Breves instrucciones de desollado y conservación de pieles de aves de Elisha Lewis.

Capítulo sobre Taxidermia.
Miembro de la American Philosophical Society y de la Sociedad de Historia Natural de Filadelfia, el médico, y sobre todo, cazador y comerciante Elisha Jarret Lewis, publicó en 1851 The American Sportsman: containing notes on shooting; the habits of the Game Bird and Wild Fowl of America; the Dog, the Gun, the Field, and the Kitchen, en español El cazador americano: con comentarios sobre caza; hábitos de las aves cinegéticas y silvestres de América; el perro, el arma, el campo y la cocina, un libro que se reeditaría sucesivamente con éxito. La obra contiene referencias taxidérmicas en el capítulo treinta y uno, que siendo breves, reproduzco íntegras y traducidas a continuación:
 
   "ALGUNOS CONSEJOS SOBRE TAXIDERMIA. EL ARTE DE OBTENER Y CONSERVAR LA PIEL DE LAS AVES. 
   A menudo es muy importante que el cazador sepa algo acerca del arte de preservar y montar su estimado y perseguido trofeo; porque en cualquier momento, cuando uno se encuentra lejos de casa y sin ayuda, puede toparse con algún ejemplar curioso, una rara avis, -como una perdiz blanca, una becada o una agachadiza moteada, por ejemplo-, la conservación de la cual, ocupando un lugar en su gabinete, sería motivo de gran satisfacción y orgullo. Todo esto se puede lograr sin dificultad alguna, siempre que el deportista se familiarice con el muy simple modus operandi de desollar un pájaro y la mejor manera de conservar la piel en condiciones hasta ponerla en manos de un artista más competente que termine la tarea.
   El objetivo principal y más importante que se debe lograr en la conservación de un ejemplar, tras haberle disparado, es la protección de su plumaje. Ello se hace de la siguente forma: - Si el pájaro no ha muerto del todo con el disparo, el mejor y más fácil plan para aliviarle de sus sufrimientos, así como evitar cualquier mayor pérdida de su plumaje causada por su dolorosa lucha para escapar de nuestras manos, consiste en apretarle en el pecho, bajo las alas, con el índice y el pulgar, sin que la presión quiebre los huesos. 
   A continuación se introducirá una pequeña partícula de algodón o estopa fina en el pico, para absorber cualquier exudación que pueda salir de la boca y entrar en contacto con las plumas. Si las heridas muestran alguna disposición a sangrar, también deberán cubrirse ligeramente con el mismo material, para proteger el plumaje, ya que a menudo es muy difícil, y en todo momento requiere muy buen manejo, limpiar las plumas de sangre coagulada. 
   Hecho esto, el pájaro se tomará suavemente con una mano por la cabeza, mientras que la otra se usará para alisar diestramente el plumaje erizado; luego se envolverá con cuidado en un pañuelo o papel fino y se guardará en uno de nuestros bolsillos libres hasta el final de la jornada de caza. El día o la siguiente noche bastarán para comenzar la operación de desollado, ya que la sangre no se coagulará completamente hasta que hayan transcurrido varias horas después de la muerte. 
  "El proceso de desollar pájaros parecerá al principio muy difícil e incómodo para el novato; pero podemos asegurarle que con un poco de paciencia y perseverancia pronto vencerá todas las dudas imaginarias que rodean el asunto." El proceso de desollar pájaros parecerá al principio muy difícil e incómodo para el novato; pero podemos asegurarle que con un poco de paciencia y perseverancia pronto vencerá todas las dudas imaginarias que rodean el asunto; y, antes de que haya terminado su sexto espécimen, se sorprenderá al descubrir lo fácil que es despellejar un pájaro -mucho menos molesto incluso que extraerle a un conejo su peludo pellejo-. 
   (1)"Para desollar los pájaros, se pasará aguja e hilo por las fosas nasales, que anudaremos por debajo de la mandíbula inferior (dejando el hilo a lo largo del pájaro) para evitar que la sangre salga del pico durante la operación.
   Hemos dicho antes que cuando se mata un pájaro introduciremos un poco de algodón en el pico; repetimos esta pauta, porque la belleza de un pájaro montado depende de la frescura de su cabeza; son fáciles de arreglar y limpiar las manchadas plumas del vientre y de la espalda, pero no sin gran pérdida de tiempo las de la cabeza.
   Tomadas estas precauciones, estiraremos el pájaro sobre la mesa, con la cabeza hacia la izquierda del operador; dividiremos las plumas del vientre a derecha e izquierda con unas pinzas pequeñas, apartaremos el plumón que cubre el vientre, haremos una incisión en la piel desde el inicio del esternón hasta más allá de la mitad del vientre, levantaremos la piel de un lado con las pinzas y la separaremos de los músculos con un bisturí acercándose lo más posible a las alas. Hecho esto, pondremos un poco de algodón enharinado o empolvado sobre la piel y la carne, para que las plumas no se peguen; forzaremos hacia arriba o empujaremos los muslos hacia el interior de la piel y el cuerpo, los cortaremos entre el fémur y la tibia de tal forma que solamente reste empujarlos hacia la piel. Con la ayuda del bisturí y de los dedos despegaremos la piel hasta la