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"Vándalos", relato de Alice Munro.


Primera edición de Open Secrets.
La historia transcurre del humor al drama en poco más de treinta páginas. Parte de una carta no enviada, de agradecimiento de Bea Doud a Liza Minelli y al marido de esta, Warren. Ladner, la pareja de Bea falleció durante una operación para implantarle un marcapasos y la noche anterior, mientras se encontraban en el hospital, su casa fue vandalizada, situación que supuestamente descubrieron Liza y Warren cuando acudieron a petición de Bea para revisar la llave de paso del agua, informando por teléfono del suceso a Bea. El protagonista del relato es el ausente Ladner, inglés, personaje inestable y malhumorado, aviador durante la Segunda Guerra Mundial, que se había ganado la vida como taxidermista. Conocemos el pasado de Bea con su anterior pareja y los inicios de su relación con Ladner; también la niñez de Liza y su fallecido hermano Kenny, huérfanos de madre, vecinos de Ladner y Bea; y la estrecha relación entre Liza y Bea, quien le pagó su educación universitaria. Al final de la narración se nos revela el sórdido suceso sufrido por Liza durante su infancia, un secreto transmutado en venganza.

"The Stuff of Madness", narración de Patricia Highsmith.



El matrimonio Waggoner, observado a través de la ventana por uno de los gatos disecados (1).


"Cuando Christopher Waggoner, recién salido de la facultad de derecho, se había casado con Penelope, ya conocía la afición de ésta y su familia a los animalitos domésticos. Era normal querer a un gato o a un perro que formaba parte de la familia. Christopher ni siquiera había pensado mucho en el pequeño Pixie, un perro de Pomerania disecado, blanco, con brillantes ojor artificiales de color negro, que se hallaba en un rincón del despacho del padre de Penelope, sobre una base de madera en la que constaban la fecha de nacimiento y muerte; tampoco se había parado a pensar en Marmy, el gato anaranjado y blanco, también disecado, que permanecía sentado en el suelo, en otro rincón. Christopher recordó que durante el noviazgo en casa de los Marshall había un gato y un perro vivos, pero mucho tiempo había pasado desde que cayeran en manos del taxidermista, y ahora se encontraban, el uno de pie y el otro sentado, en unas rocas que había en el jardín de la casa que él y Penny tenían en Suffolk. No eran éstos los únicos animales que poblaban -si esta era la palabra apropiada- el jardín de Willow Close."

"The Landlady", historia breve de terror de Roald Dahl.


La patrona de la pensión invita a un té al recién llegado (1).

"Billy Weaver había salido de Londres en el cansino tren de la tarde, con cambio en Swindon, y a su llegada a Bath, a eso de las nueve de la noche, la luna comenzaba a emerger de un cielo claro y estrellado, por encima de las casas que daban frente a la estación. La atmósfera, sin embargo, era mortalmente fría, y el viento, como una plana cuchilla de hielo aplicada a las mejillas del viajero.
   —Perdone —dijo Billy—, ¿sabe de algún hotel barato y que no quede lejos?
  —Pruebe en La Campana y el Dragón —le respondió el mozo al tiempo que indicaba hacia el otro extremo de la calle—. Quizá allí. Está a unos cuatrocientos metros en esa dirección.

"El taxidermista de Pisa", relato de Jesús Ferrero.


"Su taller estaba situado al final de un grupo de apretadas y ruinosas casas, entre el muro izquierdo de un cementerio judío y la plaza del mercado, y tenía dos puertas. Una daba a una calle en la que se amontonaban los detritos y por la que corría un hilo de agua rojiza que olía a animales muertos, y otra a un largo zaguán que comunicaba con la plaza del mercado. Como para acceder a la primera puerta era necesario bordear el cementerio, la gente no solía utilizarla y prefería entrar por la segunda. Nada más sobrepasarla, lo primero que veía el visitante era un pequeño jardín rectangular en el que se apiñaban en situación de acecho, entre los cipreses y las higueras, cientos de animales disecados. De noche, todos aquellos ojos de vidrio se abatían sobre el recién llegado a la casa de Saulo Vasilum, indicándole que entraba en esa sinagoga interior, que acaso todos llevamos dentro del alma, en la que la muerte cobraba vida y en la que la vida tenía todas las características de la muerte."
 
Así comenza El taxidermista de Pisa, relato de Jesús Ferrero contenido en la antología Cuentos de Terror
(Grijalbo, 1989), que recoge catorce relatos más de otros tantos autores.
 
A modo de sinopsis, Saulo Vasilum, taxidermista con taller en el gueto judío de Pisa en 1539, recibe la visita de la joven Sara Farías, que desea disecar su jilguero muerto. Sara desaparece. Justo cuatrocientos años más tarde, Paul Vasilum, joyero judío y taxidermista aficionado con residencia en Toronto, tras ser enjuiciado y condenado por asesinato, es ingresado en un sanatorio y más tarde se suicida colgándose de un árbol. Mató en sueños a la Sara del siglo XVI, y mató a la Sara que yacía junto a él.

"Taxidermista", relato de Antonio Mingote


El relato Taxidermista en la revista Blanco y Negro (1).

"-Quiero a Jaime embalsamado, pero de manera que pueda volar -dijo la gordita pizpireta mientras depositaba suavemente el cadáver del periquito sobre la mesa del adusto taxidermista.
   "Dr. Tortuera. Disecador de Aves, Reptiles y Mamíferos", rezaba la placa del portal. Le preguntaban por qué no disecaba también insectos, siendo tan minucioso y hábil. Lo explicaba: había excluido a los insectos de su quehacer profesional desde el día en que embalsamó a un mosquito que le había llamado la atención por su robustez y hermosura, después de haber recibido de él un vigoroso picotazo. Lo embalsamó sin rencor, pulcra y delicadamente. Lo dejó en una postura, la definitiva, de fingida naturalidad, como vivo y lleno de salud. Tanto así que la casa se llenó de mosquitos atraídos por el excelente aspecto del difunto y dispuestos a quedarse a vivir en aquel lugar donde se disfrutaba de un clima y ambiente tan beneficiosos."

"El loro disecado", un cuento de Rafael Dieste.

Rafael Dieste publicó Historias e invenciones de Félix Muriel en su exilio de Buenos Aires en 1943, y no fue hasta 1974 cuando se publicó en España. El cuento El loro disecado, deliciosa, fantástica y misteriosa historia, incluída en Historias e invenciones, comienza así: 
   "En su tienda de Efectos Navales y Similares (los “similares” eran, entre otras cosas, alpargatas, trajes de mecánico, abonos químicos y sulfatos para las viñas), don Ramón tenía un loro disecado. Estaba muy serio, y prendida a una pata y a la alcándara tenía una cadenita como si fuese un loro vivo y pudiera escaparse. De modo que los que lo veían por primera vez se le acercaban y decían:
   - Dame la patita, lorito real…
   O cualquier otra cosa de las que hay que saber para hablar con un loro.
   Pero aquel no decía nada. Era don Ramón si estaba de buen humor, el que algunas veces respondía por él.
   - ¡Qué loro más raro! –exclamaba entonces el visitante o cliente-. Habla sin abrir el pico, y hasta parece que suena en otro lado. Parece aquel de la chistera que vino una vez con los monifates.
   - Sí, es ventrílocuo –explicaba don Ramón.
   Otras veces decía:
   - Está dormido, no le moleste.
   O bien:
   - No tiene ganas de hablar. Está pensando, recordando… Tiene derecho al silencio. Hablemos nosotros. ¿Qué le parece el nuevo alcalde?
   - Señor –le respondió una vez un campesino que había ido por sulfato-, tengo derecho al silencio.
   Bien –respondió don Ramón-, entonces ya sé lo que piensa. Lo mismo que yo. De acuerdo, de acuerdo.

Tratado taxidérmico con relato breve incluido publicado en "Magasin Pittoresque".

"Se cuenta que M. D., rico habitante de una de las principales villas de Bélgica, tenía la pasión de los pájaros vivos. Esta afición era insoportable para su familia y sus conocidos a causa de los gorjeos y los chillidos ensordecedores de los habitantes de la pajarera, fuera porque el propietario no tuviera sus pájaros bien cuidados. Afortunadamente las manías de M.D. no duraban mucho; esta tocaba a su decadencia, pues sus negocios le obligaron a ausentarse por unos días. Tras su partida, sus pobres pájaros fueron pasando de vivos a muertos y se hizo venir un preparador que montó los animales con gran esmero y situó a cada uno en su lugar con su actitud habitual. M. D. no tardó en regresar. La manía de las estampas sustituyó a la de los pájaros. Pasó por la colección zoológica sin percatarse de nada. No fue hasta al cabo de ocho días más tarde cuando, sorprendido por el silencio de la pajarera, descubrió la jugada que le habían gastado. Se tomó el suceso por el lado bueno e hizo obsequio de su colección al gabinete de historia natural de la universidad. El equívoco que M. D. sostuvo durante una semana tomando por vivos sus aves disecadas fue visto por el naturalista que los montó como su mejor mérito por la estima de los entendidos.”

Ilustración del artículo.

Relatos cortos de taxidermistas. Primera entrega.





Perdí un ojo. ¿En qué demonios pensaba cuando situé el armario clasificador sobre el montón de viruta?

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-¿Podría enviarme un taxi a la calle Mayor número 15?
-Descuide, en cinco minutos estoy ahí -respond el taxidermista antes de colgar el teléfono-.

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Aquella semana llegaba a su fin y sorprendentemente ningún cliente le había preguntado si realmente vivía de eso.

"Un negocio de avestruces", relato breve de H. G. Wells.


Hace unos meses publiqué íntegro Los triunfos de un taxidermista, otro relato breve de Herbert George Wells, publicado asimismo en la recopilación de cuentos The Stollen Bacillus and Other Incidents, en español El Bacilo robado y otros incidentes (1), libro que apareció en 1895. Aunque en aquel el protagonismo de la Taxidermia era notable, en el cuento de hoy, Un negocio de avestruces, su presencia es incidental. Se limita al hecho de que el narrador de la historia es un taxidermista, el mismo de Los triunfos, que relata un episodio que vivió en su juventud durante un viaje por mar desde Oriente hasta Inglaterra.
 

Pareja de avestruces (2).

 
El texto íntegro de Un negocio de avestruces es el siguiente:

"Los triunfos de un taxidermista", un cuento de H. G. Wells.


Primera edición del libro.
El cuento del escritor Herbert George Welles titulado Los triunfos de un taxidermista, en el original inglés Triumphs of a Taxidermist, apareció publicado en dos partes, los días 3 y 15 de marzo de 1894 en el periódico Pall Mall Gazette, sin atribución a su autor. Al año siguiente se incluiría en la colección de relatos The Stolen Bacillus and Other Incidents (1), El bacilo robado y otros incidentes, que publicó la editorial Methuen and Co., esta vez sí con el nombre del escritor. El bacilo robado agrupa quince historias cortas de género fantástico y de ciencia ficción que, al igual que Los triunfos, se habían publicado previamente en periódicos. 


El texto completo de Los triunfos de un taxidermista es el siguiente: