Artículo publicado en la revista catalana "Esplai" en 1935.



En noviembre de 1935 el semanario ilustrado catalán Esplai incluyó un reportaje de dos páginas de temática taxidermista titulado Una selva de animales salvajes en Londres, acompañado de un buen número de fotografías. El texto que las acompañaba es el siguiente:
  
"Todo el mundo, al oir hablar de selvas y de animales salvajes, tiene la idea de que se trata de una región del interior de Africa, de la India o del interior de América del Sur, puesto que únicamente allí existen animales salvajes en estado libre. Pero también en las grandes ciudades de nuestro continente podemos observar a través de las rejas de los Parques Zoológicos, algún que otro ejemplar de la fauna de aquellos continentes lejanos.
   De todos modos, a pesar de que parezca increíble, existe una selva de animales salvajes en el corazón de la ciudad de Londres. Allí, en unas salas, hay muchos de los animales más peligrosos del mundo. Se encuentran en una casa que es el cuartel general de un «taxidermista» o embalsamador, quien puede conservar cualquier animal, desde un ratón a un elefante.
   Sus clientes principales son los jardines zoológicos, que le envían los animales muertos. Ello se debe al hecho de que muchos animales se vuelven, con el tiempo, en los favoritos de los visitantes, que los prefieren a otros. Estos animales, un vez muertos, son embalsamados para conservar el aspecto que tenían en vida, y se conservan en museos, tal como se hizo hace años en Barcelona con el famoso «Avi» del Parque (1).
"El taxidermista está acostumbrado a estar rodeado de animales salvajes, (...) él les ha perdido todo tipo de miedo y los trata como amigos."   Entre otros animales recibió hace poco tiempo una foca que había muerto, ya muy vieja, en el Jardín Zoológico «Bellevue», de Manchester. Esta foca tendrá un lugar, después de ser sometida al trabajo de las manos del «taxidermista», en el Museo de Manchester.
   Muchos animales, raros y valiosos, se pueden ver en el taller de este hombre, tales como un okapi, así como el orangután más grande capturado vivo, cuyo cuerpo se conserva ahora, para satisfacción del doctor que hace tiempo lo recogió.
   Una de las tareas más difíciles del «taxidermista» consiste en reunir los huesos de un esqueleto, cuando se han de recomponer, por medio de alambres, centenares de huesos de todas las medidas.
   Muchas historias fabulosas se cuentan a los clubes de Londres sobre la caza de estos animales que ahora llenan los muros del taller, y que después iran a parar a casas particulares, museos, clubes, etc.
   Es un trabajo muy interesante el del «taxidermista», que con el tiempo se ha convertido en un perfecto cirujano conocedor de la estructura de cada ser vivo. No parece pues ningún milagro que la tortuga, por ejemplo, se mueva tan despacio con tanta osamenta que arrastrar. El pingüino se ve diferente sin carne y plumaje, y es difícil reconocerlo por su esqueleto. Qué tarea más difícil, por ejemplo, la de unir los innumerables huesecillos de la serpiente de árbol! (2). No basta con darle su forma al tigre, puesto que una vez colocado en algún museo o exposición será preciso que aparente su mirada salvaje y su pose típica con objeto de que proporcione una idea fiel del animal en vida. También el pequeño simio tiene que ser colocado de manera como si se encaramara lleno de vida al árbol...
   El «taxidermista» está acostumbrado a estar rodeado de animales salvajes, entre los que se encuentran los más peligrosos del mundo. Cómo sea que todos estos animales recompuestos han pasado por sus manos y han sido reconstruidos por su destreza y su arte, él les ha perdido todo tipo de miedo y los trata como amigos."


 
A pesar de que el artículo, de calidad más que dudosa, describía la visita al taller de un taxidermista londinense, las fotografías que lo ilustraban las provela agencia Keystone View Company con sede en Pensilvania, y en ellas aparecen tres taxidermistas distintos, posiblemente los tres norteamericanos. Aunque no mira a cámara creería que uno de ellos, el que está trabajando la cabeza del tigre, se trata de Carl Akeley. Quizá algún lector nos ayude a identificar a los otros dos.


Notas:
(1) En español Abuelo. Fue el primer elefante del Zoo de Barcelona.
(2) Podría referirse a la venenosa culebra africana boomslang (Dispholudus tipus) cuya traducción del afrikaans es literalmente serpiente de árbol.


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Taxidermidades, 2016.


Bibliografía:
--  Una selva d'animals salvatges a Londres ,  en Esplai , año 5, nº 207, Barcelona, 17 de noviembre de 1935.