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Crónica del "negro de Banyoles".

El negro de Banyoles en 1977 (1).
A finales de octubre de 1991 una carta de Alphonse Arcelín, médico español de origen haitiano residente en Cambrils, Tarragona, dirigida al alcalde de Banyoles, Girona, exigiéndole la retirada del Museo Darder del que popularmente se conocía como "el negro de Banyoles", desató una polémica que llegó a alcanzar repercusión internacional. Al cabo de pocos meses la ciudad se disponía a acoger las pruebas de remo de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Hasta entonces, el cadáver disecado de aquel bosquimano de etnia tsuana o bechuana, exhibido de acuerdo con los criterios museísticos del siglo XIX en la vitrina de un pequeño museo comarcal, a pesar de no haberse ocultado jamás, había pasado inadvertido. A día de hoy miles de personas guardan en su memoria la imagen de una visita infantil -la mía fue a mediados de los años setenta del pasado siglo- a una sala del Museo Darder donde además de la vitrina de el negro, se alineaban en estanterias cráneos verdaderos y reproducciones en yeso, fetos sumergidos en alcohol, momias y dos pieles humanas curtidas extendidas sobre una pared. Toda una experiencia. La controversia desencadenada a finales del siglo XX, acompañada de acusaciones de racismo, sobrevenida además en una población con una alta tasa de población inmigrante de origen africano y sin problemas de convivencia, analizada ahora con algo más de perspectiva, quizá fuera injusta y desproporcionada.