El Museo de Ciencias Naturales de Madrid a principios del siglo XX. Imágenes inéditas.

Las fotografías recuperadas.
El 3 de agosto de 1895 una Real Orden del Ministerio de Fomento ordenaba el traslado del Museo de Ciencias Naturales al Palacio de Biblioteca y Museos, el edificio que acoge los actuales Museo Arqueológico Nacional y Biblioteca Nacional de España en el Paseo de Recoletos. El Ministerio de Hacienda deseaba ampliarse y el Gobierno optó por expulsar al vecino Museo del Palacio de Goyeneche, un inquilino que lo era desde su apertura en 1773. A pesar de que los naturalistas miembros de la Comisión de mudanza advirtieron de la insuficiencia e inadecuidad de las salas, el 28 de septiembre una segunda Real Orden establecía además que el traslado se verificase a la mayor brevedad, aprovechando los días que faltaban para comenzar las clases, es decir, cuarenta y ocho horas. Fue materialmente imposible. A pesar de la advertencia de que manifiestamente las salas y el mobiliario eran insuficientes, y de que el presupuesto asignado era ridículo, el traslado se llevó a cabo. El trasiego se prolongó durante un año.

Las colecciones quedaron amontonadas en su nuevo destino, algunas salas de la parte derecha del Palacio, y el Museo sucumbió en la inactividad. A principios de 1900 se dispusieron ya de vitrinas y armarios, y meses más tarde de estanterias, fanales y material de laboratorio. Las donaciones se iban sucediendo y los fondos aumentando. En 1901, con el nombramiento de Ignacio de Bolívar como nuevo director, el Museo iría retornando progresivamente a la normalidad. El 24 de mayo de 1902 reabrieron al público. La disposición de las salas, según el testimonio del naturalista Miguel Maisterra, se asimilaría al plano detallado que reproduzco más abajo. A la derecha del vestíbulo del acceso principal del Palacio de Biblioteca y Museos por la calle Recoletos se encontraba la entrada, que daba acceso a la sala de Geología. Rodeando el patio, en sentido contrario a las agujas del reloj, seguirían la de Mineralogía, tres salas de Vertebrados cuyos ventanales daban a la lateral ascendente calle Villanueva, la de Anatomía Comparada y Paleontología, y finalmente la sala de Moluscos, Zoófitos y Articulados. También se disponía de una biblioteca cuyas ventanas se asomaban asimismo a la calle Villanueva aunque, con la descripción de Maisterra, me veo incapaz de situarla sobre el plano.

Plano del Palacio de Museos y Bibliotecas (BNE).

La nueva ubicación carecía de laboratorios y despachos, y la dirección del Museo era plenamente consciente de su provisionalidad. En 1907 Bolívar intercedería ante el rey Alfonso XIII (1) para que éste promoviera un nuevo edificio. Aquel mismo año se decidió que el Museo ocupara una parte del Palacio de Exposiciones de las Artes y la Industria del Paseo de la Castellana. El trasladó duró tres años. Finalmente en 1910 se inauguró la sede actual.

Detalle aproximado de las salas ocupadas por el Museo de Ciencias Naturales.

