Sobre preparación de aves por Johann Albrecht Gesner.


Die todten Vögel schon und lange zeit zu erhalten (1753) de Gesner.


El médico y farmacéutico alemán Johann Albrecht Gesner contribuyó con diecisiete artículos a la obra Selecta Physico-Oeconomicaoder Sammlungen von allerhand zur Naturforschung und Haushaltungskunst gehörigen Begebenheiten (1749-1756), una compilación de textos a caballo entre las Ciencias Naturales y la economía doméstica. En el segundo volumen, publicado en 1753, lo hizo con uno titulado Die todten Vögel schon und lange zeit zu erhalten, en español  Para conservar bien y durante tiempo las aves muertas. El texto íntegro es el siguiente:
   "Para conservar bien y durante tiempo las aves muertas.
 
   Al buscar información sobre distracciones físicas, a raíz del pan azul
(1), también hallé las sugerencias del señor Réaumur, en la página 315 del mismo artículo, sobre la conservación de aves disecadas. Yo mismo tuve una colección de aves disecadas, tanto grandes como pequeñas, y jamás me percaté de que, al manipularlas correctamente, las polillas las dañaran. Sin embargo, los pequeños loros y aves del paraíso que recibí de Holanda, sin importar cómo los tratara, sufrían daños y perdían sus plumas. Por lo tanto, para complacer a los curiosos, compartiré un método para disecar y conservar aves.
   Es imposible tener siempre al ave hermosa inmediatamente después de haber sido capturada o abatida, y cuando aún está caliente. Sin embargo, el trabajo se facilita enormemente cuando se realiza mientras aún lo está; pues la piel se desprende con mayor facilidad y las plumas conservan mejor su belleza. Por el contrario, cuando las aves se han enfriado o reposado durante un día, el trabajo es mucho más duro y la piel se desgarra fácilmente, o queda mucha grasa en ella, lo que contribuye en gran medida al plumaje erizado del ave.
   Por lo tanto, con insectos más grandes como las polillas esfinge, los búhos nocturnos (2), etc., hay que tener cuidado de asegurarse de que, al extraer las alas, las plumas incrustadas en la piel, que incluso se extienden hasta las patas y que a menudo están llenas de sangre o médula, se froten especialmente con cal, aloe y coloquíntida (3), para evitar que los insectos se sientan atraídos, pongan sus huevos y crías en ellos y, por lo tanto, arruinen todo el trabajo.
   En el caso de los pájaros más pequeños, como reyezuelos, golondrinas, carboneros y similares, únicamente rellené la piel extrayendo toda la carne, de modo que sólo la parte más final de sus alas, cola y pico permanecieron adheridos a la piel.
   Con algunos ejemplares es más difícil que con otros. La golondrina común fue la más difícil de desollar y rellenar, de modo que de las seis que hice, casi ninguna me salió bien; pues no sólo tiene la piel muy fina, sino también un cuerpo muy pequeño.
   Tomo el ave cuando aún está caliente si es posible, para que la piel se desprenda con relativamente poco esfuerzo. Empiezo cortándole las patas, que sumerjo en agua tibia mezclada con coloquíntida y ajenjo.
   Luego abro la piel en la parte inferior del vientre, despegándola con [ayuda] de una madera lisa o hueso (4), ya que mis dedos son demasiado grandes para ello, hasta que puedo alcanzo una de las patas del ave. Hago lo mismo con la otra pata, y si se desea que las plumas permanezcan en la rabadilla, se introducirá algo rígido en el interior [?], pero cuanto menos, mejor.
   La incisión en la piel del vientre no debe ser demasiado grande, pero sí lo suficiente como para poder estirarla todo el cuerpo del ave. Procedo a retirarla hasta [alcanzar] las plumas de las alas, del mismo modo que se describe en las cinco secciones anteriores; es decir, se empuja la primera articulación, se separa de la piel y, al llegar a la articulación más externa donde se insertan las plumas remeras, se debe despegar la piel, junto con las plumas, del hueso, cuanto sea posible, hasta su extremo. Cuanta menos carne y grasa quede adherida a la piel, mejor se conservará el ave.
   Una vez separadas las alas [del cuerpo], es bastante fácil tirar de la piel hacia el cuello y la cabeza, hasta el pico. Sin embargo, hay que tener cuidado alrededor de los ojos para no rasgar la piel. El pico permanecerá unido a la piel para que se sujete en su sitio.
   Ahora tendrá la piel del ave entera. Deberá prepararla lo antes posible, mientras aún esté húmeda, para que conserve las plumas y las polillas no la dañen.
   Este proceso se lleva a cabo de la siguiente manera. Se debe tener siempre a mano cal viva, reducida a polvo. La piel del ave se frota minuciosamente con esta cal para eliminar toda la grasa. En las zonas con plumas fuertes, como la rabadilla y las alas, se debe esparcir más [cantidad de] cal y retirar la que esté húmeda. Este procedimiento se repitirá tantas veces como sea necesario hasta que todo esté seco sin restos de grasa ni sangre.
   Se prosigue volviendo la piel para que las plumas queden hacia afuera, y se rellena con algodón, guata de seda o lana espolvoreada con tabaco.
   Para los muy pequeños, lo mejor es emplear algodón; para los más grandes borra de tela.
   La mayor habilidad de todo el proceso consiste en darle al ave su forma correcta y una buena postura natural. El cuello es la parte más difícil, ya que tiende a alargarse demasiado. Por lo tanto, si se rellena la papada o el pecho con un poco de algodón, el cuello volverá a su tamaño normal.
   Una vez rellenados la cabeza, el cuello, el pecho y el cuerpo, las alas se pegarán al cuerpo en la posición deseada, utilizando una goma fuerte a la que se haya añadido alguna sustancia amarga, como aloe, coloquíntida o ajenjo.
   Se insertan pequeños corales negros en los ojos, y si no se consiguen fácilmente, se puede usar una baya de enebro o una pequeña bola de cera negra española en su lugar. También fijarse con goma.
   Se retiran las patas del agua y, según el tamaño del ave, se inserta un alambre de hierro más grueso o más delgado entre la piel y el hueso. En la parte superior, donde las patas se unen al cuerpo, el alambre deberá sobresalir 2'5 cm. o más, dependiendo del tamaño del ave; en la parte inferior, basta con que sobresalga 2'5 cm., e incluso menos en el caso de aves pequeñas.
   La parte larga del alambre atravesará la piel del ave hasta el cuerpo disecado, y se doblará según la altura que requiera la posición del ave; los dos extremos cortos del alambre se insertarán en una tabla o un pequeño pedestal, y así quedará sujeta la ave.
   Cualquiera que tenga el talento artístico suficiente para dotar a los pájaros de todo tipo de poses, a su vez naturales, disfrutará del placer de ver que su trabajo es admirado por todos.
   Los ojos están pintados con gomas resistentes de colores que varían según la vida o la naturaleza del ave; sin embargo, la mayoría, especialmente en las aves pequeñas, están hechos únicamente con caucho.
   Para que todo salga bien, hay que estar pendiente del trabajo y terminarlo presto; es decir, desollar, preparar con cal, rellenar, pegar y colocar la piel en la posición correcta: todo debe hacerse en un proceso continuo. Porque mientras la piel permanezca húmeda, se puede combar a gusto, manteniéndose así una vez seca.
   Se sabe que las plumas del ave deben cuidarse. Se hará aviándolas con la mano o con un pincel delicado, previamente humedecido con un poco de brandy fuerte (5) mezclado con coloquíntida; esto ayudará a protegerlas de las polillas y, al mismo tiempo, restaurar el brillo y la belleza de las plumas.
   Si bien estos pájaros disecadas pueden colocarse ordenadamente en habitaciones, sobre estantes, vitrinas y otros lugares, durarán más si se protegen del polvo y del calor excesivo, así como de las moscas y las polillas; esto especialmente en primavera y verano. Obrando así, no deberá temer a esos insectos durante el invierno.
   El reverendo rector Frisch de Berlín, tan pronto como llega la primavera y con ella los mosquitos y otros bichos similares, vuelve a meter sus pájaros en armarios y los mantiene con hierbas amargas.
   Este problema puede evitarse, sin embargo, si laos armarios, con puertas de cristal, se recubren por dentro con una especie de barniz que contenga ácido oxálico, brandy, alcanfor, mirra, coloquíntida y aloe; de ​​hecho, es recomendable colocar junto a las aves sustancias de olor fuerte, como el alcanfor y la mirra. Pero quien desee tener total seguridad recubrirá los armarios y las peanas sobre las que se posan las aves con el barniz amargo mencionado; así, una colección podrá conservarse durante muchos años sin sufrir daños y ampliarse periódicamente.
   Si, a pesar de todas las precauciones, aparecen ácaros o polillas en algún ave, ésta se separará inmediatamente del resto y se tratará remojando su plumaje con brandy fuerte con coloquíntida. Esta precaución también resultará beneficiosa si se realiza una vez al año en aves sanas; de esa forma se limpiarán las plumas del polvo y de nuevo recuperarán su belleza y brillo naturales."

El método descrito es el del propio Gesner, que no obstante se asemeja bastante al de su citado contemporáneo René Antoine Ferchault de Réaumur, que en aquella época precisamente se encontraba en el trance de ir perfeccionando el suyo; de aquel mismo año 1753 data su memoria Qui Apprend a empailler les oiseaux, etc., conservada en la Academia de Ciencias de Francia. 
 
Johann Albrecht Gesner (6).
Johann Albrecht Gesner nació en Auhausen, Alemania, el 17 de septiembre de 1694. Estudió Farmacia en Weissenburg, ejerció en Nördlingen, y tras casarse con una farmacéutica se trasladó a Gunzenhausen. Sin hijos, al fallecer su esposa se mudó a Altdorf, donde estudió y se doctoró en Medicina en 1723, regresando a Gunzenhausen como médico de distrito. En 1728, fue designado médico de la corte ducal de Wurtemberg en Stuttgart. En 1734 se convirtió en consejero y médico personal del duque, a quien acompañó en sus viajes por Alemania y los Países Bajos. Asesor en el tribunal minero de Stuttgart, en 1746 ingresó en la Academia de Ciencias y Humanidades de Berlín-Brandeburgo. Perteneció asimismo a la Academia Real de Estocolmo. Interesado en las Ciencias Naturales, mantuvo correspondenciacon con Carl von Linné y Johan Frederik Gronovius. Gesner falleció en Stuttgart el 10 de junio de 1760. Además de los artículos en 
Selecta Physico-Oeconomica, contribuyó significativamente en Pharmacopoea Wirtembergica (1750), publicó una obra sobre el cadmio y el cobalto y varios libros con descripciones de los balnearios que visitó. 
 
 
Notas.- 
(1) Se refiere a la obtención del color azul cobalto.
(2) Seguramente se refiera a otras polilla, quizá el gran pavón nocturno.
(3) La cal, el aloe y la coloquíntida, así como el ajenjo, el tabaco, el brandy, el ácido oxálico, la mirra y el alcanfor que aparecerán más adelante, tienen propiedades antisépticas o insecticida antipolillas.
(4) Entiéndase una fina lama de madera o espátula.
(5) Aguardiente.
(6) Grabado a mediatinta de Johann Jakob Haid, a partir de una pintura de Grot. Imagen propiedad del Winckelmann-Museum Stendal.
 
 
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Taxidermidades, 2026
 
 
Bibliografía:
Johann Albrecht Gesner   Die todten Vögel schon und lange zeit zu erhalten , en Selecta Physico-Oeconomica, oder Sammlungen von allerhand zur Naturforschung und Haushaltungskunst gehörigen Begebenheiten, vol. 2, Johann Christoph Erhard, Stuttgart, 1753. 
 
Recursos:
Artículo Réaumur, precursor de la Taxidermia en Taxidermidades.