rabadilla, que cortaremos. Es fundamental que esta parte quede pegada a la piel para sostener las plumas de la cola. A continuación tomaremos la parte del cuerpo ya descubierta con la mano izquierda, y seguiremos separando la piel de ambos lados, cortando unos pequeños tendones, que encontraremos antes de llegar a las alas, con las tijeras; separaremos las alas del tronco en la unión del húmero con el cuerpo y las devolveremos a su lugar apropiado. Proseguiremos despellejando el cuello hasta llegar a la cabeza, que descubriremos cuidando de no agrandar la abertura de las orejas y, sobre todo, estaremos especialmente atentos para no lastimar los párpados al sacar los ojos, que se extraen fácilmente con las puntas cerradas de las tijeras; reemplazaremos los ojos por algodón picado, colmando las órbitas. 
   Separaremos el cuello, extraeremos la lengua y con cuidado retiraremos toda la carne que hay entre las dos ramas de la mandíbula inferior. Agrandaremos el orificio occipital, para extraer el cerebro, empleando un instrumento de hierro parecido a una cucharilla (2); y, para terminar de limpiar el interior de la cabeza, pasaremos algodón y lino varias veces. Durante la operación rociaremos las partes húmedas con escayola o tierra seca, de vez en cuando, para evitar las plumas se adhieran a ellas y se ensucien, y también al dividir las plumas a derecha e izquierda, por la misma razón.
   Extraeremos las alas, las cortaremos por la segunda articulación y, tras descarnarlas, las devolveremos a su lugar. Esta operación responde a los pájaros pequeños; ungiremos las alas en sus partes desprovistas de plumas. Descarnaremos los muslos, conservando siempre los huesos de la pierna, y los volveremos a colocar en su lugar.
   Si el ave es de mayor tamaño, deberemos retirar con cuidado todos los músculos adheridos a la piel, así como la grasa; y, si ha sido abatida por un arma, o se he agujereado la piel pol cualquier causa, se coserá cuidadosamente esta por dentro. 
   Fijaremos un trozo de hilo en la primera articulación de cada ala, uniéndolas hasta la misma distancia que cuando el ave está entera. Esta precaución, que no parece de gran importancia, limita infinitamente la operación; porque, cuando el pájaro está montado, las alas se colocan solas, siempre que estén debidamente ligadas por dentro (3)". Taxidermia de Lee (4).
    Las pieles de algunas aves son mucho menos elásticas, tras secarse, que otras y, por tanto, requieren un cuidado especial en su relleno. Las del orden gallináceo, o aves de caza en general, son muy contráctiles y no elásticas, por lo que requieren un relleno completo cuando están frescas, para conservarlas con sus proporciones naturales, ya que será muy difícil estirarlas después de secarse, incluso sometiéndolas a los efectos relajantes del vapor, que suaviza toda estructura más que cualquier otra cosa.
   Las pieles nunca deben colgarse para que secarlas, ya que el peso de sus cuerpos, si se suspenden por la cabeza, estirará el cuello hasta una longitud indecorosa; obteniendo un resultado similar si se cuelgan de las patas. Las pieles rellenas deben colocarse sobre una superficie plana, con la cabeza y las piernas extendidas suavemente en línea con el cuerpo. 
   Vimos hace unos días una gran caja de pieles de urogallo de las praderas casi arruinadas como consecuencia de la ignorancia de haberlas suspendido del cuello para secarlas.
    Para preservar las pieles del ataque de insectos, especialmente en climas cálidos, será preciso espolvorear completamente cada porción de sus superficies internas con arsénico puro, o ungirlas con algunos de los jabones de arsénico u otras composiciones al uso. Aunque preferimos al libre empleo del arsénico en sí, una débil solución de sublimado corrosivo (5) como la más conveniente, si no la mejor, de las preparaciones líquidas. Una cucharadita de este veneno por litro de alcohol es la proporción adecuada. Se puede sumergir toda la piel en esta solución sin detrimento, si se considera conveniente.
   Con estas pocas observaciones al respecto, pasaremos a otro tema afín, que nos proponemos tratar igualmente de manera sumaria. Nuestro objetivo es simplemente llamar la atención del cazador inteligente sobre estos asuntos, con la esperanza de crear un interés en los animales que persigue, más allá de su mera caza, -un interés que muy probablemente resultará en beneficios para la causa de la ciencia-. Si se consigue dicho fin, nuestro objetivo estará asegurado.
   No se puede esperar que nos adentremos más el tema de la taxidermia, porque ello requeriría un volumen de sí mismo; y, además, se ha escrito más de lo que podríamos esperar por personas mucho más experimentadas, que por tanto sería absurdo por nuestra parte cotejar tales asuntos en el presente libro; preferimos llamar la atención de nuestros lectores sobre las obras de la Sra. Lee y el Capitán Brown (6), cualquiera de las cuales contiene toda la información que uno podría desear sobre el arte de coleccionar, preparar y montar objetos de historia natural.
   Ambos manuales han tenido bastantes reediciones y contienen gran cantidad de información orientativa."
 
