Tervuren, de "Museo del Congo Belga" a "Museo de África".

El Museo a principios del siglo XX.
Hace un par de años un amigo coleccionista (1) me regaló la postal de la derecha donde aparece un elefante y un rinoceronte blanco disecados, un esqueleto de elefante y algunos esqueletos más en vitrinas. La tarjeta no circuló y en el reverso se lee "Tervueren - Musée du Congo Belge". Fue editada por Ernest Thill bajo la marca Nels de Bruselas con posterioridad a 1913. El Museo del Congo de Tervuren, Bélgica, se trató de un proyecto personal inaugurado en 1898 por el rey Leopoldo II. De 2013 a 2018 este, el último museo colonial, permaneció cerrado por reformas. Hace pocos meses reabrió renovado, con un discurso actualizado, y rebautizado como Museo de África. Quizá sea el momento de repasar su historia.

En 1885 concluyó en Berlín la Conferencia en la que las potencias colonizadoras solventaron sus diferencias en el reparto del continente africano, y se le concedió al rey Leopoldo II, no a Bélgica, la posesión del que se denominó Estado Libre del Congo. La explotación económica de su dominio privado convirtió a Leopoldo II en multimillonario, y la población congoleña, que trabajó en régimen de esclavitud, se redujo a la mitad, diez millones de personas. Se secuestraban hombres, mujeres y niños, y si un esclavo se negaba a recolectar caucho, la materia prima indispensable para la fabricación de neumáticos en la incipiente industria del automóvil, se mataba a su esposa.

Sala de Mamíferos. Postal probablemente de alrededor de loa años treinta.


Coincidiendo con la Exposición Universal de Bruselas del año 1897, Leopoldo II se empeñó en crear una sección colonial en el dominio real de Tervuren, a unos quince kilómetros de Bruselas. Soñaba con erigir un pequeño Versalles y no ahorró recursos. Se lo podía permitir. Para ello contrató a Charles Girault, arquitecto del Petit Palais de París. Mandó construir el denominado Palacio de las Colonias, unos jardines de estilo clásico, una ancha y gran avenida, y una línea de tranvía que lo unía a la capital. Durante la Exposición se mostraron alimentos y productos agrícolas como el café, el cacao, el tabaco o el caucho, árboles desconocidos, y curiosidades diversas como gran cantidad de animales disecados, minerales y objetos etnográficos. En el parque los visitantes se encontraban con la recreación de aldeas africanas en las que supuestamente vivían -realmente dormían en barracones militares- doscientos sesenta y siete congoleños, en realidad un zoológico de humanos. Durante el medio año que duró el evento siete de ellos fallecieron a causa de la gripe. El éxito de visitantes, poco más de un millón, animó a los organizadores a convertir la exposición temporal en permanente y el Palacio de Colonias en el Museo del Congo.

La fachada posterior del Museo (2).


El afán por engrosar las colecciones de Etnografía e Historia Natural hizo precisa una temprana ampliación. En 1905 se comenzó a alzar un nuevo edificio de estilo neoclásico que se terminaría coincidiendo con la Exposición Universal de Bruselas del año 1910. El rey no llegó a tiempo de inaugurarlo puesto que falleció meses antes. En 1908, ante la presión internacional por sus atrocidades, Leopoldo II se había visto obligado a ceder la gestión del Congo al estado belga. El museo se rebautizó como Museo del Congo Belga. No sería el último cambio de nombre. En 1952 pasó a denominarse Museo Real del Congo Belga, y en 1960, tras la independencia y constitución de la República del Congo, Museo Real del África Central. Coincidiendo con una nueva Exposición Universal, la de 1958, se edificó el Centro de Acogida del Personal Africano.

Otra vista histórica de la Sala de Mamíferos.


A lo largo del siglo siguieron creciendo las colecciones hasta alcanzar en la actualidad, por ejemplo, los 10 millones de especímenes biológicos (6 millones de insectos, 1 millón de peces, 135.000 mamíferos, 150.000 aves, 41.000 reptiles, 80.000 muestras de madera), 220.000 rocas y minerales, 120.000 objetos etnográficos o 370.000 fotografías. Se trata de la mayor colección sobre África del mundo. Y a pesar del nombre también se han ido incorporando objetos de América y Oceanía. En el museo trabajan 250 personas incluyendo científicos.

Una imagen de alrededor de los años veinte.


A la entrada, en la inscripción de una estatua donde un misionero abrazaba un niño africano semidesnudo, se podía leer "Bélgica lleva la civilización al Congo". En el interior estatuas que fomentaban el mito del africano salvaje, una lista de los belgas muertos en el Congo, pero sin lista de los africanos muertos por Bélgica. Durante sesenta años la orientación del Museo no varió. Se cerró en 2013 con el propósito de actualizarlo, reinaugurándose sin presencia real -para no herir sensibilidades- en diciembre de 2018, ahora como Museo de África. "Durante años hemos presentado la imagen de que la cultura occidental es superior a la de África. Queríamos descolonizar el museo" afirmó su director Guido Gryseels el día de la reapertura. La colección permanente se mantiene intacta. Se expone un uno por ciento de los fondos. La superficie de exposición ha pasado de 6.000 a 11.000 metros cuadrados. Algunas estatuas ofensivas siguen expuestas, pero en el depósito del sótano visitable por el público, y con nueva lectura, ahora representan la resistencia de los africanos contra los conquistadores. El rey Leopoldo II pierde protagonismo. Ahora se exponen esculturas de artistas contemporáneos y el visitante encontrará textos críticos con el colonialismo.

La renovada sala Medio Ambiente y Biodiversidad (3).


La planta baja del edificio aloja la exposición permanente donde se encuentran salas dedicadas a la cultura -lenguas, músicas, rituales y ceremonias, arte-; Afropéa donde la diáspora relata su historia; la galería Medio Ambiente y Biodiversidad donde se exponen los especímenes zoológicos; la Sala de los cocodrilos, una estancia que permanece como muestra del antiguo museo; la sala La paradoja de África -cómo un continente rico puede ser tan pobre-, donde se encuentra el Gabinete de Minerales; y dos salas más sobre la historia del continente y la dominación colonial, aunque esta esta presente en mayor o menor medida en todo el Museo.

La Sala de los Cocodrilos tras la reapertura (3).


Por comentar las piezas de Taxidermia, los animales disecados de mayor tamaño, el elefante y la girafa acaban de ser restaurados coincidiendo con la reciente reapertura. De hecho el elefante actual sustituyó en 1958 al elefante de la postal del comienzo del artículo, aquel inmortalizado con la trompa alzada. Casi todos los grandes mamíferos africanos están representados, el búfalo, el alcéfalo, el león, el leopardo, el rinoceronte, el hipopótamo, la cebra... y se exponen en la galería Medio Ambiente y Diversidad. En la Sala de los Cocodrilos, además de los dos reptiles de la vitrina central, se muestran preparaciones en formol e insectos. La totalidad de piezas taxidérmicas pertenecen a la colección histórica. Y para terminar, una curiosidad, el elefante que se expone fue montado sobre una escultura con un básico armazón de madera revestido de viruta ligada con hilo.

Quizá esta reinvención sea el penúltimo capítulo del Museo de África. El gobierno de la República Democrática del Congo, que erige su propio museo en Kinshasa, reclama parte de los objetos expoliados expuestos.


Notas y créditos.-
(1) Xavier Romero, alma de catalunyapostal.cat, a quien agradezco su generosidad.
(2) Fotografía de EmDee/Wikimedia Commons.
(3) Fotografías de Jo Van de Vijver. Imágenes propiedad del Museo de África de Tervuren.


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Taxidermidades, 2019.


Recursos:
Página web del Museo de África de Tervuren.