El elefante africano del Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

El elefante en la actualidad (1).

Como la mayoría de sus congéneres naturalizados pronto se convertiría en el símbolo de su museo. El elefante africano del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid fue abatido el 11 de marzo de 1913 en Serk Jack, Bor, Nilo Blanco, Sudán, por Jacobo Stuart-Fitz-James Falcó, duque de Alba. El cazador se reservó los colmillos, pero decidió donar la piel del paquidermo al Museo de Ciencias Naturales, institución de la que era patrono, con el propósito de que fuera montado y exhibido.

El duque de Alba a la derecha, observando el elefante (2).

El animal fue desollado por indígenas que salaron la piel, la secaron y la plegaron formando un enorme fardo de unos 600 kilos de peso. No se guardó el cráneo. La piel llegó a Madrid, procedente de Inglaterra donde se desembarcó, el 10 de septiembre de aquel mismo año. Un par de meses más tarde, el 15 de noviembre, Luis Benedito Vives recib las fotografías del elefante que el duque le había prometido.

Empleados y operarios posan junto a la piel seca.
Recientemente, en 1910, el Museo se había trasladado desde su anterior sede de la planta baja del Palacio de Biblioteca y Museos del Paseo de Recoletos, y Luis Benedito, que se había incorporado al taller de disecación del Museo en 1911, había regresado hacía poco más de un año de su estadía en Leiden, Países Bajos, y Leipzig, Alemania, becado por el propio Museo para aprender la técnica dermoplástica moderna con el taxidermista Herman H. ter Meer. Luis Benedito pronto se especializaría en mamíferos, mientras que su hermano mayor José María, que ya ejercía como jefe del laboratorio de Taxidermia, se dedicaría mayormente a las aves.

La escasez presupuestaria del Museo -una constante en su historia- y la inexistencia de un espacio físico donde montarla obligaría a almacenar sine die la piel del elefante en el sótano del edificio. El tiempo iba pasando y el duque se intranqulizaba. Se dudó de la capacidad de Luis Benedito para montar la piel, e incluso el donante llegó a proponer enviarla a Londres para que, a su cargo, fuera montada por Rowland Ward. Benedito insistió no obstante en su propósito de realizar aquel trabajo, pero no será hasta diez años después cuando, aprovechando las obras del Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico, se decidirá que se monte allí.

La piel curtida.
"El 5 de noviembre de 1923: se sube la piel que está doblada en los sótanos del Museo". Luis Benedito irá anotando los detalles del proceso en un diario que en la actualidad se conserva en el Archivo del Museo de Ciencias Naturales. Para cargar y descargar la piel durante el traslado al Jardín Botánico se requirieron diez hombres y se contrató un medio de transporte. Para sumergir y reblandecer el cuero se construyó ex profeso una piscina de ladrillo de 2'26 por 3'28 metros. Se precisarían algunas semanas renovando la solución de agua y sal para conseguir reblandecer la piel, lo que permitía que pudiera ir siendo rebajada. A los últimos baños se les añadía alumbre de roca (3) para que actuara como curtiente. Algún cronista escribió que en algunas zonas la piel tenía un grosor de 10 centímetros, que se extraía y se volvía a introducir en la pila "a fuerza de brazos" y que en cada operación colaboraban entre seis y diez hombres. En el proceso, que duró dos meses, se consumieron unos 1.100 kilos de sal y unos 600 de alumbre de roca en polvo.

Luis Benedito modelando la maqueta en arcilla.
Al reto de semejante montaje se añadieron algunos imprevistos ajenos que lo dificultaron. Benedito trabajaba en un entorno en obras, y en breve estas se paralizalizarían por falta de presupuesto. Además el local estaba sin techar. El impaciente duque, deseoso de ver su elefante terminado, visitó al taxidermista y se ofreció para interceder ante el Ministerio y solicitar que las obras  se reanudasen. El 24 de junio de 1924 Luis Benedito escribe en su diario que "nada concreto se sabe de cuándo se reanudarán dichas obras y menos de cuándo quedarán terminadas". En julio se reemprenderían.

Benedito, a la derecha, y sus ayudantes.

Presentación del cráneo envuelto en tela metálica.
La piel, que una vez curtida se extendió sobre una pradera -tenía una superficie de 37 metros cuadrados-, presentaba señales de lanceamiento después de haber sido derribado el animal. También algunos rasguños y desgarros producidos durante el desollado. Aunque la mayor dificultad de dicha naturalización estribaba en montar la piel sin referencias, sin ningún hueso, tampoco el cráneo. Benedito propuso a Ignacio de Bolívar, director del Museo, trasladarse a Londres para hacerse con las medidas y proporciones de la especie, pero no se le autorizó el viaje. El Museo no disponía de ningún esqueleto de elefante africano y Benedito se tuvo que conformar reuniendo fotografías y grabados "de ejemplares vivos en variadísimas actitudes y diferentes puntos de vista". Escribió además a su maestro en Leipzig, Hermann H. ter Meer, para que le asesorara y le proporcionara las medidas de un elefante africano. La respuesta de ter Meer fue inmediata. Le envió un dibujo con las medidas exactas del esqueleto de un elefante hembra, modelos reducidos de una pelvis y parte de un cráneo sin colmillos, algunas "advertencias y consejos útiles", y un libro de fotografías. Y de nuevo el montaje se vería interrumpido a causa de las obras de la cubierta del pabellón donde trabajaba el taxidermista.

Presentando el cráneo en la incipiente estructura.
Cuando se decidió en qué postura se montaría, Luis Benedito modeló una escultura de arcilla a escala. A continuación dibujó en papel y sobre una pared la silueta a tamaño natural del elefante. Modeló asimismo una cabeza a tamaño natural con el cráneo que le envió ter Meer, tela metálica y arcilla, de la que extrajo un molde y sacó una copia en escayola. El armazón del animal, que Benedito escribía que debía ser "sólido y seguro", fue construido de madera, con refuerzo de hierro en las patas, todo ello recubierto con tela metálica. Se empleó arpillera rebozada en escayola para cubrir la tela metálica con una primera capa, sobre la que se aplicó una segunda para modelar con detalle los recovecos y pliegues de la piel. Fueron 3.450 los kilos de escayola empleados. La escultura de yeso del animal completo impresionaba por su exactitud y detalle. Los duración de los trabajos se prolongaría debido a que la falta de estufas obligaba a suspenderlos durante el riguroso invierno.

La estructura soportando la cabeza modelada (4).
Entre mayo y junio de 1928 la piel del elefante se colocó sobre su escultura, se cosió y se fijó empleando para ello unos 77.000 alfileres. Una vez seca, se retiraron estos, se repasaron las imperfecciones y se coloreó. Benedito dio el elefante por terminado en 1930. Sólo quedaba su traslado al Museo. 






La piel recién colocada sobre la escultura (5).

En una entrevista publicada en junio de 1928 Bolívar había afirmado que "lo que no sabemos es cómo lo vamos a traer". A mediados de octubre de 1930, montado en su estructura de madera, a la que se añadieron ruedas, tirado por un tractor, y convenientemente protegido el contorno de la escultura, salió por el ventanal desmotado de la sala, justo el del lado derecho de la puerta del pabellón Villanueva. Incluso se temió que debido a la altura del montaje, 3'75 metros, hubiera sido necesario demolerlo en parte.

El elefante en los jardines del Jardín Botánico expuesto para ser fotografiado (6).
El traslado por las calles de Madrid.

En los jardines del Botánico se fotografió simulando estar vivo. También se tomaron instantáneas de Benedito y sus ayudantes con su obra. En su viaje de cinco kilómetros a través del Paseo del Prado, Plaza de Cibeles, Paseo de Recoletos y Plaza de Colón, el elefante estuvo acompañado por una decena de operarios y multitud de curiosos. Durante el trayecto se tomaron numerosas fotografías. El paquidermo se instaló finalmente en la sala principal del Museo de Ciencias Naturales. Los gastos totales, incluido el traslado, ascendieron a 9.834'10 pesetas.

Curiosos rodean al elefante antes de su entrada en el Museo (7).

Desconocedor de que los órganos sexuales del elefante eran internos, Benedito solamente cometió un error, los modeló dejándolos a la vista. Durante décadas de exposición el ejemplar ha sufrido la falta de condiciones óptimas. Los cambios de temperatura y de humedad provocaron daños en la piel que obligaron a restaurarlo. Se cuenta que incluso en una ocasión un bedel bromeando se colgó de los colmillos artificiales de madera, quebrándolos.

Postal del Museo de los años treinta (8).



Vídeo del MNCN "Montaje y traslado del elefante africano" (2016, 5'37"):



Notas y créditos.-
(1) Fotografía de Tiia Monto/Wikimedia Commons.
(2) Esta y el resto de fotografías, salvo las indicadas, se conservan en el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.
(3) Sulfato de aluminio y potasio.
(4) Fotografía publicada en la revista Madrid Científico.
(5) Imagen publicada en la revista Nuevo Mundo.
(6) Fotografía publicada en Madrid Científico.
(7) Fotografía publicada en la revista Blanco y Negro.
(8) Como el lector podrá comprobar, la imagen del elefante de la postal corresponde a la fotografía, retocada, que se le tomó en los jardines del Botánico.


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Taxidermidades, 2017. 


Bibliografía:
--- Madrid, un donativo espléndido , en Blanco y Negro, Madrid, 19 de octubre de 1930.
Eugenio Morales Agacino  El elefante del Museo de Ciencias Naturales , en Madrid Científico, nº 1350, Madrid, 1934.
H. de la Peña  En el Museo de Ciencias Naturales. Las grandes riquezas que guarda el Museo están expuestas a perderse , en Nuevo Mundo, Madrid, 1 de junio de 1928.
Maria José Rubio Aragonés  Familia Benedito. Un siglo de Taxidermia y Arte en Caza , Instirución Ferial de Badajoz/Ayuntamiento de Badajoz, Badajoz, septiembre de 2001.
Maria del Carmen Velasco Pérez  Un elefante pasea por Madrid , en Madrid Histórico, nº 12, Ediciones La Librería,  Madrid, 2007.

Recursos:
Artículo El Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid en Taxidermidades.
Artículo El elefante indio del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid en Taxidermidades.
Artículo La familia Benedito: saga de taxidermistas en Taxidermidades.
Artículo El taller de Taxidermia del Museo de Madrid en 1928. Imágenes inéditas en Taxidermidades. 
Artículo Hermann H. ter Meer, el dermoplástico más reconocido en Taxidermidades. 
Artículo Exposición de homenaje a los Benedito en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid en Taxidermidades. 
Artículo "Naturalezas recreadas". Catálogo de la exposición de homenaje a los Benedito en Taxidermidades.
Artículo "El taxidermista, el duque y el elefante del museo", un álbum de Ximena Maier en Taxidermidades. 
Artículo "Verdejo, el toro de Veragua", de Luis Benedito Vives en Taxidermidades.
Artículo Testimonio de agradecimiento de Luis Benedito a Ter Meer por su hospitalidad en Taxidermidades.
Artículo "En la piel de un animal" de Santiago Aragón en Taxidermidades, sobre la historia del MNCN y sus colecciones de Taxidermia.
Artículo Un estreno de cine: "El elefante del rey" en Taxidermidades.
Artículo La historia del elefante "Solimán" en Taxidermidades.