Eso es todo. A continuación Lewis pasaba a aconsejar acerca de la conservación de huevos y conchas. Contextualizando, los primeros manuales publicados en los Estados Unidos fueron en primer lugar en 1833 Manual of the Practical Naturalist, atribuído a Samuel Kettell y basado en un tratado francés, y ya en 1865 The Taxidermist's Manual, autoeditado por Solomon H. Sylvester, taxidermista de Middleborought. El capítulo de Lewis se añade pues a esos primeros tratados publicados en aquel país.
 
He avanzado que Lewis perteneció a las Sociedades Filosófica Americana y de Historia Natural de Filadelfia, pero William E. Schenck en su libro Biography of the Class of 1838 of the College of New Jersey at Princeton nos aporta algunos datos más, algunos bastante curiosos, acerca del autor.  Elisha Jarret Lewis nació en Baltimore, Maryland, el 12 de julio de 1819, hijo de un comerciante y nieto de un capitán del ejército revolucionario. Ingresó en la Universidad de Princeton en 1835. Schenk, que debió coincidir con él, lo define como "de estatura mediana, de forma esbelta y de semblante y tez delicados y casi afeminados". Tres años después abandonaría la universidad, para estudiar Medicina con John K. Mitchell, un "distingido médico de Filadelfia", doctorándose en la Universidad de Pensilvania en 1840 y completando sus estudios en París. Lewis se instaló en Filadelfia, se casó con la hija de un rico comerciante y tuvo tres hijos, desconociéndose si llegó a practicar la Medicina, aunque sí se sabe que dirigió el negocio familiar de frutos secos Lewis & Co hasta casi su muerte, lo que acaeció el 10 de julio de 1877. Debemos suponer que cazador infatigable, además de escribir The American Sportsman colaboró cuatro años antes con algunas anotaciones en la edición de 1947 de The Dog de William Youatt, y publicó varios artículos científicos, de caza y también humorísticos 
 
Notas.-
(1) A partir de este punto Lewis se limita a copiar algunos párrafos de las instrucciones que la naturalista e ilustradora inglesa Sara Bowdich Lee aporta en su obra Taxidermy: the Art of collecting, preparing and mounting objects of Natural History , publicada en Londres en 1820.
(2) Nota en el original ear-picker, literalmente recogedor de orejas (?).
(3) Esta operación solamente es válida cuando el montaje se realiza sin cuerpo ficticio, simplemente henchiendo la piel del ave.
(4) Hasta aquí el fragmento reproducido del manual Taxidermy de Sara Bowdich Lee. Véase nota 1.
(5) Bicloruro de mercurio, igualmente venenoso y nocivo para el preparador.
(6) Se refiere al escocés Thomas Brown, autor de The Taxidermist's Manual (1833). Tanto Sara Bowdich Lee como el capitán Brown, conocieron en París a Louis Dufresne, taxidermista jefe del Museo de Historia Natural y autor del artículo Taxidermie, incluído en el Nouveau Dictionnaire d'Histoire Naturelle (1803), el más influyente tratado taxidérmico de su época, en el cual se basaron los británicos redactar para los suyos. Las instrucciones de Dufresne aceleraron sin duda el avance de la Taxidermia en Europa; y las obras de Lee y Brown, reeditadas sucesivamente, más la del militar, aceleraron asimismo el progreso de la Taxidermia en los países anglófonos.
 
 
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Taxidermidades, 2020.
 
 
Bibliografía:
Sara Bowdich Lee   Taxidermy: the art of collecting, preparing and mounting objects of Natural History , Longman, Hurst, Rees, Orme and Brown, Londres, 1820.
Thomas Brown   The Taxidermist's Manual, or the art of  collecting, preparing and preserving objectos of Natural History. For the use of travellers, conservators of museums and private collections , Archibald Fullarton & Co, Glasgow, 1833.
Louis Dufresne  Taxidermie, en Nouveau Dictionnaire d'Histoire Naturelle, tomo 21, Deterville, París, 1803.
William Edward Schenck  Biography of the Class of 1838 of the College of New Jersey at Princeton, N.J. , Tas. B. Rodgers Printing Co., Filadelfia, 1889.
 
Recursos: