Testimonio de Tabernier de cómo los persas rellenaban pieles a mediados del s. XVII.

Portada del libro.
Jean-Baptiste Tabernier (París, 1605-Moscú, 1689), hijo de un geógrafo de Amberes, fue un viajero y uno de los pioneros del comercio con la India. En 1630 inicia un viaje que le llevaría a Constantinopla, Armenia e Ispahan (Irán), retornando a París tres años después. Hasta 1668 realizaría cinco viajes más en los que alcanzaría la India y la isla de Java. Al año siguiente el rey Luis XIV le otorga carta de nobleza y Tabernier compra el castillo y la baronía de Aubonne. En 1676 publica Les six voyages de Jean Baptiste Tabernier, Écuyer Baron d'Aubonne, qu'il à fait en Turquie, en Perse et aux Indes, donde relata sus vivencias viajeras durante casi cuarenta años.

En el tercer capítulo del libro cuarto de la primera parte, titulado Los animales de servicio, los peces y las aves de Persia, Tabernier se refiere a los domésticos caballos, las mulas, los asnos y camellos, y a los salvajes leones, leopardos y osos o el puercoespín. En este punto el viajero relata que "en el fuerte que los holandeses han hecho en el Cabo de Buena Esperanza, conservan el cuerpo de un león [¿disecado?] que fue encontrado muerto en el campo, tras haber sido perforado por cuatro o cinco de estos aguijones [de puercoespín]". El viajero sigue relacionando peces, cangrejos y aves, entre estas últimas las de presa, y se entretiene en comentar "el magnífico equipo de caza del rey persa" y las aves de cetrería, y prosigue:
   "Al Rey le place asimismo forzar un jabalí que perseguir un ciervo; y cuando sucede que la bestia acarrea demasiados problemas a los perros o estos no la pueden seguir, inmediatamente la dejan al ave que, coma ya he contado, se posa sobre la cabeza y picotea sin cesar. Este lance da tiempo a los perros para alcanzar la pieza hostigada, mientras esta se debate de los insistentes ataques. Estas aves están entrenadas para atacar incluso a un caballero al galope, y no dejarán su presa hasta que no sean llamados por el halconero que los cuida. He aquí de qué manera los entrenan los persas. Toman la piel entera de un ciervo, cabeza, cuerpo y patas, y la rellenan de paja para dar al animal la forma que quieran representar. Tras emplazarla en el lugar donde habitualmente crían al ave, colocan su comida sobre la cabeza del ciervo empajado, principalmente en los agujeros donse se encontraban los ojos, con el fin de que el pájaro pique ahí. Habiéndolo acostumbrado durante algunos días a comer así, fijan las cuatro patas del ciervo a un tablero con cuatro pequeñas ruedas para hacer rodar al animal tirado de lejos por hombres con largas cuerdas, cada día más rápido para acostumbrar imperceptiblemente al ave a no soltar la presa, hasta que finalmente hacen tirar el ciervo con un caballo a toda velocidad. (...) Lo mismo hacen con el jabalí, el asno, el zorro, la liebre y otros animales de caza, llenan igualmente las pieles de estas bestias con paja, y entrenan al ave para que se abalance sobre ella cuando salen de caza."

No es Taxidermia, pero se aproxima. Nos encontramos con animales cuyas pieles eran desolladas, desconocemos si preservadas de alguna manera -debemos suponerlo puesto que el adiestramiento duraba varios días-, y rellenadas de paja dando de nuevo forma al animal, con un propósito concreto, adiestrar aves de cetrería, aunque no con el deseo de conservar el sujeto inmortalizado.