El "mobiliario Wardiano".

Mobiliario animal, artículo de The Strand Magazine.
Continuador de una saga y el mayor taxidermista de su época, Rowland Ward (1847-1912) coincidió con el final de la era victoriana y abarcó también la década eduardiana, época de esplendor de la Taxidermia inglesa. Su tienda de Picadilly Street, Londres, era frecuentada por personajes de la alta sociedad y la realeza europea que le encargaban la preparación de trofeos de caza procedentes en todo el mundo. No se le puede negar espíritu comercial. Ward amplió en varias ocasiones su negocio, se constituyó en sociedad, creó una editorial y el conocido libro Records of Big Game, patentó su Taxidermine, un producto preservativo para las pieles, pero también registró además muchos otros objetos decorativos realizados con animales disecados o parte de ellos. El propio  Rowland Ward se refería a estos últimos como "mobiliario wardiano". Las ilustraciones de este artículo dan buena cuenta de ello, y el siguiente texto, correspondiente a un capítulo de su A Naturalist's Life Study in the Art of Taxidermy (1), titulado precisamente Wardian Furniture, también:
   "El desarrollo del que se ha llegado a conocer como "mobiliario Wardiano" se puede afirmar que prácticamente comenzó con las "lámparas zoológicas" que lanzé en invierno de 1872. Aquellas lámparas se expusieron más tarde durante una fiesta nocturna celebrada en los Jardines Botánicos de Regent's Park el 9 de julio de 1873 y fueron objeto de numerosas noticias elogiosas en la prensa diaria y semanal. Los soportes de las lámparas estaban formados por pájaros o cuadrúpedos en diferentes posturas. La del ave del paraíso y el ibis escarlata realmente llamativas sorprendieron con sus espacios intermedios rellenos con helechos reales o plantas rastreras. Dos de aquella lámparas "zoológicas", cuyas figuras centrales eran monos grises, fueron compradas por el último emperador de los franceses (2).
Jirafa-butaca y lámparas con monos.
   De hecho, las lámparas, lo mismo que otras confeccionadas con cráneos de tigre y leopardo, eran simplemente parte de un plan general que tenía en mente para convertir varios "despojos" de animales y aves en objetos adecuados para fines decorativos y útiles, por lo que, estrictamente hablando, no fueron en realidad los primeros inventos de su clase, puesto que ya había puesto en el mercado algunos otros "objetos domésticos".
   Por aquel tiempo también diseñé y ofrecí en venta sobreros de plumas y manguitos completamente confeccionados con faisanes, urogallos y otras clases de pájaros, y ahora -años más tarde- miro las creaciones de sombreros y recuerdo lo que hice en los años setenta. Entre otras innovaciones con aves realicé un diseño muy bonito con un búho sentado en un cuarto de luna plateado, que se vendió por miles, y que en joyería se copió con todo tipo de piedras preciosas.
Aves montadas como pantallas decorativas.
   Es una debilidad excusable en el cazador el deseo de conservar algún trofeo para mostrar su destreza a sus amigos. Que el pescador quiera mostrar un gigantesco lucio disecado; que el tirador experto haga lo propio con el botín de sus expediciones de caza en tierras lejanas en forma de pieles, cuernos o cabezas; o que el aficionado a las carreras tenga recuerdos agradables con cascos e incluso herraduras. Con objeto de satisfacer esas naturales idiosincrasias comenzó la idea de transformar los trofeos de caza en ornamentos domésticos.
   A primera vista los elefantes no parecen prestarse como artículos para la decoración del hogar pero, sin embargo, los he encontrado de lo más adaptables para ese propósito. Por supuesto la cabeza es conservada y montada por separado, pero la piel puede convertirse en innumerables artículos ambarinos de utilidad doméstica. Las gruesas piezas de piel pueden convertirse en mesas, bandejas, cofres y otros artículos. La pata de elefante se convertirá en un licorero admirable. El ejemplo más notable fue el que monté para el duque de Edimburgo (3). El animal, que era una bestia magnífica, fue abatido por el duque en uno de sus viajes de caza. La pata no tenía menos de 59 pulgadas (4) de circunferencia, indicativa del tamaño del animal, puesto que dos veces la circunferencia de la pata delantera equivale a la altura hasta la cruz del elefante. El interior de aquella enorme pata se preparó como bodega, mientras que la tapa contenía cajas de cigarros.
El elefante Tiny montado como silla de portería.
