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El perro disecado de "El Hotel New Hampshire" de John Irving.


El Hotel New Hampshire (1).
El matrimonio formado por Win Berry y Mary Bates se conocieron trabajando en un hotel y además de formar una familia decidieron crear uno en lo que fue un internado de señoritas en un lugar sin ningún atractivo. La crónica de la familia, que comienza en 1956, nos la relata su hijo John, el tercero de cinco hermanos. El padre es idealista; la madre devota; Frank, el hijo mayor, que en su juventud practicó la Taxidermia, es homosexual; Franny es atractiva y protectora; John siente algo más que un amor filial por Franny -ambos son los principales protagonistas del relato-; Lilly es bajita, romántica, agradable y muy cercana a Frank; y Egg, el pequeño, involuntariamente cómico.
 
El Hotel New Hampshire (1981) de John Irving es una sucesión de pequeñas historias de personajes, dramáticas, insólitas, tristes, cómicas, tiernas, que se desarrollan a lo largo de los tres hoteles que regentan con el mismo nombre. El primero en un lugar remoto de la costa este de Estados Unidos, el segundo en Viena, Austria, y el tercero de nuevo en Estados Unidos. La edición que consulto es la primera en español traducida por Iris Menéndez.
 

Escenarios con Taxidermia en la novela "¡Noticia bomba!" de Evelyn Waugh.


Primera ed. inglesa de ¡Noticia bomba! (1).
Para redactar ¡Noticia bomba! (Scoop, 1938) el escritor y periodista Evelyn Waugh se basó en su propia experiencia tras ser enviado a Abisinia por el Daily Mail para cubrir la Segunda guerra italo-etíope (1935-1936). En 1936 publicó un primer libro, Waugh in Abyssinia, y dos años después Scoop en la que el escritor realizaba una sátira de los corresponsales en el extranjero. Durante aquella guerra él mismo envió a su periódico una primicia anunciando una invasión, y además telegrafiada en latín para que pasara desapercibida, pero aquella exclusiva no llegó a publicarse. Aquel suceso le inspiraría ¡Noticia bomba!.

La trama es la siguiente. Una guerra civil en el país ficticio de Ismailía está a punto de estallar. El periódico Daily Beast, propiedad de Lord Coppper, decide enviar un corresponsal para cubrir el suceso. El elegido por Cooper es John Boot, un novelista que comienza a destacar, pero a causa de un malentendido el enviado por el editor es William Boot, un joven soltero que vive lejos de Londres y que de vez en cuando manda al diario alguna colaboración sobre la vida en el campo. Ya en Ismailía y entre otros corresponsales, por casualidad el inepto de William Boot consigue una noticia exclusiva, que es publicada. A su regreso a la metrópoli, y para su tranquilidad, el mérito se le reconocerá al Boot novelista.

"El hombre del velocípedo" de Uwe Timm. La relación del autor con la Taxidermia.


Tras la sombra de mi hermano
Descubro la relación con la Taxidermia del escritor alemán Uwe Timm en su libro autobiográfico Tras la sombra de mi hermano (Am Beispiel meines Bruders, 2003), donde habla de su familia y su relación con su hermano, miembro de las Waffen-SS, fallecido en el frente de Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial. Timm aborda el complejo de culpa por el pasado nazi de su país partiendo de las cartas que su hermano envió a la familia, y evoca su vago recuerdo, muy próximo siempre al padre, incluso ideológicamente, que eclipsó la infancia del autor.

Timm escribe sobre la profesión de su padre. La traducción es de Carlos Andreu:

Un gabinete soñado en "El hombre que ríe" de Victor Hugo.


La novela El hombre que ríe (1869) es junto a Los Miserables y El noventa y tres una de las grandes obras del escritor romántico francés Victor Hugo. Está ambientada en la Inglaterra de finales del siglo XVII. El protagonista es Gwynplaine un niño abandonado, con la cara deformada con una sonrisa perpetua que crece junto a Dea, ciega y huérfana. Ambos son acogidos por Ursus, un curandero medio filósofo que recorre el país con su carromato y un lobo llamado Homo, su mascota confidente. Con los años la deformidad de Gwynplaine y la bella voz de Dea les valdrá para protagonizar un exitoso espectáculo teatral ambulante. Ello hasta que el joven descubre su origen noble.

Una escena de la novela evoca la decoración de los gabinetes o las boticas de médicos y farmacéuticos de la época en los que, además de frascos con esencias de plantas o libros, abundaban los animales disecados, casi siempre preparados por ellos mismos gracias a sus conocimientos tanto de cirugía como de botánica, de las plantas con propiedades conservantes. Ambos, médicos y boticarios, tienen su hueco como disecadores en la Historia de la Taxidermia.
 
 
Gwynplaine y Dea recién cobijados por Ursus (1).

Los animales disecados del coronel Koshkariov en "Almas muertas" de Nikolái Gógol.


Portada de la 1ª ed. de Almas muertas.
Se trata tan sólo de una mención. La encontramos en el tercer capítulo de la segunda parte de la novela Almas muertas del escritor Nikolái Gógol. En el fragmento Chíchikov, el protagonista, visita al coronel Koshkariov, y este le ofrece su biblioteca:
   "Aquí tiene libros, papel, plumas, lápices, hay de todo. Disponga usted de cuanto quiera: es usted el dueño. La Ilustración debe estar al alcance de todos.
   Mientras hablaba de esa manera, Koshkariov le hizo pasar a la biblioteca. Era una sala enorme llena de libros hasta el techo. También había animales disecados. Los libros abarcaban toda clase de materias: (…)"

Fragmento de "Cañas y barro", novela de Vicente Blasco Ibáñez.

El tío Sangonera (1).
Escrita en 1902 por Vicente Blasco Ibáñez, Cañas y Barro está ambientada en la Albufera, la conocida laguna de agua salobre de Valencia. A través de su protagonista, el perezoso Tonet y de la saga que inició su abuelo en El Palmar, la novela, centrada en la relación amorosa de su protagonista con Neleta, describe los cambios de finales del siglo XIX.
 
El tercer capítulo de esta clásica de la literatura española, en el que Tonet prefiere verse con Neleta y emborracharse con sus amigos, antes que trabajar,  contiene el siguiente fragmento donde aparece un disecador:
   "El tío Toni antes bondadoso, era ahora exigente, como el tío Paloma, al ver crecido a su hijo, y Tonet, como bestia resignada, iba arrastrado al trabajo. Su padre, aquel héroe tenaz de la tierra, era inquebrantable en sus resoluciones. Cuando llegaba la época de plantar el arroz o de la recolección, el muchacho pasaba el día en las tierras del Saler. El resto del año pescaba en el lago, unas veces con su padre y otras con el abuelo, que le admitía de camarada en su barca, pero jurando a cada momento contra la perra suerte que hacia nacer tales vagos en su familia.
   Además, el muchacho veíase impulsado al trabajo por el hastío. En el pueblo no quedaba nadie con quien entretenerse durante el día. Neleta estaba en Valencia, y sus antiguos compañeros de juegos, crecidos ya como él y con la obligación de ganarse el pan, iban en las barcas de sus padres. Quedaba Sangonera; pero este tuno, después de la aventura de la Dehesa, se alejaba de Tonet, recordando la paliza con que había agradecido el abandono de aquella noche.

"Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox" de Pío Baroja.

"Los ejemplares zoológicos más notables. todos disecados por Silvestre, eran: una avutarda, un gran duque (1), un gipaeto barbudo (2), un hurón, un caimán, varias ratas blancas y una comadreja.
   Silvestre tenía ideas propias acerca de la disecación. Creía buenamente que disecando animales era el número uno de España.
   - Porque disecar -decía Paradox- no es rellenar de paja la piel de un animal y ponerle después ojos de cristal. Hay algo más en la disecación, la parte del espíritu; y para definir esto -añadía- hay que dar idea de la actitud, marcar la expresión propia del animal, sorprender su gesto, dar idea de su temperamento, de su idiosincrasia, de las condiciones generales de la raza y de las particulares del individuo.
   Y como muestra de sus teorías enseñaba su búho, un bicho huraño, grotesco y pensativo, que parecía estar recitando por lo bajo el soliloquio de Hamlet, y la obesa avutarda, toda candor, pudor y cortedad, y su caimán, que colgaba del techo con un alambre, con su sonrisa macabra, llena de doblez y de falsía, y sus ojos entornados, hipócritas y mefistofélicos."

Cubierta de la edición de Estampa de 1930.
El fragmento pertenece al sexto capítulo y describe parte del gabinete del protagonista. Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox fue la segunda novela que escribió Pío Baroja. Apareció publicada como folletín entre 1900 y 1901. No tiene un argumento definido y en ella el autor retrata el ambiente bohemio de Madrid de finales del XIX, vivencias, anécdotas, situaciones cómicas, la decadencia de la burguesía, a través de Silvestre Paradox un científico inventor y medio filósofo, hijo de un profesor de Ciencias Naturales del Instituto Cardenal Cisneros (3). Huérfano, Silvestre de niño leía Robinson Crusoe, las novelas de Julio Verne, y soñaba con viajes maravillosos. Sirviente de una pareja inglesa, vendedores ambulantes y embaucadores, con ellos viajó por Francia. De nuevo en Madrid se instaló en la buhardilla de una casa de huéspedes. Sin trabajo ni recursos, inmerso en el mundo de la picaresca, sus humorísticas aventuras y un final inesperado y abierto proporcionarán a Baroja la oportunidad de escribir una segunda parte, Paradox Rey.

El perro "Azor" de "Humillados y ofendidos" de Dostoyevski.

El viejo Smith fallece en la calle ante el escritor Iván Petróvich (1).

Humillados y ofendidos, obra escrita por Fiódor Dostoyevski en 1861, es una novela realista que pone al descubierto las diferencias sociales en San Petersburgo. Al inicio de la obra, en el primer capítulo, Iván Petróvich, el protagonista que ejerce de narrador, un incipiente escritor, pasea por las calles de San Petersburgo durante un atardecer de marzo mientras recuerda la historia de un viejo octogenario –en posteriores capítulos sabremos que se apellidaba Smith- y su perro con quienes coincidía a menudo en una confitería alemana. El texto describe el suceso que ocurrió cierto día cuando el viejo del perro miraba a Schultz, un comerciante alemán originario de Riga. Este último estalló, vociferó y pidió explicaciones al viejo por su mirada. Cuando Smith se disponía a marchar, se apercibió de que su perro estaba muerto. Müller, el confitero, le sugirió que lo disecara. Esta es la escena:

El taxidermista Severini, personaje de "Los hijos de la fe", novela de Enrique Pérez Escrich.

Enrique Pérez Escrich, uno de los novelistas costumbristas por entregas -escritor de folletines- más exitosos del siglo XIX, publicó en 1866 en dos volúmenes Los hijos de la fe. En el libro 15 de la segunda parte de la obra fallece la mascota de uno de los sujetos menores de la trama, la baronesa Flora del Cuadradillo. A comienzos del capítulo 3, titulado Un perrito chino, un poeta inédico, y un fugado del presidio, nos encontramos con la siguiente escena, en la que se menciona a un personaje real, el disecador Ángel Severini Lago, el taxidermista madrileño más conocido de la época e iniciador de una saga:
   "Por el tiempo que nos ocupa, una mañana, a esa hora en que aún no circulan por las calles de Madrid los carruajes de lujo, se detuvo enfrente de la tienda del disecador Severini una elegante berlina, tirada por una hermosa yegua de pura sangre normanda, cuya engallada y esbelta cabeza demostraba la bondad de su raza.
   Abrióse la portezuela del carruaje, y bajó de él un joven, vestido con uno de esos trajes de mañana, escasos y raquíticos como la miseria, traje que usan los dandys madrileños, ridiculizando la moda.
   El joven entró precipitadamente en la tienda del disecador de animales, y encarándose con el primero que vio enfrente le dijo:
   —Caballero, en mi casa ha sucedido una gran desgracia: se ha muerto Hoscar casi repentinamente: mi esposa, la baronesa del Cuadradillo, está desconsolada; yo, desesperado de oír sus lamentos. Es preciso que usted ponga remedio a esta catástrofe.
   Y el joven, sacando un pañuelo del bolsillo, comenzó a limpiarse el sudor.
   —¿Pero quién es Hoscar, caballero? preguntó el encargado de la tienda.
   —¿Quién ha de ser? un perrito chino de quien estaba perdidamente enamorada mi esposa.
   —¡Ah! ¿y qué es lo que quiere su señora de usted?
   —Disecarle, tenerle siempre a la vista, colocado sobre una mesa, o en el mármol de una chimenea; en fin, donde se quiera.
   —Sí, sí, caballero, está entendido: sólo falta el perro para ver en qué estado se halla.
   —En el peor de todos: cadáver.
   —Lo supongo, repuso el dependiente; pero no he querido preguntar eso.
   —Entonces no entiendo a usted.

El abejaruco disecado de "Viejas historias de Castilla la Vieja" de Miguel Delibes.

En Viejas historias de Castilla la Vieja el escritor Miguel Delibes describe a Isidoro un joven campesino que a principios del siglo XX emigra a América y que finalmente, cuarenta y ocho años después, regresa a su pueblo. En el primer capítulo, el protagonista recuerda los paisajes de su niñez:
   “Con el tendido de la luz, aparecieron también en el pueblo los abejarucos. Solían llegar en primavera volando en bandos diseminados y emitiendo un gargarismo cadencioso y dulce. Con frecuencia yo me tumbaba boca arriba junto al almorrón, sólo por el placer de ver sus colores brillantes y su vuelo airoso, como de golondrina. Resistían mucho y cuando se posaban lo hacían en los alambres de la luz y entonces cesaban de cantar, pero a cambio, el color castaño de su dorso, el verde iridiscente de su cola y el amarillo chillón de la pechuga fosforescían bajo el sol con una fuerza que cegaba. Don Justo del Espíritu Santo, el cura párroco, solía decir desde el púlpito que los abejarucos eran hermosos como los Arcángeles, y que los Arcángeles eran hermosos como los abejarucos, según le viniera a pelo una cosa o la otra, lo que no quita para que el Antonio, por distraer la inercia de la veda, abatiese uno un día con la carabina de diez milímetros. Luego se lo dio a disecar a Valentín, el secretario, y se lo envió por navidades, cuidadosamente envuelto, a la tía Marcelina, a quien, por lo visto, debía algún favor.
   (...)

La mano disecada del pintor Edwin Johns en "2066", la novela de Roberto Bolaño.

Cubierta de la 1ª edición.
En La parte de los críticos, la primera de las cinco que tiene 2666, la extensa e inacabada novela de Roberto Bolaño -falleció en 2004 antes de poder darla por terminada-, aparece un taxidermista. En una conversación entre los personajes de Liz Norton y Piero Morini, dos profesores universitarios de filología alemana, una inglesa y el otro italiano, que en congresos comparten su pasión por la obra de un desconocido contemporáneo Benno von Archimboldi, Morini le explica a su colega la historia del primer pintor que fue a vivir al revitalizado barrio de Londres, junto al río, donde se encuentra el restaurante en el que están cenando. El artista, que había iniciado un movimiento que se había empezado a conocer como "nuevo decadentismo" o "animalismo inglés", inauguró una exposición en una galería alternativa del barrio de Wapping donde se exponía un cuadro "en cuyo centro, momificada, pendía la mano derecha del pintor". El relato prosigue así:

   "Los hechos habían sucedido así. Una mañana, después de dos días de dedicación febril a los autorretratos, el pintor se había cortado la mano con la que pintaba. Acto seguido se había hecho un torniquete en el brazo y le había llevado la mano a un taxidermista a quien conocía y quien ya estaba al tanto de la naturaleza del nuevo trabajo que le esperaba. Luego se había dirigido al hospital, en donde cortaron la hemorragia y procedieron a suturar el brazo. En algún momento alguien le preguntó cómo sucedió el accidente. Él contestó que sin querer, mientras trabajaba, se había cortado la mano de un machetazo. Los médicos le preguntaron dónde estaba la mano cortada, pues siempre cabía la posibilidad de reimplantársela. Él dijo que de pura rabia y dolor, mientras se dirigía al hospital, la había arrojado al río."

"Un encantador perro disecado", cita de "Fiesta" (1926) de Ernest Hemingway.

"Bajamos por el Boulevard. En el cruce de la Rue Denfert-Rochereau con el Boulevard hay una estatua de dos hombres con túnicas ondulantes. 
   - Ya sé quiénes son -dijo Bill echando una mirada al monumento-. Son los dos señores que inventaron la farmacia. No trates de engañarme acerca de París. 
   Seguimos adelante. 
   - Aquí hay un taxidermista -dijo Bill-. ¿Quieres comprar algo? ¿Un encantador perro disecado? 
   - Continuemos -dije yo-. Te enamoras de todo lo que ves. 
   - Son unos perros disecados lindísimos -insistió Bill-. Con toda seguridad alegrarían tu piso. 
   - Sigamos. 
   - Sólo un perro disecado. Es aquello de "lo toma o lo deja". Pero oye, Jake. Sólo un perro disecado. 
   - Vamos. 
   - Una vez lo has comprado, lo significa todo para tí. Es un simple intercambio de valores. Tú les das dinero y ellos te dan un perro disecado. 
   - Compraremos uno al volver. 
   - Está bien, hazlo a tu manera. El camino al infierno está empedrado de perros disecados no comprados, pero no es culpa mía. 
   Continuamos andando. 
   - ¿Cómo has sentido tan de repente ese cariño por los perros? 
   - Siempre he sentido eso por los perros. Siempre he experimentado una pasión por los animales disecados. 
   Nos detuvimos a tomar una copa. 
   (...) 
   Nos pusimos de nuevo en marcha Boulevard abajo. Un coche de caballos pasó por delante de nosotros. Bill lo miró. 
   - ¿Has visto ese coche de caballos? Te voy a regalar ese caballo de coche disecado para Navidad. Voy a regalar animales disecados a todos mis amigos. Soy un escritor amante de la naturaleza.
   Pasó un taxi; alguien que iba en él saludó con la mano y golpeó en los cristales para que el chofer parara. El taxi se detuvo al borde de la acera. Era Brett. 
   (...) 
   El taxi se puso en marcha y Brett dijo adiós con la mano. 
   - ¡Qué chica! -dijo Bill-. Es tremendamente simpática. ¿Quién es Michael? 
   - El hombre con quien se va a casar. 
   - Bueno, bueno -dijo Bill-. Siempre me encuentro a alguien que se halla exactamente en esta situación. ¿Qué voy a regalarles? ¿Crees que les gustaría un par de caballos de carrera disecados."

"Raboliot" (1925) de Maurice Genevoix, premio Goncourt.


El argumento de la novela es sencillo. Pierre Fouques, a quien sus paisanos conocen con el apodo de Raboliot, es un leñador de la región de Sologne, valle del Loire, Francia, cuya mayor afición es el furtivismo. Volat, su rival local en la práctica de la caza ilegal, trabaja por cuenta de Tancogne, el agricultor que cultiva las propiedades del conde Remilleret. Ambos, Volat y Tancogne, comparten los beneficios de esa actividad ilícita. Volat intenta por todos los medios que Raboliot caiga en manos del gendarme Bourrel, que lo sorprende en varias ocasiones en flagrante delito, aunque siempre consigue escabullirse. Ello hasta que el expediente de la policía deriva en una condena por caza ilegal. Su sentido de la justicia le priva a Raboliot del sometimiento, a pesar de que su esposa Sandrine le suplica que cumpla con la condena, por ella y por sus hijos. Raboliot emprenderá una larga y agónica huida perseguido por Bourrel. En cierto momento Raboliot cree que se salvará si le revela al conde los manejos de Volat y Tancogne en sus tierras, pero no cuenta el pobre infeliz con que, aunque él se dedique al furtivismo únicamente para alimentar a su familia, la ley y el orden jamás está de parte de los débiles. Finalmente Raboliot decide volver a casa con su familia y vengarse de Bourrel.
 

Grabado de  Soulas del capítulo dedicado al disecador Touraille.

"Los libros arden mal" de Manuel Rivas.

Cubierta de la primera edición.
Una quema en el muelle de libros saqueados de las bibliotecas de Coruña en agosto de 1936 y los recuerdos que en aquel momento le pasan por su cabeza a Vicente Curtis Hércules, el protagonista, son el punto de partida de una historia entrelazada de ganadores y perdedores de la Guerra Civil española y también la de sus descendientes. La novela Los libros arden mal (2006), escrita originalmente en gallego por Manuel Rivas, está ubicada en su ciudad natal.

En varias ocasiones aparece la Taxidermia en el libro. En la primera de ellas Luis Terranova, aspirante a cantante y físicamente malherido por un amante-protector afín al régimen franquista y a quién abandona, se encuentra en casa de Vicente Curtis, amigo suyo, boxeador y anarquista que se gana la vida en la calle como fotógrafo con la ayuda de un caballo de madera. Curtis se encargará de curarlo. Un fragmento relacionado con el recuerdo de una anécdota en el que otro fotógrafo de calle también con caballo resultó malherido tras ser atropellado por un tranvía y que, tras oír que alguien gritaba "¡Al hospital, al hospital!", pidió que lo trasladaran a la fábrica de caballos, es el siguiente:
   “Llévame al taller de caballos, murmuró Luis Terranova. Un curandero con cartón y engrudo. Curtis sonrió. Curtis sabía de qué iba aquella historia. (...) O mejor aún, uno de esos que desecan animales. Un taxidermista.”

El cuervo "Grip", la mascota de Charles Dickens.

El cuervo Grip (1).

Es uno de los cuervos más famosos de la historia y se conserva disecado en la sección de libros raros de la Biblioteca Libre de Filadelfia. Sí, en una biblioteca. El cuervo Grip fue la mascota del escritor inglés Charles Dickens (1812-1870), apareció como personaje en una de sus novelas, e inspiró un conocido poema del estadounidense Edgar Allan Poe (1809-1849).