Henry A. Ward. El "Ward's Natural Science Establishment", semillero de taxidermistas.

Henry Augustus Ward.
Henry Augustus Ward nació en 1834 en Rochester, Nueva York, Estados Unidos, en el seno de una familia acomodada. Tenía una hermana seis años mayor. En la biografía que escribió su nieto Roswell Howell Ward, éste contaba que su abuelo Henry comenzó a leer la Biblia con tan sólo tres años, que tenía una memoria privilegiada, y que a tan temprana edad comenzó a coleccionar minerales. Su interés por la Historia Natural le facilitó que, con tan sólo diez años de edad, el profesor Chester Dewey le permitira participar en las excursiones campestres con los estudiantes de la escuela secundaria de Rochester. Incluso en una ocasión llevó a la escuela un fósil que encontró. Cuando tenía doce años su padre abandonó el domicilio familiar y con quince años Henry ingresaría en la Middlebury Academy de Wyoming, Nueva York, para continuar su formación, rechazando así de plano los deseos de su beata madre que pretendía que estudiase para sacerdote. Dos años después Dewey, su mentor, convencería al abuelo de Ward para que le pagara los estudios en el Williams College de Williamstown, Massachusetts. Allí estudió Geología y Paleontología, una ciencia que colisionaba con las creencias religiosas familiares, aunque no tardaría mucho tiempo en abandonar las aulas y trasladarse a Chicago. Hizo el camino en buena parte a pie, aprovechando para visitar las minas de plomo de Galena, Illinois. Un tío suyo consiguió que Ward ingresara en la Temple Hill Academy de Geneseo, Nueva York, donde proseguiría sus estudios de Geología y donde se amistó con Charles Wadsworht, hijo del entonces comerciante de trigo, político y, más tarde durante la Guerra Civil, general James Samuel Wadsworth, un filántropo aficionado a recolectar minerales. Ward clasificó una colección de minerales que el padre de su amigo decidió donar a la Academia. Aquello le valió para que, por cuenta del general, explorara y recogiera rocas junto a su amigo Charles desde el río San Lorenzo hasta la región canadiense de Maritimes.

De vuelta a Geneseo a Ward le llegó la noticia de que Louis Agassiz se disponía a visitar Rochester. Ward caminó casi cincuenta kilómetros para mostrarle al prestigioso naturalista el cañón de Genesee y las montañas Pinnacle. Agradecido, Agassiz, profesor de Zoología y Geología en Harvard, invitó a Ward a estudiar en su universidad. Durante aquella estancia menudearon las jornadas maratonianas de estudio. Patrocinado de nuevo por James S. Wadsworth, Ward y su amigo Charles viajaron en 1854 a París para una estancia de un año en la Escuela Francesa de Minas. Allí asistió a clases en el Jardin de Plantas y en la Universidad de la Sorbona. El delicado estado de salud de su amigo, que recomendaba un clima más suave, propició que ambos se trasladaran a Egipto, ascendieran el Nilo, y visitaran Palestina. Regresaron a París ocho meses más tarde. Ward frecuentó los reconocidos comercios de objetos de Historia Natural de la ciudad con el propósito de adquirir e intercambiar piezas, lo que a la vez le permitió descubrir el lucrativo negocio de compraventa de especímenes y establecer una red de contactos que años más tarde se convertirían en sus proveedores, como las casas Verreaux y Deyrolle. De hecho, parte de su estancia en Europa se la autofinanciaría a partir de 1855 comprando y vendiedo fósiles. El resto de sus ingresos provenían de su familia, sobre todo de su tío Levi A. Ward. Inclusó llegó a planear dar la vuelta al mundo pagándose el viaje con sus compraventas. En el otoño de 1857, con veintitrés años y financiado por el mecenas George Peabody de Boston, Ward se trasladó hasta Moscú y San Petersburgo para participar en excavaciones geológicas, y donde pudo admirar los restos de un mamut siberiano y una colección de meteoritos. Durante su estancia europea aprovechó para visitar las universidades alemanas de Munich y Freiberg, pero la economía se agotaba. Durante su periplo por el viejo continente visitó más de ochenta colecciones públicas y privadas. 

A principios de 1860 Ward decidió volver a casa tras recibir un ultimátum de su tío. Por entonces había enviado a Rochester casi noventa cajas con especímenes y debía a la familia 4.350 dólares. Perdió un barco a La Habana y no tuvo más remedio que tomar otro que bordeaba la costa occidental africana. Ward aprovechó para recoger objetos y explorar el río Gambia y la isla de Fernando Poo. Cuando se encontraba a bordo de un barco con la intención de remontar el río Niger contrajo la viruela y el capitán de la nave, temeroso del contagio, lo abandonó en un playa de Fernando Poo junto a sus pertenencias. Semiinconsciente, muy débil, y rodeado de indígenas que pretendían repartirse el botín, Ward fue rescatado por una nativa que había aprendido francés en una misión. Ella lo cuidó hasta que sanó e incluso le propuso formar una familia, unos planes que actuaron como un resorte para que Ward se apresurara a tomar un primer barco con destino a Madeira y luego otro a La Habana. La importancia del Ward's en la historia de la Taxidermia radica en el grupo de talentos que reunió y que contribuyeron decisivamente además al éxito de la empresa.De nuevo en Rochester, tendría el detalle de enviar a su enfermera africana una caja llena de obsequios como señal de agradecimiento. Gracias a un préstamo de su abuelo, Henry A. Ward se aprestó en organizar su propia colección de Historia Natural. En 1860 se casó con Phoebe Ann Howell, su novia del instituto con la que tendría dos hijos, Charles H. y Henry L., y una hija, Alice M. Aquel mismo año, con 27 años, y a instancias de Dewey, su protector y por entonces profesor universitario, comenzó a impartir clases de Ciencias Naturales en la Universidad de Rochester. Las clases de Ward, que se complementaban con salidas al campo, pronto disfrutaron de una excelente acogida. Su colección de minerales, rocas y moldes en yeso de fósiles, alcanzaba ya los 40.000 especímenes.  En 1862 Ward vendió por 20.000 dólares a la propia Universidad aquella primera colección y pidió a Martin Brewer Anderson, presidente de la institución, que la ubicara en un edificio aparte de nueva construcción y le concediera cinco años de tiempo para erigir el "mayor y mejor museo geológico de América", convencido como estaba de que el gabinete universitario contribuiría a que el centro educativo alcanzara mayor reputación y atrajera un mayor número de estudiantes. Pero la Guerra de Secesión había estallado, los fondos escaseaban y a Anderson le irritaba que el profesor Ward no cumpliera con sus obligaciones, "la reputación de un profesor se basa en la enseñanza, no por viajar o por traer bichos domésticos", le espetó. Para disgusto de Ward, su colección acabaría instalándose en el piso superior del Anderson Hall.

   "El lema de Ward fue Viam inveniam, aut faciam: 'Encontraremos un camino, o lo construiremos'"
                                                                                         Frederic Augustus Lucas.

Con los beneficios obtenidos por aquella primera venta Henry A. Ward fundaría en 1862 el Henry A. Ward's Natural Science Establishment. Los dirigentes de la Universidad no obstante permitieron que Ward construyese un edificio de madera al norte del campus al que llamó Cosmos Hall, y pronto un segundo, el Chronos Hall, donde se exponían seleccionados especímenes geológicos y paleontológicos, y pronto también zoológicos, alrededor de 20.000. No hacía mucho que Charles Darwin había pubicado El origen de las Especies y la exposición de Ward, defensor de la Teoría de la Evolución, fue considerada por muchos como una herejía. En 1863 regresó a Europa para proveerse. Ward llegó incluso a jactarse de que durante aquel viaje, en el que había invertido 8.500 dólares, había "saqueado Europa". Tras aquel periplo en 1864 publicó Notices of the Megatherium Cuvieri, y en 1866 Descriptions of the Most Celebrated Fossil Animals in the Royal Museums of Europe. Entre los primeros encargos que recibió destacan la formación en 1864 de una colección geológica para el Vassar Female College de Poughkeepsie, Nueva York, y el diseño y contenido de un museo entero para la Universidad de Virginia. 

El inconstante Ward apenas impartía ya sus clases, absentismo que justificaba por su delicado estado de salud, aunque paradójicamente aquella mala salud no le impedía acometer sus expediciones. En 1865 dejó definitivamente su puesto de profesor. La empresa crecía y pronto se convirtió en el principal proveedor de objetos de Historia Natural de los Estados Unidos. Los pedidos de colecciones para gabinetes de centros de enseñanza iban en aumento. Los recién creados grandes museos, por su parte, precisaban también adquirir colecciones con las que llenar sus salas. Aprovechó incluso sus conocimientos geológicos para participar sin éxito junto a inversores en el negocio de las minas de oro. Llegó a establecer una colaboración de facto por la que la Universidad se servía de las instalaciones de Ward, y éste seleccionaba entre los estudiantes aprendices que se incorporaban a su empresa. 

En 1869 un incendio fortuito causado por una vela, cuando el propio Ward entró a un almacén a por algo de estopa con que rellenar algunas ardillas que pretendía disecar junto a su hijo Charles, arrasó casi por completo el negocio. De sus existencias valoradas en alrededor de 68.000 dólares, tan sólo se salvaron unos 15.000. Ward lo reconstru de inmediato al norte de College Avenue. A principios de 1871 el Ward's tenía tres edificios, el Cosmos Hall donde se encontraba el taller de Taxidermia y de preparación de esqueletos, el almacén de moldes de fósiles, y el taller de carpitería y a la vez almacén. A partir de aquella fecha Ward se volcaría por completo con su negocio, viajando por Norteamérica ofreciendo sus productos a museos y otras instituciones, y a Europa para obtener sujetos que revender y también para contratar algunos empleados. Aquellos primeros preparadores europeos, como se verá más adelante, formarían a la primera generación de grandes taxidermistas norteamericanos y convertirían al Ward's en la mayor y mejor tienda de Taxidermia del país.


Henry A. Ward junto a William Frederick Cody Buffalo Bill.

Ward participaría en enero de 1872 en las cacerías de bisontes organizada por William Frederick Cody y John Baker Omohundro, más conocidos como Buffalo Bill y Texas Jack, en Fort McPherson, Nebraska, y en Colorado Springs, Colorado, en honor del hermano del zar de Rusia, el gran duque Alekséi Aleksándrovich Románov. Las cabezas de los animales abatidos por el duque las prepararía Ward, que hizo el viaje de vuelta acompañado por Texas Jack. Poco después Buffalo Bill viajó también a Rochester, donde incluso se instalaría con su familia. Se cuenta que fue precisamente en casa de Henry A. Ward donde los dos exsoldados y cazadores idearon el espectáculo The Scouts of the Prairie, con el que en diciembre de 1872 debutaron en Chicago, iniciando así una carrera teatral que los llevó por todo el mundo.

   "Ward tenía la energía nerviosa de un motor eléctrico, la imaginación y la visión de un Napoleón, los tentáculos colectores de un pulpo y el equilibrio de un Chesterfield.  Amaba el dinero, pero sólo para poder gastarlo inmediatamente en viajes, trabajo y especímenes."
                                                                             William T. Hornaday.

Por su parte, la reputación de Ward como proveedor científico aumentaba cada vez más entre sus clientes, principalmente escuelas, universidades y museos. Su empresa quebró en dos ocasiones, en 1874 debido a otro incendio y en 1884, y se recuperó pronto gracias, más que a las dotes empresariales de Ward, al ambiente favorable a ese sector de negocio. En 1874 participó en la Exposición de Chicago con una pequeña muestra que tuvo tan buena acogida que le animaría a participar en la Exposición del Centenario de Filadelfia de 1876, donde conseguiría vender especímenes al Smithsonian de Washington y acordar su exposición y posible compra de otros ejemplares por parte del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, en plena expansión por aquellas fechas. En 1877 viajó de nuevo a Europa de donde volvió con el molde de un gigantesco mamut expuesto en Stuttgart. Su vuelta a Rochester con catorce vagones de tren llenos de especímenes le reportó una buena publicidad. Entre 1871 y 1882, sus mejores años, el Ward's pasó a tener, de tres a quince edificios, y de cinco a veintidós empleados. En 1884 la compañía estaba valorada en unos 85.000 dólares. Llamaba la atención de aquel conjunto de almacenes su entrada flanqueada por dos costillas de ballena, que se convertiría en seña de identidad hasta 1930. 

Una crónica publicada en The American Naturalist en 1873 nos describía el Ward's. Reproducimos un fragmento:
   "(...)
   Todo científico debe visitar la sede del profesor Ward en Rochester, Nueva York, y admirar la actividad de la colmena que ha construido a su alrededor. Visitamos Rochester en febrero con el único fin de examinar la  nueva industria. Encontramos varios grandes edificios además de cobertizos y patios dedicados a recibir, preparar y enviar especímenes. Hay doce hombres constantemente empleados como taxidermistas, osteólogos, moldeadores y carpinteros. Dos de los osteólogos los trajo del Jardín de Plantas de París donde habían trabajado durante mucho tiempo bajo la dirección de emenientes anatomistas. Los esqueletos y los cráneos aquí preparados son magníficos por su blancura y la elegancia de su montaje. En el edificio de la Universidad se encuentra el gabinete zoológico privado del Profesor Ward que contiene todos los géneros del reino animal. Todo cuidadosa y estrictamente etiquetado como colección educativa.
   El Cosmos Hall es un gran salón que contiene una gran y valiosa colección geológica particularmente rica en Ammonites, fósiles de sepias con sus glándulas de tinta aún conservadas, hermosos peces fósiles procedentes del Lias de Inglaterra y de Alemania, bellos saurios en placas como Icthyosaurus, Plesiosaurus o Teleosaurus, y también huesos de patas y otros restos como el remarcable Dinornis de Nueva Zelanda, el Mastodonte, y otros restos de mamíferos, así como el esqueleto casi completo del raro Glyptodonte, el gigantesco armadillo fósil.
   Al gran interés de esta colección se añade que contiene los ejemplares originales de muchos de sus moldes, que tienen un valor testimonial ahora que muchas instituciones también los poseen. Estos originales son interesantes y proporcionaran clase y carácter a cualquier gabinete geológico al que se incorporen. En esta sala también se pueden admirar mapas en relieve y varios modelos de importación geológica, muchos de ellos familiares a los profesores universitarios gracias a las descripciones y las cifras que aporta el catálogo ilustrado de Ward. En el momento de nuestra visita se confeccionaban una serie de moldes para la Universidad de Syracusa y un Megatherium para el Darmouth College. Un molde del esqueleto de este último se puede ver en el Salón Geológico de la Institucn Smithsonian en Washington, donde fue colocado por el profesor Ward y cuyas copias se encuentran en otros museos del mundo junto a otros ejemplares. Las series de moldes han sido inestimables en el avance del estudio de la geología, y su posesión ha sido tan importante para el instructor de esta disciplina como lo ha sido disponer del maniquí o el esqueleto para la enseñanza de la anatomía humana.
  
Anuncio de 1878 del Ward's en la revista The Educational Weekly.
   La sección zoológica del establecimiento del Profesor Ward nos ha interesado más. Aquí todo está a la misma escala. Para reunir esta colección, el Profesor Ward no solamente ha visitado lugares de este país y de Europa, Asia y África, sino que tiene corresponsales en todo el mundo y constantemente recibe de ellos el material más variado y raro. Mientras nos encontrábamos allí acababa de terminar la preparación de una jirafa de trece pies de altura y estaba desempaquetando cajas que contenían un alce de Nueva Escocia, un caribú de Maine, un oso de Pensilvania, un enorme tiburón peregrino de la costa atlántica, y del Profesor Agassiz una morsa, una pequeña ballena y una rara cabra montesa que se montarán para el museo de Cambridge.
   Un edificio está dedicado a la taxidermia. En la sala superior de este inmueble es una maravilla contemplar colgando del techo centenares de pieles incluyendo simios, monos, lobos, osos, hienas, leones, tigres, perezosos, osos hormigueros, armadillos, búfalos, ciervos, alces, jirafas, yaks, jabalíes y pecaríes, además de una extensa colección de animales como canguros, equidnas, vombátidos, diablillos de Tasmania, ornitorrincos, tilacinos y otras pieles raras. Algunos cocodrilos enormes, tortugas, iguanas y otros reptiles completan la exposición. En una sala anexa se conservan peces, batracios y otros especímenes en alcohol, entre éstos, Lepidosteus, Amia, Menopoma, Spatularia, Scapbiorynchus, Aspidonectes y otras especies americanas de interés anatómico. Otro edificio más se dedica exclusivamente a la preparación de esqueletos, que se reciben con la carne seca y adherida, y que se someten a un proceso de maceración y blanqueo en las más de cincuenta cubas preparadas para recibirlos. Estos depósitos están sistemáticamente numerados. Y se depara el mayor cuidado con el propósito de que cada hueso de cada espécimen esté perfecto. El trabajo de encargo se combina con todo ello, puesto que se reciben centenares de especímenes provenientes de los museos de Cambridge, Boston, Salem, Filadelfia, Albany, y de muchas de nuestras escuelas con el propósito de que sean correctamente preparados y montados.
   (...)" 

Los viajes de Henry Ward recolectando ejemplares proseguirían, como el que realizó a Yedda, principal puerto de Arabia Saudita cercano a La Meca; o bien los que efectuó durante sus últimos años recorriendo todo el mundo para obtener meteoritos. En 1890 la Universidad de Rochester inauguró oficialmente el museo de Ciencias Naturales dedicado a Ward. En 1893 fue el mayor expositor individual que participó en la Exposición Colombina de Chicago. Para su transporte contrató 30 vagones de tren y en su montaje intervinieron 74 obreros. Aquella apuesta le salió a cuenta a Ward puesto que el empresario Marshall Field compró su exposición entera por 100.000 dólares (1) y la cedió a su ciudad, dando origen al Museo Field de Historia Natural de Chicago

Henry Ward en la Exposición Universal de Chicago de 1893.

En 1897 Ward, que había enviudado en mayo de 1891, se volvió a casar, en esta ocasión con Lydia Avery Coonley, escritora y presidenta del Chicago Woman's Club, viuda de un industrial del acero. Henry Augustus Ward fallecería el 4 de julio de 1906 después de ser atropellado por un automóvil cuando cruzaba la avenida Delaware de Buffalo. Se disponía a visitar a un viejo amigo y acabó convirtiéndose en el primer peatón fallecido por atropello en la ciudad. Sus restos fueron incinerados a excepción del cerebro, que a petición de su amigo el doctor Bert Wilder fue donado, incorporándose a la Wilder Brain Collection de la Universidad de Cornell. Hasta que fueron robadas, sus cenizas reposaron en el cementerio Mount Hope de Rochester, en un nicho-monumento construido en granito y coronado por una roca glacial con inclusiones de jaspe que él mismo había encontrado en Ontario, Canadá. Sólo un año antes, a la edad de 71, había viajado hasta Colombia en busca de meteoritos, y su repentino fallecimiento frustó otra inminente expedición a los Andes meridionales con el mismo propósito.

   "Henry A. Ward hizo más para inspirar, para acumular y para llenar museos americanos que cualquier otro hombre de su tiempo, gracias a él nuestros museos americanos nunca habrían avanzado como lo hicieron desde 1870 hasta 1890."
                                                                               William Temple Hornaday.

A principios del siglo XX el negocio del Ward's empezó a menguar. Los grandes museos crearon departamentos de Taxidermia y financiaron expediciones destinadas a la recogida de especímenes. Charles H. Ward, el hijo mayor, fundaría en 1890 su propio negocio de preparaciones anatómicas. Por su parte, Henry L. Ward llegaría a dirigir el Museo Público de Milwaukee, Michigan, entre 1902 y 1920, el Museo Científico de Kent, Michigan entre 1922 y 1932, y el Museo Público de Neville, Wisconsin, entre 1933 y 1941. En 1928 la familia Ward donó la empresa a la Universidad de Rochester, que la siguió explotando con provecho vendiendo material científico y de laboratorio. En 1980 el Ward's Natural Science Establishment fue adquirido por la empresa Science Kit, ubicada en Henrietta, Nueva York. Tanto los archivos personales de Henry Ward, donados por su nieto Roswell en 1938, como los relativos a su empresa, incluyendo los más de 200 catálogos de productos que se editaron, se conservan en la biblioteca de la Universidad.


El Ward's con su característica costilla de ballena en su entrada, a la derecha.


El Ward's y su influencia en la historia de la Taxidermia. 

Del Ward's Natural Science Establishment se suele contar la anécdota de que fue el encargado de disecar a Jumbo, el elefante en cautividad de mayor tamaño en aquella época, propiedad del empresario circense y teatral Phineas Taylor Barnum, uno de los mejores clientes de la casa. Pero su verdadera importancia en los anales taxidérmicos radica además de en el volumen que alcanzó el negocio, en el grupo de talentosos taxidermistas con los que Henry Ward se supo rodear y que contribuyeron decisivamente al éxito de su empresa. A ello cabe añadir que el 24 de marzo de 1880 tendría lugar en el Ward's la asamblea constituyente de la Sociedad de Taxidermistas Americanos (Society of American Taxidermists), y también el concurso-exposición organizado por dicha Sociedad entre el 14 y el 21 de diciembre de aquel mismo año. La Sociedad contaba con unos cuarenta miembros activos y algunos honorarios, pertenecientes a siete estados. Entre los socios se encontraban Frederic S. Webster (presidente), William Temple Hornaday (secretario), John Wallace, Frederic A. Lucas, Joseph Palmer, Jeness Richardson, Jules Bailly, John William Critchley,  Thomas Rowland, todos ellos empleados o exempleados del Ward's. 

Los primeros preparadores europeos que contrató Ward fueron el osteólogo Louis Charles Roche y el taxidermista parisino Isidore Prevotel, que ya se encontraba en Rochester en 1871. A éstos les siguieron  Jules François Desiré Bailly (2) y John (Johannes) Martens. Bailly había trabajado  para la Maison Verreaux de París y se había trasladado a Filadelfia para hacerse cargo de las preparaciones en el Hospital General de la ciudad antes de ingresar en el Ward's. John Martens estaba especializado en mamíferos y procedía de Hamburgo. Todos ellos ejercerían en la práctica como profesores de Taxidermia de un buen número de jóvenes promesas, entre las que citaremos a  Frederic S. Webster, a John Wallace, o a Thomas Rowland, que comenzaron como aprendices y que acabarían desarrollando su trabajo mayormente como taxidermistas privados (3) Aunque sin duda, por la huella que dejarían en la historia de la Taxidermia, de entre los que pasaron por el Ward's destacan tres apellidos: Hornaday, Lucas y Akeley. Tanto Hornaday como Lucas coincidieron con Prevotel, Martens y Bailly.

Life in the treetops de W. T. Hornaday (4).
William Temple Hornaday (1854-1937) trabajó durante siete años para el Ward's. Junto a Henry Ward recorrió Europa donde visitó los grandes museos. En 1874 con veinte años ya participó en una expedición del Ward's a Bahamas, Cuba y Florida, y en 1876 en otra a las Antillas y América del Sur, con el propósito de recolectar. Entre 1877 y 1878 recorrió la India, Ceilán, Malasia y Borneo, regresando a Rochester con miles de especímenes, entre los que había 43 orangutanes. Con cinco de ellos montó el grupo Life in the Treetops donde los ejemplares se presentaban encaramados en las copas de los árboles. El diorama, que fue presentado por Hornaday en la reunión anual de la Sociedad Americana para el Progreso de la Ciencia (American Association for the Advancement of Science) para ilustrar una ponencia propia titulada Las especies de orangutanes de Borneo, causó tan buena impresión que acabaría siendo adquirido por 2.000 dólares por el Museo Nacional de Historia Natural de Washington, recibiendo el Ward's a continuación el encargo por 1.500 dólares de otro grupo para el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. Aquellos fueron los primeros dioramas que exhibieron los museos públicos estadounidenses (5). Hornaday, autor de Taxidermy and Zoological Collecting (1891) escribiría más tarde: "Aunque pueda parecer inmodesto diciéndolo yo, no puedo dejar de creer que el montaje de este grupo marcó el principio de una era en el progreso de la taxidermia museística en los Estados Unidos". Ciertamente Life in the Treetops supuso un punto de inflexión. A partir de entonces los museos irían sustituyendo en sus exposiciones los animales expuestos individualmente por dioramas que incluían grupos de animales en sus hábitats, todo ello llevado a cabo con rigor científico. William T. Hornaday sería contratado en 1882 por el Museo Smithsonian de Washington -fue el primer taxidermista en incorporarse a la plantilla de un museo en los Estados Unidos-, entablaría amistad con Theodore Roosevelt y se convertiría más tarde en uno de los mayores conservacionistas del bisonte americano.

Frederic Augustus Lucas (1852-1929) coincidió en el Ward's con Hornaday. Allí permanecería desde enero de 1871 hasta que en 1882 abandonó la empresa para ingresar como taxidermista especializado en aves en el Museo Nacional de Historia Natural de Washington. En 1904 pasaría a trabajar para el Museo de Brooklyn y finalmente en 1911 dirigiría el Museo de Historia Natural de Nueva York. Lucas escribió en su autobiografía sobre su estancia en Rochester: 
   "Por supuesto que era la época de la especialización, aunque había demasiada cantidad, y algunos de nosotros nos lamentábamos por la desaparición del naturalista "completo"; así que "viejos" como Hornaday, Akeley y yo nos afligimos por la impotencia del preparador moderno, su temor a trabajar a contrarreloj, su frecuente sensación de no poder cumplir con los plazos, y por su disposición a compensar por llegar tarde o porque te permitieran salir a fumar. Nosotros trabajábamos una docena de horas al día y cuando regresábamos a casa lo hacíamos además por cuenta propia o bien teníamos que llevar a nuestra chica al teatro. Durante aquel tiempo no oímos nada acerca del sentido artístico, sólo sobre la lentitud y la general insatisfacción.
   Además, en mi deseo por convertirme en un experto preparador, aproveché las largas ausencias del profesor Ward para familiarizarme con otras ramas de los trabajos preparatorios y en particular con el montaje de esqueletos, un asunto que tendría una importante influencia en mi futuro."
El complejo de edificios del Ward's dibujado por el taxidermista F. A Lucas (6).


El tercer taxidermista influyente fue Carl Ethan Akeley (1864-1926), considerado tras su muerte como el padre de la taxidermia moderna norteamericana. Alrededor de 1884, cuando contaba veinte años, tomó el tren con destino a Rochester para presentarse, según sus palabras, a "una de las grandes autoridades de la taxidermia" (7). La primera impresión que Henry Ward causó en el joven Akeley es que se trataba de un hombre "brusco y fiero". Tras entregarle su tarjeta de visita y ser preguntado sobre sus conocimientos, Akeley aceptaría la oferta de empleo consistente en un salario de tres dólares y medio semanales, para una jornada de trabajo de siete de la mañana a seis de la tarde, sin cobertura por enfermedad ni vacaciones. No tardaría mucho Akeley en descubrir que sus gastos de manutención serían mayores que su sueldo, lo que nos da idea del duro trato que Henry Ward dispensaba a sus empleados. La opinión de Akeley sobre el Ward's no era muy positiva. Tildaba de "muy simples" las técnicas de disecado del establecimiento. "Para disecar un ciervo, por ejemplo, se trataba la piel con alumbre, sal y jabón arsenical. (...) el cuerpo se rellenaba de paja (...)". Creía que los trabajos que salían del taller carecían de precisión anatómica y que no se esforzaban en dotar a los animales de posturas naturales. Durante un tiempo Akeley experimentó nuevas técnicas de montaje y presentación. En una ocasión, durante las pausas para el desayuno modeló el cuerpo de una cebra en escayola, aplicando la técnica dermoplástica, pero "finalmente se montó por el viejo sistema y mi trabajo acabó en la basura". En otra ocasión se durmió en el trabajo después de haber pasado la noche practicando nuevas técnicas. En aquel taller Akeley no se encontraba a gusto, algunos de sus compañeros recelaban de la ambición y la técnica del joven aprendiz y acabó siendo despedido. Akeley trabajó durante medio año en el taller neoyorquino de John Wallace antes de ser readmitido en el Ward's. Henry Ward aceptó su error. La estancia en Rochester le permitió a Akeley conocer a grandes taxidermistas de la generación anterior como Hornaday o Webster. Y fue otro exempleado de Ward, William Morton Wheeler (8), que impartía clases en una escuela secundaria de Milwaukee, quien en 1886 le ofrecería empleo en el museo local (9). Fue precisamente allí, en el Museo de Milwaukee donde Akeley construiría su primer diorama,  aplicaría sus técnicas y aceleraría una carrera, la suya. que en poco tiempo le llevaría al Field Museum de Chicago y al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.


Empleados del Ward's en una fotografía de alrededor de 1879 (10). 







Entre los taxidermistas citados con estadía en Rochester, Jeness Richardson acabaría trabajando en el Museo de Washington donde llegó precisamente cuando Hornaday se encontraba montando su grupo de bisontes, y más tarde en el de Nueva York; el inglés natural de Nottingham John William Critchley, que estuvo en el Ward's entre 1876 y 1885 aproximadamente, que más adelante ejerc de forma privada en Providence, Rhode Island, y también en Nueva York, y que en 1903 aceptó el puesto de taxidermista jefe en el Brooklyn Institute of Arts and Sciences; y Joseph Palmer también en el de Washington. Entre los no citados en el texto, Nelson R. Wood que llegó al Ward's en 1878 con veintiséis años y que en 1888 sería contratado por el Museo Nacional de Washington donde permaneció hasta 1920; H. C. Denslow, que trabajó en Rochester entre 1883 y 1887, que entre 1892-1893 estuvo en el Field de Chicago, y entre 1900 y 1907 en el Museo de Nueva York; H. B. Turner que estuvo en el Ward's entre 1883 y 1886 y a intervalos entre 1887 y 1892, y que fue nombrado taxidermista jefe del Museo Nacional de Washington entre 1900 y 1915. Más tarde trabajarían en Rochester los hermanos de origen belga Remi y Joseph Santens, que a partir de 1905 y 1906 se incorporarían al Carnegie Museum of Natural History de Pittsburgh, donde todavía son recordados por sus excelentes montajes. Y entre 1906 y 1911, durante cinco años que se le hicieron muy largos, Robert H. Rockwell, que pasó entre otros por el Museo Nacional de Washington, el Museo de Brooklyn y el Museo Americano de Nueva York.

 
Notas.-
(1) Henry Ward había llegado a anunciar públicamente que el empresario petrolero y filántropo John D. Rockefeller, que recientemente había fundado la Universidad de Chicago, había comprado la totalidad de aquella exposición, pero el Pánico de 1893 diluyó el acuerdo. Ward convenció entonces a Marshall Field, propietario de unos grandes almacenes de Chicago, de que la ciudad precisaba un gran museo.
(2) En 1880 Bailly ya ejerciría en Montreal, Canadá.
(3) Webster estuvo en el Ward's entre 1877 y 1887, trabajaría como taxidermista privado en Washington y más tarde, entre 1897 y 1908 ejerció de taxidermista jefe en el Carnegie Natural History Museum de Pittsburgh. Wallace y Rowland tenían sus estudios en Nueva York. 
(4) Ilustración del libro de Hornaday Two Years in the Jungle (1885) acerca de sus experiencias en su viaje de exploración a Asia. Hornaday volvió a incluir el mismo grabado en Taxidermy and Zoology Collecting (1891). 
(5) Con anterioridad Charles Wilson Peale había confeccionado algunos para su museo de Filadelfia, Frederic S. Webster había empezado en 1869 a construir dioramas con animales disecados con la finalidad de fotografiarlos y vender las imágenes esteoroscópicas, o Martha Maxwell había presentado sus animales disecados rodeados de ambientación natural en la Exposición Universal de Filadelfia de 1876.
(6) Dibujo de Frederic Augustus Lucas para el Ward's Natural Science Bulletin, vol. 2, nº 1, de enero de 1883. Se publicó de nuevo ilustrando el libro de homenaje a Lucas Fifty Years of Museum Work (1933), publicado por el American Museum of Natural History de Nueva York tras su muerte.
(7) En su adolescencia Carl Akeley tuvo como primer maestro al inglés David Bruce, que ejercía como taxidermista privado en Brockport, un pueblo cercano a su Claredon natal. Bruce también fue miembro de la Sociedad de Taxidermistas Americanos y participó en la primera exposición de 1880. 
(8) Wheeler estuvo en el Ward's entre 1884 y 1885. 
(9) Precisamente el Museo de Milwaukee cinco años antes había llegado al acuerdo con Henry Ward para alquilarle por 800 dólares anuales especímenes para exponer y acabaría comprándoselos por 12.000, una inyección económica fundamental para el Ward's.
(10) Fotografía reproducida en el libro de homenaje a F. A. Lucas Fifty Years of Museum Work. La identificación es la aporta el libro. Sólo he añadido la especialización. De pie de izquierda a derecha: Frederick S. Webster (taxidermista, ornitología), Harry L. Preston, Edmond N. Gueret (osteólogo), Arthur B. Baker (invertebrados), Robert Koehler, Frederic A. Lucas (taxidermista), J. William Critchley (taxidermista), Frederick W. Staebner (mineralogía) y E. Mirguet. Sentados: Nelson R. Wood (taxidermista), "Cris" (Isidore Prevotel?, taxidermista), Chas E. de Kemperer, William T. Hornaday (taxidermista, mamíferos), John Martens (taxidermista, mamíferos) y Jules F. D. Bailly (taxidermista y osteólogo).


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Taxidermidades, 2017.


Bibliografía:
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Recursos: