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| Cubierta de la 1ª edición. |
Ni rastro de detalles biográficos de Carlos Morganti, autor de Taxidermia, entomología y herbarios. El manual, publicado por la Editorial Hobby de Buenos Aires, Argentina, en 1952, se vendió bastante -hoy es fácilmente encontrable en librerías anticuarias- y tuvo una larga vida, puesto que se reeditó en 1955, 1965 y 1978. De formato cuarto, encuadernado en rústico, de 178 páginas con 146 ilustraciones, numerosas del propio autor, el libro en cuanto a su contenido no obedece el orden temático al que estamos acostumbrados.
El tratado comienza con el curtido de pieles de "animales comunes", se entiende que de mamíferos, que se desinfectan y desengrasan en un baño compuesto por 30 gramos de "jabón amarillo" (1) y 10 de "soda común de lavar" (2) disueltos en 1 litro de agua, y se curten en el tradicional baño de 100 gramos de alumbre y 50 de sal por cada litro de agua.
Prosigue con la preparación de crustáceos: descarnado, limpieza, su conservación mediante un baño en formalina (proporción de 10 gramos de formol por cada 70 de agua), y su montaje. Sugiere desollar los sapos y ranas a través de la boca; preservando la piel de los primeros sumergiéndola en una solución de formalina en una proporción de 30/1000, y la de las segundas en una de 30 gramos de alumbre por cada 100 de agua; rellenándose ambas con serrín fino, teniendo en cuenta que en el caso de las ranas requieren un pequeño armazón formado por dos alambres que le conferirán la curvatura de la espalda.
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| Obertura practicada en el plastrón. |
En el caso de las serpientes el autor recomienda, antes de proceder al desollado, sumergir el animal en un baño curtiente de alumbre y sal durante un par de horas. Ejecutar el desollado bien por la boca, más peligroso, o el ordinario mediante una limitada incisión en la parte ventral, que permite cortar el cuerpo y tirar de la piel hacia cada extremo. Descarnar la parte interna de la piel, descarnada, ungirla con la pasta preservativa arsenicada, y rellenarla con serrín o estopa y un alambre por el centro hasta cada extremo.
Morganti sugiere desollar los lagartos a partir de una incisión longitudinal por la zona ventral, desde la cruz de las patas delanteras hasta la cola, aplicar pasta preservativa a la cara interna de la piel descarnada, formar un sencillo armazón con un eje central de alambre de cabeza a cola con extensiones para las patas, y rellenar la piel con estopa. El procedimiento para los peces es parecido, a través de un corte en el vientre de cabeza a cola, unción pasta preservativa, armazón, material de relleno, etc.
Es en este punto, al comenzar a abordar la preparación de las aves, el momento escogido por el autor para justificar el orden zoológico que ha seguido hasta ahora, del que dice "ha respondido al propósito de ir salvando los inconvenientes en forma paulatina, pues cada grupo representa un mayor número de dificultades que el inmediato inferior". ¿Es más fácil la preparación de un crustáceo, batracio, quelonio, ofidido, saurio o pez, que un pájaro?
El proceso de desollado y montaje de un ave es el común, el preservativo empleado el jabón arsenical de Bécoeur (250 gramos de jabón blanco, 250 de arsénico blanco, 50 de sal tártara (8), 25 de alcanfor (9) y el agua precisa para aglutinar una pasta), y en el momento de abordar el sistema de armado Morganti nos depara una pequeña sorpresa. Según el autor el "método del maniquí", la confección de un cuerpo artificial, está "casi en desuso en la actualidad", y recomienda el denominado "método de Revil" (10), del que relaciona hasta seis supuestas ventajas respecto al primero. Este segundo modo consiste en componer un enrevesado armazón de alambre -véase la ilustración superior-, y henchir la piel con estopa, antes de coserla.
Nos surge la pregunta ¿Preparó Morganti algún ave? En la fecha de publicación del libro ya nadie dudaba en emplear bórax (11) como preservativo para aves, ni un cuerpo artificial como relleno; el uso de ambos estaba ya generalizado.
En el caso de los mamíferos, el desollado descrito es el corriente para los de talla pequeña, prosiguiendo con las mismas técnicas, insisto, entonces ya obsoletas, de ungir la piel con el tóxico jabón arsenical, construir un armazón simple consistente en un alambre central al que se fijan los de las extremidades, y el sencillo atiborrado de la piel con estopa y algodón. Del montaje de grandes mamíferos no hay rastro. El libro concluye con secciones dedicadas a la preparación de insectos y plantas.
Notas.-
(1) Jabón ordinario.
(2) Carbonato de sodio.
(3) Trióxido de arsénico.
(4) Óxido de calcio.
(5) Bisulfato de aluminio. Curtiente.
(6) Destilado del petróleo con poder desengrasante.
(7) Desinfectante natural compuesto principalmente por ácidos fenol y cresílico.
(8) Carbonato potásico.
(9) Compuesto orgánico semicristalino que se extrae de la madera del árbol alcanforero (Cinnamomum camphora) empleado como antiséptico y repelente de insectos.
(10) Por un taxidermista parisino del siglo XIX del mismo apellido que lo ideó.
(11) Tetraborato sódico.
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Taxidermidades, 2026.
Artículo El jabón arsenical de Bécoeur en Taxidermidades.



