Un oso disecado como indemnización.


Grabado del siglo XIX (1).

Ezequiel Boixet Castells, codirector del diario La Vanguardia, que firmaba bajo el seudónimo de Juan Buscón su popular sección Busca, buscando, narró la historia el 27 de septiembre de 1902 con bastante gracia:
    "Una de las industrias que más han prosperado en Francia durante algunos años y que todavía resultan beneficiosas, si bien han venido muy a menos por su mucha abundancia y consiguiente rivalidad, ha sido la de las Agencias matrimoniales. Mr. de Foy que fue, sino el fundador, el verdadero apóstol de esta institución, realizó con ella una gran fortuna, gracias al celo, discreción e inteligencia con que consiguió casar a millares de personas. Muchos otros explotadores del santo lazo han logrado también enriquecerse y no pocos han tenido que enviar la agencia a todos los diablos. Son tantos los que actualmente se dedican a esta clase de corretaje, que a menos de gozar de un crédito muy antiguo y sólido o de tener una suerte excepcional, el negocio resulta sumamente arriesgado y peligroso.
   Sobre todo por razón de los tunos. Se dan con frecuencia casos de una indelicadeza verdaderamente punible: no todos los clientes que apelan a los buenos oficios de esas oficinas casamenteras, proceden con la debida lealtad y si pueden echar el pego al intermedio a quien deben la dicha y la fortuna, no reparan en hacerlo. A este número pertenece Mr. Joseph R.*, un rico propietario normando, al que Mme. S.*, corredora matrimonial, amenaza con un pleito, si en el término de 15 días no le entrega 200.000 francos, con 80.000 más en concepto de intereses devengados durante ocho años. Y aunque la cantidad es algo crecida y las exigencias de Mme. S.* podrán parecer excesivas a primera vista, la opinión de mis lectores se modificará probablemente al conocer los antecedentes del asunto.
   El aludido Mr. Joseph era en 1885 un humilde commis voyageur (2), que desesperado de hacer fortuna en el comercio andaba buscando con más ahinco que buen éxito una heredera rica, que le sacase de sus apuros cotidianos y anuales. No obstante su agradable físico, el comisionista no podía echar el anzuelo, por lo cual resolvió acudir a una agencia matrimonial, cuyos seductores prospectos habían llamado su atención, y una mañana llamó a la puerta de la señora S.*.
   Esta respetable matrona se mostró muy complaciente con el joven y después de proponerle diversos partidos le recomendó especialmente uno de calidad excepcional: «Señorita de buena familia, 27 años, educación esmerada, rostro agradable, huérfana, moralidad irreprochable, tres millones de dote".
   ¡Tres millones!... ¿Cómo diablos una muchacha dueña de semejante caudal, amén de las demás circunstancias, recurría para casarse a la intermediación de una agencia, recurso postrero de las jóvenes que no pueden casarse directamente? Esta observación insinuada tímidamente por Joseph quedó explicada al punto de una manera satisfactoria -relativamente hablando- por la señora S. Si la señorita X. apelaba a su intervención era porque había experimentado ciertas dificultades en casarse a causa de cierta prominencia que tenía entre los omóplatos. ¡Oh! una prominencia ligera, insignificante: casi nada.
   Por tres millones, Joseph se hubiera casado con tres prominencias. El entusiasmo que le produjo la enunciación de la dote, se aumentó con la casi absoluta seguridad que le dio la agente matrimonial de que si se presentaba candidato a la mano de la señorita X. sería aceptado sin dificultad. La novia en espectativa aspiraba ante todo a casar con un buen mozo, y lo que es Joseph buen mozo lo era sin duda alguna.
   Nuestro hombre principió por entregar a la corredora un anticipo de 500 francos, de los cuales 300 reintegrables si el enlace no se verificaba a los seis meses, firmó luego una obligación de 200.000 francos, pagaderos a los tres meses de realizada la boda y de tomar posesión de la dote, y fuese a visitar a la señorita X. para ofrecerle su blanca mano y su corazón de commis voyageur.
   Pero, a los quince días volvió a casa de la corredora, con semblante mustio: "La señorita X. es en verdad demasiado contrahecha para que me decida a casarme con ella. Tres millones no me parecen bastantes para compensar el sacrificio y la abnegación que supone semejante boda. Tened la bondad de devolverme los 300 francos convenidos y la obligación firmada."
   La señora S. restituyó el dinero, pero no la obligación que, según ella no comprometía al firmante, desde el momento que no quedaba cumplida la condición principal. Después, la corredora y Mr. Joseph se separaron y no volvieron a verse hasta hace muy poco, en una playa de Normandía.
   La buena señora se paseaba muy tranquila, respirando las frescas brisas marítimas, cuando llamó su atención una extraña pareja: un arrogante mozo dando el brazo a una mujercita de abultada espalda. Desde el primer momento la agente de matrimonios reconoció a sus clientes de ocho años atrás y su perspicaz imaginación comprendió el timo. Los dos novios, después de verse y entenderse, se habían confabulado para aparentar un desistimiento de matrimonio y estafar a la mediadora la convenida remuneración. Luego se habían casado subrepticiamente (según frase textual de Madame S.*) y ésta habríase visto defraudada en sus legítimos derechos, sin la Providencia que a la vuelta de algunos años revelaba a la inocente y confiada matrona el tenebroso complot de que fuera víctima.
   La indignada corredora ha requerido notarialmente a Joseph R.* para que le entregara la suma estipulada en el compromiso, más los intereses vencidos desde que se efectuó el matrimonio. ¿Y saben ustedes qué ha contestado el ingratón?... "Que no pagaba, porque el contrato era en primer lugar inmoral; e inexigible en segundo lugar, ya que quedó rescindido, como lo probaba el hecho (probado en recibo) de la devolución de los 300 francos, sobre los 500 anticipados. Que, por otra parte, tampoco podría pagar en ningún caso una suma tan crecida, puesto que él continuaba siendo pobre y que todo pertenecía a su consorte".
   ¡Habráse visto desvergüenza!... Lo que más sulfura a la señora S.* es que su deudor le haya ofrecido como única indemnización... ¡un oso disecado!".


Crédito.-
(1) Detalle de una xilografía que acompañaba la crónica de la celebración en el palacio de Sandringham de las bodas de plata del príncipe de Gales,  publicada por el Illustrated London News el 10 de marzo de 1888.
(2) Representante, comercial o vendedor a comisión.


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Taxidermidades, 2017.


Bibliografía:
Ezequiel Boixet Castells  Busca, Buscando , en La Vanguardia, Barcelona, 27 de septiembre de 1902.

Recursos:
Artículo El suicidio de una dama inglesa y su perro disecado, sobre otra reseña de Ezequiel Boixet en Taxidermidades.
Artículo El oso disecado, signo de riqueza y posición en Taxidermidades.