Taxidérmicas portadas de discos. Parte 1.

La portada de un disco, más aún si es -era- de vinilo, de un formato más grande, es un arma más de mercadotecnia que las discográficas emplean vender su producto.  Las que reproduzco a continuación tienen en común la presencia de Taxidermia. Entre los animales disecados abundan las alfombras de tigre y oso en compañía de una mujer, un motivo que ya abordamos en la serie Bellas y Bestias. Están ordenadas cronológicamente, desde los años cincuenta del pasado siglo hasta el presente, lo que añade información acerca de cada época. La cantidad de discos con este tema me obliga además a ofrecerla en dos partes.

Eartha Kitt, Down to Eartha (1955).

John Edmonstone, el esclavo que enseñó Taxidermia a Charles Darwin.


John Edmonstone enseñando Taxidermia a Charles Darwin (1).


El excéntrico Charles Waterton (1782-1835) rememorando los primeros días de su tercer viaje en 1820 a la Guayana Británica escribió en su libro Wanderings in South America, the North-West of the United States, and the Antilles (1825): 
   "Tras permanecer algunos días en la ciudad, subí a mi antigua morada junto al arroyo en la residencia de Demerara, de mi digno amigo el señor Edmonstone, en el arroyo Mibiri. 
   La casa había sido abandonada hacía algunos años. (...) Contraté algunos negros de un leñador de otro arroyo para reparar el tejado, y luego la casa o lo que quedaba de ella, convirtiéndola en cuartel general de historia natural. (...). 
   Fue en aquella colina (2) cuando en el pasado intenté enseñarle a John, el esclavo negro de mi amigo el señor Edmonstone, la forma correcta de montar pájaros. Pero John era poco hábil y requería abundantes tiempo y paciencia para enseñarle cualquier cosa. Algunos años más tarde, su patrón lo llevó a Escocia donde, una vez libre, John lo dejó, consiguió empleo en Glasgow, y más tarde en el Museo de Edimburgo. El señor Robert Edmonstone, sobrino del anterior, disponía de un mulato capaz de aprender cualquier cosa. Me pidió que le enseñara el arte. Lo hice, era dócil y resuelto, y estuvo conmigo todo el tiempo en el bosque. Lo dejé allí para que siguiera este nuevo arte de conservar aves y lo enseñara a los demás." 

"Lisette", la yegua del zar Pedro I el Grande.

En junio de 1698 de regreso a Rusia de la que se conoció como Gran Embajada, un viaje de incógnito por Europa en el que Pedro I el Grande solicitó sin éxito ayuda a los monarcas europeos para enfrentarse al Imperio otomano, se cuenta que el zar a su paso por Riga, actual capital de Letonia, se enamoró de una bonita potra de color castaño de raza Karabaj, una raza muy resistente. Por ella ofreció a sus propietarias, unas jóvenes mercaderes (1), su viejo caballo a cambio más cien ducados holandeses. La escritura de venta se redactó en el acto. Bautizó la yegua con el nombre de Lisette, se cuenta que en honor de una de sus amantes durante su estancia en Sajonia.

La yegua Lisette compartiendo vitrina con los perros Lisette  (arriba) y Tirano en el Museo de San Petersburgo (2).

Los tratados de Rowley: "The Art of Taxidermy" y "Taxidermy and Museum Exhibition".

"Al escribir este trabajo, mi propósito ha sido eliminar todo aquello irrelevante y mantenerme tan próximo al sujeto de la taxidermia cuanto he podido. Nada más alejado de mis pensamientos que afirmar que los métodos recomendados aquí no son mejorables. Simplemente aporto los resultados de mi propia experiencia, unida a la de otros taxidermistas con los que he estado, con la esperanza de que los colegas que no se hayan beneficiado de la maestría ajena, ni tenido el tiempo y medios necesarios para experimentar nuevas líneas de trabajo, adquieran conocimientos novedosos y se sirvan de ello."
The Art of Taxidermy.
Ese era el modesto deseo que John Stewart Rowley (1862-1928), el autor, manifestó en el prólogo de The Art of Taxidermy (1898), un manual en tamaño octavo de 244 páginas ilustrado con veinte láminas y casi sesenta dibujos, volumen que dedicó a su mentor Joel Asaph Allen. Rowley, taxidermista autodidacta, ingresó en el Museo Americano de Historia Natural hacia 1890 como ayudante y tan sólo tres años después, contaba 31, se vio obligado a hacerse cargo del recién creado Departamento de Taxidermia al fallecer su compañero Jeness Richardson. El tratado, bastante completo, vería reediciones en 1904, 1907 y 1914. Veamos su contenido.

Los métodos de modelado de mamíferos de Rowley y el esculturodérmico de Akeley.

A finales del XIX y principios del siglo XX los métodos taxidérmicos de montaje de mamíferos grandes evolucionaban de forma acelerada en los Estados Unidos. En algunos museos europeos se habían recuperado técnicas dermoplásticas, de montaje de la piel curtida sobre una escultura con armazón de madera y hierro revestida de una capa de escayola que marcaba con precisión la musculatura del sujeto. En los Estados Unidos se empezaron a crear departamentos de Taxidermia en los nuevos grandes museos. A principios de la década de 1880 Carl Ethan Akeley ensayaba la dermoplastia durante sus pausas del desayuno en el Ward's Natural Science Establishment de Rochester, método que aplicaría a sus primeros grupos a partir de 1886 en el Museo Público de Milwaukee. En 1887 en el de Washington William Temple Hornaday terminó un grupo de bisontes que montó, en vez de en yeso, sobre maniquíes terminados con una capa de arcilla. Hacia 1895 Akeley fue designado jefe del taller de taxidermia del Museo Field de Chicago y allí empezaría a evolucionar su técnica hasta desarrollar el de modelado de una escultura en arcilla a tamaño natural, el vaciado del molde de escayola, la elaboración de un contramolde de pasta de papel a partir de las piezas del molde, y finalmente la obtención de la escultura reuniendo las secciones de pasta de papel, método que aplicó con éxito en su grupo de elefantes del Museo Field y años más tarde en el del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.



John S. Rowley, de autodidacta a taxidermista jefe del Museo de Nueva York.

John S. Rowley descarnando una piel (1).
John Stewart Rowley nació en Hastings-on-Hudson, Nueva York, en 1862. Siendo niño vivió en 1871 la inauguración del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, museo que visitó con su familia y que quizá le estimulara para aficionarse a la Taxidermia, aprender de forma autodidacta y acaso comenzar a ejercer de forma privada.

En breve retomaremos la biografía de Rowley. En 1882 el Museo Nacional de Washington contrató a William Temple Hornaday, procedente del Ward's Natural Science Establishment de Rochester, con el objetivo de crear un departamento propio de Taxidermia. Hasta entonces las grandes museos estadounidenses se limitaban a comprar los especímenes disecados a establecimientos como el Ward's, el de Frank Blake Webster de Hyde Park y otros similares europeos, como la Maison Verreaux de París o Rowland Ward de Londres. Hornaday, especialista en mamíferos, llamó a su lado a su amigo Jeness Richardson, especialista en aves empleado asimismo en el Ward's. En 1887 Hornaday, empleando métodos dermoplásticos, más avanzados, laboriosos y costosos que los utilizados por los taxidermistas privados proveedores, terminó un grupo de bisontes ambientado que causó impresión entre el público. El Presidente de la Sindicatura del museo neoyorquino, el banquero y filántropo Morris Ketchum Jesup, vio aquel trabajo y regresó a su ciudad decidido a convencer a sus colegas para que se creara igualmente un departamento de Taxidermia. Los bisontes se encontraban en peligro de extinción en los Estados Unidos -Hornaday contribuyó a su salvación, influyendo incluso en los legisladores- y la población de otros mamíferos también mermaba. El joven Museo Americano, como todos hasta entonces, mostraba al público hileras de mamíferos mal montados, solos, sobre un pedestal, y de acuerdo con Joel Asaph Allen, conservador de la sección de mamíferos y aves, Jesup solicitó la creación del nuevo departamento, petición que fue aceptada. Para impulsarlo ficharon a Richardson, que pasó de segundo en Washington a taxidermista jefe en Nueva York.

