El Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

Fachada del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (1).

El Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN) tiene su origen en los fondos cedidos a la corona española en 1771 por el comerciante español residente en París Pedro Franco Dávila. Aquella colección, compuesta por una biblioteca y miles de especímenes de minerales, plantas, y animales, además de piedras bezoar, objetos artísticos, medallas y cuadros de célebres pintores, entre otros, dio origen al año siguiente a la creación por el rey Carlos III del Real Gabinete de Historia Natural. El donante, Franco Dávila, sería nombrado director vitalicio con un sueldo anual de 1.000 doblones sencillos. El Gabinete, que se instaló en 1773 en el segundo piso del Palacio de Goyeneche, en el número 13 de la calle de Alcalá, edificio compartido con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, abrió al público en 1776.

 Elefante indio montado en 1778 por Juan Bautista Bru (2).
Las colecciones del Real Gabinete crecieron rápidamente gracias a las aportaciones de la Casa Real y los envíos de minerales, meteoritos, maderas, plantas y objetos procedentes de toda España, de América y de Filipinas. Entre 1777 y 1778 Juan Bautista Bru haría el doble montaje del elefante indio, esqueleto y piel naturalizada, que todavía hoy se pueden contemplar en el Museo. En 1784 y 1786 el propio Bru publicó en dos tomos la Colección de Láminas que representan los animales y monstruos del Real Gabinete de Historia Natural. En 1785 el Gabinete adquirió libros, dibujos y grabados que pertenecieron al naturalista neerlandés Johannes le Franc van Berkheij. En poco más de diez años el edificio del Museo se quedaría pequeño, una constante en su historia que, como comprobaremos más adelante, ha perseguido al Museo hasta el presente. Ese mismo año 1785 Franco Dávila remite al Conde de Floridablanca, Secretario de Estado, el proyecto de un nuevo edificio para albergar el Real Gabinete. Carlos III encargó aquella empresa al arquitecto Juan de Villanueva, pero desde su inauguración, el que se denominaría Museo del Prado sería destinado a pinacoteca. Franco Dávila fallecería en 1786 y la necesidad de reubicar el Real Gabinete caería en el olvido. En 1785 el misionero Fray Manuel de Torres descubre a orillas del río Luján, Argentina, el esqueleto fósil casi completo del que se conocería como Megaterium americanum, ejemplar que Juan Bautista Bru ensambló en 1788, con no mucha fortuna ni pericia, sobre una peana de madera y que se convirtió, con gran repercusión, en el primer vertebrado fósil que se montó en Europa. Cuvier determinó que se trataba de un perezoso. Años después las colecciones recibieron los especímenes provenientes de la expedición científica de Alejandro Malaspina (1789-1794).

Megaterium americanum montado en 1788 (3).
En 1808, durante la invasión francesa, el Real Gabinete permaneció cerrado. En 1813 sería saqueado por las tropas de Napoleón Bonaparte, con la colaboración del entonces disecador del Gabinete, el también francés Pascal Moineau. Al año siguiente, se reclamaría su devolución al gobierno francés, que sólo retornó parte de los objetos robados. En 1815 el Real Gabinete reabre y cambia de denominación, a partir de entonces se llamaría Real Museo de Ciencias Naturales, incorporaría el Jardín Botánico, el Laboratorio de Química, el estudio de Mineralogía y el Observatorio Astronómico, y se crearía la Escuela de Astronomía, Física, Química, Mineralogía y Orictognosia, Botánica, Zoología y Agricultura. En 1818 Juan Mieg, profesor de Física del Real Gabinete y autor del primer manual de Taxidermia que apareció en España, publica Paseo por el Gabinete de Historia Natural de Madrid, la primera guía comentada del Museo. Paradójicamente en 1824 se reintegra a su puesto de disecador Pascal Moineau, un hecho no muy explicable teniendo en cuenta que la dirección del Museo se opuso a aquella readmisión. Mariano de la Paz Graells se incorpora en 1837 como catedrático de Zoología, imparte clases de Zoología y Taxidermia con notable éxito, en 1845 comienza a inventariar los fondos, y en 1851 es nombrado Director Científico y Administrativo del Museo, ahora dependiente de la Universidad. A partir de 1847 la denominación oficial es Museo de Historia Natural y en 1857 pasa a llamarse Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

Diez años más tarde, en 1867, el Museo de Ciencias Naturales transfiere parte de sus fondos al Museo Arqueológico Nacional. El Jardín Botánico y el Jardín Zoológico se independizan y el Museo comienza una etapa de inactividad, dejadez y deterioro. La falta de espacio ha sido una constante en la historia del Museo que ha impedido su crecimiento.En 1879 añade a sus fondos, en bastante mal estado, buena parte de los 80.000 especímenes recolectados por la expedición Comisión Científica del Pacífico (1862-1865), que habían permanecido en manos de una inoperante Comisión de Estudio. En 1895 el Museo de Ciencias Naturales es desauciado del Palacio de Goyeneche por el Ministerio de Hacienda y las colecciones se trasladan y amontonan en los sótanos del Museo Arquelógico Nacional y del Museo de Antropología del Dr. Velasco. El Museo permaneció cerrado durante seis años. En 1901 reabre, ahora ubicado en el Palacio de Bibliotecas y Museos Nacionales, la actual Biblioteca Nacional del Paseo de Recoletos. Ignacio de Bolívar, su director, intercede personalmente en 1907 ante el rey Alfonso XIII para que éste promoviera un nuevo edificio. Tres años después, en 1910, el Museo se traslada al actual edificio del Paseo de la Castellana, el Palacio de Exposiciones de las Artes y la Industria, ubicado en el número 2 de la calle José Gutiérrez Abascal, que se había construído en 1881. Aquel nuevo espacio también fue compartido, en este caso con la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y con otros museos. Desde entonces ocupa el ala izquierda y parte de la derecha de esa fachada norte. 

El segundo piso del Palacio de Goyeneche albergó el Museo desde 1773 hasta 1895 (4).

Bajo el mandato de Bolívar se incrementaron notablemente las colecciones, se establecieron programas de investigación científica y se multiplicaron las publicaciones. La incorporación de los taxidermistas José María Benedito en 1907 y su hermano Luis Benedito en 1911 se tradujeron en un enorme salto cualitativo de los especímenes expuestos, a partir de entonces presentados en vitrinas con dioramas muy realistas. En 1913 pasa a denominarse Museo Nacional de Ciencias Naturales. Ese mismo año se monta la reproducción del esqueleto de Diplodocus carnegii, una de las nueve réplicas que el filántropo norteamericano Andrew Carnegie obsequió a otros tantos museos del mundo. En la década de los años veinte se convirtió en uno de los museos más visitados de la capital. El estallido en 1936 de la Guerra Civil supuso una nueva sacudida para el Museo. Numerosos trabajadores, incluído su director Ignacio de Bolívar, se vieron obligados a exiliarse. Mientras duró la guerra y como medida de protección unos sesenta dioramas de los hermanos Benedito se trasladaron a un mucho más seguro Museo del Prado. El Museo siguió funcionando durante la contienda y a su fin, en 1939, pasó a depender orgánicamente de un recién creado Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Durante la posguerra los especímenes se deterioran y las colecciones merman. En 1979 todo el personal del Museo estaba compuesto por su director, la bibliotecaria, dos bedeles y dos becarios. Entre los seis atendían 600.000 visitantes anuales.

Interior del Museo. A la izquierda el elefante africano montado por Luis Benedito en 1929 (2).

A finales de 1984 el MNCN se reestructura, se abren nuevas líneas de investigación, se amplía la plantilla, se reorganizan las exposiciones, se emprenden actividades educativas y se crea un Servicio de Documentación y una Mediateca. En la actualidad la falta de espacio continúa impidiendo su crecimiento. El Museo sigue precisando, casi doscientos cincuenta años después de su fundación, de una sede digna y amplia (5), puesto que solamente dispone de unos 12.000 metros cuadrados de superficie, de los que poco más de 4.000 son exposición. En él trabajan unas 300 personas, entre investigadores, personal administrativo y guías, y últimamente recibe unos 400.000 visitantes anuales. 

En estos momentos las colecciones del MNCN están integradas por unos nueve millones de ejemplares: unos 27.000 mamíferos, unas 30.000 aves, 35.000 anfibios, 25.000 reptiles, 305.000 peces, casi 2 millones de insectos, 82.000 lotes malacológicos, 200.000 invertebrados, 18.000 ejemplares geológicos, 570.000 fósiles... La exposición permanente, que se ha renovado completamente entre los años 2010 y 2012, dispone de varios espacios, uno dedicado a Minerales, Fósiles y Evolución Humana; otro dedicado a la Naturaleza del Mediterráneo; un espacio sobre Biodiversidad; uno histórico que reproduce el Real Gabinete de Historia Natural; y un almacén visitable que reúne unos 1.200 mamíferos y aves que se restauraron alrededor del año 2010.

Almacén visitable (2).

Entre los ejemplares expuestos más destacados cabe mencionar, además del elefante indio disecado por Bru en 1778, del Megaterium americanum, que conserva su montaje original, y de la réplica de Diplodocus carnegii; el toro de Veragua y el elefante africano preparados en por Luis Benedito; las vitrinas con dioramas de aves disecadas por José María Benedito, entre las que destaca el grupo de abejarucos; un calamar gigante de siete metros conservado en alcohol, junto a su réplica a escala natural; el esqueleto de la ballena Vega, de 20 metros de longitud; y algunos ejemplares de animales extintos entre los que sobresalen el lobo marsupial y el alca gigante.

Réplica de calamar gigante (6).

Vídeo sobre el Museo Nacional de Ciencias Naturales (3'17")



Notas y créditos.-
(1) Fotografía propiedad de Luis García/Wikimedia Commons.
(2) Fotografías propiedad del MNCN/CSIC, obtenidas de la web del Museo.
(3) Fotografía propiedad de Hakan Svensson/Wikimedia Commons.
(4) Fotografía de Carlos Delgado/Wikimedia Commons.
(5) Aunque existen en todo el mundo numerosos ejemplos de museos de Historia Natural con evidentes déficit de inversiones, no ya para ampliar sedes y colecciones, sino para su mínimo mantenimiento y renovación de exposiciones, el caso del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid es extremadamente grave y flagrante. Actualmente solamente expone el 1 % de sus fondos, buena parte de ellos almacenados en una nave de un polígono industrial de la población de Arganda. Hemos visitado algún que otro museo como por ejemplo el de Leipzig, que también se encontraba en un estado de evidente dejadez o incluso peor, o el de Hamburgo, que ocupaba parte de la planta baja de un edificio universitario, pero en ambos casos debía tenerse en cuenta dos cuestiones, que se trataban de museos de ámbito regional, y que las autoridades locales ya tenían prevista su renovación integral o su traslado, con planes ya redactados. El Museo de Madrid, por su historia, fundado en 1771, y por su carácter de museo nacional, debería poder tener derecho a codearse con otros museos de primera línea como el de Londres, París, Berlín o los de Washington o Nueva York. En el momento actual la comparación con aquellos es simplemente ridícula. En el caso de París hace veinte años se renovó la Grande Galerie de l'Évolution, en la actualidad se están renovando las salas del de Berlín o, por poner un último ejemplo en España, el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona se amplió con un nuevo edificio en 2011. Los almacenes para colecciones, los espacios expositivos, de investigación -módulos prefabricados-, de servicios, la biblioteca..., todo ello requeriría de un nuevo edificio que multiplicase por diez la superficie del actual Museo Nacional de Ciencias Naturales.
   Las promesas políticas se han ido sucediendo, las últimas fueron alrededor de 2007. Incluso en algún momento se dio la cifra de 45 millones de euros como el presupuesto que se precisaría para habilitar completamente el actual edificio. Ningún ministerio del Gobierno de España dota de presupuesto al Museo, que depende orgánicamente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Se cuenta la anécdota cierta de que el importe que el Ministerio de Cultura destinó hace unos años a la compra de un cuadro de Velázquez hubiera bastado para renovar íntegramente el Museo de Ciencias Naturales. Los ciudadanos sabemos sobradamente el lugar que para los sucesivos gobernantes ha ocupado la inversión en Ciencia en España. El Museo de Madrid es tan sólo una víctima más de esa situación de permanente desinterés u olvido. Leo las opiniones que sobre el MNCN escriben algunos visitantes en páginas como Trip Advisor y no puedo hacer más que compartirlas: decepción después de haber visitado otros museos similares; falta de espacio o de una simple consigna donde dejar bolsas o abrigos; inadecuado mantenimiento de los especímenes expuestos; un exceso de ruido que se agudiza al tratarse de espacios reducidos; ausencia de un discurso museográfico que guíe al visitante; espacios expositivos con entradas separadas en un mismo edificio; exposiciones temporales organizadas sin medios, utilizando fondos propios o aprovechando exposiciones itinerantes de producción ajena; una tienda muy pequeña; la ausencia de libros guía o folletos de recuerdo; etc. Los responsables del Museo evidentemente no lo son de la actual situación en que éste se encuentra. Por mucha voluntad que pongan, no pueden hacer más que limitarse a gestionar lo mejor que pueden su mísero presupuesto.
   En octubre de 2007, en el contexto de un reportaje sobre el estado de dejadez en que se encontraba el Museo Nacional de Ciencias Naturales, aparecieron publicadas en la revista El País Semanal unas estremecedoras fotografías en las que se podía comprobar cómo esqueletos de aves y huesos de ballenas se apilaban en los lavabos de aquella nave industrial que servía de almacén y que se había inundado en alguna ocasión. El esqueleto de un jabalí en el retrete, un buitre disecado sobre una cocina..., sólo por poner los ejemplos más extremos. Peor que precariedad, en aquella crónica se afirmaba que entre 1988 y 2004 el Museo había sufrido 14 traslados. Aquel reportaje consiguió una primera reacción, que el CSIC asignara un presupuesto extraordinario para renovar salas, comprar vitrinas y restaurar a velocidad de vértigo cientos de esqueletos y animales disecados, buena parte ejemplares centenarios. Fue entonces cuando se abrió el almacén visitable del Museo, que contiene solamente un 20 % de los animales que se acumulaban en aquella nave industrial. El resto todavía continúa allí. En fín, un apaño más para ir tirando. La solución es otra y no valen excusas. En el momento de publicar este texto se avistan elecciones municipales, regionales y nacionales durante los próximos meses. ¿Existe realmente alguien con voluntad de cambiar esta situación?
   Al visitante que haya tenido la paciencia de leer estas líneas quisiera pedirle que, no obstante lo dicho, no deje de visitar el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.
(6) Fotografía propiedad de José Manuel Benito Álvarez/Wikimedia Commons.

Apéndice a la nota número 5.- A finales de diciembre de 2015, ya superadas las elecciones, hemos podido comprobar que la palabra museo no aparece en ninguna de las 337 páginas del programa de Ciudadanos. Que aparece en una sola ocasión, y de forma tangencial ("promoveremos la modernización de todas las instituciones públicas culturales") a lo largo de las 214 páginas del programa del Partido Popular. Que aparece en cuatro ocasiones en las 274 páginas del programa del Partido Socialista Obrero Español, cuando reivindica la Cultura como un derecho ciudadano, cuando propone colaborar con las Comunidades Autónomas para mantener "los establecimientos culturales", cuando manifiesta su intención de promover un programa de  formación de gestores para centros culturales, museos y patrimonio, y finalmente cuando proclama que aplicará la paridad sexual a los organigramas, entre otros, en los patronatos de los museos. Para acabar, la palabra museo aparece en cinco ocasiones en las 332 páginas del programa electoral de Podemos: cuando declara garantizar el acceso de todos a la cultura científica, expresando su deseo de establecer el acceso gratuito un día  al mes; cuando afirma que asegurará el acceso a los museos a las personas con diversidad funcional; cuando propone digitalizar los fondos museísticos; cuando propone una Escuela de Espectadores -suponemos que de visitantes- que forme mediante la creación de departamentos educativos, también en los museos; y finalmente, cuando propone que los museos adquieran sean paritarios adquiriendo obras artísticas creadas por mujeres.
   En fin querido lector, como ve ningún partido se compromete a establecer un plan de inversiones en los museos, y además existen diferencias bastantes notables en este tema entre los partidos de derechas y los de izquierdas. La precariedad en los museos va para largo.



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Taxidermidades, 2015.


Bibliografía:
Santiago Aragón Albillos   En la piel de un animal. El Museo Nacional de Ciencias Naturales y sus colecciones de Taxidermia  , en Colección de Historia Natural Theatrum Naturae,  Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Ediciones Doce Calles, Aranjuez, 2014.
Santiago Aragón y Santos Casado  Fauna ibérica en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Los grupos biológicos de los hermanos Benedito , Ed. Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid, 2012.
Agustín J. Barreiro   El Museo Nacional de Ciencias Naturales (1771-1935), Colección Theatrum Naturae, Ed. Doce Calles, Aranjuez,1992.

Recursos:
Artículo Francisco de  Eguía Arrese, el primer taxidermista del Museo de Madrid en Taxidermidades. 
Artículo El elefante indio del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid en Taxidermidades.
Artículo La familia Benedito: saga de taxidermistas en Taxidermidades.
Artículo El Grupo de Abejarucos, obra de José María Benedito Vives en Taxidermidades.
Artículo "Verdejo, el toro de Veragua", de Luis Benedito Vives en Taxidermidades. 
Artículo "En la piel de un animal" de Santiago Aragón en Taxidermidades, sobre la historia del MNCN y sus colecciones de Taxidermia. 
Artículo Los taxidermistas privados de Madrid durante el siglo XIX en Taxidermidades. 
Artículo Juan Mieg, autor del primer tratado de Taxidermia en español en Taxidermidades.
Página web del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.