Los inicios de la Taxidermia en Barcelona.

Los primeros taxidermistas profesionales aparecieron en Barcelona avanzado el siglo XIX. Hasta ese momento solamente había sido practicada como afición por cirujanos, médicos y boticarios, aprovechando las habilidades adquiridas con su profesión.

Médicos, cirujanos y boticarios, los primeros taxidermistas.

La renovación de los estudios médicos en Barcelona tuvo lugar la segunda mitad del siglo XVI con el establecimiento de varias cátedras como la de anatomía o la de cirugía en el marco de los estudios de medicina que se impartían en el Estudio General de la ciudad y en el Hospital de la Santa Creu. Así, los estudios anatómico-quirúrgicos del siglo XVII ya incluían prácticas de disección tanto en cadáveres de personas como de animales, una habilidad que algunos alumnos aprovecharían para dedicarse parcialmente a la taxidermia. 

Real Colegio de Cirugía de Barcelona (s. XVIII). Fotografía de Josep Renalias.

En 1760 se crearía el Real Colegio de Cirujanos de Barcelona cuyo primer objetivo era la formación de médicos preparados para asistir a las tropas del ejército de Tierra y donde la práctica de la disección resultaba indispensable. En aquel contexto, en plena Ilustración, era frecuente que médicos y farmacéuticos se interesaran por otras disciplinas de la ciencia, como la botánica o la zoología. El mejor ejemplo de ello es Joan Salvador Riera, boticario y discípulo de Joseph Pitton de Tournefort que, como conoceremos más adelante, ya utilizaba sus conocimientos para disecar animales y ampliar el gabinete familiar con especímenes zoológicos.

Cubierta del librito de Pusalgas.
Un segundo ejemplo es el conservador del Museo Anatómico de la Facultad de Medicina de Barcelona, Ignasi Miquel Pusalgas Guerris (Barcelona, 1790-1874), en la introducción de su Métodos de embalsamamiento por tiempo definido e indefinido (1861), declaraba haberse dedicado durante años, como afición,  a la taxidermia, tanto en su domicilio como en su consulta profesional, que la Guía General de Barcelona de 1849 ubica en el número 70 de la calle Hospital. 

La Guía de Forasteros de Barcelona del año 1821 nos da alguna pista más sobre esa relación entre la Historia Natural y, en este caso, la farmacia. En el Real Colegio de Farmacia de San Victoriano que se había creado en 1806, además de las asignaturas de Materia Farmacéutica, Física y Química, y Farmacia Experimental, se impartía también, desde 1815, la de Historia Natural, de la que se encargaba el catedrático Agustín Yáñez Girona (Barcelona, 1789-1857), entonces recién doctorado en Farmacia. Aquel año 1821, uno de los últimos de Yáñez en el Real Colegio, entre discípulos y oyentes, asistieron a sus clases 69 alumnos. Tampoco podemos obviar un pequeño detalle que es el siguiente. En la introcucción de sus Lecciones de historia natural esplicadas en el Colegio Nacional de Farmacia de San Victoriano de Barcelona (1820) Yáñez nos da cuenta de que en aquell institución existía un gabinete de Historia Natural, hecho que también se menciona en la Guía de Forasteros. En esa misma guía se citan dos gabinetes más, el del boticario Joaquim Salvador Burgues, en aquel momento propietario del museo familiar, y el del colegio "del Obispo, en la pieza de la biblioteca catalana". Por "Colegio del Obispo" era como popularmente se conocía al Seminario Conciliar de Barcelona. El Gabinete de Historia Natural del Seminario había sido creado sólo tres años antes, en 1818.

El manuscrito de Tomás Birani de 1840.
Otra prueba de la relación de los médicos y cirujanos barceloneses con la Taxidermia a mediados del siglo XIX es el manuscrito titulado Arte de desollar, armar, y conservar los pájaros, de sesenta páginas y con una lámina dibujada a lápiz, fechado en la calle del Carmen de Barcelona en 1840, obra del médico cirujano Tomàs Birani Colominas. El texto se encuentra encuadernado junto a otras obras de carácter médico y farmacéutico, todas ellas fechadas entre 1771 y 1845. Se trata en realidad de una copia de parte de Instrucción sobre el arte de conservar los objetos de historia natural (1817) de Juan Mieg, el primer tratado taxidérmico que se publicó en España. Por otra parte cabe añadir otro hecho curioso, y es que en esa misma fecha y en esa misma calle del Carmen, se encontraba la botica familiar en la que trabajaba Joan Grau-Bassas Torà (Barcelona, 1819-?), otro médico cirujano que, además, fue el primer autor español que publicó un tratado sobre el tema, Nociones de Taxidermia, en el año 1849. 

