El Museo Nacional de Historia Natural de Santiago de Chile.

Fachada del MNHN de Chile (1).


En 1813 se acordó la creación de un museo de Historia Natural en la Real Universidad de San Felipe, que tres décadas y media más tarde se convertiría en la Universidad de Chile, pero no fue hasta 1822 cuando Bernardo O'Higgins, Director Supremo (2) del país, nombra por adelantado al militar y aventurero francés Jean Joseph Dauxion Lavaysse director de la institución y le encarga su fundación; pero este moriría en 1829 sin cumplir lo convenido. Otro francés, el naturalista Claude Gay, que había llegado a Chile para ejercer como profesor en un colegio, sería quien en 1830 recibiría de nuevo la encomienda de crearlo. Gay viajó por el pais recogiendo tanto objetos de Historia Natural como de Paleontología y Prehistoria. La primera sala del primer museo nacional del joven país abrió en 1838 en una dependencia de la Biblioteca Nacional, en la calle Catedral de Santiago, próxima al Congreso Nacional. En 1853 se ampliaría a una segunda sala.

El abad Gérard, taxidermista de Voué.


El abad Gérard posa junto a dos leones.


Encontré la tarjeta postal rebuscando por internet y me llamó poderosamente la atención. Un cura-taxidermista francés posando en un jardin con dos de sus obras, un león y un cachorro de la misma especie. La imagen, como ocurre en ocasiones, incitaba a conocerlo, y la respuesta me la ofrecía el blog de la Academia Troyana de Estudios Cartofílicos (ATEC-Troyes), una asociación de aficionados a reconstruir la historia local a través de las postales. Sus miembros reconstruyeron la biografía de este personaje que aparecía nada menos que en nueve tarjetas editadas entre 1903 y 1914.

Foto familiar junto a un oso negro disecado.




Una familia anónima pasea por una ciudad norteamericana alrededor de los años cincuenta o sesenta del pasado siglo. Al pasar por delante, el reclamo callejero de una farmacia, un oso negro disecado con los brazos alzados, provoca el efecto deseado. El padre, cámara en mano, pide a su hija, a su esposa y a su suegra que se coloquen junto a la bestia. La niña sobre el pedestal. Y clic.

"El taxidermista fantástico", un ensayo de Luigi Amara.

"La delicada tarea de hacer que un animal muerto vuelva a la vida y permanezca para siempre al acecho o en una pose amenazante, la oscura habilidad de curtir y estirar su piel sobre un maniquí de alambre y yeso a fin de que adopte la actitud y a veces la ferocidad de cuando aún no había sido alcanzado por las armas de los cazadores, se antoja una tarea más burda, menos artística e imaginativa que la de conseguir la recreación de una quimera, de un animal fantástico que jamás dio un paso sobre la faz de la Tierra, y que sin embargo es posible apreciar en todo su esplendor en medio de plantas de hule y piedras de mampostería. La profesión de taxidermista, la profesión meticulosa y acaso un tanto macabra pero sobre todo fiel y rigurosa del taxidermista, fue alguna vez llevada al límite por Isidoro García Saldaña, un aprendiz entusiasta que primero tuvo la ocurrencia de fabricar un mamut con los restos de un elefante que había muerto en el circo, añadiéndole pelo importado de bisonte y colmillos de madera laqueada, pero que más tarde probó suerte con el arcanodonte y otras bestias fabulosas que nadie podía encontrar en ninguna de las taxonomías existentes por la sencilla razón de que esas criaturas, antes de ocupar el centro de dioramas extravagantes, solo habitaban en su cabeza."

Jules Terrier, taxidermista del Museo de París, reconstruyendo un dodo, especie extinta (1).