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Correspondencia de Ter Meer a Ignacio Bolívar, director del Museo de Madrid.


La carta, escrita en francés y dirigida al "señor director del Museo de Historia Natural de Madrid", está fechada en Leiden, Países Bajos, el 22 de abril de 1895: 

La fotografía que adjuntó Ter Meer a su carta (1).
   "Señor,
   Puesto que uno aspira hace ya tiempo en perfeccionar el arte de montar los animales y que los museos aprecian disponer de ejemplares bien montados en las colecciones, tengo el honor de comunicarle que acabo de lograr componer una masa petrificable, con la que puedo modelar los animales con los detalles más delicados de la musculatura.
   No es preciso recalcar que esta operación es de gran interés para la taxidermia.
   Es algo que no se puede alcanzar jamás montando los animales con heno, de paja, etc. Saber hacer un cuerpo compacto sobre el cual se colocan todas las formas originales, se consigue con esta invención.
   Adjunto una fotografía (1) de un joven orangután hembra montado por mí, representando la forma modelada sobre la cual la piel todavía no se colocado.
   En el Museo de historia natural de Leiden hay un grupo de búfalos (macho, hembra y joven) trabajados con este novedoso método.
   Si mi trabajo le interesa y estuviera interesado en enviarme objetos para montar para su museo me sería agradable corresponderle.
   Agradezca señor los humildes respetos de su servidor
                                                       H. H. ter Meer júnior.
                                       Preparador en el Museo de Historia Natural de Leiden."
 

Carta de Ter Meer a Benedito. Efectos de una crisis económica.


Como hemos tenido ocasión de comprobar con frecuencia aquí en Taxidermidades al abordar biografías de taxidermistas, los hemos conocido exitosos económicamente, pocos;  privados, con su fase ascendente incluidos traslados a locales más amplios y céntricos, y descendente, replegándose; a tiempo parcial, compatibilizando su afición con otros trabajos; de museo, con sueldos de funcionario; o pluriempleados, en nómina de un museo y a la vez con taller propio. Entre estos últimos se encuentra nuestro protagonista.
 
 
Carta de Herman H. ter Meer a Luis Benedito Vives (1).

 
El documento no está fechado pero su contenido nos permite acotarlo. Se trata de una carta del conocido taxidermista dermoplástico Herman Hendrikus ter Meer, empleado en el Museo del Instituto Zoológico de la Universidad de Leipzig, a su discípulo Luis Benedito Vives, del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Ambos se comunicaban en francés. Benedito se encontraba en el trance de montar la piel del elefante africano del Museo y mandó un dibujo a su maestro para que éste le certificara si algunas medidas eran factibles o precisas. Aquel esbozo retornó a Madrid y en el reverso Ter Meer escribió lo siguiente:   

Postales del Museo de Ciencias Naturales de Madrid.


Como casi todos los museos el de Ciencias Naturales de Madrid editó tarjetas postales,  económicos testimonios de una visita cultural. Aunque ya en desuso las postales tuvieron su época dorada entre mediados de los siglos XIX y XX. En la actualidad cumplen además otra función, la testimonial.
 
 
Tarjetas de alrededor de 1913-14.

"Naturalezas recreadas". Catálogo de la exposición de homenaje a los Benedito.

Cubierta del catálogo (1).
Hasta junio de 2020 se podrá visitar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN) la exposición Naturalezas recreadas. La obra taxidérmica de los hermanos Benedito, de homenaje a José María y Luis Benedito Vives, destacados taxidermistas que ejercieron en el Museo.

Con dicho motivo se ha editado el catálogo de la misma, libro cuidadosamente editado, de 190 páginas, coordinado por Cristina Cánovas Fernández, vicedirectora de Exposiciones del MNCN. Acompañado de ilustraciones en color, el volumen aborda el papel de la Taxidermia, su contribución a la Ciencia, el papel de las colecciones zoológicas taxidermizadas en la historia del Museo, detalles biográficos de los Benedito, su legado, y el acercamiento a algunas de sus obras que permanecen expuestas.

Exposición de homenaje a los Benedito en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid.