 
La saga de los Salvador, boticarios y naturalistas.

Una pequeña colección con animales naturalizados formaba parte del conocido como el Gabinete de la familia Salvador, una saga de farmacéuticos establecidos en la calle Fustería esquina con la calle Ample, e iniciada por Joan Salvador Boscà (Calella, 1598-Barcelona, 1681). Joan Salvador se trasladó a Barcelona en 1616 para estudiar botánica en casa de su hermano Joaquim, que ya se había establecido como boticario. Joan Salvador, que se casó con la hija de un farmacéutico, era un personaje que se escribía con naturalistas contemporáneos como el médico francés Jacques Barrelier o el farmacéutico holandés Willem Boel. Su hijo, Jaume Salvador Pedrol (Barcelona, 1649-1740), estudió en Montpellier y acompañó durante 1681 al botánico francés Joseph Pitton de Tournefort en su viaje por Cataluña y Levante. Durante la Guerra de Sucesión, Jaume Salvador, a quien Tournefort llamaba "el Fénix de España", organizaba en la rebotica tertulias científicas con los médicos, cirujanos y boticarios de los ejércitos aliados, de paso por Barcelona. Además, Jaume añadió ejemplares de mineralogía, zoología, arqueología, química, armas y monedas a la colección que su padre había iniciado solamene como una colección botánica.

Retrato de Joan Salvador Riera (2).
El hijo mayor de Jaume Salvador, Joan Salvador Riera (Barcelona, 1682-1726) (1) fue el personaje más relevante de la saga y  quizá el científico barcelonés más relevante de su época. Estudió en Montpellier y en París, donde recibió clases de Tournefort, que lo alojó y que le regaló muestras de plantas recogidas en sus viajes. Al estallar la Guerra de Sucesión Salvador Riera se vio obligado a trasladarse a Italia, donde conoció al médico y botánico Michelangelo Tilli de Pisa, o al naturalista boloñés Giovanni Battista Trionfetti, que se encontraba en Roma. A su vuelta a Barcelona Joan Salvador se incorporó a las tertulias que organizaba su padre y comenzó un intercambio de correspondencia con destacados naturalistas como el médico y botánico holandés Hermann Boerhaave, miembro de la Royal Society y de la Academia de Ciencias francesa y futuro protector de Carl von Linné; el médico y botánico inglés Hans Sloane, cuya colección sería el germen del futuro British Museum; el botánico francés Sébastien Vaillant, discípulo de Tournefort; el inglés James Petiver, boticario, botánico y entomólogo, miembro de la Royal Society; el médico y botánico francés Guillaume Nissole; o el botánico, también francés, Antoine-Tristan d'Anty d'Isnard, quien sucedió brevemente a Tournefort en el Jardin du Roi. Durante 1711, en plena guerra, Joan Salvador herborizó especímenes en Mallorca y Menorca. En 1715 fue nombrado corresponsal de la Académie Royale des Sciences de Francia. Al año siguiente acompañó a los hermanos médicos, botánicos y naturalistas franceses Antoine y Bernard de Jussieu, en el viaje que ambos realizaron siguiendo la ruta que Tournefort hiciera décadas atrás con su padre Jaume. Posteriormente mantuvo correspondencia con ambos. Se cree que buena parte de los animales disecados que albergaba la colección eran obra de Salvador Riera. Un cuñado suyo, el cirujano Bonaventura Milans Goday, médico primero del Hospital de la Santa Creu y naturalista aficionado, frecuentaba el gabinete. Una estatua de mármol blanco dedicada a Joan Salvador Riera flanquea en la actualidad la entrada del Museo de Geología de Barcelona.

Gabinete de la Familia Salvador en la actualidad (2).

