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"Naturalezas recreadas". Catálogo de la exposición de homenaje a los Benedito.

Cubierta del catálogo (1).
Hasta junio de 2020 se podrá visitar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN) la exposición Naturalezas recreadas. La obra taxidérmica de los hermanos Benedito, de homenaje a José María y Luis Benedito Vives, destacados taxidermistas que ejercieron en el Museo.

Con dicho motivo se ha editado el catálogo de la misma, libro cuidadosamente editado, de 190 páginas, coordinado por Cristina Cánovas Fernández, vicedirectora de Exposiciones del MNCN. Acompañado de ilustraciones en color, el volumen aborda el papel de la Taxidermia, su contribución a la Ciencia, el papel de las colecciones zoológicas taxidermizadas en la historia del Museo, detalles biográficos de los Benedito, su legado, y el acercamiento a algunas de sus obras que permanecen expuestas.

Friedrich y Joseph Kerz, padre e hijo. Su tratado de Taxidermia.


Frontispicio y portada de Sammeln, Präparieren und Ausstellen der Wilbertiere (1).


Friedrich Kerz (Stuttgart, Alemania, 1842- Darmstadt, Alemania 1915) es el eslabón que une a Philipp Leopold Martin (Gnadenberg, Polonia, 1815- Stuttgart, 1885), considerado como uno de los iniciadores de la dermoplastia moderna, con Herman H. ter Meer júnior (Leiden, Paises Bajos, 1871-Leipzig, Alemania, 1934), el máximo divulgador de esa técnica taxidérmica. Martin había trabajado en el Museo Zoológico de Berlín y a continuación, entre 1858 y 1873, en el Gabinete Real de Historia Natural de Stuttgart, el Stuttgarter Königliche Naturalienkabinett. En el Gabinete de Stuttgart Martin reemplazaba a otro preparador destacado, Hermann Ploucquet, que había abandonado su empleo para ejercer como taxidermista privado. Martin publicó en 1870 Dermoplastik und Museologie, el segundo volumen de su trilogía taxidérmica donde describía una modernizada dermoplastia (2), una técnica que enseñaría a taxidermistas jóvenes como Robert Banzer, que a su vez la transmitiría a contemporáneos de Ter Meer, como Robert Reichert, Karl Krell o Hugo Bleil.

El Museo de Ciencias Naturales de Madrid a principios del siglo XX. Imágenes inéditas.

Las fotografías recuperadas.
El 3 de agosto de 1895 una Real Orden del Ministerio de Fomento ordenaba el traslado del Museo de Ciencias Naturales al Palacio de Biblioteca y Museos, el edificio que acoge los actuales Museo Arqueológico Nacional y Biblioteca Nacional de España en el Paseo de Recoletos. El Ministerio de Hacienda deseaba ampliarse y el Gobierno optó por expulsar al vecino Museo del Palacio de Goyeneche, un inquilino que lo era desde su apertura en 1773. A pesar de que los naturalistas miembros de la Comisión de mudanza advirtieron de la insuficiencia e inadecuidad de las salas, el 28 de septiembre una segunda Real Orden establecía además que el traslado se verificase a la mayor brevedad, aprovechando los días que faltaban para comenzar las clases, es decir, cuarenta y ocho horas. Fue materialmente imposible. A pesar de la advertencia de que manifiestamente las salas y el mobiliario eran insuficientes, y de que el presupuesto asignado era ridículo, el traslado se llevó a cabo. El trasiego se prolongó durante un año.

"En la piel de un animal" de Santiago Aragón.


Sobrecubierta del libro.
La lectura de En la piel de un animal. El Museo Nacional de Ciencias Naturales y sus colecciones de Taxidermia, libro de reciente aparición escrito por Santiago Aragón, nos acerca a la historia del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, uno de los grandes y más longevos museos de Historia Natural del mundo y, sin duda, uno de los más desatendidos. La obra, que abarca desde su fundación como Real Gabinete en 1771 hasta el final de la Guerra Civil, escoge como testimonio la colección de taxidermia para trazar un relato que nos conduce desde la adquisición por el rey Carlos III del gabinete del comerciante español residente en París Pedro Franco Dávila, que se convertiría en su primer director, al periplo de sus colecciones, que pasaron de un segundo piso del Palacio de Goyeneche de la calle de Alcalá, al Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales, la actual Biblioteca Nacional, en 1895 -tras un desahucio decretado por el Ministerio de Hacienda-, hasta su actual ubicación del Paseo de la Castellana, que lo es desde 1910. Obligado desalojo, el de 1895, que condenó a clausurar el museo durante seis años y a almacenar sus colecciones en salas inadecuadas e insufucientes. Triste recorrido, el de miles de especímenes disecados, que incluso llegaron a soñar en un primer momento con instalarse en el Museo del Prado, encargado por Carlos III en 1785 a Juan de Villanueva, precisamente con el propósito de albergarlos, edificio que, no obstante, desde su inauguración sería destinado a pinacoteca.
 
   "La siempre difícil combinación de instrucción y recreo, de educación y diversión, ha tenido históricamente en la taxidermia una de sus más cultivadas vías. Y el modo en que el desarrollo y la evolución de las técnicas taxidérmicas se han influido mutuamente con el desenvolvimiento de las ideas y modelos científicos, y con la propia reconfiguración cultural e institucional de los museos, es algo que el lector inteligente podrá ir descubriendo en las páginas que siguen."
                                                Fragmento del prólogo del libro a cargo de Santos Casado.