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El perro "Azor" de "Humillados y ofendidos" de Dostoyevski.

El viejo Smith fallece en la calle ante el escritor Iván Petróvich (1).

Humillados y ofendidos, obra escrita por Fiódor Dostoyevski en 1861, es una novela realista que pone al descubierto las diferencias sociales en San Petersburgo. Al inicio de la obra, en el primer capítulo, Iván Petróvich, el protagonista que ejerce de narrador, un incipiente escritor, pasea por las calles de San Petersburgo durante un atardecer de marzo mientras recuerda la historia de un viejo octogenario –en posteriores capítulos sabremos que se apellidaba Smith- y su perro con quienes coincidía a menudo en una confitería alemana. El texto describe el suceso que ocurrió cierto día cuando el viejo del perro miraba a Schultz, un comerciante alemán originario de Riga. Este último estalló, vociferó y pidió explicaciones al viejo por su mirada. Cuando Smith se disponía a marchar, se apercibió de que su perro estaba muerto. Müller, el confitero, le sugirió que lo disecara. Esta es la escena:

"Lisette", la yegua del zar Pedro I el Grande.

En junio de 1698 de regreso a Rusia de la que se conoció como Gran Embajada, un viaje de incógnito por Europa en el que Pedro I el Grande solicitó sin éxito ayuda a los monarcas europeos para enfrentarse al Imperio otomano, se cuenta que el zar a su paso por Riga, actual capital de Letonia, se enamoró de una bonita potra de color castaño de raza Karabaj, una raza muy resistente. Por ella ofreció a sus propietarias, unas jóvenes mercaderes (1), su viejo caballo a cambio más cien ducados holandeses. La escritura de venta se redactó en el acto. Bautizó la yegua con el nombre de Lisette, se cuenta que en honor de una de sus amantes durante su estancia en Sajonia.

La yegua Lisette compartiendo vitrina con los perros Lisette  (arriba) y Tirano en el Museo de San Petersburgo (2).

Foma Ignatiev, el "monstruo" disecado de la Kuntskámera del zar Pedro el Grande.

Foma Ignatiev hacia 1730 (2).
El zar ruso Pedro I Alekséievich, apodado Pedro el Grande, después de haber visitado varios gabinetes de curiosidades a finales del XVII decidió reunir el suyo. En un principio lo alojó en el Salón Verde del Palacio de Verano de San Petersburgo, pero el crecimiento de su Kuntskámera le obligó en 1719 a iniciar la construcción de un nuevo edificio en el muelle Universitétskaya. Aún sin estar totalmente terminado, lo que ocurriría en 1727, dos años después de la muerte del propio zar, las colecciones se irían instalando en el nuevo Museo, y en 1724 pasarían a depender de la Academia de Ciencias. Además de objetos zoológicos el museo albergó preparaciones anatómicas con abundantes rarezas humanas. El interés del zar por la teratología le sobrevino tras visitar durante su primer gran viaje por Europa en 1697 al anatomista holandés Frederick Ruysch y admirar su colección de preparaciones anatómicas y embriología humana, una colección de unos 2.000 especímenes que finalmente acabaría adquiriendo en 1716 por unos 30.000 florines (1). El 13 de febrero de 1718 dictó un decreto que ordenaba que los niños con deformaciones que naciesen muertos fueran enviados a la colección imperial, y que contemplaba también compensar con cien rublos a quien aportara un "monstruo de hombre viviente" o quince si lo llevaba muerto. Se retribuía además generosamente a quien enviara monstruos animales vivos o muertos, y castigaba severamente a aquel que los ocultara.

La "Kuntskámera" de Pedro el Grande. El Museo Zoológico de San Petersburgo.

La Kunskámera del zar Pedro I en 1741. Grabado de Musei Imperialis Petropolitani (1).

Después de haber visitado en 1697 en Ámsterdam al anatomista Frederick Ruysch y de admirar los excelentes gabinetes de curiosidades de Levinus Vincent, de Albertus Seba y de Jacob de Wilde, el zar ruso Pedro I Alekséievich (1672-1725), apodado Pedro el Grande, decidió reunir el suyo propio. Alojada en un principio en el Salón Verde del Palacio de Verano, la colección reunía gran número de objetos de Historia Natural, pero también preparaciones anatómicas y rarezas humanas y animales. Más tarde, alrededor de 1716, se incorporaría al gabinete la colección de minerales, piedras preciosas, conchas y ámbar con insectos y plantas recién adquirida al doctor Gotvald de Gdansk, que posteriormente se iría ampliando con especímenes rusos. Aquel mismo año, compró las colecciones de Seba, Ruysch y de Wilde. La colección de Albertus Seba, por la que pagó 15.000 florines, contenía 340 tarros con animales conservados en alcohol, una buena cantidad de peces y "producciones marinas", además de "piezas artificiales y curiosas". La de Ruysch, comprada por 30.000 florines -su propietarío pedía 60.000-, abarcaba cuadrúpedos, aves, cocodrilos, lagartos, serpientes, anfibios, insectos, un herbario con miles de plantas secas, y preparaciones anatómicas. El zar llegó incluso a dictar en 1718 un decreto ordenando que los niños con deformaciones que naciesen muertos fueran enviados a la colección imperial. El decreto prometía 100 rublos a quien aportara un "monstruo de hombre viviente", 15 si se aportaba muerto, y diez, siete o tres rublos por un monstruo animal según fuera vivo, raro o muerto (2).