   Construir una silla de portero a partir de un elefante puede sonar a hazaña imposible, pero es lo que hice con "Tiny", el pequeño elefante, que era conocido en Sanger's (5) como el "elefante boxeador". El interior era hueco, en forma de asiento, y la novedad llamó bastante la humorística atención en su momento.
   Los colmillos de elefantes se convierten en bellos trofeos, y los he empleado de infinitas maneras. Recuerdo un par muy bonito que diseñé y convertí en espejo giratorio, con engastes de plata y una peana de piel de elefante pulida, regalo a su novia del cazador que lo abatió. La inscripción decía: "Para que te sientas más cómoda ante estos colmillos que cobré".
Licorera de pata de elefante.
   Aunque he modelado los elefantes más grandes del mundo, no monté el famoso elefante "Jumbo", que se hizo en América (6). Jumbo, como se recordará, fue comprado por el señor Barnum (7) a la Sociedad Zoológica de Londres, y encontró su muerte mientras caminaba por una vía de ferrocarril en Estados Unidos (8), atropellado por un tren de mercancías, recibiendo tales heridas que murió casi de inmediato. Tras la muerte de Jumbo, cuando Barnum me escribió diciéndome que tenía la intención de exhibir la piel montada y el esqueleto en su "Mayor Espectáculo del Mundo", anticipando que le reportaría un beneficio de 50.000 libras en años sucesivos, lancé en 1882 un recuerdo Jumbo en forma de brazalete para jóvenes. Era con forma de serpiente, enrollado dos o tres veces alrededor del brazo, y estaba hecho de pelos de cola de elefante entrelazados con trenzas ligeramente abiertas, rematado en un extremo con una cabeza de serpiente de plata, con ojos color esperalda o rubí, y en el otro extremo con una cola de plata u oro. De la espiral suspendía una miniatura del elefante en plata u oro.
Montaje con una pareja de faisanes.
   Además de estos diseños creé otros muchos, como broches de colibrí, joyas de garras de tigre, collares y aretes con escarabajos, broches de mariposa y adornos para el pelo. Anillos de pelo de elefante e infinitas variedades de amuletos de la suerte, como agujas de clavícula de tigre y artículos similares.
   Quizás uno de mis más llamativas realizaciones en cuanto a "mobiliario animal" fue la silla de piel de una jirafa joven, abatida, junto a su madre, en el África Británica Oriental por el señor Gardiner Muir, de Hillcrest, Newmarket. Otros diseños que registré fueron un paragüero de cocodrilo, mesas de serpiente, sillas con huesos de costillas de elefante, sillas con piel de elefante, mesas con piel de antílope, e innumerable variedad de muebles diseñados con ciervo y toda clase de grandes y pequeños trofeos de caza.
   Otra adaptación notable fue un enorme oso de Alaska, de unos 10 pies de altura (9), montado para un millonario americano en una postura de pie, con una gran luz eléctrica en su pata. Un oso pardo sosteniendo una bandeja en sus patas y empleado como "camarero mudo" tuvo gran éxito en la Exposición de Filadelfia de 1876. Desde entonces he hecho un sinfín de "camareros mudos", y se ha convertido en una creación muy popular. El diseño fue profusamente copiado, convirtiéndose incluso en marca de un peletero.
   (...) (Aquí Ward recuerda algunos de sus trabajos modelados en arcilla.)
Diseños wardianos con pezuñas de caballos.
   Los cascos de caballos y de todo tipo de caza mayor son artículos que pueden ser trabajados de mil y una formas útiles. Generalmente se montan en plata o en bronce. Entre los diseños, son casi cien, para los que los he utilizado son: candelabros sencillos y dobles, tinteros, tabaqueros, campanas, cigarreros, soportes, lamparillas de alcohol, cerilleros, tarjeteros y estuches de baratijas. Cuatro pezuñas finamente pulidas montadas juntas, con una superestructura para decantadores de licor, una botella de soda, un vaso y un asa, sobre una piel rapada, se encuentra entre los más exitosos recuerdos de este tipo que produje.
    (...) (Aquí disgrede sobre el aprovechamiento de herraduras.)
    Pero para tratar de describir en detalle los variados usos para los que los trofeos de caza de todo tipo pueden emplearse sería una difícil tarea. Entre los artículos más simples y domésticos mencionaré solamente una cría de cocodrilo de unos 3 pies de largo (10), con una lamparilla de alcohol en la boca, de sobremesa o para la sala de fumar, que cubren una amplia gama.
Cubiertos de plata confeccionados con pinzas de bogavante (11).
    Quizá una de las adaptaciones más artísticas fue el servicio de mesa con caparazón de bogavante que diseñé para la Exposición de Pesca de South Kensington de 1883. Cuchillos de plata con mangos de pinzas de bogavante, y una sencilla ensaladera de arce con borde de colas de bogavante, fueron creaciones que suscitaron notable admiración. Estas adornaron la mesa en la que almorzó el príncipe de Gales (su difunta majestad el rey Eduardo VII), y fueron apreciadas por la princesa de Gales (reina Alejandra), que visitó el pabellón por la tarde. Este servicio de pinzas de bogavante se colocó después en una bandeja y en una vitrina a la entrada de la exposición. La idea se popularizó y realizé un buen número de servicios. Se copió también en muchas partes, incluso en China.
   Esta sección de mi negocio -la utilización de trofeos de caza para fines domésticos y decorativos- fue por fortuna mejor resumido en un artículo que apareció enb The Globe del 15 de diciembre de 1884 y que, a pesar de que como regla general soy reacio a citar artículos de periódicos, lo hago aquí, principalmente por el enfoque divertido y fantástico concedido por el redactor.
  "Hay una completa adecuación, tal vez," dice, "en la transformación de la tortuga -la tortuga gigante de la India-, en una caja de música. Con la tortuga, el "testudo" de Apolo (12), la música está en el origen. Abriendo la tapa posterior der la tortuga la música alcanza su apogeo en un vals del siglo diecinueve interpretado en Picadilly. El círculo se completa. Tal y como sucede también con la serpiente con su cabeza y su boca en el siguiente estante, dispuesta como una luz de cigarro. La misma función desempeña el cuerno de un íbice, el colmillo de un elefante, un mono y una langosta, para que la serpiente no tenga motivos para sentirse orgullosa. Por otro lado, el cocodrilo que, después de tragar todo tipo de cosas indigestas en vida, encuentra tras la muerte su estómago lleno de cigarros y tabaco, y equipado con cerradura y llave, no tiene motivo de queja. Su vida terminó con el humo de la pipa de la paz. C'est égal (13), nada más al respecto. Hay ingenio, también, aunque de otro tipo, en la trasformación del cráneo de tigre en una lámpara de dormitorio. El viejo shikaree (14), reumático cazador del pasado quemado por el sol, mientras camina con inseguros pasos hacia su habitación, en la pacífica naturaleza de Hampshire, puede recrear de nuevo sus batallas, sentado frente a las sonrientes fauces de la bestia salvaje, recordando el glorioso día que vio las mismas mandíbulas deleitándose con otra intención, es decir, con la luz que brilla de esos crueles ojos cuando un robusto nervio y un pequeño perdigón de plomo eran todo lo que había entre él y la eternidad. Si lo desea, el cazador actual puede rodearse de la forma más agradable de recuerdos del pasado. Los cascos de los caballos que montó pueden ser utilizados, sin exagerar, de cien maneras, cada una de ellas recordando alguna ola que de otra manera se perdería en el golfo del tiempo. Puede levantarse por la mañana con el sonido de un reloj en el hueso frontal de su primer ciervo. Puede desayunar con su soporte de huevo de colmillo de morsa, azucarero de huevo de emu, cuchillo y tenedor de asta de ciervo. Tomar sus cartas de la mañana de su bolsa de piel de cocodrilo, un trofeo de la sabana; o un tazón de mesa de cráneo de ciervo, adornado con dientes de jabalí de la India, y así sucesivamente todo el día."
Cráneo de carnívoro convertido en lámpara.
   Otra característica que puedo mencionar aquí es el nuevo proceso inventado por mí mismo, resultado de años de pruebas, para el tratamiento y pulido de la piel del elefante, rinoceronte, hipopótamo, ballena, etc., por el cual este material se puede tornar bellamente lustroso, presentando una superficie finamente pulida que se asemeja al ámbar nebuloso, capaz de ser convertido en superficie de mesas, bastones, cajas, marcos de fotos, bandejas e innumerables artículos bellos.
    Un notable ejemplo de ello fue la mesa que diseñé y realicé para el señor John Willoughby para obsequiar al difunto rey Eduardo VII (cuando era príncipe de Gales), cuya descripción apareció en el Sportsman's Handbook (15): "La excepcional y enorme pieza de piel empleada para este propósito era de origen africano y procedía de la zona del Kilimanjaro. Era circular y de casi 4 pies (16) de diámetro, y pulida mostró una superficie lustrosa como el ámbar nebuloso, con porciones transparentes. El borde de esta mesa fue embellecido con una moldura de piel rugosa en la que permanecía la epidermis, y presentaba un fuerte contraste con el centro lustroso. Los soportes estaban formados por cuernos de rinoceronte pulidos, colocados sobre una base realizada con la sección pulida, completa y con corteza, de una magnífica conífera de 2 pies y 6 pulgadas de diámetro (17)."

Camarero mudo, obra de Edwin Ward.
Para haber sido fiel a la realidad, Rowland Ward debería haber confesado que su hermano mayor Edwin años antes ya había montado un buen número de camareros mudos, uno de ellos precisamente para el príncipe de Gales, y también abundante mobiliario wardiano. Edwin Ward, proveedor real, que tuvo un par de establecimientos en Wigmore Street, se retiró en 1879 y dejó la empresa en manos de George Frederick Butt, pariente de su esposa, que mantuvo el apellido Ward como nombre comercial. Rowland Ward encajó mal aquella situación equívoca y durante años en todos sus anuncios añadía siempre una nota en la que se reivindicaba como el "único Ward" continuador de la tradición familiar, y obsesionado, no cejó hasta adquirirle a Butt su negocio alrededor de 1904. A partir de entonces George Butt siguió regentando el local de Wigmore, pero a las órdenes de Rowland Ward. En 1906 William G. Fitzgerald escribió un artículo titulado Animal Furniture que ocupó ocho páginas en la revista ilustrada mensual The Strand Magazine. El texto, basado en una visita de Fitzgerald a la tienda de Wigmore Street y en una entrevista a Butt, quizá sea la publicación donde mejor se recojan estas creaciones. Las fotografías que acompañan estas líneas pertenecen a dicho artículo. Aquel mismo año 1906 Ward reeditó su The Sportsman's Handbook to Practical Collecting and Preserving Trophies. Al final del volumen insertó algunos anuncios propios donde publicitaba su mobiliario wardiano, con abundantes dibujos de sus diseños, todos ellos, como el lector habrá comprobado más arriba, con la inscripción "Registered" (18).


Notas y créditos.-
(1) Que se publicó privadamente en 1913, un año después de la muerte de su autor.
(2) Carlos Luis Napoleón Bonaparte, exiliado en Londres, donde falleció el 9 de enero precisamente de 1873.
(3)  Alfredo de Sajonia-Coburgo-Gotha, cuarto hijo de la reina Victoria.
(4) 150 centímetros.
(5)  Anfiteatro londinense de los hermanos Sanger, empresarios circenses.
(6) El montaje de Jumbo fue a cargo del Ward's Natural Science Establishment de Rochester, Nueva York, propiedad de Henry Ward, que a pesar del apellido no tiene relación con los Ward de Londres.
(7) Phinneas Taylor Barnum, showman y empresario circense.
(8) En realidad fue atropellado en Canadá.
(9) Poco más de tres metros.
(10) Un metro de longitud.
(11) Imagen obtenida en 1stbids.com.
(12) Según la mitología griega el dios Hermes inventó la lira, que construyó con el caparazón de una tortuga, dos cuernos de antílope y tripas de oveja como cuerdas. Hermes la regaló al dios Apolo y este a su hijo Orfeo.
(13) En francés, es igual
(14) En la India, cazador.
(15) Su manual de Taxidermia que publicó en 1880.
(16) Alrededor de 1'22 metros.
(17) 66 centímetros.
(18) Registrado.

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Taxidermidades, 2019.


Bibliografía:
William G. Fitzgerald   Animal Furniture, en The Strand Magazine, volumen 12, Londres, julio-diciembre de 1896. (arttículo electrónico)
Rowland Ward  The Sportsman's Handbook to Practical Collecting and Preserving Trophies , Rowland Ward, Londres, 1906.
Rowland Ward  A Naturalist's Life Study in the Art of Taxidermy , Rowland Ward Ltd., Londres, 1913. (libro electrónico)
Rowland Ward  A Naturalist's Life Study in the Art of Taxidermy , Rowland Ward Publications, Johannesburg, 2002.

Recursos:
Artículo Los Ward de Londres. Rowland Ward en Taxidermidades.
Artículo "The Sportsman's Handbook", de J. Rowland Ward en Taxidermidades.