Objetos recreando el taller de los hermanos Benedito (1).


De octubre de 2019 hasta junio de 2020 permanecerá abierta la exposición Naturalezas recreadas. La obra taxidérmica de los hermanos Benedito, con la que el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid rinde homenaje a José María y Luis Benedito Vives, taxidermistas que ejercieron parte de su actividad en la institución. El visitante podrá admirar, además de ejemplares y grupos biológicos realizados con rigor científico, imágenes, esculturas de escayola y bronce y documentos personales. La exposición está repartida en dos plantas del edificio de Biodiversidad y dividida en ámbitos como ¿Qué es la Taxidermia?, Los Benedito, El taller de Taxidermia, Educación y conservación o El legado. Las obras expuestas son las del fondo del propio Museo, pero cabe destacar que para esta ocasión se ha reconstruido un grupo de flamencos que data de los años cuarenta.

"El taxidermista, el duque y el elefante del museo", un álbum de Ximena Maier.

La dibujante Ximena Maier acaba de publicar El taxidermista, el duque y el elefante del museo (Editorial Nido de Ratones), un álbum que recoge la historia del montaje del elefante africano disecado del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) de Madrid.


El elefante rodeado de visitantes. Ilustración del álbum (1).

Edith Dietze ter Meer, la "sobrinita" holandesa de Luis Benedito.


Edith posa sobre una escultura de su padre (1).


 
En el reverso de la fotografía su protagonista, bastantes años más tarde, escribiría a lápiz:
   "Edith Dietze (con 11 años)
Leipzig ca. 1915.
Encima de una morsa dermoplástica (2) (todavía sin piel)
de H. H. ter Meer
en su estudio."

Testimonio de agradecimiento de Luis Benedito a Ter Meer por su hospitalidad.

 "Si tuviera que expresar todo el sentimiento de admiración, gratitud y cariño que guarda mi alma por la noble y hospitalaria familia del Señor Ter Meer podría llenar este libro elogiando, sincera y justamente, su elevada caballerosidad y su exquisita cortesía. Pero mi profundo agradecimiento llegaría al egoísmo, si, al escribir más de lo que discretamente debo, privara del derecho a los que detrás de mí podrán, también, dar fe de la generosidad de sentimientos y del espíritu delicado y culto de esta hidalga familia.
   Cinco meses he vivido en este hogar de harmonía y de felicidad. Las bondades y las atenciones con que aquí me distinguieron han sido tantos y tan delicados, que llegaron a no hacerme sentir la nostalgia de mi Patria, ni el sufrimiento que siempre me produjo el estar separado de los míos.
   A la virtuosa y distinguida Señora de Ter Meer, ejemplo de esposa buena y de madre celosa y tierna, todo mi respeto e intenso reconocimiento por los solícitos y maternales cuidados que tuvo con este impertinente huésped.
  
Agradecimiento manuscrito de Luis Benedito a la familia Ter Meer (1).

El taller de Taxidermia del Museo de Madrid en 1928. Fotografías inéditas.

José Maria Benedito Vives fue nombrado en enero de 1907 disecador jefe interino del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Pocos meses más tarde se convocó la oposición para adjudicar la plaza que ocupaba y a la que aspiraba, además del propio Benedito, el médico y taxidermista andorrano residente en Barcelona  Pau Xavier d'Areny-Plandolit Plandolit, aunque este finalmente decidió no presentarse al concurso. Alrededor de un par de años después José María Benedito promovió que el Museo incorporara a su taller de Taxidermia a su hermano menor, Luis Benedito, que se especializaría en mamíferos.

La siguientes fotografías, placas de vidrio sin datar e inéditas, rescatadas recientemente por el Archivo Nacional de Andorra, se atribuyen precisamente a Ramon d'Areny-Plandolit Gassó, hijo de Pau Xavier d'Areny-Plandolit, un aficionado a la fotografía que posiblemente acompañara a su padre en un viaje a Madrid. La época en que fueron tomadas, los años veinte, justo coincide con la década en que Pau Xavier d'Areny-Plandolit hace un paréntesis en su faceta como taxidermista.


El taller de Taxidermia de Luis Benedito  en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (1).

El elefante africano del Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

El elefante en la actualidad (1).

Como la mayoría de sus congéneres naturalizados pronto se convertiría en el símbolo de su museo. El elefante africano del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid fue abatido el 11 de marzo de 1913 en Serk Jack, Bor, Nilo Blanco, Sudán, por Jacobo Stuart-Fitz-James Falcó, duque de Alba. El cazador se reservó los colmillos, pero decidió donar la piel del paquidermo al Museo de Ciencias Naturales, institución de la que era patrono, con el propósito de que fuera montado y exhibido.

Felicitación navideña de José Luis Benedito López.

Durante la Navidades de 1964 José Luis Benedito López envió a sus clientes y amistades la felicitación de la derecha. En el anverso de esta tarjeta troquelada aparecen la fotografía de un águila culebrera disecada con las alas plegadas, posada sobre una roca artificial, un montaje firmado y datado en aquel mismo año; las felicitaciones impresas; y la firma a bolígrafo del taxidermista. En el reverso, el texto manuscrito a pluma "José Luis Benedito, Juan Pérez Zúñiga, 38, Madrid-17".

Miembro de la saga, Benedito López (1931-1998) fue nieto del taxidermista valenciano José María Benedito Mendoza (?-1899), hijo de Luis Benedito Vives (1885-1955), sobrino de José María Benedito Vives (1873-1952), ambos empleados en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, y padre de José Luis Benedito Bruñó (1959-2011). A la muerte de su padre, José Luis Benedito López se hizo cargo del negocio familiar y su trabajo más destacable fueron los dioramas que realizó para el Museo de la Caza del Palacio de Riofrío (Segovia).

"Verdejo, el toro de Veragua", de Luis Benedito Vives.



   "Todas estas operaciones se acaban de realizar con un ejemplar magnífico que estos días ha quedado expuesto en las vitrinas del Museo madrileño. Nos referimos a un toro, un hermoso toro, espléndidamente regalado por el señor duque de Veragua (1). Supo este ilustre ganadero que en el Museo Británico de Londres se exhibía un ejemplar de toro de lidia español y se apresuró a ofrecer a nuestro Museo espontáneamente uno de su ganadería. No pudo el duque ver realizado su propósito, porque le sorprendió la muerte; pero, enterado su hijo, el actual duque, ratificó el ofrecimiento, y, puesto de acuerdo con el director del Museo, se convino en que el jefe del Laboratorio de Taxidermia, con personal a sus órdenes, fuera a la dehesa a hacerse cargo del animal.
   Previamente se hicieron fotografías de Verdejo, que así se llamaba la res, y un boceto de barro, para que estos elementos sirvieran de base de estudio para el montaje. Luego, el mayoral de la vacada mató a Verdejo de un certero balazo en el codillo, procediéndose a quitarle la piel allí mismo.
   Puede decirse que Verdejo ha sido un toro afortunado, pues su figura atraerá las miradas de muchísimas personas y será admirado sin haber padecido el suplicio que a los toros de lidia se les impone en la plaza."

El Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.


Fachada del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (1).


El Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN) tiene su origen en los fondos cedidos a la corona española en 1771 por el comerciante español residente en París Pedro Franco Dávila. Aquella colección, compuesta por una biblioteca y miles de especímenes de minerales, plantas, y animales, además de piedras bezoar, objetos artísticos, medallas y cuadros de célebres pintores, entre otros, dio origen al año siguiente a la creación por el rey Carlos III del Real Gabinete de Historia Natural. El donante, Franco Dávila, sería nombrado director vitalicio con un sueldo anual de 1.000 doblones sencillos. El Gabinete, que se instaló en 1773 en el segundo piso del Palacio de Goyeneche, en el número 13 de la calle de Alcalá, edificio compartido con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, abrió al público en 1776.

La Taxidermia visita otros museos.

Es un hecho que se ha repetido en los últimos meses, la Taxidermia ha tenido entrada en museos distintos de los de Ciencias Naturales, lugares estos últimos en los que tradicional y naturalmente ha estado presente.

El toro de Veragua de Luis Benedito junto al Rapto de Europa de Rubens (1).