Santiago Aragón, historiador del Museo, nos cuenta en su libro En la Piel de un Animal que se disponen de pocas imágenes de la institución pertenecientes a esta oscura etapa en el Palacio de Biblioteca y Museos, acaso únicamente las que publicara la Revista Alrededor del Mundo el 27 de junio de 1902 para ilustrar un artículo de Miguel Medina. Aragón expone en su trabajo que la disposición y el contenido de las salas, no obstante, iría variando en los años siguientes, adaptándose al crecimiento de las colecciones. Algunas de las fotografías y parte del texto de aquella crónica de Medina nos sirve para hacernos una idea del contenido y de su disposición:
   "Hace pocos días, después de seis años de clausura, ha vuelto a abrir sus puertas el Museo de Ciencias Naturales, con algunos ejemplares de menos, pues parte de los que corresponden a la sección de antropología han sido llevados al Museo Antropológico (2).
   (...)
   [Después de referirse el autor a las salas de Mineralogía y de Geología:]
   En el salón de mamíferos hay para todos los gustos. Unos se asombran al ver al elefante, que por ser indio y no viejo, no es de gran tamaño, otros ante el yak de Tíbet y otros ante el gnu, que parece un torillo pequeño, pero sólo los iniciados se fijan en la colección de ratones y de monos. Entre estos llama la atención el gorila, de gran tamaño y cara fosca, pero éste es un ejemplar corriente. Lo mejor, o por lo menos lo más raro de la sala, son un mono de Abisinia llamado guereza, y dos araguatos del Ecuador, uno viejo y otro joven (3), que trajo el Sr. Jiménez de la Espada de la expedición al Pacífico.
   También es muy notable un saiga, antílope ruso muy raro de encontrar y aún más difícil de cazar.
   Para los aficionados a toros también será noticia curiosa la de que el tigre que permanece inmóvil en la vitrina luchó en vida el 17 de Mayo de 1819 con un toro de Benjumea llamado Señorito, en la plaza de Madrid, y lo venció.
   Entre las conchas y caracoles hay bastantes notables, como la Voluta fusiformis, de Tasmania, y algunos Argonautas.
   En aves lo mejor es la colección de colibrís o pájaros-mosca, que proceden del secuestro del infante D. Sebastián, y las aves del paraiso.
   El célebre esqueleto del megaterio, hoy desarmado, se encontró a 13 leguas de Buenos Aires y lo envió a Madrid el virrey marqués de Loreto en 1879.
   Hay también la cola de otro megaterio, que fue comprada el año 51 en Buenos Aires por dos mil pesetas."

En una de las fotografías que acompaña el relato se comprueba que la Sala de Aves estaba presidida en su espacio central por dos avestruces y un emu, rodeados de vitrinas aisladas de unos dos metros de altura, y en dos de los muros, salvando puertas y ventanas, más armarios acristalados de mayor altura repletos de pájaros. En el centro de la estancia, dos empleados vestidos con guardapolvo posaban junto a un esqueleto desmontado que posiblemente correspondiera al del megaterio aludido en la crónica. Llama precisamente la atención el esqueleto desarticulado de ese mamífero en una sala consagrada a las aves, además teniendo en cuenta que existía la de Anatomía Comparada y Paleontología. En dicha Sala de Aves se aprecian cuatro ventanas y una puerta de acceso en el fondo, lo que correspondería con la estancía más grande dedicada a vertebrados, con vistas a la calle Villanueva.

Sala de aves. Imagen publicada en 1902 en la revista Alrededor del Mundo.

En otra imagen, correspondiente a la sala de mamíferos, aparecen el yak, el elefante indio y el ciervo de Canadá, en el muro del fondo cornamentas de ciervo, y sobre ellas un par de focas. En primer término posan cuatro personajes, tres de ellos con bata.

Empleados del museo posando para Alrededor del Mundo en la Sala de Mamíferos.

Hace algunos años incorporé a mi archivo algunas fotografías estereoscópicas sobre vidrio, con imágenes del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. En principio, por el tipo de técnica fotográfica empleada, surgida a mediados del siglo XIX, pensé que pudieran tratarse de las salas del Palacio de Goyeneche, pero las características rejas, que se adivinan tras una cortina en una de las imágenes, me confirmaron que se trataba de las de la planta baja de la actual Biblioteca Nacional. La reseña y las fotografías publicadas en Alrededor del Mundo me lo confirmaron.

