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Crónica del "negro de Banyoles".

El negro de Banyoles en 1977 (1).
A finales de octubre de 1991 una carta de Alphonse Arcelín, médico español de origen haitiano residente en Cambrils, Tarragona, dirigida al alcalde de Banyoles, Girona, exigiéndole la retirada del Museo Darder del que popularmente se conocía como "el negro de Banyoles", desató una polémica que llegó a alcanzar repercusión internacional. Al cabo de pocos meses la ciudad se disponía a acoger las pruebas de remo de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Hasta entonces, el cadáver disecado de aquel bosquimano de etnia tsuana o bechuana, exhibido de acuerdo con los criterios museísticos del siglo XIX en la vitrina de un pequeño museo comarcal, a pesar de no haberse ocultado jamás, había pasado inadvertido. A día de hoy miles de personas guardan en su memoria la imagen de una visita infantil -la mía fue a mediados de los años setenta del pasado siglo- a una sala del Museo Darder donde además de la vitrina de el negro, se alineaban en estanterias cráneos verdaderos y reproducciones en yeso, fetos sumergidos en alcohol, momias y dos pieles humanas curtidas extendidas sobre una pared. Toda una experiencia. La controversia desencadenada a finales del siglo XX, acompañada de acusaciones de racismo, sobrevenida además en una población con una alta tasa de población inmigrante de origen africano y sin problemas de convivencia, analizada ahora con algo más de perspectiva, quizá fuera injusta y desproporcionada.

El Museo Darder de Banyoles.

Fachada del Museo Darder. En la parte posterior se aprecia la ampliación (1).

Francesc d'Assis Darder Llimona (Barcelona, 1851-1918) cerró en 1915 su Museo Darder, un establecimiento de Veterinaria, Taxidermia y venta, entre otros artículos, de objetos de Historia Natural, emplazado en aquella última etapa en la Gran Vía Diagonal de Barcelona. Todo su contenido, casi 1.600 objetos incluido el mobiliario, lo donó a la ciudad de Banyoles, Girona, que con el legado creó en su honor el Museo Municipal Darder de Historia Natural en un edificio municipal ubicado en el número 2 de la plaza dels Estudis, que antes había albergado un convento, la escuela municipal y correos. Darder, que pasaba estancias en Banyoles, había sido distinguido años antes con el título de hijo adoptivo por su exitosa Fiesta del Pezuna iniciativa cuyo propósito era repoblar el lago. Darder apenas tuvo tiempo de disfrutar de su Museo, fallecería en abril de 1918. 

Francesc Darder Llimona, veterinario y taxidermista.


Francesc Darder en 1890.
Nieto, hijo, hermano y padre de veterinarios, Francesc d'Assís Darder Llimona nació en Barcelona el 2 de octubre de 1851. Estudió Bachillerato en el Establecimiento Libre de Segunda Enseñanza de la entonces villa de Gracia. Ingresó en la Real Escuela de Veterinaria de Madrid, estudios que compatibilizó con el servicio militar obligatorio. En junio de 1873 obtuvo el título de veterinario de primera clase y finalizó en octubre de 1874 su servicio en el ejército como veterinario del escuadrón de caballería de la Milicia Nacional de Barcelona (1). En Madrid actuaría como representante de la Sociedad Barcelonesa para la Vacunación Animal. Regresa  a Barcelona para trabajar en el negocio familiar, que se encontraba ubicado en la calle Porta Nova número 62. Un año después se casó con Joaquima Rodés Bosch, con quien tendría cuatro hijos.

A finales de junio de 1876 empieza a editar la revista El Zookeryx, una revista ilustrada de periodicidad semanal en principio dedicada al aprovechamiento zootécnico de los animales domésticos y a la caza y pesca (2). La administración de la revista se ubicaba en el segundo piso del número 74 de la calle Sant Pau donde Darder atendía de una a tres del mediodía. En agosto de aquel mismo año la redacción  se trasladaría al número 27 de la actualmente inexistente calle de la Cadena, donde Darder, que en aquel momento desempeñaba el cargo de subdelegado de Sanidad Veterinaria de Barcelona, acababa de inaugurar su primer negocio propio con el pomposo nombre de Gran Establecimiento de Veterinaria. La sede de la administración de la revista iría cambiando, en febrero de 1877 regresaría a la calle Sant Pau número 74, segundo; a mediados de 1877 se mudaría enfrente, a un tercer piso del número 75; y a mediados de 1878 a la calle Mendizábal, actual Junta de Comerç, número 20, segundo. A partir de octubre de 1878 y hasta 1880, fecha en que apareció el último número, El Zookeryx pasó a llamarse Revista Universal Ilustrada.