"A History of British Taxidermy" de Christopher Frost.

El libro A History of British Taxidermy (1987) siempre es de consulta obligada cuando decido escribir acerca de taxidermistas británicos. Su autor, Christopher Frost (Bury St. Edmonds, Suffolk, 1950) comenzó a practicar la taxidermia en su juventud y pronto comenzó a coleccionar y a comprar y vender vitrinas victorianas con animales disecados. En 1972 se estableció profesionalmente denominando a su negocio The Enchanted Aviary y cinco años después lo trasladó al cercano y turístico pueblo de Long Melford. Su interés por la historia de este arte y los centenares de trabajos de antiguos taxidermistas que manejó le condujeron de forma natural a publicar en 1981 Victorian Taxidermy y años más tarde este que comentamos, del que autoeditó una edición limitada de 1000 ejemplares numerados y firmados. Frost escribió además una pequeña guía para la restauración de vitrinas antiguas de Taxidermia.

"Zarafa", la jirafa del rey Carlos X del Museo de Historia Natural de La Rochelle.

Zarafa en el Museo de La Rochelle (4).
En 1827 Francia entabló negociaciones con Mehemet Alí, el valí otomano de Egipto, con el propósito de conseguir su apoyo militar en Argelia. Al inicio de las conversaciones y como muestra de buena voluntad, aceptando una sugerencia del cónsul francés, Alí regaló al rey Carlos X una jirafa. Y aunque acabaría rechazando la petición francesa de intervención en 1829, de nuevo como señal amistad Alí obsequió además al rey dos obeliscos, el primero llegó a París en 1833 procedente de Luxor -se erigió tres años después en la plaza de la Concordia-, mientras que el segundo se quedó en Egipto debido a las dificultades de su traslado. La última jirafa viva que había pisado suelo europeo (1) fue en Florencia, la que recibió como regalo Lorenzo de Médicis en 1486 del sultán de Egipto. Con anterioridad las recibieron asimismo como regalo los reyes Alfonso X de Castilla, Federico II de Sicilia y Fernando I de Nápoles y varios nobles italianos (2). Quizá la primera que lo hizo desde la Antigüedad clásica fue la que acompañó a Julio César en su regreso triunfal a Roma de la campaña de Egipto en el año 46, un animal (3) que falleció en un espectáculo con leones. En Constantinopla algunos zoológicos de sultanes también las alojaron.

Postal del "Unique Log Museum" de Garberville, California.




Probablemente sea de finales de los años cuarenta del pasado siglo. Está sin circular y el único texto está en el anverso, "Unique Log House Museum. Garberville, California" y la referencia del fotógrafo. Sus medidas son 13'8x8'8 cm. En mi colección hay varias tarjetas de pequeños museos locales aparentemente semejantes. En esta fotopostal observamos un rincón con varias cabezas de ciervo, una de corzo y otra de oso alineadas en los muros, bajo ellas cinco rapaces diurnas, una de ellas una águila calva, y sobre el estante toscamente ambientado un búho nival, un pelícano, un faisán, una barnacla, un piquero, un zorro medio escondido y una comadreja, y dos frontales de vaca en el suelo.

"El hijo del taxidermista" (2013), cortometraje de Enrique Vilallonga.

El taxidermista y su esposa (1).


Un proyecto muy personal este cortometraje de 19 minutos dirigido, coproducido, escrito -a medias con Juan Marí Susierra-, editado y musicado por Enrique Vilallonga. Su terrorífico argumento: el hijo de un taxidermista tras una larga ausencia regresa a la casa familiar donde es recibido por su padre, una persona inestable, obsesionada con Dios y rencorosa, que rememora los trágicos acontecimientos que sucedieron en el domicilio.

Taxidermista aficionado anónimo posando con sus trabajos.



El taxidermista de la fotografía, personaje anónimo, deseó inmortalizarse posando con algunas de sus obras. La fotografía es de finales del siglo XIX y, por los animales que aparecen en la imagen, debió tomarse en los Estados Unidos. Sobre el florido tapete de la mesita apenas se distinguen un búho americano, una ardilla, un mapache, un pequeño roedor, un par de patos, uno de ellos quizá un arlequín, y un último pájaro sobre una rama. El barbudo protagonista, de unos cuarenta años, posa en mangas de camisa, vestido con chaleco y mostrando la cadena del reloj. Está incómodo, no sabe muy bien qué hacer con las manos, la izquierda con el puño cerrado sobre el mapache y la derecha con la punta de los dedos en un bolsillito del pantalón.

"Taxidermia. Manual práctico del disecador de animales y plantas" de Manuel Llofriu.

Portada de la primera edición.
Según afirmaba su autor Manuel Llofriu en el prólogo de la obra, el mayor mérito de Taxidermia. Manual práctico del disecador de animales y plantas (1885) era que pretendía aportar "…no solamente un procedimiento de disección suficiente al aficionado, sino todos aquellos que emplean los más renombrados preparadores, así de España como del extranjero, y al mismo tiempo nuestra sincera opinión sobre las ventajas e inconvenientes de cada uno de ellos, a fin de que el operador o principiante pueda compararlos y adoptar aquel que más le agrade".

El Manual práctico del disecador, de unas 240 páginas y con 58 ilustraciones entre el texto, se trataba del segundo de la Historia de la Taxidermia de autor español, dejando aparte traducciones, manuscritos no publicados o artículos; el primero fue Nociones de Taxidermia de Joan Grau-Bassas que apareció en 1849. No se conoce que Llofriu practicara la Taxidermia, y sospechamos que desconocía su historia puesto que igualmente en el prólogo afirmaba erróneamente que "el arte de disecar puede decirse que es nuevo, pues apenas contará sesenta años", cuando en realidad se venía practicando por entonces regularmente desde hacía más de siglo y medio. La obra está basada en gran parte en el Manuel du Naturaliste Préparateur (1825) de Pierre Boitard, a quien cita en un par de ocasiones.

"Taller de un disecador" (1870), pintura de Fritz Werner.

Im zoologischen Museum. Atelier eines Ausstopfers, en español En el museo zoológico. Taller de un disecador, obra de 1870 del pintor alemán Fritz Werner, nos muestra el espacio de trabajo de un disecador en plena tarea de montaje de un ibis escarlata, que comparte protagonismo con un segundo personaje, probablemente un cliente que acude a recoger su encargo, que sostiene un ave rapaz. En el suelo, al lado de un par de jaulas vacías, un montón de pájaros muertos o pieles -de flamenco, de un tucán,...- esperando su turno. También sobre el piso una corneja, un cesto con pájaros de vivos colores y un par de plumas del ibis. Sobre las dos mesas abundan los tarros de vidrio con especímenes sumergidos en alcohol. En la de trabajo, situada ante una ventana, además algunas herramientas básicas, un cuerpo de estopa y el recipiente continente de la mezcla conservante. En la accesoria del rincón, algunas cajas de las que sobresalen huesos. Un cráneo de jabalí en la pared. A la izquierda un armario y al fondo, sobre la puerta entreabierta que da acceso a una habitación con repisas en las que se alinean especímenes disecados, un reloj y un relieve en yeso representando un mamífero.
 

Im zoologischen Museum. Atelier eines Ausstopfers (1870) de Fritz Werner (1).

La saga de los Thomas Hall de Londres.


Grabado de Thomas Hall I (1).
Se cree que Thomas Hall, el iniciador de la probablemente saga de taxidermistas más antigua, nació antes de 1730. Y aunque no existe ninguna evidencia, la publicidad de sus sucesores un siglo después afirmaría que este primer Hall inició su actividad en 1749. Apenas sabemos nada de su biografía, y las primeras evidencias de su oficio datan de 1779. De acuerdo con una tarjeta comercial no datada y conservada en el British Museum, me atrevo a especular conque se estableció inicialmente como disecador en el número 8 de Twister's Alley, Bunhill Row, cerca de Moorfields, Londres, y que al cabo de no mucho tiempo se trasladó no muy lejos, a una casa de ladrillo y madera ubicada en el número 10 de  City Road, Finsbury, entonces entre Featherstone Street y la esquina de City Road con Old Street, la única de la manzana que tenía patio interior. En su casa acumulaba y exhibía un buen número de ejemplares disecados, y también curiosidades y monstruosidades humanas, colección que mostró de forma itinerante en las ferias de los alrededores de Londres.

El taxidermista Severini, personaje de "Los hijos de la fe", novela de Enrique Pérez Escrich.

Enrique Pérez Escrich, uno de los novelistas costumbristas por entregas -escritor de folletines- más exitosos del siglo XIX, publicó en 1866 en dos volúmenes Los hijos de la fe. En el libro 15 de la segunda parte de la obra fallece la mascota de uno de los sujetos menores de la trama, la baronesa Flora del Cuadradillo. A comienzos del capítulo 3, titulado Un perrito chino, un poeta inédico, y un fugado del presidio, nos encontramos con la siguiente escena, en la que se menciona a un personaje real, el disecador Ángel Severini Lago, el taxidermista madrileño más conocido de la época e iniciador de una saga:
   "Por el tiempo que nos ocupa, una mañana, a esa hora en que aún no circulan por las calles de Madrid los carruajes de lujo, se detuvo enfrente de la tienda del disecador Severini una elegante berlina, tirada por una hermosa yegua de pura sangre normanda, cuya engallada y esbelta cabeza demostraba la bondad de su raza.
   Abrióse la portezuela del carruaje, y bajó de él un joven, vestido con uno de esos trajes de mañana, escasos y raquíticos como la miseria, traje que usan los dandys madrileños, ridiculizando la moda.
   El joven entró precipitadamente en la tienda del disecador de animales, y encarándose con el primero que vio enfrente le dijo:
   —Caballero, en mi casa ha sucedido una gran desgracia: se ha muerto Hoscar casi repentinamente: mi esposa, la baronesa del Cuadradillo, está desconsolada; yo, desesperado de oír sus lamentos. Es preciso que usted ponga remedio a esta catástrofe.
   Y el joven, sacando un pañuelo del bolsillo, comenzó a limpiarse el sudor.
   —¿Pero quién es Hoscar, caballero? preguntó el encargado de la tienda.
   —¿Quién ha de ser? un perrito chino de quien estaba perdidamente enamorada mi esposa.
   —¡Ah! ¿y qué es lo que quiere su señora de usted?
   —Disecarle, tenerle siempre a la vista, colocado sobre una mesa, o en el mármol de una chimenea; en fin, donde se quiera.
   —Sí, sí, caballero, está entendido: sólo falta el perro para ver en qué estado se halla.
   —En el peor de todos: cadáver.
   —Lo supongo, repuso el dependiente; pero no he querido preguntar eso.
   —Entonces no entiendo a usted.

"Taxidermie" en el "Dictionnaire de la Conversation et de la Lecture" (1839).



En 1839, en pleno auge de la Taxidermia sobre todo en Francia, el Dictionnaire de la Conversation et de la Lecture incluía la siguiente descripción, algo alambicada y aderezada con alguna referencia histórica:
"TAXIDERMIA (de taxis, preparación; derma, piel). La introducción de la clasificación natural en la zoología ha hecho indispensable la formación de vastas colecciones de historia natural, que tienden cada día a completarse; y estas a su vez, han precisado la creación de un nuevo arte, la taxidermia, cuya finalidad es la de preparar las especies animales de manera que conserven todos los caracteres genéricos y específicos, y sustraerlas, a ser posible, de la influencia de los diversos tipos de destrucción. Y, como los caracteres genéricos y específicos de los animales se traducen en modificaciones del aparato pasivo de la locomoción (el esqueleto óseo) y del aparato tegumentario (lo relacionado con la piel), es sobre todo a la preparación y conservación del esqueleto y la piel de los animales a lo que la taxidermia se aplica. En consecuencia, la taxidermia puede dividirse en dos ramas: 1ª el arte de preparar y consrvar el sistema óseo de los animales, manteniendo entre las diferentes partes del sistema las relaciones de posición que tenía el animal vivo; 2ª el arte de preparar y conservar la envoltura tegumentaria, dando a esta envoltura la forma que presentaba con el animal en vida. Es sobre todo a esta segunda rama a la que se reserva la denominación de taxidermia.

"El taxidermista y el juguetero" (1963), historieta de Nin.

Historieta completa de El taxidermista y el juguetero.


La historieta El taxidermista y el juguetero, una obra con guion y dibujos de Celedonio Frejo, conocido por su seudónimo Nin, que se publicó en abril de 1963 el número 298 de la revista infantil Pumby, es tan básica como breve, tan sólo alcanza las dos páginas y es la siguiente. Jeromín, el hijo de un taxidermista, debe llevar un encargo terminado al domicilio del cliente y por el camino se encuentra con un amigo suyo, juguetero, que le invita a llevarle a su taller un animal disecado para dotarlo de movimiento y que así parezca realmente vivo, algo que conseguirá para sorpresa del protagonista.

"The Ornithologist" (1873), óleo de Henry Stacy Marks


Es una lástima no haber hallado una imagen del óleo original. Henry Stacy Marks presentó The Ornithologist (El ornitólogo) en la exposición anual de 1873 de la Royal Academy of Arts de Londres, una obra que sin duda debió destacar entre las mil seiscientas presentadas en aquella ocasión (1). El periódico ilustrado The Graphic publicó a principios de agosto de aquel mismo año un grabado xilográfico reproduciendo el cuadro. También dos periódicos de Nueva York, el recién fundado The Daily Graphic (2), una fotografía en portada, y Harper's Bazaar la misma xilografía en páginas interiores, pocos días después.
 

Grabado de The Ornithologist en el londinense The Graphic.

Visir, el caballo de Napoleón.


Visir en la actualidad (1).


A pesar de que no fue un buen jinete, Napoleón Bonaparte tuvo en el caballo su principal medio de transporte. Se cuenta que siempre tenía disponibles una treintena. A lo largo de su década imperial dispuso en total de alrededor de ciento treinta caballos, de ellos unos veinte murieron en distintas batallas. A partir de la campaña de Egipto prefirió las monturas de raza árabe. Uno de sus últimos ejemplares, de nombre Vizir o Visir (2), se conserva en el Museo del Ejército ubicado en el hôtel des Invalides de París.

Las caricaturas taxidérmicas de John Leech.

John Leech (Londres, 1817-1864) fue un reconocido caricaturista que a partir de 1841 publicó de forma asidua en la revista humorística Punch. Las siguientes viñetas, relacionadas con la Taxidermia, aparecieron en dicho periódico. En 1866, después de su fallecimiento, sus dibujos se reunieron en tres volúmenes. En la página 230 del primero encontramos la siguiente ilustración, que se incluía en la serie Memorial de la Gran Exposición de 1851 que tuvo lugar en Londres:

   "DELICADO REGALO.-
   Un viejo caballero, deseoso de que su esposa tuviera algunas bagatelas de la Gran Exposición, le compra (entre otras cosas), el elefante disecado y la réplica del dodo."