Joan Salvador Riera fue quien empezó a ordenar la colección familiar, trabajo que finalizó su hermano, Josep Salvador Riera (Barcelona, 1690-1761). Fue Josep Salvador, que también estudió en Montpellier, donde coincidió con Bernard de Jussieu, quien mandó construir el mobiliario del gabinete y quien, a la muerte de su hermano, encargaría el retrato de Joan. Los descendientes, Jaume Salvador Salvador y Joaquim Salvador Burgués, hijo y nieto de Josep Salvador, no heredaron la afición por las Ciencias Naturales, pero conservaron la colección y permitieron el acceso a los estudiosos. En 1849 el Manual Histórico-topográfico de la ciudad, describía la sección de Historia Natural de la colección:
   "8.º Coleccion de insectos, peces disecados y en espíritu de vino y de otros animales de gran tamaño, algunos mónstruos, siendo notable una famosa asta del narval cetáceo (vulgo unicornio marino) y de 5 vívoras regaladas por el célebre Boerhave, con cuyos ejemplares y las varias obras con láminas que se hallan en la biblioteca, puede hacerse fácilmente el estudio de la zoología." 
Pascual Madoz definió en 1850 en su Diccionario geográfico-estadístico al museo como "indudablemente el establecimiento más precioso y útil que de su género se conoce en España, y con justicia llama la atención de los ilustrados viajeros que arriban á aquella hermosa ciudad".

El último naturalista de la saga fue Josep Salvador Soler (Barcelona, 1804-1855), que falleció prematuramente. Los tutores de sus hijos, entonces menores de edad, trasladaron la colección a la masía que tenían en el pueblo de La Bleda. En 1907 el edificio que albergaba la farmacia de los Salvador fue derribado cuando se construyó la Via Layetana. Incautada la colección en 1938 por el gobierno de la Generalitat de Cataluña, tras la Guerra Civil los herederos reclamaron su devolución, pero el gabinete pasó a ser gestionado por el ayuntamiento de Barcelona en 1945. El farmacéutico, químico y botánico Pius Font Quer, profesor en la Universidad de Barcelona, presidente de la Sociedad Catalana de Historia Natural y director del recién creado Instituto Botánico de Barcelona, se hizo cargo de la colección. De entre las preparaciones zoológicas, en la actualidad sólo se conservan un hueso de narval, un esturión disecado que procedía del río Ebro, una iguana, un cuerno de rinoceronte y pocos animales más. Actualmente el Gabinete Salvador, una de los pocas colecciones de Historia Natural europea no dispersa, se custodia en el Instituto Botánico en Montjuïc, adscrito al Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, y no es visitable, salvo durante exposiciones temporales u otros actos (2)

Descripción del Museo "de los Salvadors" en El Consultor (1857).

La cátedra de Zoología y Taxidermia en la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona y su Gabinete de Historia Natural.

En 1764 su fundó la Conferencia Físicomatemática Experimental de Barcelona, formada mayoritariamente por médicos y farmacéuticos. Francesc Subiràs Barra fue su primer presidente. Las primeras reuniones tuvieron lugar  en la rebotica de una farmacia. Al año siguiente pasaría a denominarse Real Conferencia Física y se organizaría en nueve secciones, entre ellas la de Historia Natural. 

Josep Iglésies Fort, en su monografía La Real Academia de Ciencias Naturales y Artes en el siglo XVIII (1964) nos va dando cuenta de algunos detalles sobre la evolución del gabinete de Historia Natural de la Academia. Así, en agosto de 1766 se dispuso de una primera dotación de 50 libras catalanas destinada a comprar especímenes naturales, presupuesto que no se utilizó. En marzo de 1767 Narcís Subiràs Borrell, factor de la Compañía de Comercio de Barcelona en la isla de Santo Domingo y que un año antes había sido aceptado como miembro de la Real Conferencia Física de Barcelona, se comprometió por carta con ésta a enviar a Barcelona producciones naturales tanto de Santo Domingo como de las islas vecinas, y pedía, además, instrucciones sobre la forma de preparar los animales que enviaría desde su destino. Subiràs envió algunas piezas al médico Pau Balmas Montsech y al matemático Josep Gispert, miembros de la Academia, que éstos no recibieron. En el mes de octubre de 1768 era Josep Gispert, que se disponía a viajar a Buenos Aires,  quien solicitaba las mismas instrucciones que un año antes pidiera Narcís Subiràs y, ante el desconocimiento de las Secciones de Botánica y de Historia Natural, fue Francesc Subiràs, también matemático, quien manifestó disponer de algún tratado sobre el tema. En mayo de 1770, Narcís Subiràs volvería a reclamar instrucciones para poder hacer sus envíos de aves, pero sin tener que "tostarlas al horno", método allí impracticable, apuntaba. Parece ser que no recibió respuesta. Entre los primeros objetos naturales que se incorporaron a los fondos de la Real Conferencia se encuentran rocas y minerales, fruto de una primera donación en 1768 y de una primera compra en 1769. También fueron llegando los envíos americanos prometidos por Narcís Subiràs, a los que se añadirían otros más.
 
En 1770 la Real Conferencia elevaría su rango al de Real Academia de Ciencias Naturales y Artes. El artículo 13 de los estatutos de la Academia publicados en 1771 decía:
   "La Dirección de Historia Natural tendrá à su cargo exâminar la Naturaleza, y averiguar las utilidades de los mixtos de sus tres Reynos, que produce la Provincia de Cataluña, con los cuales empezará à formar un Gavinete de Historia Natural, prosiguiendolo con los de los demas Dominios de Su Magestad, y completandolo con los mixtos estrangeros."
Damos un salto en el tiempo. En octubre de 1835 la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona decidió establecer la Cátedra de Entomología, que fue encomendada a Mariano de la Paz Graells (Tricio, La Rioja, 1809-Madrid, 1898), doctor en medicina y cirugía, entomólogo y naturalista aficionado desde su niñez, y recién admitido en marzo de ese mismo año en la Sección de Zoología de la Academia, donde impartiría clases de esa materia y de Taxidermia.

Mariano de la Gasca, director del Jardín Botánico de Madrid y amigo personal del joven Graells le escribiría por carta el 3 de enero de 1836:
   "(...) Si regalan alguna ave etc. para ese proyectado Museo, pondrás al pié de él regalado por D. F. de tal [Don Fulano de tal], preparado y denominado gratis por D. M. Graells, al menos que te quede ese honor."
En el mes de julio de 1836 Graells es nombrado Conservador de la colección de la Academia y en octubre se le encarga además la creación del Gabinete de Historia Natural de la institución. En julio de 1837 es designado Bibliotecario y en septiembre del mismo año responsable de la Cátedra de Zoología.

Como hemos comentado, tras su ingreso en la Real Academia de Barcelona Graells se encargó de impartir las clases de Zoología y Taxidermia. Contó con 16 alumnos durante el curso 1835-36 y sólo cinco el siguiente. En el periódico La Guardia Nacional del día 20 de octubre de 1837 la Real Academia anunciaba el inicio de sus cursos y el lugar donde se celebrarían, entre ellos el de taxidermia, que debía ser impartido por Graells:
   "Otra de Zoología y Taxidermia ó arte de disecar los animales de 5 á 6 de la tarde en los martes, jueves y sábados, su catedrático D. Mariano de la Paz Graells. Jerusalén núm. 22."
Graells no obstante, se trasladaría a Madrid un mes después, donde el 25 de noviembre de ese mismo año 1837 sería nombrado Catedrático de Zoología en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, un museo que empezaba a reorganizarse gracias a un decreto real. Como afirma Santiago Aragón (2006), debido posiblemente a aquella precipitada partida de Graells, las anunciadas clases de taxidermia no se impartieron durante el curso 1837-1838. Al año siguiente fue Pastor Rosés Sors (1811-1841), médico cirujano, quien dio clases a un único alumno. En 1939 desaparecieron las enseñanzas de taxidermia en la Real Academia de Barcelona.

Graells, ya mayor, en Madrid con algunos de sus discípulos (fotografía MNCN).