"En la piel de un animal" de Santiago Aragón.


Sobrecubierta del libro.
La lectura de En la piel de un animal. El Museo Nacional de Ciencias Naturales y sus colecciones de Taxidermia, libro de reciente aparición escrito por Santiago Aragón, nos acerca a la historia del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, uno de los grandes y más longevos museos de Historia Natural del mundo y, sin duda, uno de los más desatendidos. La obra, que abarca desde su fundación como Real Gabinete en 1771 hasta el final de la Guerra Civil, escoge como testimonio la colección de taxidermia para trazar un relato que nos conduce desde la adquisición por el rey Carlos III del gabinete del comerciante español residente en París Pedro Franco Dávila, que se convertiría en su primer director, al periplo de sus colecciones, que pasaron de un segundo piso del Palacio de Goyeneche de la calle de Alcalá, al Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales, la actual Biblioteca Nacional, en 1895 -tras un desahucio decretado por el Ministerio de Hacienda-, hasta su actual ubicación del Paseo de la Castellana, que lo es desde 1910. Obligado desalojo, el de 1895, que condenó a clausurar el museo durante seis años y a almacenar sus colecciones en salas inadecuadas e insufucientes. Triste recorrido, el de miles de especímenes disecados, que incluso llegaron a soñar en un primer momento con instalarse en el Museo del Prado, encargado por Carlos III en 1785 a Juan de Villanueva, precisamente con el propósito de albergarlos, edificio que, no obstante, desde su inauguración sería destinado a pinacoteca.
 
   "La siempre difícil combinación de instrucción y recreo, de educación y diversión, ha tenido históricamente en la taxidermia una de sus más cultivadas vías. Y el modo en que el desarrollo y la evolución de las técnicas taxidérmicas se han influido mutuamente con el desenvolvimiento de las ideas y modelos científicos, y con la propia reconfiguración cultural e institucional de los museos, es algo que el lector inteligente podrá ir descubriendo en las páginas que siguen."
                                                Fragmento del prólogo del libro a cargo de Santos Casado.

La reunión de los "Artistas Dermoplásticos" del año 1933 en Berlín.


Philipp Leopold Martin, considerado como uno de los iniciadores de la dermoplastia moderna, se instruyó de niño con el libro Taxidermie oder die Lehre Thiere aller Klassen am einfachsten und zweckmässigsten für Kabinette auszustopfen und aufzubewahren, praktisch bearbeitet (Taxidermia o enseñanza del disecado de toda clase de animales y mantenimiento de colecciones de Historia Natural, de una manera práctica y sencilla), publicado en 1815 por el ornitólogo Johann Friedrich Naumann. El libro de Naumann instruía de acuerdo con los usos de la época, rellenando los pequeños mamíferos con la ayuda de una baqueta para atacar el material de relleno hasta el último rincón de la piel, o fabricando un cuerpo articial para los de mayor tamaño. Al final del segundo capítulo aludía a los "nuevos sistemas de montaje" que se practicaban en el Museo de Berlín, utilizando un tablero central de madera donde se encajaban unos aros, también de madera, que iban dando forma al animal (1). Sin saberlo, Naumann empezó a dar a conocer la técnica que más tarde se llamaría Dermoplastia y que Martin difundió con mayor éxito bastante más tarde, a partir de 1870, fecha de la publicación de su Dermoplastik und Museologie oder das Modelliren der Thiere und das Aufstellen und Erhalten von Naturaliensammlungen (Dermoplastia y Museología, o el modelado de animales, y la creación y mantenimiento de las colecciones de animales).  
 

Parte de los asistentes a la reunión (2).

El Grupo de Abejarucos, obra de José María Benedito Vives.

En la visita a un museo de ciencias naturales suelen llamarnos más la atención los grandes montajes o la presencia del gran mamífero disecado que parece presidir una estancia. Es inevitable. Es fácilmente apreciable cuando nos detenemos a observar la circulación de los visitantes por las salas. Pero de esa tendencia natural, los que nos dedicamos a practicar la taxidermia tampoco escapamos. Quizá por ello haya preferido fijarme, en esta ocasión, en un grupo de aves que, aunque bastante conocido, merece su espacio. Se trata del Grupo de Abejarucos (Merops apiaster) que José María Benedito Vives realizó para el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid y del que, lamentablemente, no se dispone de mucha información.

Grupo de Abejarucos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (1).

La familia Benedito: saga de taxidermistas.


La familia Benedito ha sido, sin lugar a dudas, una de las sagas de taxidermistas más conocidas de España. El iniciador fue José Maria Benedito Mendoza (Valencia, ?-1899), taxidermista establecido en Valencia a finales del siglo XIX, en la calle Corregería, 24. Al igual que en otras grandes ciudades, como París (Verreaux, Deyrolle, Dreyfus, Lassalle...), Londres (Ward), o la más cercana Barcelona (Darder), su negocio surtía de objetos de Historia Natural a coleccionistas e instituciones de enseñanza. Además de ejercer como comerciante y taxidermista por encargo, fue Preparador del Gabinete de Historia Natural de la Universidad de Valencia, plaza dotada con un sueldo de 8.000 reales al año. Su especialidad eran las aves acuáticas y, más tarde, las cabezas de toro que le encargaban los toreros de la época. De su trabajo se conservan unos treinta ejemplares que se exponen en el Museo de Historia Natural de la Universitat de Valencia (1). Falleció repentinamente de un ataque cerebral a los 53 años. Dejó esposa y siete hijos, todos ellos menores de 25 años, entre los que se encontraban sus continuadores, José Maria y Luis.
 

Los hermanos Benedito con sus ayudantes en el Laboratorio de Taxidermia del Museo, en 1914 (2).

 
José María Benedito Vives (Valencia, 1873-Madrid, 1952), el primogénito, trabajaba de contable y ayudaba en sus horas libres a su padre. Tras el fallecimiento de este, abandonó su trabajo y se puso al frente del negocio familiar. En 1905, gracias a la mediación de un ingeniero agronónomo de la Casa Real, valenciano como él, recibió el nombramiento de Proveedor Real y Naturalista-Disecador del rey Alfonso XIII. A partir de ahí, gracias a la mediación de otro amigo, el ministro de Fomento, y a la amistad de este con Ignacio Bolívar, director del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, en 1907 José María Benedito obtuvo la plaza de Disecador del Laboratorio de Taxidermia del museo. José María Benedito Vives empezó a trabajar en el Museo de Ciencias de Madrid en 1907.Al año siguiente, la familia Benedito se traslada al completo a Madrid, abriendo un nuevo taller de Taxidermia en la calle Ramón de la Cruz, número 12. El joven Luis Benedito Vives (Valencia, 1885-Madrid, 1955) se incorpora al trabajo del taller. A mediados de 1911 al menor de los hermanos le sería concedida una beca de estudios de 350 pesetas mensuales más los gastos de viaje y matrículas. Bolívar hacia años había mantenido contactos con Herman H. ter Meer (3) un taxidermista del Museo de Leiden, Países Bajos, que había dado a conocer su técnica a numerosos museos de todo el mundo, también al de Madrid. En junio de 1911 Luis se traslada al Museo de Leiden, Países Bajos, y a finales de agosto a Leipzig, Alemania, donde ejercía Ter Meer desde 1907, y allí permanecerá durante cinco meses convirtiéndose en uno más de los discípulos que formaría el maestro holandés.
 

Un estreno de cine: "El elefante del rey".


Durante el año 2003 se rodó el mediometraje (30 min.) titulado El elefante del rey, dirigido por Víctor García León y con actores como Juan Echanove, Leonor Watling, Juan Antonio Sanjuán, y con la participación de David Trueba o Gonzálo Suárez, entre otros.

Fotograma de El Elefante del rey.

El coprotagonista de la historia, el taxidermista del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, Benito de Oroquieta, toma prestado el apellido de una conocida saga de taxidermistas españoles, los Benedito. Precisamente fue Luis Benedito quien preparó el elefante del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid cazado en el "África oriental inglesa" y donado al Museo por Jacobo Fitz-James Stuart, duque de Alba.