La triste historia de Julia Pastrana.


Cuerpo disecado de Julia Pastrana (1).


Se cree que Julia Pastrana nació en Ocoroni, un pueblo de Sierra Madre del estado de Sinaloa hacia 1834. Nativa mexicana de etnia cahita, padecía hipertricosis congénita, enfermedad conocida como síndrome del hombre lobo, y prognatismo con hiperglasia gingival. Su deformidad facial y su cuerpo con exceso de vello le conferían un aspecto simiesco. Se conoce que hasta abril de 1854 trabajó como sirvienta en Culiacan, en casa de Pedro Sánchez, quien lustros antes había ostentado el cargo de gobernador del Estado de Sinaloa.
 
Sobre su infancia y adolescencia no hay certezas. En los panfletos publicitarios que años más tarde relatarían su supuesta historia, se afirmaba que había sido hallada por una nativa apellidada Espinosa que se había separado de su tribu, que ambas habían sido encerradas en una cueva y después liberadas por una etnia rival, y encontradas por unos vaqueros. Se contaba que su madre adoptiva se casó y bautizó a la pequeña con el nombre de Julia. Tras la muerte de su madre, nuestra protagonista vivió en un orfanato, pasando después a trabajar como criada.
 
 
Fotografía de Julia Pastrana de alrededor de 1860 (2).

 
Algún testimonio oral apunta que al quedar huérfana, se hizo cargo de la pequeña un tío suyo, que la vendió a un circo ambulante. Se dice que trabajando como criada aprendió canto y baile, y también inglés y francés. Julia hablaba además español y cahita. Que cuando contaba veinte años fue vendida a Francisco Sepúlveda, un administrador de aduanas de Mazatlán, quien se asocia con Pedro Sanchez y el empresario Theodore Lent para exhibirla en Estados Unidos.
 
En 1854 Pastrana actuó en Guadalajara y México, y viajó con Sepúlveda de Veracruz a Nueva Orleans, donde se reunió con Lent, quien en secreto le propuso matrimonio y convertirse en su representante. Lent, claro está, se casó con ella por conveniencia y para asegurar su propio futuro. En diciembre de 1854 fue presentada en el Gothic Hall de Nueva York como la mujer oso o el híbrido maravilloso, producto de la cópula de un humano con una simia. El empresario circense Phineas Taylor Barnum la vio, pero desistió contratarla por excesivamente grotesca. En Nueva York fue examinada por el médico Alexander B. Mott, quien dictaminó que era mitad humana mitad orangután. Se cuenta que en Cleveland asistió con éxito a bailes y galas, y que un tal doctor S. Brainer llegó a dictaminar que pertenecía a una especie distinta. La gira prosiguió por Baltimore, Boston y Canadá. En Boston fue examinada por Samuel Kneelan, profesor de Anatomía y conservador de la Sección de Anatomía Comparada de la Sociedad de Historia Natural de Boston, que determinó que era totalmente humana, "una mujer perfecta, realizando todas las funciones de su sexo".
 
 
Anuncio de su exhibición en Londres en 1857 (3).

 
Anuncio de 1857 (3).
Junto a Lent viajó a Londres, donde se mostraba dos durante horas tres veces al día en la Regent Gallery, y donde los periódicos la presentaban como la indescriptible, reportando de ella la imagen de una mujer feliz que en sus espectáculos bailaba y cantaba en español e inglés, que aceptaba su situación, y a la que le encantaba viajar y cocinar. La zoóloga Francis Buckland, que la visitó, concluyó que simplemente era una humana con deformidad, agregando que "tenía una voz dulce, un gran gusto por la música y el baile, y podía hablar tres idiomas". A pesar de ello, en un folleto promocional de doce páginas, el desalmado de Lent la presentaba como la mujer babuina, destacando que prevalecía la mujer sobre el orangután y describiéndola como sociable, inteligente y amable. Para que sus ganancias no disminuyeran, Lent le tenía prohibido a Julia salir a la calle durante el día, mientras que durante la noche viajaba usando velo. 
 
En 1857 su pretendida gira por Alemania se truncó. En principio las autoridades no autorizaron aquel espectáculo, pero Lent, tras presentarla como actriz teatral, logró que Pastrana protagonizara y estrenase el vodevil Der curierte Meyer. La obra fue suspendida y el teatro clausurado tras la segunda representación alegando que la obra era obscena e inmoral. Entre 1857 y 1858 actuó en el Zirkus Renz de Viena, un circo permanente con más de 3.500 localidades.
 
El empresario circense Hermann Waldemar Otto, que conoció a Julia en Viena, escribió sobre ella en su libro Fahrend Volk. Abnormitäten, Kuriositäten und interessante Vertreter der wandernden Künstlerwelt (1895), en español Gente viajera: anormalidades, curiosidades e interesantes representantes del mundo de los artistas ambulantes:
   "(...) Y fue en tiempos de Pepita (4) cuando un especulador norteamericano trajo de repente al mercado del arte una criatura peluda y repulsivamente fea, y como no quería que la miraran simplemente boquiabierta como un bicho raro, tuvo que bailar bailes españoles de Pepita y cantar canciones mexicanas a la moda de la época, con una voz pequeña, suave y triste, como es típico de los criollos.
    Apareció por primera vez en Alemania, en Berlín, y desde allí se embarcó en una gran gira por Europa con su empresario. Se convirtió en un hombre rico gracias a su espectáculo. Incluso el mundo médico se interesó en su apariencia y su descripción experta. Dice un relato contemporáneo: "Julia Pastrana mide 4'5 (5) pies de altura, tiene hombros muy anchos y una constitución voluptuosa. Sus manos son muy bonitas, sus pies regulares. Sus extremidades son en general bastante normales. Su cabeza está cubierta de un cabello negro, espeso y brillante, que arregla con mucho gusto; en ocasiones especiales lo adorna con plumas y flores. Su rostro y todo el cuerpo están cubiertos de vello negro, su nariz es muy ancha, su cavidad nasal grande, sus labios gruesos y rodeados de vello negro, sus dientes irregulares, su lengua parece un bulto de carne, su barbilla pequeña, sus orejas inusualmente grandes, sus ojos siempre muy nublados e inexpresivos. Habla inglés con bastante fluidez, canta, baila, especialmente highland flying, y está familiarizada con muchas actividades domésticas y femeninas. Ese era su Nacional [?] en 1858, cuando  tenía 23 años."
   ¡Pobre señorita Julia! Para todo el mundo era sólo un bicho raro, una anormalidad exhibida por dinero y a la que se le enseñaban algunos trucos, como a animales adiestrados. Pero para quienes la conocían mejor, era una persona afectuosa, reflexiva e intelectualmente dotada, con un corazón sensible, contemplativa y tierna, inquisitiva y profundamente conmovida por lo triste que era caminar junto a la gente en lugar de con ella; ser exhibida como un bicho raro por dinero, y no tener participación en esa alegre vida cotidiana donde uno realmente siente la felicidad de una familia, un hogar, un lugar de amor correspondido. Le encantaba leer, era curiosa, una aguda observadora de la naturaleza humana, ¡y una criatura de gran corazón!. Incluso Friederike Gossmann (6), la mundialmente famosa Grille, ahora condesa Prokesch-Osten, consideró que valía la pena conocerla mejor y la elogio al máximo. Era realmente extraordinario oírla hablar sobre el mundo y la vida. Sabía estas cosas sólo por los libros y de su infancia. Pasó su niñez y, posteriormente, su madurez en el aislamiento casi monástico al que suelen condenarse las anormalidades. No se le permitía mucho contacto con la gente, para que su curiosidad pudiera ser reprimida y el aprecio del público no disminuyera, por temor a que su apariencia se devaluara. Y sin embargo, dondequiera que sintiera que alguien la miraba, que veía en ella a la mujer y no a la deformidad, al ser humano, a la criatura pensante y no a la rareza, allí podía derretirse con la confianza de una niña, allí se volvía alegre, a menudo exhuberante y plena de alegría, sobre la cual, sin embargo, siemple flotaba una ligera neblina de melancolía. 
Ilustración del libro de Hermann W. Otto.
 