Graells se trasladó pues,  en diciembre de 1837 a Madrid, para cubrir la Cátedra de Zoología que quedó vacante a causa de la defunción de su titular, el médico y cirujano Tomàs Vilanova Entraigües, un personaje también relacionado con la taxidermia, pues en 1808 había publicado Indice de las aves que forman la colección completa de las especies propias de la Albufera, disecadas y clasificadas, y a quien tras su acceso a la cátedra en 1822, la dirección del Museo de Madrid había encargado la supervisión de la Escuela de Taxidermia, entonces dirigida por Salvador Duchen Poyo. El discrecional nombramiento de Graells promovido por su protector, Mariano de la Gasca, director del Real Jardín Botánico, no fue bien recibido entre sus compañeros. La fría acogida, la falta de medios  y el estado en que se encontró las colecciones, que en aquellos momentos no era mejor que las de la Academia de Ciencias de Barcelona, auguraban a Graells una breve estancia. En marzo de 1838 escribe por carta a Contamine, su corresponsal francés:
   "(...) Mi partida de Barcelona en el último diciembre fue tan rápida que no me dio tiempo para comunicarlo á ninguno de mis corresponsales ni hasta el presente lo he podido hacer. Habiendo muerto el Profesor de Zoología del Museo de Historia Natural de Madrid el Gobierno me mandó inmediatamente pasar á ocupar el vacio que habia dejado dicho profesor y esto fue con tanta urgencia que no pude como he dicho ni comunicarlo á nadie. He tenido que empezar aquí el curso de Zoología y los preparativos que he tenido que hacer me han absorvido mucho tiempo. Este museo está en un completo desorden y yo estoy casi decidido á renunciar un cargo que es imposible desempeñar dignamente estando el Museo sin fondos y abandonado casi completamente por el Gobierno que en la actualidad solo le ocupa la guerra que nos destruye. El Museo de Madrid posee riquezas inmensas pero amontonadas como el trigo en un granero y muchas de ellas perdidas por el mal cuidado que se ha tenido. Yo prefiero enseñar la Zoología en Barcelona en nuestra Academia de Ciencias, que aunque naciente está con un orden perfecto y protegido por los sabios que constituyen aquella distinguida corporación. Sea cual sea el resultado de mi expedicion creo que no será sin algun fruto para la ciencia, pues me propongo en estudiar en los meses que esté aquí la parte entomologica de estos alrededores y colectar los insectos que pueda. Las colecciones zoológicas del Museo de Madrid están sin clasificar y los pocos objetos nombrados que hay recuerdan las epocas de Plinio y Aldrovandro (...)"
Las clases de taxidermia de Graells en Madrid contaron con abundantes inscripciones. El naturalista agustino Agustín Jesús Barreiro (1926), historiador del Museo de Ciencias Naturales, cuenta que el curso 1837-38 tuvo 155 matriculados, y que entre Graells, su ayudante-disecador Juan Ramón Dut, y sus alumnos, prepararon más de 500 piezas.

Según la Guía de forasteros en Barcelona, en 1821 la Academia de Ciencias Naturales y Artes disponía, además de una pequeña biblioteca y un gabinete de física, de una colección de objetos de Historia Natural. Entre los miembros de la Sección de Zoología y Mineralogía se encontraba Agustín Yáñez Girona. La mayoría de los especímenes que se irían incorporando al Gabinete de la Academia provendrían, como se ha mencionado, de aportaciones de sus miembros. En junio de 1836 Graells donaría a la colección de la Academia una tenia conservada en alcohol y varios bivalvos y minerales. En enero de 1837, ya como conservador del gabinete, donó un zoófito y un mustélido.


Real Academia de Artes y Ciencias de Barcelona. Fotografía de Maria Rosa Ferré.

El día 17 de agosto de 1837  El Constitucional publicaba el acta de la asamblea de la Real Academia que se había celebrado el 30 de junio. Al final de la crónica se podía leer:
   "(...) pasando los señores concurrentes á examinar los gabinetes, y especialmente el museo de historia natural, que sin embargo de no estar todavía enteramente arreglado queda abierto desde este día á la concurrencia pública."
La impresión que causó entre sus primeros visitantes el recién abierto museo no debió ser muy buena. El fragmento de una carta que el 20 de 0ctubre de 1837 remitió "Un apasionado de la naturaleza" al periódico barcelonés La Guardia Nacional nos ayudará a hacernos  una idea de la situación. Días antes, el 21 de septiembre, la reina regente Maria Cristina, en plena guerra carlista, había firmado un decreto de reorganización del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. El firmante se quejaba de ese trato de favor hacia el museo de la capital y de la dejadez en provincias:
   "(...) El celo de la ilustre academia de ciencias naturales y artes de Barcelona ha empezado á erigir un Museo de Historia Natural. Exhausta de medios, dicha corporación solo con lentitud puede ir deshaciendo el lunar que se echaba de ver por tal falta en la segunda capital de España. Vista la protección decidida con que S.M. favorece a esta clase de establecimientos, mucho tiene que esperar la citada academia para llevar a cabo su incipiente Museo. Existen en el de Madrid cajones almacenados de objetos naturales que quizá no se han vuelto á ver desde que llegaron de ultramar; con ellos y con los dobles de las colecciones podria darse principio á otros museos en distintas capitales del Reino, y si a imitación de lo que ha hecho la ilustrada academia de ciencias naturales de Barcelona erigían cátedras de Historia Natural las Sociedades económicas, ya que no existen academias de ciencias en todas partes, esta se haria luego familiar entre nosotros y la Nación reportaría los inmensos beneficios que su exacto conocimiento resultan á los pueblos que ventajosamente la cultivan. (...)"
Una década más tarde la situación no había mejorado. En 1850 en el Diccionario geográfico-estadístico de Pascual Madoz se podía leer:
   "Pudiera ser muy útil al público, si el Gobierno le facilitase una corta asignacion para aumentar su museo y poder dar libre entrada al público un día á la semana; para continuar la publicación de sus memorias, practicar nuevos ensayos, costear máquinas, aumentar su gabinete y su biblioteca, (...). Limitada la Academia á los mezquinos réditos que le proporciona el alquiler de parte de su casa, y á los donativos de sus socios, apenas da señales de vida, teniendo por otra parte todo el caudal de conocimientos para ser útil al pais y colocarlo al igual de las naciones estranjeras mas adelantadas."
Durante su visita a Barcelona en 1856, el ornitólogo Charles Lucien Bonaparte sólo visitó una colección privada, la del Gabinete de Historia Natural de los Mercader, mejor surtido que el de la Real Academia de Ciencias. Cuarenta años después, en enero de 1895, Eduardo Luis Cháquert y del Cotarro, marino mercante retirado y naturalista aficionado, fue nombrado Socio protector y Director del museo. En Junio de 1896 el Boletín  de la Real Academia se hacía eco de la favorable evolución del Gabinete:
   "Los trabajos llevados á cabo en el Museo de Historia Natural con infatigable constancia y notable celo por el Académico D. Eduardo Chaquert, las excitaciones dirigidas á diversas personas y entidades, y, sobre todo, la primordial circunstancia de ser este Museo una consecuencia natural del modo de ser de nuestra Corporación, todo ha contribuido al extraordinario desarrollo de esta importante dependencia durante el fluido curso; dependencia que se encuentra, sin ningún género de duda, á una altura que hace tiempo no había alcanzado. Y no es preciso gran esfuerzo para demostrar que, en nuestra ciudad, esta Academia es la más indicada para regir los destinos de un Museo de Historia natural. Forzoso es admitir su competencia preeminente en los asuntos de su alta incumbencia; así lo reconocen las corporaciones oficiales solicitando la emisión de dictámenes; y así resulta de la distribución de los Académicos en comisiones permanentes, entre las que se cuentan las de Mineralogía, Geología, Paleontología, Botánica, Zoología y Antropología. Las ensenanzas adquiridas en la cátedra, en el libro, en las relaciones científicas, y, sobre todo, en la naturaleza misma, vienen aquí sublimadas, se exponen en este recinto y trascienden al exterior por medio de las publicaciones; los documentos en que se apoyan muchos de estos trabajos quedan como comprobantes en el gabinete. Y he ahí el interés especialísimo que bajo tal concepto reviste esta dependencia de la Academia. Gracias á la munificencia de varios particulares, algunos de ellos pertenecientes á la Marina mercante, ha podido enriquecerse el Museo con objetos de las islas Filipinas. (...) Asimismo han venido á enriquecer el Museo numerosos objetos naturales de dichas islas, mostrándonos de una manera palpable la exuberante, rara, bellísima é inagotable fauna de nuestro precioso archipiélago: grandes y raras fungias, delicadísimas euplectelas, numerosos moluscos, extraños peces, notables reptiles han acudido en tropel á nuestro Museo, como buscando en él su sitio adecuado. Bellos y raros minerales, en número extraordinario, han aumentado la ya rica colección que tanto ilustraron los Gimbernat, los Llobet, los Malibran y otros, viniendo á constituir esta sección la mas nutrida del Museo; (...) Así es que ha podido la Academia presentar ufana su notable Museo, que ha sido consultado con fruto por varios naturalistas del pais y del extranjero, entre los que figuran verdaderas eminencias científicas. Baste decir, en resúmen, que esta importante dependencia ha aumentado, en el fluido curso, en unos mil ejemplares. A la munificencia de los donadores ha procurado la Academia corresponder prescindiendo de los enojosos trámites administrativos que en otros Museos dificultan ó impiden la fácil recepción de los ejemplares regalados, los cambios que son indispensables para el aumento de las colecciones y aquellas adquisiciones, por regla general importantísimas, que por la premura del tiempo ú otras circunstancias no pueden sujetarse á tramitaciones dilatorias."
El destino final del gabinete de la Academia no podía ser otro, y se produjo un par de décadas después, a principios del siguiente siglo. Tras un primer fracasado intento en 1913, los fondos del Museo de la Real Academia se incorporaron en 1925 en régimen de depósito a los museos municipales pertenecientes a la Junta de Ciencias Naturales, entre los que se encontraba el de Ciencias Naturales, entonces denominado Museo de Cataluña. 


El Gabinete de Historia Natural de la Universidad.

En el año 1845, el doctor Antonio Sánchez Comendador Pagniucci, miembro de la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona, catedrático de Materia Farmacéutica Vegetal y decano de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona, decidió la formación de un Gabinete de Historia Natural. Dos años más tarde se creó la plaza de disecador del Gabinete. Desde ese año 1847 y hasta 1860 Sánchez Comendador ocuparía la plaza de catedrático de Mineralogía y Zoología en la Facultad de Ciencias. El Gabinete recién creado era compartido entre la Facultad de Filosofía, a la que estaba adscrito, y el Instituto de Segunda Enseñanza Balmes, agregado a aquella facultad con motivo de la reorganización educativa a raiz del Plan Pidal (3). La plaza de Disecador, como veremos pronto, se confió sucesivamente a profesores regentes, en su mayoría carentes de conocimientos taxidérmicos. 

El Plan de Estudios decretado el 28 de agosto de 1850 establecía que durante la Segunda Enseñanza, impartida a lo largo de cinco años y donde ingresaban los niños a la edad de diez, éstos debían recibir la asignatura Nociones de Historia Natural. La Segunda Enseñanza, era un primer periodo de estudios de la Facultad de Filosofía, donde se obtenía el título de bachiller que permitía proseguir estudios en alguna de sus secciones. Una de ellas era la Sección de Ciencias Naturales en la que, durante un primer periodo de tres años, se obtenía el título de licenciado y donde, entre otras asignaturas, se impartía la de Taxidermia, asignatura que se suponía aprendida y que no volvían a recibir aquellos que deseaban doctorarse. En febrero de ese mismo año, Sánchez Comendador redactó un Catálogo de los objetos de Zoología y Mineralogía que hay en el Gabinete de Historia natural de la Universidad de Barcelona en el que, entre otros, se contaban ciento cincuenta aves disecadas, la mayoría procedentes de Cataluña.

Quetzal preparado por Puig en 1859 (5).
El primero en ocupar la plaza de disecador en el Gabinete de la Universidad fue Faustino Rueda Azorín (1819-1892), y lo hizo hasta 1850, año en que fue nombrado catedrático de Nociones de Historia Natural en el Instituto de Segunda Enseñanza. Su ayudante en aquel período fue Tiburcio Juárez, que en 1847 se trasladaría a la Universidad de Granada. De Rueda se conserva un ejemplar de polluela pintoja fechado en 1849. Tras su nombramiento la plaza de disecador quedó vacante y no fue cubierta hasta febrero de 1853, fecha en que Bartomeu Puig Galup (Sitges, 1826-Barcelona, 1880?), licenciado en medicina y cirugía, fue nombrado Ayudante-disecador con un sueldo anual de 6.000 reales (4). Puig, que tenía además un taller privado en el número 91 de la calle Hospital, se mantuvo como taxidermista en la Universidad hasta 1862, año en que se trasladaría a Madrid para ampliar sus estudios de Ciencias Naturales en la universidad de la capital, y donde se doctoraría en medicina. En Madrid frecuentó el círculo de Graells a quien se le atribuye la consecución por parte de Puig Galup de la plaza de Preparador-disecador en la expedición conocida como Comisión Científica del Pacífico, plaza dotada con 30.400 reales anuales, y expedición científica que tuvo lugar entre los años 1862 a 1865. No obstante, Puig no la completó. Abandonó la expedición en Valparaíso (Chile) en agosto de 1864, aduciendo problemas de salud. Durante el viaje había sido cuestionado por los zoólogos naturalistas Marcos Jiménez de la Espada y Francisco de Paula Martínez Sáez, sus compañeros encargados de recoger los especímenes, que acusaron a Puig de ser "un disecador no muy activo y poco hábil" y de realizar un trabajo "escaso y de poca calidad". Refiriéndose a Puig Galup Martínez Sáez escribió en su diario el día 8 de enero de 1863 que el resto de miembros de la expedición no podían compartir el rancho con los oficiales porque había "una persona que no les era muy simpática entre los individuos de la Comisión". Tras regresar de su excedencia y casarse, en julio de 1865 se reintegró a su plaza de disecador y ayudante de la Cátedra de Historia Natural en la Universidad de Barcelona. Mantuvo su plaza hasta 1880, año en que enfermó y se jubiló. En la actualidad, de su trabajo se conserva un meloncillo (1857), un quetzal (1859), un pico de tijera negro (1868) y un tucán. La plaza de Bartomeu Puig fue ocupada interinamente por Francesc de Paula Vidal Roselló y, más tarde, en el curso 1886-87 por Francesc de Sales Delàs Gayolà (1864-1693), que catalogó los mamíferos y las aves del Gabinete. Entre la jubilación de Puig y la interinidad de Vidal, el médico, botánico y catedrático de Ciencias Exactas y Mineralogía Josep Planella Giralt, ante la ausencia de su ayudante-disecador, preparó él mismo algunos ejemplares, entre ellos un zanate mejicano.

El naturalista francés Luciano Bonaparte, durante su estancia en Barcelona en febrero de 1856, o los naturalistas alemanes Alfred y Reinhold Brehm, ese mismo año, no visitaron el Gabinete de Historia Natural de la Universidad. Poco antes, en 1852, Sánchez Comendador había escrito que el gabinete que tenía a su cargo se encontraba "no con la perfección que desea por ser muy reducido el local". Ese mismo año 1856, el recién comisionado Rector de la Universidad, el naturalista y en esos momentos presidente de la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona, Agustín Yáñez Girona, antes de verse obligado a abandonar el cargo al año siguiente, proveyó de armarios y vitrinas a la colección.

Tucán conservado en el Gabinete de la Universidad, preparado por Puig (5).

El Gabinete de Historia Natural de la Universidad de Barcelona, que estuvo ubicado en el primer piso del edificio histórico, en la Gran Via, fue bombardeado en el año 1937 durante la Guerra Civil. La mayor parte de la colección se destruyó. Hacia el año 1945 los doctores Julio Rodríguez-Roda y Enric Gadea Buisán recuperaron y restauraron algunos ejemplares, que son los que en la actualidad se exponen en el Centre de Recursos de Biodiversitat Animal,  perteneciente a la Facultat de Biologia, ubicada en el campus de la avenida Diagonal.


Notas.-
(1) Los autores suelen dar como fecha de nacimiento de Joan Salvador Riera el año 1783. No obstante, en la incripción del retrato de Salvador que se expone en el Jardín Botánico aparece como fecha de su muerte el día 21 de febrero de 1826 "a la edad de 44 años".
(2) Las imágenes del Gabinete Salvador que ilustran este artículo son propiedad del Museu de Ciències Naturals de Barcelona y corresponden al dossier facilitado a la prensa con motivo de la exposición temporal "Salvadoriana. El gabinet de curiositats de Barcelona" que se podrá visitar en el Institut Botànic del 20 de mayo de 2014 hasta abril de 2016. 
(3) Unos 50 ó 60 institutos de enseñanza secundaria españoles creados entre 1836 y 1857, año en que se promulgó la Ley Moyano, albergan valiosas colecciones zoológicas históricas.
(4) En el Presupuesto de gastos de personal del Consejo de Instrucción Pública, publicado en el Boletín Oficial del Ministerio de Gracia y Justicia del día 5 de enero de 1853, aparece esa dotación de 6.000 reales destinada a la plaza de Disecador del "Instituto de 2ª Enseñanza agregado á la Universidad" de Barcelona. En ese mismo presupuesto aparecen dotadas también con 6.000 reales las plazas de disecador de los institutos de Oviedo, Salamanca, Sevilla, Valencia, Valladolid y Zaragoza. Alguna curiosidad más se desprende de ese presupuesto. El sueldo del Disecador en Barcelona era intermedio entre el de Preparador de piezas anatómicas de la Facultad de Medicina, 8.000 reales, y el de sus ayudantes, 4.000 reales. En cambio, en la Universidad de Madrid, la plaza de disecador del Gabinete de Historia Natural se dotó con 10.000 reales y las dos plazas de ayudantes-disecadores, con 6.000 reales cada una.
(5) Fotografías obtenidas de la web de la Universidad de Barcelona.


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Taxidermidades, 2014.


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Recursos:
Artículo Los gabinetes privados de Historia Natural en la Barcelona del siglo XIX en Taxidermidades.
Artículo Los alumnos de las clases de Taxidermia de la Real Academia de Barcelona en Taxidermidades.
Artículo Joan Grau-Bassas Torà en Taxidermidades.
Artículo Soler y Palaus: 111 años de Taxidermia en Taxidermidades. 
Artículo Pau Xavier d'Areny-Plandolit, fundador del primer museo de Andorra en Taxidermidades. 
Artículo Manuscrito sobre Taxidermia de 1840 del médico dirujano Tomàs Birani Colominas en Taxidermidades.
Artículo Los taxidermistas privados de Madrid durante el siglo XIX en Taxidermidades.