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Correspondencia de Ter Meer a Ignacio Bolívar, director del Museo de Madrid.


La carta, escrita en francés y dirigida al "señor director del Museo de Historia Natural de Madrid", está fechada en Leiden, Países Bajos, el 22 de abril de 1895: 

La fotografía que adjuntó Ter Meer a su carta (1).
   "Señor,
   Puesto que uno aspira hace ya tiempo en perfeccionar el arte de montar los animales y que los museos aprecian disponer de ejemplares bien montados en las colecciones, tengo el honor de comunicarle que acabo de lograr componer una masa petrificable, con la que puedo modelar los animales con los detalles más delicados de la musculatura.
   No es preciso recalcar que esta operación es de gran interés para la taxidermia.
   Es algo que no se puede alcanzar jamás montando los animales con heno, de paja, etc. Saber hacer un cuerpo compacto sobre el cual se colocan todas las formas originales, se consigue con esta invención.
   Adjunto una fotografía (1) de un joven orangután hembra montado por mí, representando la forma modelada sobre la cual la piel todavía no se colocado.
   En el Museo de historia natural de Leiden hay un grupo de búfalos (macho, hembra y joven) trabajados con este novedoso método.
   Si mi trabajo le interesa y estuviera interesado en enviarme objetos para montar para su museo me sería agradable corresponderle.
   Agradezca señor los humildes respetos de su servidor
                                                       H. H. ter Meer júnior.
                                       Preparador en el Museo de Historia Natural de Leiden."
 

El intrigante disecador del Real Gabinete Pascal Moineau.


No exageramos si consideramos que Pascal Moineau, disecador que fue del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid entre 1800 y 1808 y entre 1825 y 1833, debió de suponer una pesadilla para los gestores del que a partir de 1815 pasaría a denominarse Real Museo de Ciencias Naturales, actual Museo Nacional de Ciencias Naturales. En la historia del Museo el paso de este taxidermista, personaje ambicioso, intrigante, mezquino, saqueador, rebelde, ingrato, inconformista, aprovechado, oportunista, y que contó sin duda con influyentes benefactores, siempre se ha descrito como un episodio oscuro de la institución. Su incorporación, su escasa producción, su colaboración en el saqueo del Museo durante la ocupación francesa, su huída a Francia, su reingreso como responsable de la Escuela de Taxidermia, su escaso éxito como enseñante, su aspiración a ser designado Jefe del Laboratorio de Taxidermia, sus continuas reivindicaciones, su nombramiento como Disecador de Cámara del Rey, su constante enfrentamiento con la Junta gestora, su inquina hacia algún profesor; he creído que valía la pena profundizar en el conocimiento de su paso por el establecimiento, lidiar con fechas y detalles, aún cuando ello supusiera extenderme bastante más de lo acostumbrado. Comenzamos.
 

 
Se desconoce su fecha de nacimiento, aunque sabemos que nació en Montauban, ciudad del sur de Francia a unos 50 kilómetros al norte de Toulouse. El primer rastro que disponemos de su presencia en España lo hallamos en la sección Noticias sueltas del Diario de Madrid del 25 de julio de 1797:
   "Se halla en esta Corte un mozo de nación francés, llamado Pascual, que posee el secreto de imitar perfectamente y a lo natural el bronce antiguo y moderno encima de cualquier figura de yeso, madera, y todos metales; diseca con la misma perfección toda clase de pájaros, y tiene el secreto de conservarlos sin que se apolillen: las personas que deseen ver sus obras o emplearle en estos trabajos, los que hará con toda equidad, acudirán a la calle Sta. Maria del Arco (1), frente al Cuartel de Walones, número 15."

Llamamiento de los Museos de Historia Natural.


Hace algunos días apareció publicado en la revista Science el artículo A global approach for natural history museum collections, en español Un enfoque global para las colecciones de los museos de historia natural, un texto promovido por Kirk R. Johnson, paleontólogo y director del Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian de Washington, Ian F. P. Owens, del Laboratorio de Ornitología de la Universidad Cornell de Ithaca, Nueva York, que ha contado con la aprobación de Global Collection Group, un grupo de formado por los mayores 73 museos de Historia Natural de 28 paises que suman una colección de 1.147.934.687 especímenes.
 

Pasillo del almacén de la colección de insectos del Museo Smithsonian de Washington (1).

Grabados de especímenes americanos disecados del Museo de Madrid.


Cóndor y pingüino real.


Coincidiendo con la celebración del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América la revista La Ilustración Española y Americana del 30 de junio de 1892 incluyó en su ejemplar algunos grabados que reproducían animales americanos disecados y conservados en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, entonces ubicado en el Palacio de Goyeneche, en la calle de Alcalá. Las figuras complementaban textos conmemorativos e históricos y crónicas de algunas conferencias que habían tenido lugar en la capital con dicho motivo. En la primera estampa aparecía un cóndor y un pingüino rey, y en el segunda un perezoso. El texto alusivo era el siguiente:
 

Postales del Museo de Ciencias Naturales de Madrid.


Como casi todos los museos el de Ciencias Naturales de Madrid editó tarjetas postales,  económicos testimonios de una visita cultural. Aunque ya en desuso las postales tuvieron su época dorada entre mediados de los siglos XIX y XX. En la actualidad cumplen además otra función, la testimonial.
 
 
Tarjetas de alrededor de 1913-14.

El taxidermista Severini, personaje de "Los hijos de la fe", novela de Enrique Pérez Escrich.

Enrique Pérez Escrich, uno de los novelistas costumbristas por entregas -escritor de folletines- más exitosos del siglo XIX, publicó en 1866 en dos volúmenes Los hijos de la fe. En el libro 15 de la segunda parte de la obra fallece la mascota de uno de los sujetos menores de la trama, la baronesa Flora del Cuadradillo. A comienzos del capítulo 3, titulado Un perrito chino, un poeta inédico, y un fugado del presidio, nos encontramos con la siguiente escena, en la que se menciona a un personaje real, el disecador Ángel Severini Lago, el taxidermista madrileño más conocido de la época e iniciador de una saga:
   "Por el tiempo que nos ocupa, una mañana, a esa hora en que aún no circulan por las calles de Madrid los carruajes de lujo, se detuvo enfrente de la tienda del disecador Severini una elegante berlina, tirada por una hermosa yegua de pura sangre normanda, cuya engallada y esbelta cabeza demostraba la bondad de su raza.
   Abrióse la portezuela del carruaje, y bajó de él un joven, vestido con uno de esos trajes de mañana, escasos y raquíticos como la miseria, traje que usan los dandys madrileños, ridiculizando la moda.
   El joven entró precipitadamente en la tienda del disecador de animales, y encarándose con el primero que vio enfrente le dijo:
   —Caballero, en mi casa ha sucedido una gran desgracia: se ha muerto Hoscar casi repentinamente: mi esposa, la baronesa del Cuadradillo, está desconsolada; yo, desesperado de oír sus lamentos. Es preciso que usted ponga remedio a esta catástrofe.
   Y el joven, sacando un pañuelo del bolsillo, comenzó a limpiarse el sudor.
   —¿Pero quién es Hoscar, caballero? preguntó el encargado de la tienda.
   —¿Quién ha de ser? un perrito chino de quien estaba perdidamente enamorada mi esposa.
   —¡Ah! ¿y qué es lo que quiere su señora de usted?
   —Disecarle, tenerle siempre a la vista, colocado sobre una mesa, o en el mármol de una chimenea; en fin, donde se quiera.
   —Sí, sí, caballero, está entendido: sólo falta el perro para ver en qué estado se halla.
   —En el peor de todos: cadáver.
   —Lo supongo, repuso el dependiente; pero no he querido preguntar eso.
   —Entonces no entiendo a usted.

"Naturalezas recreadas". Catálogo de la exposición de homenaje a los Benedito.

Cubierta del catálogo (1).
Hasta junio de 2020 se podrá visitar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN) la exposición Naturalezas recreadas. La obra taxidérmica de los hermanos Benedito, de homenaje a José María y Luis Benedito Vives, destacados taxidermistas que ejercieron en el Museo.

Con dicho motivo se ha editado el catálogo de la misma, libro cuidadosamente editado, de 190 páginas, coordinado por Cristina Cánovas Fernández, vicedirectora de Exposiciones del MNCN. Acompañado de ilustraciones en color, el volumen aborda el papel de la Taxidermia, su contribución a la Ciencia, el papel de las colecciones zoológicas taxidermizadas en la historia del Museo, detalles biográficos de los Benedito, su legado, y el acercamiento a algunas de sus obras que permanecen expuestas.

Exposición de homenaje a los Benedito en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid.


Objetos recreando el taller de los hermanos Benedito (1).


De octubre de 2019 hasta junio de 2020 permanecerá abierta la exposición Naturalezas recreadas. La obra taxidérmica de los hermanos Benedito, con la que el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid rinde homenaje a José María y Luis Benedito Vives, taxidermistas que ejercieron parte de su actividad en la institución. El visitante podrá admirar, además de ejemplares y grupos biológicos realizados con rigor científico, imágenes, esculturas de escayola y bronce y documentos personales. La exposición está repartida en dos plantas del edificio de Biodiversidad y dividida en ámbitos como ¿Qué es la Taxidermia?, Los Benedito, El taller de Taxidermia, Educación y conservación o El legado. Las obras expuestas son las del fondo del propio Museo, pero cabe destacar que para esta ocasión se ha reconstruido un grupo de flamencos que data de los años cuarenta.

"El taxidermista, el duque y el elefante del museo", un álbum de Ximena Maier.

La dibujante Ximena Maier acaba de publicar El taxidermista, el duque y el elefante del museo (Editorial Nido de Ratones), un álbum que recoge la historia del montaje del elefante africano disecado del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) de Madrid.


El elefante rodeado de visitantes. Ilustración del álbum (1).

El "Gigante Extremeño" y el Museo del doctor Velasco.

El Gigante Extremeño disecado, entre dos maniquíes (1).
Como suele suceder con algunos personajes singulares, alrededor de la figura de Agustín Luengo Capilla (1849-1875), el que se conoció como el Gigante Extremeño, se fue creando y alimentando una leyenda, en buena parte sin elementos contrastables que permitan confirmar muchas de las circunstancias que la conforman. Dicha leyenda, construida y mantenida a partir de la tradición oral, y aumentada por algunas notas sensacionalistas publicadas en prensa y dadas por válidas, se referiría a un personaje efectivamente muy alto, que se ganó la vida permitiendo ser exhibido en circos y barracas de ferias andaluzas, bebedor y mujeriego, que viajó a Madrid -se afirma que el rey le regaló un par de botas-, y que llegó a un acuerdo en vida con el siniestro y famoso doctor Pedro González de Velasco, por el que este se comprometía a abonarle una renta vitalicia a cambio de disponer del cuerpo de Agustín cuando falleciera, lo que ocurrió meses después. El doctor Velasco acabaría mostrando un año más tarde el cuerpo disecado de Agustín Luengo -eso sí es cierto, nos encontramos en el siglo XIX- en un lugar preferente de su museo.

El taller de Taxidermia del Museo de Madrid en 1928. Fotografías inéditas.

José Maria Benedito Vives fue nombrado en enero de 1907 disecador jefe interino del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Pocos meses más tarde se convocó la oposición para adjudicar la plaza que ocupaba y a la que aspiraba, además del propio Benedito, el médico y taxidermista andorrano residente en Barcelona  Pau Xavier d'Areny-Plandolit Plandolit, aunque este finalmente decidió no presentarse al concurso. Alrededor de un par de años después José María Benedito promovió que el Museo incorporara a su taller de Taxidermia a su hermano menor, Luis Benedito, que se especializaría en mamíferos.

La siguientes fotografías, placas de vidrio sin datar e inéditas, rescatadas recientemente por el Archivo Nacional de Andorra, se atribuyen precisamente a Ramon d'Areny-Plandolit Gassó, hijo de Pau Xavier d'Areny-Plandolit, un aficionado a la fotografía que posiblemente acompañara a su padre en un viaje a Madrid. La época en que fueron tomadas, los años veinte, justo coincide con la década en que Pau Xavier d'Areny-Plandolit hace un paréntesis en su faceta como taxidermista.


El taller de Taxidermia de Luis Benedito  en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (1).

Juan Bautista Bru y Mariano Bru de Ramón, disecadores del Real Gabinete.

Grabado de J. B. Bru (1).
"Juan Bautista Bru de Ramón.
   Natural de la Ciudad de Valencia, hijo de la Parroquia de San Martín, nació y fue bautizado en 1740; desde niño se dedicó al dibujo y pintura, siendo en esta facultad un mediano artista, como se ve en las pinturas al fresco que hizo en la Iglesia de nuestra Señora del Rosario, sita en las barracas del Grao. Pero aunque en esto no fue aventajado, trasladado a Madrid, en el Gabinete de la Historia natural en la clase de disecador adquirió crédito. Allí se ocupó constantemente en disecar y dibujar varios animales, plantas y fósiles etc. con cuyo motivo publicó:
   1 Colección de láminas que representan los animales y monstruos del Real Gabinete de Historia natural de Madrid, grabadas de orden superior por D. Juan Bautista Bru, Pintor y Disecador de dicho Gabinete. Madrid, por Andres de Sotos, 1784 y 1786. Dos tomos en folio.
   Constan de once cuadernos de seis láminas cada uno, con la descripción individual de cada animal o monstruo hecha por él mismo.
   2 Colección de varias estampas que representan los trajes de las Naciones Asiáticas, copiados de los que mandó grabar Mr. Ferriol, Embajador de su Majestad Cristianísima en Constantinopla, por D. Juan Bautista Bru. En folio.
   Son en todo treinta y dos láminas."

"Taxidermia" (2000), cortometraje de Luis Cerveró.

Hipopótamo disecado en la Gran Vía de Madrid, entre el tráfico nocturno (1).

Taxidermia (2000) es un cortometraje (21’20’’) de Luis Cerveró (Valencia, España, 1974) que Hamaca, su distribuidora, describe en su página web con las siguientes palabras:

   "Taxidermia es una obra magistral difícil de definir, única por su carácter híbrido tanto a nivel formal como por el complejo entramado de relaciones conceptuales que genera entre contenidos que dialogan sin jerarquías, influyéndose unos a otros.
   La pieza en un primer contacto nos sugiere un documental de creación en torno al universo de la Taxidermia y sus protagonistas, pero en realidad, desde el principio se establecen comparaciones entre el modo de crear de los artistas contemporáneos y los taxidermistas; y sobretodo, la obra termina siendo una metáfora del acto creativo en sí mismo, de la idea de crear para perpetuar la vida… y de las tensiones entre arte y existencia.
   (...)
   (...) En el fondo, una profunda reflexión sobre el cine y su afán por atrapar la vida y perpetuarla, tal y como intenta también el taxidermista."

Realmente es difícil de definir. Mi sensación, cuando lo vi por vez primera, fue que se trataba de una reivindicación de la Taxidermia como Arte.
 

El elefante africano del Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

El elefante en la actualidad (1).

Como la mayoría de sus congéneres naturalizados pronto se convertiría en el símbolo de su museo. El elefante africano del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid fue abatido el 11 de marzo de 1913 en Serk Jack, Bor, Nilo Blanco, Sudán, por Jacobo Stuart-Fitz-James Falcó, duque de Alba. El cazador se reservó los colmillos, pero decidió donar la piel del paquidermo al Museo de Ciencias Naturales, institución de la que era patrono, con el propósito de que fuera montado y exhibido.

El Museo de Ciencias Naturales de Madrid a principios del siglo XX. Imágenes inéditas.

Las fotografías recuperadas.
El 3 de agosto de 1895 una Real Orden del Ministerio de Fomento ordenaba el traslado del Museo de Ciencias Naturales al Palacio de Biblioteca y Museos, el edificio que acoge los actuales Museo Arqueológico Nacional y Biblioteca Nacional de España en el Paseo de Recoletos. El Ministerio de Hacienda deseaba ampliarse y el Gobierno optó por expulsar al vecino Museo del Palacio de Goyeneche, un inquilino que lo era desde su apertura en 1773. A pesar de que los naturalistas miembros de la Comisión de mudanza advirtieron de la insuficiencia e inadecuidad de las salas, el 28 de septiembre una segunda Real Orden establecía además que el traslado se verificase a la mayor brevedad, aprovechando los días que faltaban para comenzar las clases, es decir, cuarenta y ocho horas. Fue materialmente imposible. A pesar de la advertencia de que manifiestamente las salas y el mobiliario eran insuficientes, y de que el presupuesto asignado era ridículo, el traslado se llevó a cabo. El trasiego se prolongó durante un año.

El elefante indio del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

Se trata del elefante disecado más antiguo conservado en la actualidad. No obstante no fue el primero que poseyó Carlos III. Nos lo cuenta Gabriel Sánchez Espinosa en su excelente artículo Un episodio en la recepción cultural dieciochesca de lo exótico: la llegada del elefante a Madrid en 1773. Durante su anterior etapa como rey de Nápoles, ya en 1742 recibió como regalo un primer animal procedente de Turquía que alojó en el zoológico ubicado en los jardines del Palacio Real de Portici. Aquel primer elefante real participó en varios desfiles y en una representación operística en el teatro de San Carlos, y a su muerte en 1756 se preparó su esqueleto, ahora expuesto en el universitario Museo Zoológico de Nápoles.


El elefante indio del Museo de Ciencias Naturales de Madrid (1).

"Verdejo, el toro de Veragua", de Luis Benedito Vives.



   "Todas estas operaciones se acaban de realizar con un ejemplar magnífico que estos días ha quedado expuesto en las vitrinas del Museo madrileño. Nos referimos a un toro, un hermoso toro, espléndidamente regalado por el señor duque de Veragua (1). Supo este ilustre ganadero que en el Museo Británico de Londres se exhibía un ejemplar de toro de lidia español y se apresuró a ofrecer a nuestro Museo espontáneamente uno de su ganadería. No pudo el duque ver realizado su propósito, porque le sorprendió la muerte; pero, enterado su hijo, el actual duque, ratificó el ofrecimiento, y, puesto de acuerdo con el director del Museo, se convino en que el jefe del Laboratorio de Taxidermia, con personal a sus órdenes, fuera a la dehesa a hacerse cargo del animal.
   Previamente se hicieron fotografías de Verdejo, que así se llamaba la res, y un boceto de barro, para que estos elementos sirvieran de base de estudio para el montaje. Luego, el mayoral de la vacada mató a Verdejo de un certero balazo en el codillo, procediéndose a quitarle la piel allí mismo.
   Puede decirse que Verdejo ha sido un toro afortunado, pues su figura atraerá las miradas de muchísimas personas y será admirado sin haber padecido el suplicio que a los toros de lidia se les impone en la plaza."

Los taxidermistas privados de Madrid durante el siglo XIX.

Uno de los primeros disecadores privados que ejercieron en Madrid, de entre los que tenemos noticia, es Luis Enequin, que vivía en el número 7 de la calle de Jacometrezo y que a mediados del año 1777 publicó un anuncio en la Gaceta de Madrid. Cabe la posibilidad de que Enequin fuera compañero en la Real Academia de San Fernando del disecador del Real Gabinete de Historia Natural Juan Bautista Bru de Ramón (1740-1799), sucesor de Francisco de Eguía y Arrese (1754-1777) como preparador de la colección real. Un segundo anuncio temprano lo hallamos en el Diario de Madrid del 25 de julio de 1797: "Se halla en esta Corte un mozo de nación francés, llamado Pascual, (...); diseca con la misma perfección toda clase de pájaros, y tiene el secreto de conservarlos sin que se apolillen: las personas que deseen ver sus obras o emplearle en estos trabajos, los que hará con toda equidad, acudirán a la calle Sta. Maria del Arco, frente al Cuartel de Walones, número 15". Aquel mozo francés, no era otro que Pascual Moineau, que pronto progresaría en la Corte e ingresaría como disecador en el Gabinete Real.
 

Anuncio en el Diario de Avisos de Madrid del 16 de enero de 1835.

 
Los taxidermistas empleados como disecadores en el Real Gabinete y en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid aparecen excelentemente documentados en los exhaustivos trabajos de los historiadores del Museo Agustín Jesús Barreiro, María de los Ángeles Calatayud Arinero y Santiago Aragón Albillos. Además de los citados Francisco de Eguía y Juan Bautista Bru, cabe mencionar a Mariano Bru de Ramón, que asistía a su hermano, a Francisco Javier Molina, a Juan Palafox Rovira, a Juan Enrique Talacker, estos tres además de disecadores, recolectores; y ya en el siglo XIX al ya mencionado Pascal Moineau, a Salvador Duchen Poyo (con domicilio en la calle de León, 22), a Juan José Duchen (calle de San Mateo, 11), a Juan Ramon Dut (calle de las Fuentes, 4), a Manuel Sánchez Pozuelo, a Jacinto Castro Duque (calle de la Magdalena, 36), a Roque Hernando Gabilondo (calle de Alcalá, 11), a Enrique Cortina Poveda (calle de Campoamor, 4) y a Maximino Sanz de Diego (calle de San Bernardo, 94, 1º). Este último compatibilizó su puesto de trabajo en el Museo a finales del XIX y principios del siglo XX, con su ocupación privada como "comerciante en objetos y libros de Historia Natural, y en utensilios para la recolección, preparación, y conservación de las colecciones", según recoge el Boletín de Historia Natural (1905).

El popular disecador madrileño Ángel Severini.

El día 11 de marzo de 1852 el periódico El Observador de Madrid publicaba (1):
   "Ha corrido estos días la noticia de que han llegado a esta corte varios animales que hablan, y que estarán expuestos en la Carrera de San Jerónimo. Los ociosos han recorrido esta calle, buscando los referidos animales, y muchos creen que son los que tiene en el escaparate el disecador Severini. Ayer había mucha gente agrupada delante de este establecimiento, esperando a que los animales hablaran; a las tres se cansaron algunos de esperar y se fueron a comer, pero volvieron a las cinco y continuaron esperando hasta el anochecer."
Etiqueta de Ángel Severini (2).

Ángel Severini Lago fue el disecador madrileño más conocido durante las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta del siglo XIX y fundador de una saga de taxidermistas que estuvo activa hasta mediados del siglo XX. No existen muchos datos sobre este personaje, pero rebuscando entre periódicos y revistas de la época y añadiendo algún testimonio, creo que podremos recomponer parcialmente su biografía.

El perro "Paco", leyenda de Madrid.


"¿Querrán disecarme? Semejante pensamiento me horroriza.
   No me gustaría que profanasen mi cadáver.
   Varias veces he pasado por casa de Severini y me he estremecido de temor mirando aquellas siluetas de animales inmóviles, rígidos, con vientres llenos de estopa, y sus ojos de vidrio, que me contemplaban de una manera fatídica.
   Ahora comprendo que era un presentimiento.»
                                             
Fragmento de "Memorias autobiográficas del perro don Paco".

La siguiente es la historia de Paco, el perro más famoso de Madrid. A finales del siglo XIX aquel chucho vagabundo y sin amo frecuentó tabernas, cafés, restaurantes, teatros, e incluso acostumbraba a asistir a las corridas de toros y a las carreras de caballos. Los periódicos -nos encontramos en pleno costumbrismo- lo elevaron a la categoría de leyenda. Se le dedicaron piezas musicales y coplillas, y su nombre sirvió hasta para comercializar productos de consumo. Tuvo un final trágico y tras su muerte aparecieron quienes se disputaron su propiedad. El perro Paco fue disecado por Ángel Severini, el taxidermista madrileño más popular del momento. Por esa razón lo traigo a Taxidermidades.
 

Grabado de la contraportada de la revista La Lidia del 24 de noviembre de 1882.