   Y su empresario viajó con ella y ganó dinero. Las giras, muy frecuentes, se acababan, y la curiosidad del público comenzó a menguar, y empezó a sentirse mal. Todo empezó cuando se casó, o mejor dicho, la casó su empresario. Por su parte, fue sin duda un matrimonio de amor, pues se aferró con una confianza conmovedora al hombre, el único que había estado cerca de ella. La gente malpensada afirmaba que él había calculado que ella tenía derecho al dinero que había ganado, que había especuladores que intentarían conquistarla, y que podía morir sin dejar nada en su lugar. Nos negamos a creerlo. Lo cierto es, sin embargo, que el empresario se casó con ella, que dio a luz a un niño, y que al poco murió junto a su hijo.
   El afligido viudo no dejó el cuerpo de su esposa sin usar. Al igual que aquellos antiguos que colocaban las momias de sus seres queridos fallecidos en santuarios, mandó momificar a su esposa e hijo (la gente lo llama sucinta y acertadamente disecar), y los llevaba consigo a todas partes. También compartió su dolor con todos, es decir, exhibía a su esposa e hijo en una vitrina a cambio de una tarifa...
   El autor de este relato se acercó al ataúd de cristal donde se exhibía este cadáver, intranquilo por unos sentimientos muy peculiares, y pensamientos muy extraños le asaltaron al ver a esta momia. Allí estaba con un vestido rojo de seda con lentejuelas, con esa terrible sonrisa mortal en el rostro, su hijo con un vestido de lentejuelas similar estaba encaramado a un pedestal a su lado, como un loro, y afuera la lluvia caía a cántaros entre las atracciones del Prater de Viena, y un viento silbante azotaba la carpa, y sentí una profunda compasión por este cadáver, que ya no veía ni oía nada y no sentía alegría ni tristeza, ni desamor ni compasión. Recordé su radiante sonrisa diciendo: "Me ama por lo mío".
   ¿Qué pasó finalmente con la momia de la madre y del hijo? ¿Si encontró descanso en el polvoriento rincón de algún museo o si aún tiene que vagar entre las tiendas de las atracciones y en oxidadas maletas esperando su resurrección? Sólo sé que la mujer que murió en Moscú en 1860 fue llevada en 1889 junto a su hijo a la exposición antropológica de J. B. Gassner en Múnich donde se presentó junto a una segunda Pastrana aún viva que se hacía llamar Miss Zenora Pastrana (...).
   (...)
   Con motivo de la aparición de este y otros tipos peludos similares, que sólo aparecen esporádicamente, es absolutamente preciso evitar la idea errónea de que los seres humanos de este tipo no son seres humanos. (...)
   (...)
   No existe un homo ferus en el sentido de Linneo. De hecho, los resultados de las investigaciones más recientes sobre el pasado de la humanidad nos obligan a admitir que aún no se ha encontrado el eslabón perdido en la conexión entre el simio y el humano. Y en cuanto a las personas velludas, por un lado, y los cretinos, por otro, las investigaciones más minuciosas han llevado a la conclusión de que en toda la humanidad conocida no existen razas, voces, pueblos, familias, ni siquiera seres individuales, que puedan describirse zoológicamente como etapas intermedias entre los humanos y los simios."
 
Efectivamente en 1859 Julia quedó embarazada, y a principios del año 1860, durante su gira en Moscú con el Circo Salomansky, dio a luz un niño con sus mismas características físicas. El bebé murió al día siguiente y la madre al cabo de tres días, el 25 de marzo, a causa de complicaciones posparto. Lent incluso vendió entradas durante la agonía de su esposa, mostrándola en la cama del hospital. Allí conoció al profesor de anatomía de la Universidad de Moscú Ivan Matveevich Sokolov, un experto embalsamador que ensayaba una técnica propia mezcla de momificación y taxidermia, un procedimiento con aparentes buenos resultados, y acordó con él la venta de los cadáveres con el propósito de exponerlos en el Instituto Anatómico de la Universidad. Sokolov realizó la autopsia, estudió los cuerpos, y descartó la teoría de que se trataba de un eslabón perdido. Los cadáveres fueron asimismo estudiados por el dermatólogo Nikolai Mansurov, que publicaría sus conclusiones con algunas fotografías en 1887 en la revista Klinicheskiĭ sbornik po dermatologīi i sifilologīi (Colección clínica de dermatología y sifilología). Tras un proceso de seis meses Sokolov terminó su preparación, que mostraba a Julia y a su hijo de pie, ella con las manos en las caderas, las piernas separadas y el rostro girado, vestida con un ceñido vestido con flores bordadas. Un caso más de antropotaxidermia que sumar a nuestra lista.
 
Los cuerpos apenas permanecieron seis meses en el museo de la Universidad de Moscú. El ávido y sin escrúpulos Lent, comprobado el buen resultado de la taxidermia, vio que podía seguir obteniendo provecho y, de acuerdo con una de las cláusulas del contrato de compraventa, reclamó recuperar mediante recompra los cadáveres. Ante la negativa de la Universidad, Lent demandó la intermediación del consulado de los Estados Unidos, que consiguió que le fueran entregados los cuerpos de sus familiares. Le faltó tiempo para seguir exhibiéndolos. Así, en febrero de 1862 los mostró en la Burlington Gallery de Londres, donde se podían admirar por un módico chelín, prosiguiendo su gira por Europa. El naturalista Charles Darwin se referiría a Julia Pastrana en su libro La variación de plantas y animales domesticados (1868).
 
 
Los cuerpos de Julia Pastrana y su hijo mostrados en vitrinas (7).

 
Años después Theodor Lent tuvo conocimiento de Marie Barthel, una mujer de Karlsbad, Alemania, que padecía una enfermedad similar a la de su difunta esposa, y convenció a su padre para que la dejara casarse con él, prometiéndole que jamás la exhibiría, promesa que, ni decir tiene, duró poco. Pronto Lent mostraría a Marie rebautizada como Zenora Pastrana, supuesta hermana de Julia, igualmente cantando y bailando, y ello junto a los dos cadáveres disecados. La pareja se retiraría en San Petersburgo, donde Lent comenzó a perder el juicio. Se cuenta que en una ocasión apareció desnudo en un puente sobre el río Neva, rasgando billetes y lanzándolos al agua. Marie ingresó a su esposo en un hospital donde fallecería poco después. Marie Barthel, que heredó los cuerpos disecados de Julia Pastrana y de su hijo, regresó a Alemania y siguió sacando provecho exponiéndolos en museos, circos y atracciones de feria.

En 1921 Barthel vendió los cuerpos al noruego Haakon Jaeger Lund que los añadió al gabinete de curiosidades que poseía y que alcanzaba los 8.000 objetos, entre los que que había frascos de vidrio con formol que contenían cabezas, fetos deformes, embriones de gemelos siameses, animales con dos cabezas; y hasta una piel humana clavada en un tablero. Durante más de una década Hans Jaeger Lund, hijo de Haakon, recorrió Noruega con una exhibición titulada Exposición Higiénica y Anatómica, en la que presentaba una selección de piezas del gabinete, junto a modelos anatómicos en cera que mostraban enfermedades venéreas. Bajo una apariencia educativa Lund siguió explotanto un circo de rarezas. Incluso contrató a estudiantes de medicina uniformados con batas blancas como guías.
 
El ascenso del nazismo condenó a la exposición, que fue considerada obscena. Efectivamente en 1943, en plena ocupación nazi de Noruega durante la Segunda Guerra Mundial, el funcionario alemán encargado de los servicios médicos de Oslo ordenó que los cuerpos de Julia y su hijo fueran confiscados y enviados a Berlín. Lund, no obstante, se los llevó de gira por Escandinavia. En 1954 Hans J. Lund muere y los cuerpos los hereda su hijo Björn, que los guarda en un almacén de Oslo.
 
Entre 1971 y 1972 los cuerpos de Julia y su hijo se exhibieron en ferias de Noruega y Estados Unidos, una gira no muy bien recibida por la opinión pública. En 1973 Suecia y Noruega aprobaron leyes prohibiendo la exposición de cadáveres humanos con fines lucrativos. El obispo de Oslo, por su parte, solicitó que los cuerpos fueran enterrados en una ceremonia católica. Los cuerpos disecados volvieron al almacén de Lund en Oslo.
 
En 1976 los cuerpos fueron vandalizados. El almacén fue asaltado por ladrones, que abandonaron el cuerpo del bebé en el campo, donde fue destruido por roedores, desapareciendo un brazo arrancado del cuerpo de Julia. Poco después la policia recuperaría el brazo, que apareció en un contenedor de basura. En 1979 el almacén fue asaltado de nuevo y el cuerpo de Pastrana se dio por desaparecido.
 
En 1988 el doctor Jan Bondeson localizó el cuerpo de Pastrana en un armario de limpieza del Instituto de Medicina Forense del Rikshospitalet de Oslo, donde se conservaba restaurado. En 1990 periodistas de Kriminal Journalen informaron de la existencia del cuerpo. La opinión pública se saturó de noticias, informes y debates acerca de si enterrar los restos o conservarlos con fines científicos. En 1994 la Universidad y otras organizaciones se mostraron partidarias de enterrar el cuerpo; por contra, el Ministerio de Salud dictó que se depositara en la Colección Schreiner del Instituto de Anatomía de la Universidad de Oslo. Se publicaron numerosos artículos sobre la historia de Isabel Pastrana.
 
Como había sucedido años antes en España con el conocido como el negro de Banyoles, un caso análogo, en 2005 la artista visual mexicana Laura Anderson Barbataresidente en Oslo, solicitó públicamente la repatriación del cuerpo de Julia Pastrana. En principio su campaña no tuvo éxito, hasta que presentó el caso ante el recién creado Comité Nacional de Evaluación de Investigación sobre Restos Humanos. A partir de la solicitud del gobernador estatal de Sinaloa y de la petición formal del embajador mexicano en Noruega, en abril de 2012, el Comité de Evaluación recomendó la repatriación del cuerpo, lo que sucedió el 7 de febrero de 2013. Cinco días después se celebró un multitudinario funeral y sus restos fueron enterrados en el Panteón Municipal de Sinaloa de Leyva. Tuvieron que esperar 153 años para hallar el definitivo reposo.
 
Sobre el caso de Julia Pastrana, se han escrito decenas de artículos científicos, y sobre su vida numerosos libros, alguna obra de teatro, documentales e incluso inspiró la película La donna scimmia (1964) dirigida por Marco Ferreri
 
 
Notas y créditos:
(1) Fotografía de George Wick. Imagen propiedad de Wellcome Collection.
(2) Fotografía del dermatólogo Nikolai Mansurov. Imagen propiedad de la National Library of Medecine.
(3) Imágenes propiedad de Wellcome Collection
(4) Se refiere a Josefa Durán Ortega (1830-1871), conocida como Pepita de Oliva, bailarina de flamenco nacida en Málaga que obtuvo gran éxito en Europa en el siglo XIX.
(5) Alrededor de 138 cm.
(6) Famosa actriz germano-austríaca.
(7) Xilografía publicada en el número de marzo de 1862 en el londinense The Penny Illustrated Paper.
 
 
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Taxidermidades, 2026.
 
 
Bibliografía:
Laura Anderson Barbata y otros  The eye of the beholder: Julia Pastrana's long journey home , Lucia / Marquand, Seattle, 2017.
Jan Bondeson  A Cabinet of Medical Curiosities: A Compendium of the Odd, Bizarre, and the Unexpected , W. W. Norton, Nueva York, 1997.
Francis T. Buckland  Curiosities of Natural History , Richard Bentley and Son, Londres, 1873.
Christopher Hals Gylseth y Lars O. Toverud  Julia Pastrana: The Tragic Story of the Victorian Ape Woman , Sutton, Londres, 2004.
Hermann Waldemar Otto Fahrend Volk. Abnormitäten, Kuriositäten und interessante Vertreter der wandernden Künstlerwelt , J. J. Weber, Leipzig, 1895.
 
Recursos: