Postal del "Unique Log Museum" de Garberville, California.




Probablemente sea de finales de los años cuarenta del pasado siglo. Está sin circular y el único texto está en el anverso, "Unique Log House Museum. Garberville, California" y la referencia del fotógrafo. Sus medidas son 13'8x8'8 cm. En mi colección hay varias tarjetas de pequeños museos locales aparentemente semejantes. En esta fotopostal observamos un rincón con varias cabezas de ciervo, una de corzo y otra de oso alineadas en los muros, bajo ellas cinco rapaces diurnas, una de ellas una águila calva, y sobre el estante toscamente ambientado un búho nival, un pelícano, un faisán, una barnacla, un piquero, un zorro medio escondido y una comadreja, y dos frontales de vaca en el suelo.

"El hijo del taxidermista" (2013), cortometraje de Enrique Vilallonga.

El taxidermista y su esposa (1).


Un proyecto muy personal este cortometraje de 19 minutos dirigido, coproducido, escrito -a medias con Juan Marí Susierra-, editado y musicado por Enrique Vilallonga. Su terrorífico argumento: el hijo de un taxidermista tras una larga ausencia regresa a la casa familiar donde es recibido por su padre, una persona inestable, obsesionada con Dios y rencorosa, que rememora los trágicos acontecimientos que sucedieron en el domicilio.

Taxidermista aficionado anónimo posando con sus trabajos.



El taxidermista de la fotografía, personaje anónimo, deseó inmortalizarse posando con algunas de sus obras. La fotografía es de finales del siglo XIX y, por los animales que aparecen en la imagen, debió tomarse en los Estados Unidos. Sobre el florido tapete de la mesita apenas se distinguen un búho americano, una ardilla, un mapache, un pequeño roedor, un par de patos, uno de ellos quizá un arlequín, y un último pájaro sobre una rama. El barbudo protagonista, de unos cuarenta años, posa en mangas de camisa, vestido con chaleco y mostrando la cadena del reloj. Está incómodo, no sabe muy bien qué hacer con las manos, la izquierda con el puño cerrado sobre el mapache y la derecha con la punta de los dedos en un bolsillito del pantalón.

"Taxidermia. Manual práctico del disecador de animales y plantas" de Manuel Llofriu.

Portada de la primera edición.
Según afirmaba su autor Manuel Llofriu en el prólogo de la obra, el mayor mérito de Taxidermia. Manual práctico del disecador de animales y plantas (1885) pretendía aportar "…no solamente un procedimiento de disección suficiente al aficionado, sino todos aquellos que emplean los más renombrados preparadores, así de España como del extranjero, y al mismo tiempo nuestra sincera opinión sobre las ventajas e inconvenientes de cada uno de ellos, a fin de que el operador o principiante pueda compararlos y adoptar aquel que más le agrade".

El Manual práctico del disecador, de unas 240 páginas y con 58 ilustraciones entre el texto, se trataba del segundo de la historia de la Taxidermia de autor español, dejando de lado traducciones, manuscritos no publicados o artículos; el primero fue Nociones de Taxidermia de Joan Grau-Bassas publicado en 1849. No se conoce que Llofriu practicara la Taxidermia, y sospechamos que desconocía su historia puesto que igualmente en el prólogo afirmaba erróneamente que "el arte de disecar puede decirse que es nuevo, pues apenas contará sesenta años", cuando en realidad se venía practicando por entonces regularmente desde hacía más de siglo y medio. La obra está basada en gran parte en el Manuel du Naturaliste Préparateur (1825) de Pierre Boitard, a quien cita en un par de ocasiones.

"Taller de un disecador" (1870), pintura de Fritz Werner.

Atelier eines Ausstopfers, en español Taller de un disecador, también conocida como Der Präparator, El Taxidermista, obra de 1870 del pintor alemán Fritz Werner, nos muestra el espacio de trabajo de un disecador en plena tarea de montaje de un ibis escarlata, que comparte protagonismo con un segundo personaje, probablemente un cliente que acude a recoger su encargo, que sostiene un ave rapaz. En el suelo, al lado de un par de jaulas vacías, un montón de pájaros muertos o pieles -de flamenco, de un tucán,...- esperando su turno. También sobre el piso una corneja, un cesto con pájaros de vivos colores y un par de plumas del ibis. Sobre las dos mesas abundan los tarros de vidrio con especímenes sumergidos en alcohol. En la de trabajo, situada ante una ventana, además algunas herramientas básicas, un cuerpo de estopa y el recipiente continente de la mezcla conservante. En la accesoria del rincón, algunas cajas de las que sobresalen huesos. Un cráneo de jabalí en la pared. A la izquierda un armario y al fondo, sobre la puerta entreabierta que da acceso a una habitación con repisas en las que se alinean especímenes disecados, un reloj y un relieve en yeso representando un mamífero.

Atelier eines Ausstopfers (1870) de Fritz Werner (1).