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| El viejo Smith fallece en la calle ante el escritor Iván Petróvich (1). |
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El perro "Azor" de "Humillados y ofendidos" de Dostoyevski.
"Lisette", la yegua del zar Pedro I el Grande.
En junio de 1698 de regreso a Rusia de la que se conoció como Gran Embajada, un viaje de incógnito por Europa en el que Pedro I el Grande solicitó sin éxito ayuda a los monarcas europeos para enfrentarse al Imperio otomano, se cuenta que el zar a su paso por Riga, actual capital de Letonia, se enamoró de una bonita potra de color castaño de raza Karabaj, una raza muy resistente. Por ella ofreció a sus propietarias, unas jóvenes mercaderes (1), su viejo caballo a cambio más cien ducados holandeses. La escritura de venta se redactó en el acto. Bautizó la yegua con el nombre de Lisette, se cuenta que en honor de una de sus amantes durante su estancia en Sajonia.
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| La yegua Lisette compartiendo vitrina con los perros Lisette (arriba) y Tirano en el Museo de San Petersburgo (2). |
Foma Ignatiev, el "monstruo" disecado de la Kuntskámera del zar Pedro el Grande.
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| Foma Ignatiev hacia 1730 (2). |
La "Kuntskámera" de Pedro el Grande. El Museo Zoológico de San Petersburgo.
Después de haber visitado en 1697 en Ámsterdam al anatomista Frederick Ruysch y de admirar los excelentes gabinetes de curiosidades de Levinus Vincent, de Albertus Seba y de Jacob de Wilde, el zar ruso Pedro I Alekséievich (1672-1725), apodado Pedro el Grande, decidió reunir el suyo propio. Alojada en un principio en el Salón Verde del Palacio de Verano, la colección reunía gran número de objetos de Historia Natural, pero también preparaciones anatómicas y rarezas humanas y animales. Más tarde, alrededor de 1716, se incorporaría al gabinete la colección de minerales, piedras preciosas, conchas y ámbar con insectos y plantas recién adquirida al doctor Gotvald de Gdansk, que posteriormente se iría ampliando con especímenes rusos. Aquel mismo año, compró las colecciones de Seba, Ruysch y de Wilde. La colección de Albertus Seba, por la que pagó 15.000 florines, contenía 340 tarros con animales conservados en alcohol, una buena cantidad de peces y "producciones marinas", además de "piezas artificiales y curiosas". La de Ruysch, comprada por 30.000 florines -su propietarío pedía 60.000-, abarcaba cuadrúpedos, aves, cocodrilos, lagartos, serpientes, anfibios, insectos, un herbario con miles de plantas secas, y preparaciones anatómicas. El zar llegó incluso a dictar en 1718 un decreto ordenando que los niños con deformaciones que naciesen muertos fueran enviados a la colección imperial. El decreto prometía 100 rublos a quien aportara un "monstruo de hombre viviente", 15 si se aportaba muerto, y diez, siete o tres rublos por un monstruo animal según fuera vivo, raro o muerto (2).



