"Corrección" de Thomas Bernhard.

Portada del libro.
Para el lector, el estilo de Thomas Bernhard, escritor austríaco, no es nada fácil y la temática de sus obras es una constante. Es crítico con el ser humano que, sin ideas propias, sigue al rebaño. Considera que el trabajo intelectual conduce a la locura y que la ignorancia origina violencia. Sus temas más recurrentes son la incomunicación del ser humano, la obsesión, la locura, la enfermedad, la destrucción y la muerte. Su estilo de escritura, reiterativo, minucioso, sin puntos y aparte, es obsesionante. Bernhard escribió Corrección (Korrektur), una de sus novelas más conocidas, en el año 1975. La sinopsis de la obra que aparece en la contraportada del libro es la siguiente:
“Tras el suicidio de su amigo Roithamer, el anónimo narrador de la novela llega a la casa del taxidermista Höller, en cuya buhardilla el suicida ha permanecido durante seis años entregado a la tarea de planear y construir, en el centro geométrico exacto del bosque de Kobernnauss, un Cono que, desafiando las leyes de la construcción tradicional, estaba destinado a ser residencia y “felicidad suprema” de su hermana. Urdida en torno a un proceso obsesivo de creación y destrucción que se plasma en un afán de constante corrección, la novela es una reflexión sobre los problemas del hombre contemporáneo, enfrentado a la deshumanización, el desamor y la soledad.”
La lectura de algunos párrafos de la novela nos servirán para comprobar esa progresión obsesiva, también la del protagonista narrador anónimo. Seleccionamos solamente algunos pasajes que guardan cierta relación con la taxidermia. Así, estas son sus impresiones al llegar a casa de los Höller:
“Realmente, la atmósfera que había encontrado yo en casa de los Höller era también para mí ideal, (…) y es evidente que también lo atraían el trabajo de Höller, sus cuidadosas preparaciones taxidérmicas, en general, toda la curiosa situación, muy estrechamente relacionada con las condiciones de luz en el valle del Aurach, ese transcurso de las jornadas, sin duda sencillo, pero, sin embargo, desarrollado totalmente en una Naturaleza ininterrumpidamente perceptible en ese lugar y, la mayoría de las veces, muy dolorosa, con todos los seres vinculados al transcurso de esas jornadas, con los padres y los suegros de Höller y con su mujer y sus hijos, todavía en edad escolar, donde todo giraba en torno a la caza cobrada y destripada y a las aves cobradas y destripadas y las ocupaciones relacionadas con ellas y las condiciones de vida vinculadas a la Naturaleza, y que él, Roithamer, había encontrado precisamente aquí, en la garganta del Aurach, las condiciones ideales sobre todo para impulsar su obra principal, la construcción del Cono, (…)
La casa del taxidermista como inspiradora de la obra de Roithamer:
El letrero de la casa del taxidermista (1).
"Pero si Roithamer sabía que Höller había sido el origen y el modelo de su propio arte de la construcción, no lo sé, aunque él, Roithamer, había hablado siempre de la construcción de Höller y, de hecho, hablaba siempre con el mayor respeto de esa construcción de Höller, posiblemente no había tenido conciencia en absoluto de que Höller y la construcción de Höller habian sido el origen de su propia construcción, de que él, Roithamer, sin Höller y la decisión de Höller de construirse una casa en la garganta del Aurach, ni siquiera habría tenido la idea de construir."
Vista aérea de la casa del taxidermista Höller (1).

Las conversaciones entre Roithamer y el taxidermista Höller:
"Roithamer me había hablado a menudo de esas conversaciones. Todas esas conversaciones surgían siempre en nosotros por naturaleza, así Roithamer, y por ello concordaban con los dos, con él, Roithamer, y con Höller. Roithamer hablaba la mayoría de las veces de Inglaterra y sus estudios, y de lo que sabía sobre Altensam y, en los últimos tiempos, naturalmente, de su trabajo en el Cono, y Höller de su trabajo como taxidermista, era el único en un amplio radio de centenares de kilómetros, y de todos los sucesos de interés en las aldeas, lo mismo que, como es natural, de la construcción de la casa."
 El narrador se obsesiona progresivamente. ¿Comienza su locura?:
La casa de los Höller junto a la carretera y el río (1).
"(…), y me puse en pie, me despedí y me fui a la buhardilla. Pero lo mismo que Höller, como pude comprobar pronto, probablemente a causa de su insomnio, no se fue a dormir sino al taller, a la sala de taxidermia, como llamaba siempre Roithamer al taller de los Höller, también yo estaba muy lejos de poder irme a dormir.
[...]
(…) , mientras desde la buhardilla de los Höller oía abajo, en el taller de los Höller, en la sala de taxidermia, a Höller ocupado con limas y fresas y sierras, me había acostumbrado tanto al estruendo del Aurach que oía ya trabajar a Höller, por los ruidos que venían del taller de los Höller me podía imaginar las actividades que Höller realizaba en aquel momento, y que, como yo, estaba en ese instante totalmente bajo la impresión del suicidio de Roithamer, (…)
[...]
Y si le pidiese a Höller que me dejase trabajar en su taller, que me dejase ocuparme de cualquier cosa, porque creo que, en este instante, un trabajo físico me sería más conveniente que un trabajo intelectual, (…)
[...]
En qué horrible situación me he metido al aceptar la invitación de Höller e instalarme en la buhardilla de los Höller, pensé. Miré hacia abajo, a la ventana del taller de los Höller y pensé, él no hace más que trabajar y no puede irse a la cama, y seguí pensando que él pensaba que yo no podía irme a la cama e iba de un lado a otro por la buhardilla. (…) Así, Höller podía pensar abajo, en el taller, en la sala de taxidermia, que yo sentía en la buhardilla de los Höller la mayor intranquilidad, porque todo, visto desde el taller, desde la sala de taxidermia, lo indicaba así, lo mismo que yo tenía que pensar que Höller, en el taller de los Höller, sentía la mayor intranquilidad, porque todo, desde la buhardilla de los Höller, así lo indicaba. Al fin y al cabo podría, pensé, salir de la buhardilla de los Höller y bajar y entrar en el taller de los Höller y preguntarle a Höller por qué a estas horas, en que nadie está ya levantado para trabajar, sigue trabajando, interrogarlo sobre las causas de su actual trabajo, y dejar que Höller me interrogase sobre el hecho de por qué voy de un lado a otro por la buhardilla de los Höller, y no estoy en la cama.
[...]
Sentado en el viejo sillón, junto a la puerta, pensaba con qué indiferencia habíamos seguido después de todo nuestro camino, él, oriundo de Altensam, allí arriba, yo de Stocket, abajo, y Höller, cuyo padre había sido ya taxidermista zoológico, en la vieja casa de los Höller, vendida por Höller y demolida por su propietario ulterior."
Durante ese proceso hacia la ofuscación, el narrador observa y describe el trabajo del taxidermista:
"Como había oído algo distinto de lo que hasta entonces había oído, me levanté y me situé junto a la ventana, y miré afuera. La oscuridad era tenida a raya por las luces del taller, y Höller se ocupaba en rellenar una enorme ave, no pude reconocer qué clase de ave. Era un ave gigantesca y negra la que tenía Höller sobre sus rodillas, rellenándola de celulosa con una vara. Eran ya las once y como Höller se levantaba siempre a las cuatro de la mañana, durante toda su vida, ya de niño se había levantado siempre a las cuatro de la mañana, porque su padre también se había levantado siempre a las cuatro de la mañana, todos se levantaban en el valle del Aurach entre las cuatro y las cinco de la mañana, así pues, como Höller se levanta ya a las cuatro de la mañana, el quedarse despierto hasta tan tarde, y el quedarse despierto hasta tan tarde en las presentes circunstancias no le sentará bien, pensé. "Sin cesar observaba yo desde mi ventana, allí arriba, desde la buhardilla de los Höller, cómo Höller abajo, en su taller, rellenaba el ave gigantesca y negra, introduciendo en esa ave cada vez más celulosa"Sin cesar observaba yo desde mi ventana, allí arriba, desde la buhardilla de los Höller, cómo Höller abajo, en su taller, rellenaba el ave gigantesca y negra, introduciendo en esa ave cada vez más celulosa, pensé, lo observaré desde este lugar, sumamente favorable para esa observación, hasta que el ave esté completamente rellena, y así estuve por lo menos media hora inmóvil, hasta que ví que Höller había rellenado el ave. De pronto tiró al suelo el ave rellena, se puso en pie de un salto y corrió a la parte de atrás del taller, yo no podía ya verlo, pero esperé, mirando al taller, para ver de nuevo a Höller, y él volvió y se sentó otra vez en el sillón y comenzó otra vez a rellenar el ave, ahora veía un gigantesco montón de celulosa en el suelo, junto a Höller, y pensé, ahora meterá poco a poco ese gigantesco montón de celulosa en el ave que había creído al principio rellena desde hacía tiempo. Con ese rellenar el ave se le hace la noche soportable, pensé. A las doce seguía todavía ocupado en rellenar el ave. Una y otra vez pensaba yo de qué ave se trataría, que nunca había visto un ave tan grande ni tan negra, y que, probablemente, se trataba de algún ave extranjera, que aquí no se encontraba en absoluto, y pensé si debía bajar a ver a Höller en el taller para preguntarle de qué clase de ave se trataba. Puede ocurrir muy bien que esa ave sea lo que se llama un ave exótica, y que alguno de los cazadores que viven fuera, en la llanura, y que viven allí acomodadamente, en esa comarca fértil, y muy a menudo van a cazar al extranjero o a ultramar, la haya traído de allí, de Sudamérica o de África, con qué increíble energía rellenaba ahora Höller el ave, no podía imaginarme que cupiera en el ave tanta celulosa, pero Höller seguía metiendo celulosa en el ave, y de pronto me repugnó el proceso de meter celulosa en el ave gigantesca y negra, me di la vuelta y miré a la puerta, pero no me fue posible mirar a la puerta más que poquísimo tiempo, porque incluso cuando miraba a la puerta veía el ave gigantesca que Höller rellenaba de celulosa, de modo que me volví otra vez y miré por la ventana y al taller de los Höller, porque, ya que tengo que ver a Höller rellenar esa ave gigantesca, negra y, en el fondo, horrible, que sea de verdad, pensé, y no con la imaginación, porque ahora, bajo la impresión de ese ave gigantesca y negra rellenada por Höller, no puedo ya ni pensar en dormir, es evidente, esa forma de meter celulosa en el ave Höller, que seguía aumentando la velocidad con que realizaba su trabajo, finalmente metía celulosa en el ave con la máxima y supermáxima velocidad, me daba náuseas, pero me veía obligado a mirar por la ventana y a mirar al taller. Tampoco podía volverme ya, y tuve que abandonarme por completo a ese procedimiento de rellenar el ave de Höller, tuve ganas de vomitar, y entonces Höller interrumpió aquella actividad horrible y puso el ave, que tenía unas garras gigantescas en las patas largas y gruesas, en su mesa de trabajo. Ahora coserá el ave rellena, pensé, y realmente Höller se levantó y desapareció en la parte de atrás del taller, únicamente para buscar todo lo necesario para coser el ave. O a lo mejor interrumpe ahora el trabajo y sale del taller y se va a su habitación y se acuesta, pensé, pero ya estaba Höller de vuelta con diversos ovillos y agujas y se había sentado a la mesa de trabajo para continuar su trabajo. (…) Por otra parte, no me permitía a mí mismo bajar al taller de los Höller, para ayudar allí en algo quizá. Sin duda habría podido hacer algo en el taller de los Höller, aunque sólo hubiera sido barrer el suelo. Tuve que utilizar toda mi fuerza de voluntad para apartarme de la ventana, y me volví y di unos pasos hacia la puerta, y así, durante ese ir hacia la puerta, pense que, en el fondo, me encontraba en una situación desesperada, posiblemente ya de locura grave. (…) Todo es lo que es y nada más. Si unimos sin cesar a todo lo que percibimos y, por tanto, vemos, y a todo lo que pasa en nosotros significados y enigmas, más pronto o más tarde tendremos que volvernos locos, pensé. Sólo debemos ver lo que vemos, y que no es nada más quelo que vemos. Otra vez observaba a Höller desde mi ventana de la buhardilla de los Höller, cómo cosía el ave gigantesca y negra que había rellenado al máximo. Y de repente vi, quizá porque mis ojos se habían acostumbrado a las condiciones de luz que reinaban allí abajo, en el taller de los Höller o porque esas condiciones de luz habían cambiado de pronto, varias de esas grandes aves, todo el fondo del taller de los Höller estaba lleno de esas aves, no todas esas aves, incluso gigantescas, eran del mismo tamaño ni todas eran negras, pero no eran aves autóctonas, probablemente, pensé, esas aves son propiedad de algún chifaldo por los pájaros que puede permitirse ir a América, a Sudamérica o a la India para cazar esas aves gigantescas y hacerlas suyas. Una gigantesca colección de aves, pensé, una y otra vez: una gigantesca colección de aves, golpeándome la cabeza mientras tanto, una y otra vez: una gigantesca colección de aves, ¡una gigantesca colección de aves! Roithamer había hablado siempre, con muchas citas, del trabajo de Höller, de sus disecaciones, rellenos y demás de todos los animales imaginables, de todas las aves imaginables, y observar el trabajo de Höller había sido para Roithamer, como él mismo decía, siempre fructífero, mirar como esas criaturas naturales muertas eran disecadas y rellenadas y cosidas. "Para él, Roithamer, pensé ahora, esas criaturas naturales rellenas, en calidad de criaturas artísticas, habían sido siempre motivo para hacer diversas consideraciones sobre la Naturaleza y el Arte y el Arte y la Naturaleza"Para él, Roithamer, pensé ahora, esas criaturas naturales rellenas, en calidad de criaturas artísticas, habían sido siempre motivo para hacer diversas consideraciones sobre la Naturaleza y el Arte y el Arte y la Naturaleza, para él habían sido siempre las criaturas artísticas más enigmáticas, porque precisamente eran todavía criaturas artísticas y demás, y enigmáticas, por el hecho de que aquí, en medio de una Naturaleza rebosante de esos cientos y miles de criaturas todavía naturales y demás, eran transformadas por Höller en criaturas artísticas en medio de la Naturaleza y demás. De las criaturas naturales hacía Höller criaturas artísticas, y esas criaturas artísticas eran, en todo caso más enigmáticas que las criaturas naturales puras que una vez fueron. Roithamer había unido con frecuencia al ejemplo del trabajo de Roithamer, consistente en hacer, de criaturas naturales puras, criaturas artísticas puras, pensamientos relativos al Arte y la Naturaleza, todos esos pensamientos que Roithamer, como es natural, relacionaba siempre enseguida con todo, lo que quiere decir con todo lo que no fuera esos pensamientos, se me presentaban ahora de nuevo. Pero no estaba ya capacitado para ninguna definición. Sin embargo, reflexioné en cómo era posible que tantas generaciones, y se puede acreditar por lo menos cuatro o cinco antes de Höller, se hubieran ocupado durante toda su vida de rellenar y disecar animales y, consciente o inconscientemente, hubieran hecho durante siglos, de criaturas naturales puras criaturas artísticas puras. Esa meditación duró una hora.
[...]
Alfred Höller en su taller disecando un urogallo (1).
(…), y de pronto había descubierto la verdadera causa de mi insomnio y de mi intranquilidad que seguía aumentando constantemente, el que, en efecto, las condiciones atmosféricas hubieran cambiado durante la velada, produciendo con ello en todos una horrible intranquilidad, eso era también lo que había inducido probablemente a Höller a quedarse levantado y refugiarse en el taller, una breve ojeada al taller, allí abajo, bastaba para comprobar que Höller seguía ocupándose del ave grande, negra y gigantesca, no había ni que pensar en que se interrumpiera ahora o en plazo brevísimo, ni siquiera en un plazo previsible interrumpirá Höller su trabajo en el ave, pensé, y luego enseguida, otra vez, que aquí en la garganta del Aurach, están siempre a merced de esos cambios de tiempo repentinos, absolutamente repentinos, que en muchos casos son cambios de tiempo mortales, porque la gente, como consecuencia de esos cambios de tiempo, se ve empujada al límite de su existencia, y sólo mediante la actividad vuelve a salir de ese estado de desesperación y superdesesperación causado por ellos, lo mismo que Höller, que se ocupaba continuamente del ave, (…)"
Al aproximarnos al final del libro, conocemos el significado de ese "ave negra". El narrador se refiere al también suicidio del tío de Roithamer:
Urogallo disecado por Höller (1).
"La muerte de mi tío, así Roithamer, fue también una sorpresa para Höller, porque Höller, como yo, había opinado siempre que un hombre como mi tío, que hablaba de suicidio una y otra vez, por el hecho de hablar de ello una y otra vez y casi ininterrumpidamente, no se mata, pero él se mató, la atmósfera en casa de los Höller, por la sorpresa del suicidio de mi tío, se tiró en Stocket al pozo de la quesería, estaba totalmente bajo la impresión del suicidio de mi tío, toda la casa de los Höller, también la buhardilla de los Höller, pienso, así Roithamer, toda esa morada sencilla con sus complicadas relaciones o, a la inversa, esa morada complicada con sus relaciones sencillas, así Roithamer. Inmediatamente después de entrar en casa de los Höller y, por tanto, enseguida, al ver la gigantesca ave negra disecada que colgaba de la pared del vestíbulo, me fue evidente que toda la casa de los Höller estaba bajo la impresión del suicidio de mi tío."
Cuando Thomas Bernhard se trasladó a vivir a Gmunden, a su granja Obernathal, durante sus frecuentes recorridos por la carretera que recorría el angosto valle del Aurach, le llamó la atención aquella casa que desafiaba a las fuerzas de la naturaleza y que se encontraba ubicada entre la carretera y el río. Efectivamente, la desafiante ubicación de la casa del taxidermista Höller y la posibilidad de que una crecida del río provocara inundaciones, incitaron a Bernhard a escribir Corrección. 

En el libro Poética de los escenarios. 4 visiones de la obra de Thomas Bernhard (2003) escrito por Hans Höller, profesor de germanística de la Universidad de Salzburgo, y con fotografías de Erich Hinterholzer, se repasan los escenarios literarios de cuatro obras a través de imágenes. Una de esas obras es Corrección. Parte del texto es el siguiente:
“El primer camino, inmediatamente después de su alta del hospital de Wels, conduce al narrador en la novela Corrección en seguida al valle Aurachtal, a la Casa Höller, donde se conserva en la “buhardilla de los Höller” el legado de Roithamer. Hacia allí el narrador se retira para examinar y ordenar los escritos dejados de Roithamer, que se había suicidado. Entre los miles de papeles se encuentra también un manuscrito voluminoso sobre el origen de la localidad de Altensam y sobre el cono-vivienda, que Roithamer construyó en el bosque Kobernausserwald para su hermana. A esta construcción cónica, fundamentada de forma arquitectónica, biográfica y filosófica, Roithamer había llegado a través de la “constante observación de la construcción de la casa de Höller”.
Cuando Bernhard se dirigía hacia su casa en Reindlmühl, pasaba por la casa del taxidermista zoológico Alfred Höller en la garganta del río Aurach. En la vista aérea son reconocibles las características estructuras del paisaje: una casa en la carretera entre el bosque y el río impetuoso, que en la novela se interpreta como metáfora para la posición expuesta del Ego y su autodefensa con la ayuda del arte de la arquitectura.
El hecho de que se dé a la actividad del taxidermista un espacio tan amplio, es obvio con un autor, que en su obra literaria y en sus ideas poetológicas una y otra vez tematiza la relación entre arte y naturaleza, entre artificio y lo natural. De tal manera también para Roithamer las “criaturas rellenas en calidad de criaturas artísticas habían sido siempre motivo para hacer diversas consideraciones sobre la Naturaleza y el Arte y el Arte y la Naturaleza”
Como hemos comprobado, en algunos de los párrafos más grotescos de la novela Corrección, el narrador, el amigo de Roithamer, observa “sin cesar” desde su ventana de la buhardilla durante la noche, “cómo Höller abajo, en su taller, rellenaba el ave gigantesca y negra”. Entre las fotografías que aparecen en el libro del profesor Höller encontramos la de la fachada de la casa del taxidermista con el letrero “Alfred Höller. Zoologischer Präparator”; la de una vista aérea de la casa del taxidermista, al lado de la carretera en la garganta del río Aurach; y una serie de cuatro fotografías en las que aparece el taxidermista Höller trabajando en “el ave gigantesca y negra” –un urogallo- “tomado desde el punto desde el cual Thomas Bernhard le observó y fotografió”, y rincones del taller y el urogallo disecado. Algunas de ellas ilustran este artículo.

Thomas Bernhard (Heerlen, Países Bajos, 1931- Gmunden, Austria, 1989) es uno de los grandes escritores del siglo XX y estuvo considerado como persona non grata por los estamentos oficiales austríacos. Crítico con la historia de su país, sus obras, 19 novelas y 17 piezas teatrales, son a la vez lúcidas y polémicas. En noviembre de 1988 estrenó Heldenplatz (Plaza de los Héroes), una de sus obras teatrales más conocidas, y su enésima polémica. Falleció en Gmunden (Austria) pocos meses después, en 1989, de una enfermedad pulmonar que arrastraba desde su infancia y que lo mantuvo recluído durante un par de años de su juventud en un sanatorio. Acumuló una quincena de premios literarios. Sus obras más destacadas son las novelas Helada (1964), Trastorno (1967), Corrección (1975), El imitador de voces (1978), Hormigón (1982), Extinción (1986), El malogrado (1983) y Maestros antiguos (1985), y las obras de teatro El ignorante y el demente (1972) y La partida de caza (1974). Casi todas sus obras han sido publicadas en España por las editoriales Alfaguara y Alianza, y muy dignamente traducidas por Miguel Sáinz, Premio Nacional de Traducción. 

La casa de Höller en la actualidad (2).
 Alfred Höller nació en Gmunden el 7 de agosto de 1935. De familia humilde y amante de la naturaleza, al acabar la educación secundaria pidió al taxidermista de Gmunden ser su aprendíz. La taxidermia le atraía. En un principio el taxidermista se negó a acoger a aquel niño de 14 años aduciendo que prefería trabajar solo y que no quería tener empleados. María, la madre del pequeño Alfred insistió al taxidermista para que lo aceptara, y así comenzó como preparador. Tras tres años de aprendizaje fue a Viena en busca de trabajo, pero permaneció allí poco tiempo. Su maestro le informó de una vacante de taxidermista en el Museo de Historia Natural (Haus der Natur) de Salzburgo. Además, y para alcanzar un sueldo que le permitiera mantener una familia, a partir de 1959 compaginó su trabajo en el museo con su taller privado. Casado con Elfriede y ahora padres de una hija, los encargos privados aumentaban a buen ritmo en casa de los Höller. Emplearon a dos aprendices. El apartamento salzburgués se quedó pequeño y, en 1963, compraron un terreno en Gmunden y construyeron la casa que conocemos. Aficionado a la caza y a la pesca, Höller compatibilizó hasta el año 1971 su empleo en Salzburgo con su taller de Gmunden. Su trabajo fue reconocido tanto en Austria como en la vecina Alemania y recibió encargos de personajes famosos como los multimillonarios armadores griegos Aristóteles Onassis y Stavros Niarchos, el Sha de Persia o el líder soviético Nikita Khrushchov. En 1975 Höller conoció a Thomas Bernhard quien inspirándose en él y en su casa, escribió Corrección. El éxito de la novela provocó un aluvión de curiosos dispuestos a conocer al Höller del libro. Su hija Patricia (1960) aprendió el oficio con su padre y sigue trabajando como taxidermista.

Detalle de una sala del museo (2).
La casa del taxidermista Alfred Höller se encuentra en el número 61 de la Aurachtalstraße en Gmunden (Pinsdorf). En el año 2000 se transformó en el Museo de la Vida Silvestre de la región de Salzburgo (Salzkammergut Tierweltmuseum) cuyo fondo está compuesto por la colección de unos 2.600 animales disecados, procedentes de todo el mundo, repartidos en unos 300 metros cuadrados bastante abigarrados. El museo es privado y está regentado por Patricia Höller. Precisamente, en 2009, coincidiendo con el quincuagésimo aniversario del inicio de la actividad como taxidermista de Alfred Höller, se presentó allí el libro Thomas Bernhard und der Tierpräparator Höller (Thomas Bernhard y el taxidermista Höller) escrito por Erika Schmied y Hans Höller.

Notas.-
(1) Fotografías de Erich Hinterholzer publicadas en el libro de Hans Höller Poética de los escenarios. 4 visiones de la obra de Thomas Bernhard. Las fotografías formaban parte de una exposición itinerante del Instituto Histórico Austriaco que entre los años 2003 y 2004 se pudo ver en Madrid, Barcelona, México y otras ciudades.
(2) Fotografías obtenidas de la página web del Museo de la Vida Silvestre de la región de Salzburgo (Salzkammergut Tierweltmuseum).



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Taxidermidades, 2013. 


Bibliografía:
Thomas Bernhard  Corrección , Colección Biblioteca de Autor, Alianza Editorial, Madrid, 2010.
Hans Höller   Thomas Bernhard  , Ed. Rowohlt, Reinbek, 1993.

Hans Höller y Erich Hinterholzer  Poética de los escenarios. 4 visiones de la obra de Thomas Bernhard , editado por Karl Rudolf en  Publicaciones del Instituto Histórico Austríaco, Serie literatura, vol. 1, Madrid, 2003.
Erika Schmied y Hans Höller  Thomas Bernhard und der Tierpräparator Höller , Ed. en Bibliothek der Provinz, 2009.


Recursos:
Web del Museo de la Vida Silvrestre de la región de Salzburgo (Salzkammergut Tierweltmuseum).