Se trata pues de cinco vistas estereoscópicas numeradas, de las que desconozco si existen más y cuál es su procedencia. Acaso las realizara un fotógrafo aficionado en su visita al Museo. En ellas no aparece ninguna persona. Dos de las imágenes fueron tomadas en la Sala de Mamíferos, y las otras tres en la Sala de Anatomía Comparada y Paleontología

En la primera de la Sala de Mamíferos, rotulada con el número 242, vemos las mismas piezas que aparecían en la fotografía publicada en Alrededor del Mundo, el ciervo del Canadá y el yak, piezas que ya no se encuentran en el actual Museo, y el histórico elefante indio que disecó Juan Bautista Bru, pero desde otra perspectiva, y cornamentas en los dos muros y una tercera foca colgada como las de la imagen antes comentada. En una de las vitrinas aisladas, la de la derecha, se distingue una pantera y la parte posterior de un león. Detrás de esa vitrina se adivina una puerta. Además, entre las piezas de mayor tamaño, yacen algunas costillas de ballena, parece que colocadas ahí con el propósito de que no estorbaran. Dos grandes ventanales iluminan la sala.


En la segunda fotografía, la número 247, aparece una jirafa; no la que podemos admirar en la actualidad, donada por el duque de Alba y preparada por Luis Benedito, con el cuello más agachado, sino la primera que poseyó el Museo. El ejemplar se encuentra delante de un luminoso ventanal rejado, protegido por una cortina, y entre dos vitrinas aisladas. La de la derecha contiene al menos una quincena de quirópteros con las alas extendidas. En otra vitrina más grande, en primer plano y también a la derecha, se distinguen la cabeza de dos cérvidos disecados, macho y hembra.


Ya en otra sala, la de Anatomía Comparada, en la imagen 244, penden del techo acristalado dos columnas vertebrales de ballena, cuyos huesos de la cabeza reposan debajo, sobre tarimas. En primer plano una vértebra de cetáceo. Los armarios acristalados del fondo contienen los esqueletos montados de decenas de mamíferos de tamaño mediano.


En la fotografía con el número 245 se aprecia otra perspectica de la misma sala. Los huesos de ballena ya comentados y, más allá, los esqueletos montados de mamíferos de gran tamaño. Se distinguen, creo, una llama, un camello y un okapi. 


En la última instantánea, la 246, se aprecian mejor algunos de esos esqueletos. De izquierda a derecha adivinamos un okapi, un camello, un búbalo, una jirafa, una cabra, un toro, el elefante asiático y un esqueleto de caballo junto a una escultura -no parece disecado- de la misma especie. Un hueso de ballena en el suelo sirve de barrera. De esta Sala de Anatomía Comparada, que en principio era interior y por tanto solamente recibía luz proveniente de un patio, me desconcierta ese techo acristalado. Quizá esas fotografías fueran tomadas avanzada la década, cuando algunos salones fueron variando su contenido; o quizá se tratara del patio cubierto.




Notas.-
(1) Alfonso XIII conocía ya el Museo. Lo había visitado en marzo de 1903.
(2) El nuevo Museo de Antropología se ubicó en la sede del museo conocido como del Dr. Velasco, adquirido por entonces por el Estado. Parte de sus fondos los proporcionaría precisamente el de Ciencias Naturales. La falta de espacio en el Palacio de Biblioteca y Museos obligó además a depositar provisionalmente en dicho museo las colecciones entomológicas.
(3) Santiago Aragón afirma que el joven era efectivamente un mono aullador, mientras que el ejemplar adulto se trataba en realidad de un mono lanudo, ejemplares que en la actualidad todavía se conservan.


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Taxidermidades, 2017.


Bibliografía:
Santiago Aragón Albillos   En la piel de un animal. El Museo Nacional de Ciencias Naturales y sus colecciones de Taxidermia  , en Colección de Historia Natural Theatrum Naturae,  Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Ediciones Doce Calles, Aranjuez, 2014.
Agustín J. Barreiro   El Museo Nacional de Ciencias Naturales (1771-1935), Colección Theatrum Naturae, Ed. Doce Calles, Aranjuez,1992.
Miguel Medina   En el Museo de Ciencias Naturales , en Alrededor del Mundo, nº 160, Madrid, 27 de junio de 1902.

Recursos:
Artículo El Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid en Taxidermidades. 
Artículo El elefante indio del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid en Taxidermidades.
Artículo "En la piel de un animal" de Santiago Aragón en Taxidermidades, sobre la historia del MNCN y sus colecciones de Taxidermia.