Fragmento de "El guardián entre el centeno" de J. D. Salinger.

Pájaros volando sobre los visitantes en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York en 1927 (1).

El protagonista de la novela, el adolescente Holden Caulfield va a ser expulsado de la escuela preparatoria y recuerda sus experiencias en la ciudad de Nueva York, entre ellas sus visitas al Museo Americano de Historia Natural, que encontramos en el capítulo dieciséis:
"Aunque era domingo y Phoebe no estaría alli con su clase ni nada, y aunque estaba todo tan húmedo y tan asqueroso, atravesé todo el parque para ir al Museo de Historia Natural. Sabía que era ése al que se refería la niña de la llave de los patines. Me sabía ese museo de memoria. Phoebe había ido al mismo colegio al que había ido yo de pequeño y nos llevaban a verlo todo el tiempo. Teníamos una profesora, la señorita Aigletinger, que nos llevaba allí casi cada sábado. Unas veces mirábamos los animales y otras mirábamos las cosas que habían hecho antiguamente los indios. Cerámica y cestas y cosas así. Cuando pienso en eso me pongo muy contento. Incluso ahora. Recuerdo que después de ver todas las cosas de los indios, por lo general íbamos a ver una película a un auditorio muy grande. Colón. Siempre ponían a Colón descubriendo América y sudando tinta para conseguir que Fernando e Isabel le prestaran dinero para comprar barcos, y luego los marineros amotinándose y todo eso. A nadie le importaba un rábano Colón, pero siempre llevabas un montón de caramelos, chicles y cosas así, y dentro del auditorio olía muy bien. Siempre olía como si en la calle estuviera lloviendo, aunque no lloviera, y como si tú estuvieras en el único sitio agradable, seco y acogedor del mundo. Cómo me gustaba ese museo. Recuerdo que tenías que pasar por la Sala India para llegar al auditorio. Era una sala muy larga y se suponía que sólo podías hablar en susurros. La profesora iba delante y luego los niños. Íbamos en dos filas, así que tenías un compañero. Casi siempre mi compañera era una niña que se llamaba Gertrude Levine. Se empeñaba en cogerte la mano y simpre tenía la mano pegajosa, o sudada o algo así. El suelo era todo de piedra y si llevabas unas cuantas canicas en la mano y se te caían, botaban como locas por todo el suelo y armaban un escándalo tremendo y la profesora paraba entonces a toda la clase y venía a ver qué demonios estaba pasando. Pero la señorita Aigletinger nunca se enfadaba. Luego pasabas junto a una canoa india muy, muy larga, casi tan larga como tres Cadillacs puestos uno detrás de otro, con unos veinte indios dentro, unos remando y otros sólo de pie con cara de muy pocos amigos toda llena de pinturas de guerra. Al final de la canoa había un tío que daba mucho miedo y que llevaba una máscara. Era el hechicero. Me ponía los pelos de punta, pero aún así me gustaba. Otra cosa, si al pasar tocabas un remo o cualquier otra cosa, uno de los vigilantes te decía: "No toquéis nada, niños", pero lo decía con una voz muy amable, no como un puñetero policía ni nada de eso. "Los pájaros que estaban más cerca estaban disecados y colgaban de alambres, y los de atrás sólo estaban pintados en la pared, pero parecía que todos iban volando de verdad hacia el sur, y si agachabas la cabeza y los mirabas como desde abajo, parecía que aún volaban más deprisa hacia el sur."Luego pasabas junto a una vitrina muy grande con unos indios dentro que estaban frotando palitos para hacer fuego y una squaw tejiendo una manta. La india que estaba tejiendo la manta estaba como inclinada hacia delante y se le veía el pecho y todo. Todos la mirábamos mucho al pasar, hasta las niñas, porque eran muy pequeñas y tenían tan poco pecho como nosotros. Luego, antes de entrar al auditorio, justo al lado de las puertas, pasabas al lado de ese esquimal. Estaba sentado al lado de un agujero en un lago helado, pescando a través de él. Al lado tenía dos peces que ya había pescado. Jo, ese museo estaba lleno de vitrinas. En el piso de arriba había todavía más, con ciervos que vivían en charcas y pájaros que volaban hacia el sur para pasar allí el invierno. Los pájaros que estaban más cerca estaban disecados y colgaban de alambres, y los de atrás sólo estaban pintados en la pared, pero parecía que todos iban volando de verdad hacia el sur, y si agachabas la cabeza y los mirabas como desde abajo, parecía que aún volaban más deprisa hacia el sur. Pero lo mejor de ese museo es que todo estaba siempre en el mismo sitio. Nadie se movía. Podías ir allí cien mil veces y el esquimal habría acabado de pescar esos dos peces, los pájaros seguirían camino del sur, los ciervos seguirían bebiendo en esa charca con esos cuernos tan bonitos y esas patas tan bonitas y tan finas que tenían, y esa squaw con el pecho al aire seguiría tejiendo esa misma manta. Nada era diferente. Lo único diferente eras . No es que fueras mucho mayor o algo así. No era eso exactamente. Eras diferente, eso es todo. Esta vez llevabas abrigo. O el crío que había sido tu pareja en la fila la última vez tenía escarlatina y tenías una pareja distinta. O era una sustituta la que llevaba a la clase en lugar de la señorita Aigletinger. O habías oído a tu padre y a tu madre tener una pelea horrible en el baño. O acababas de pasar por la calle junto a uno de esos charcos que tenían un arco iris de gasolina. Quiero decir que de algún modo eras diferente, no puedo explicar lo que quiero decir. Y aunque pudiera, no sé si me apetecería hacerlo." 

Un grupo de niños ante la canoa india en 1962 (1).


Cubierta del libro.
Jerome David Salinger publicó The Catcher in the Rye en 1951. Las traducciones al español aparecieron primero en 1961 en Argentina con el título El cazador oculto -título que el propio Salinger vetaría más tarde- y en 1978 en España como El guardián entre el centeno. Con el lenguaje propio de un adolescente, sin tapujos, la novela está narrada en primera persona. Es precisamente el uso de ese lenguaje y la visión de temas como la sexualidad, el tabaco o el alcohol, lo que provocó tanto que el libro levantara controversia, como que se convirtiera en uno de los más exitosos de la historia de la literatura.



J. D. Salinger nació en Nueva York en 1919 en el seno de una acomodada familia. Su padre, de ascendencia judía se dedicaba a la importación de carne y quesos europeos. No muy buen estudiante, su familia lo internó en una academia militar. En 1936 se matriculó en la Universidad de Nueva York para estudiar arte, pero abandonó a los pocos meses. Su padre lo envió a Austria y Polonia para iniciarlo en el negocio familiar, donde convivió en Viena con una familia judia de cuya hija se enamoró. A la vuelta se inscribió en un curso de escritura. Su primer relato The young folks apareció en la revista Story en 1940. Al año siguiente la prestigiosa revista literaria The New Yorker le aceptó la publicación de Slight Rebellion Off Madison, donde aparecía por primera vez Holden Cauldfield, el protagonista de El guardián, pero el comienzo de la Guerra Mundial obligó a aplazarlo. Salinger se alistó en 1942 y se incorporó al servicio de contraespionaje militar. Tras un periodo de instrucción en Inglaterra, el 6 de junio de 1944 participó en el desembarco de Normandía. Un par de meses más tarde en la Liberación de París, donde conoció a Ernest Hemingway, corresponsal de guerra, con quien trabó amistad. Participó en las batallas del bosque de Hürtgen y en la de las Ardenas, y su regimiento participó en la liberación del campo de concentración de Dachau, donde inspeccionó, interrogó a prisioneros y redactó informes. Al acabar la Guerra fue trasladado cerca de Núremberg y adscrito al servicio de desnazificación. Psicológicamente bastante afectado, solicitó tratamiento médico. Se cuenta que infructuosamente intentó contactar con la familia judia que lo acogió en Viena, descubriendo que habían muerto en los campos de concentración. Aquellas experiencias le sirvieron para escribir algunos relatos como Un día perfecto para el pez plátano y Para Esmé, con amor y sordidez. En octubre de 1945, a pesar de que las normas del ejército lo prohibían, se casó con una oftalmóloga alemana y se instaló cerca de Núremberg. Tuvo que proporcionarle documentación francesa falsa. En 1946 la pareja se instaló en Nueva York en el apartamento familiar de Park Avenue, pero el matrimonió duró poco. En 1951 vio publicado su gran éxito literario y única novela, El guardián entre el centeno. En 1953 Nueve cuentos, un conjunto de relatos, y en 1963 otra recopilación, Franny Zooey. En 1955 Salinger volvió a casarse, en 1963 publicó algunas novelas cortas reunidas en Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción, y en 1967, coincidiendo con el inicio de su etapa de aislamiento, se separó y se trasladó a Cornish, New Hampshire, donde continuó escribiendo. Nunca publicaría nada más. Abominó de los medios de comunicación y se adentró en el hinduismo. J. D. Salinger, que tuvo un par hijos, y que mantuvo durante su retiro relación con más de una veintena de mujeres muy jóvenes, todas ellas aspirantes a convertirse en escritoras, falleció en 2010. 


Créditos.-
(1) Fotografías propiedad del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.


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Taxidermidades, 2015.

Bibliografía: 
Jerome David Salinger   The Catcher in the Rye  , Penguin Books, Londres, 1964.
Jerome David Salinger  El guardián entre el centeno , traducción de Carmen Criado, en Colección El Libro de Bolsillo, Alianza Editorial, Madrid, 2007.

Recursos:
Artículo El Museo Americano de Historia Natural de Nueva York en Taxidermidades.
Página web del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.