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| El autoicono de Jeremy Bentham en su vitrina original (1). |
No se trata de un caso de antropotaxidermia el del célebre filósofo que vio cumplido su deseo de que a su muerte su cuerpo fuese conservado a modo de autoicono. Pero su historia es bastante curiosa.
Jeremy Bentham (Londres, 15 de febrero de 1748-6 de junio de 1832), además economista y escritor, fue un niño prodigio. De una acomodada familia de juristas, con tres años ya leía libros y con cinco estudiaba latín y francés y tocaba el violín. Estudió en Westminster School y cuando contaba doce ingresó en la Universidad de Oxford donde estudió Derecho. Con diecinueve años comenzó a ejercer como abogado pero abandonó pronto la práctica jurídica para dedicarse a tiempo completo a tareas intelectuales, la escritura de tratados proponiendo reformas sociales. En su más influyente obra, Introducción a los principios de la moral y legislación (1789), proclamaba:
