preparados por el propio señor Dufresne o por algunos de sus pupilos, testimonian suficientemente la superioridad de su método sobre otros que han propuesto otros autores sobre el mismo tema."Los numerosos especímenes del Museo de París, preparados por el propio señor Dufresne o por algunos de sus pupilos, testimonian suficientemente la superioridad de su método sobre otros que han propuesto otros autores sobre el mismo tema. Su manual de instrucciones, sin embargo, aunque excelente en muchos aspectos, se encuentra lejos de la perfección, y precisa por tanto no acallar los esfuerzos de aquellos que pueden estar a inclinados a hacer juicios más amplios y diversos. Sería especial y altamente deseable algo equivalente al arsénico, uno de los ingredientes esenciales del jabón preservativo, cuyo frecuente y desconsiderado uso no está exento de peligro. Tenemos razones para pensar que el señor Dufresne no ha conseguido retener los naturales aunque fugaces colores de los peces y de algunos animales invertebrados. Sin embargo ha comprimido tanto la información práctica en un reducido número de páginas, y lo detalla de una manera tan clara y perspicaz, que nos place que su texto sea accesible al lector inglés con la aparición de este volumen.
    El traductor, sin embargo, por razones que sólo él sabrá, aborda su tarea de forma abrupta, sin anunciar que esta obra se trata una traducción; aunque a lo largo de la obra es condescendiente al revelar, de pasada, el nombre del autor. Por otra parte ha preferido no dar cuenta de la manera de preparar los ojos de vidrio que escribiera el abad Manesse, cuyos curiosos documentos durante largo tiempo han estorbado a la prensa. No teniendo a mano una copia de las instrucciones originales elaboradas por los profesores del Jardín del Rey de París para uso expreso de los viajeros [suponemos que se refiere al extracto publicado en 1820], no tenemos capacidad para pronunciarnos sobre hasta qué punto el anónimo traductor ha hecho justicia; pero, si se nos permite juzgar según el tratamiento otorgado al ensayo de Dufresne [el artículo primigenio publicado en el Diccionario], pensamos que, salvo pocas excepciones, más o menos inherentes a todas las tentativas de este tipo, las ha expuesto con precisión tolerable."
La recensión en The Montly Review proseguía revelando la supresión, sin mayores consecuencias, de un par de frases que aparecían en el original, relacionaba a continuación una docena de errores de traducción, y finalizaba con "Nos abstenemos a propósito de recurrir los contenidos de este pequeño volumen, que son totalmente técnicos y mecánicos; puesto que lo que más nos preocupa, naturalmente, es que cualquiera pueda acceder al texto francés o inglés".

Otras obras que aparecieron a la sombra de la de Dufresne son el libro del militar y naturalista aficionado francés Pierre-François-Marie Bourdet de la Nièvre, publicado en Berna, Suiza, en 1820, titulado Mémoire a Messieurs les Professeurs-Administrateurs du Muséum d'Histoire-Naturelle au Jardin du Roi, (...) suivi d'un traité de Taxidermie que es prácticamente una copia. Él único grabado del libro de Bourdet es un dibujo suyo que reproduce el armazón interior de madera del elefante que montó Dufresne en 1803. Léonard Dupont se inspiró en el artículo Taxidermie para escribir su Traité de Taxidermie (1823). El exitoso y reeditado The Taxidermist’s Manual (1833) del capitán y naturalista escocés Thomas Brown se fundamenta en la obra de Dufresne, como declaraba el propio autor. Brown seguiría la técnica de Dufresne de suspender las aves para facilitar su desollado y escribió en su libro que el método de atravesar longitudinalmente el cuello ya relleno de un ave fue adoptado por vez primera en el Jardin des Plantes, precisamente donde Dufresne era jefe del taller de Taxidermia. P. Évans, otro discípulo parisino de Dufresne, rinde homenaje a su maestro en la introducción de su L’art de préparer monter et conserver les Oiseaux (1841). Además de inspirador de obras como las anteriores, Dufresne es citado por otros autores contemporáneos y posteriores. Jacques-Marie-Philippe Mouton-Fontenille (1811) cita expresamente el artículo del Dictionnaire y acepta "después del bautismo de Dufresne" la acepción "taxidermia de aves" como "el arte de rellenar [empailler] sus pieles". El editor inglés M. Salmon reprodujo en 1833 en The Mechanic's Magazine una carta lamentando que el arte de la Taxidermia apenas se practicara en las islas británicas, y citaba entre otros a Dufresme, cuya aportación valoraba especialmente.

Remito al lector interesado en conocer algo más sobre Louis Dufresne a leer su biografía.


Notas.- 
(1) El éxito fue relativo puesto que en Francia en la actualidad se continúa usando mayormente empailler. 
(2) En la segunda edición del Nouveau Dictionnaire (1819) actualiza las cifras: tres mil quientas aves tenía la colección del Museo y tan solo diez pertenecían a la colección antigua. 
(3) En la segunda edición del Dictionnaire actualiza esa fecha y escribe "tras haberlo ensayado durante más de cuarenta años". 
(4) ) Este Bécoeur a que se refería Dufresne, como veremos en breve, se trataba del sobrino del farmacéutico Jean-Baptiste Bécoeur de Metz, el inventor del jabón metálico o arsenical. El Bécoeur sobrino trabajó como taxidermista en el Museo Nacional de Historia Natural de París, posiblemente, sólo es una especulación, gracias al conocimiento de la fórmula secreta del jabón que inventara su tío. Sin embargo, como se comentará poco más adelante, la revelaría a Dufresne, su jefe.
(5) Potasa. 
(6) Dufresne y su equipo disecó un elefante asiático en el Museo de París en 1803, el mismo año en que se publicó el Nouveau Dictionnaire. Dufresne describe con algo más detalle el proceso de montaje del paquidermo. Aquel elefante, de nombre Hans, es el elefante disecado más antiguo que se conserva en Francia, En 1931 se trasladó desde París al Museo de Historia Natural de Bourges, dode puede verse en la actualidad. 
(7) "Pajaros bobos" y "pájaros niños" era como comenzaron a llamar a los pingüinos los primeros europeos que los observaron a finales del siglo XV. Estos términos se emplearon hasta mediados del siglo XVIII. 
(8) A los Squaliformes, un orden que agrupa algunas familias de tiburones, popularmante se les conoce como "perros de mar".


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Taxidermidades, 2015.

Bibliografía: 
---   The Montly Review; or Literary Journal, enlarged , vol. 93, R. Spottiswoode y J. Porter, Londres, septiembre-diciembre de 1820.
Pierre-François-Marie Bourdet de la Nièvre  Mémoire a Messieurs les Professeurs-Administrateurs du Muséum d'Histoire-Naturelle au Jardin du Roi, sur les qualités et les conaissances que doit avoir un Naturaliste-Voyageur, sur les moyens de recueillir, de conserver et d'expédier una grande quantité d'objets d'histoire-naturelle, le plus sûrement et le plus écononomiquement possible; suivi d'un traité de Taxidermie , Walthard et Burgdorfer, Fischer y Desrogis, Berna, Lausana y Ginebra, 1820.
[Sara Bowdich] Taxidermy: or the art of collecting, preparing and mounting objects of Natural History , Longman and Co., Londres, 1820.
Thomas Brown The Taxidermist’s Manual; or the Art of Collecting, Preparing and Preserving Objects of Natural History. For the Use of Travellers, Consercators of Museums, and Private Collectors , Archibald Fullarton & Co., Glasgow, 1837. 
Louis Dufresne Taxidermie ou l’art de préparer et de conserver la dépouille de tous les animaux, pour les Musées, les Cabinets d’Histoire Naturelle, apliquée aux Arts, etc. , Deterville, Paris, 1820.
[Léonard] Dupont  Traité de Taxidermie , Parmantier, Paris, 1823.
P. Evans L’art de préparer monter et conserver les Oiseaux, suivi de la manière de prendre, préparer et conserver les Papillons et autres Insectes , G.-A. Dentu, Paris, 1841. 
Jacques-Marie-Philippe Mouton-Fontenille de la Clotte Traité elementaire d'Ornithologie, suivi de l’Art d’empailler les oiseaux , Yvernault et Cabin, Lyon, 1811.
M. Salmon (ed.)  On Taxidermy (Extracted from a Letter to a Friend) , en The Mechanics’ Magazine, Museum, Register, Journal and Gazette, vol. XIX, nº 515, Londres, 6 de julio de 1833.