Artículos divulgativos de 1927 y 1931 de René Thévenin sobre la Taxidermia moderna.

El artículo de Thévenin de 1927.
En octubre de 1927 la revista francesa Sciences et Voyages se hacía eco de los progresos de la Taxidermia estadounidense. Lo hacía de la mano del divulgador René Thévenin, que titulaba su artículo La Taxidermie ou l'Art de l'Empaillage voit aussi aux prises les anciens et les modernes, en español La Taxidermia o el arte del disecado también lucha entre o antiguo y lo moderno. El periodista comparaba los trabajos expuestos en el ya entonces centenario Museo de París, con los más recientes de los jóvenes museos de Estados Unidos, unas obras dificilmente comparables por el lapso de tiempo transcurrido entre unas y otras, y porque el avance de la Taxidermia a nivel mundial estaba teniendo lugar precisamente en aquellos momentos en Norteamérica de la mano de personajes como Carl Akeley, coincidiendo además con la pujanza económica del subcontinente, no olvidemos ese detalle. Seis fotografías ilustran el texto, dos del grupo de elefantes de Akeley de la Sala de África del Museo Americano de Nueva York, otra del combate de elefantes macho del Museo Field de Chigago asimismo obra de Akeley, la réplica de hipopótamo del Field realizada por Leon L. Walters empleando acetato de celulosa, y las dos últimas instantáneas del taller de Taxidermia del museo neoyorkino donde se aprecia el montaje de un búfalo, dos rinocerontes y un elefante asiático.
 
Thévenin comenzaba así su artículo:
   "Como todas las artes, la de la Taxidermia, o, por hablar menos científicamente, la del disecado, tiene sus escuelas con distintas tendencias, unas clásicas y tradicionalistas, otras modernas y revolucionarias, y cada una tiene sus partidarios convencidos, que consideran como herejías las teorías y técnicas del bando opuesto.
   Al primero de estos grupos han pertenecido hace tiempo nuestros grandes establecimientos científicos franceses. Aún así hoy, si usted recorre las galerías de Zoología de nuestro Museo, observará que la mayor parte de los animales que hay restaurados [montados] lo son con retoques menores, de trucaje posible. Cuando la piel enviada o llevada por el cazador, extraída del cuerpo de su víctima, es montada sobre el armazón que le sirve de soporte en la vitrina. Y, solamente desde un punto de vista estético, es incontestable que ello no siempre se hace sin inconvenientes.
   Si usted observa, en efecto, las piezas algo viejas de nuestras colecciones, magníficas además y quizá únicas en el mundo, verá que sobre todo ciertos grandes animales parecen mayormente sacos o travesaños con patas que verdaderas bestias salvajes. Algunos leones, tigres o leopardos no se reconocen más que porque la etiqueta de su peana los designa con ese nombre. El artista perdido que se coloca ante estas piezas con idea de emplearlas como modelo, pronto se apercibe que bien podría inspirarse en la almohada de su cama o en los cojines de su diván. El color mismo del pelaje, roído por tantos años de exposición a la luz, ha desaparecido. Los ojos de vidrio salen de la órbita, las orejas están destrozadas, la piel carcomida. En resumen, no queda nada que recuerde que tiempo atrás fue un ser vivo."
 
Los grupos de elefantes de Akeley y el taller de Taxidermia del museo neoyorkino.

 
Tras referirse a los defectos de los peces disecados e incluso a las decoloradas piezas sumergidas en alcohol, el periodista afirma que "a primera vista, parece que este modo de conservación absolutamente defectuoso ha resultado, al usarlo, un esfuerzo inútil". Y prosigue "antes de examinar si es justo juzgarlo así, opongamos primero a estos métodos los de la escuela opuesta".
 
Thévenin titula el siguiente apartado La imitación perfecta de la naturaleza, donde vierte algunas inexactitudes. Afirma que en el Museo Británico se llevaron a cabo "los primeros intentos de restitución exacta del animal vivo"; que antiguamente se rellenaba la piel del animal simplemente con estopa, sin preocuparse de la anatomía; que las aves solo percheaban en reposo; que los reptiles y peces se montaban rígidos, sin preocuparse porque aparentaran vida. "Los innovadores", escribe, sustituyeron el inconsistente relleno por verdaderas estatuas, con su relieve muscular bien marcado; montaron las aves con las alas abiertas, o las serpientes percheando en una rama; "probaron representar al animal en un episódico instante de su existencia, a punto de combatir o volar, de trepar o saltar"; recuperaron el color original.
 
Los 'cuadros vivientes' de los museos de América. En los siguientes párrafos Thévenin, que a lo largo de su texto de más de dos páginas no nombra taxidermista alguno, se deshace en merecidos elogios a los grupos de elefantes -de Carl Akeley- y a los dioramas de los nuevos museos estadounidenses. Pros y contras es el título escogido para el apartado conclusivo. No solamente por el disfrute estético, sino también por su interés científico, Thévenin defiende la necesidad de adoptar las nuevas técnicas que además de zoología requieren conocimientos de escultura y pintura, con el fin de conseguir una representación fiel, que permita determinar exactamente una especie. Aunque "para el verdadero sabio", prosigue el periodista, el interés de un sujeto lo halla aquel "sobre la mesa del laboratorio", debe completarse el conocimiento científico con una representación lo más exacta, adoptando las nuevas técnicas taxidérmicas, por el bien "de la educación general".
 
Artíclo de 1931 de Thévenin, en portada del semanario Sciences et Voyages.

 
Cuatro años más tarde, en noviembre de 1831, también en el semanario Sciences et Voyages, Thévenin volvía a insistir en el tema. Su nuevo artículo, portada y dos páginas interiores, llevaba por título La présentation moderne des animaux empaillés dans les galeries zoologiques leur donne l'apparence réelle de la vie, en español La presentación moderna de los animales disecados en las galerías zoológicas les aporta aparencia real de vida, y lo ilustraba con nueve fotografías de trabajos terminados y en proceso de montaje pertenecientes a los museos Americano de Nueva York, Field de Chicago y Smithsonian de Washington. El principio del texto recuerda el anterior:
   "De mejoras en mejoras, resulta que el arte del disecador ya no es hoy obra del taxidermista, sino casi exclusivamente el del escultor animalista. La dificultad es mayor y los gastos más elevados. Pero la educación del público encuentra en gran medida su cuenta y, en este caso eso es lo esencial.
   Para comprender mejor los métodos empleados, entremos en el taller donde se realizan estos tipos de obras y veamos cómo se lleva a cabo la ejecución."
 
Thévenin describe grosso modo algunas partes del proceso, el desollado, extracción y curtido de la piel y la limpieza del esqueleto. Cuando aborda el modelado, moldeo, y demás etapas de montaje, va abandonando los detalles, hasta olvidarse por completo, "quizá le basten las fotografías al lector" debió pensar. Pero en esta ocasión concluye en un tono más conciliador:
   "Apresurémonos a añadir que, si hemos elegido voluntariamente nuestros ejemplos entre obras realizadas en el extranjero, que llevarán al lector, a través del pensamiento, a un instructivo viaje fuera de Francia y de Europa, no será menos fácil al mismo lector pensar que Francia no se ha quedado atrás de otras naciones en este ámbito. Para convencerse de ello, basta visitar las galerías adyacentes de nuestro Museo, donde, según los mismos principios, se presentan multitud de animales salvages recogidos en las distintas expediciones de caza del Duque de Orléans.
   Estos logros pueden competir, sin temor, con lo mejor de su clase, en cualquier otro lugar."
 
El segundo artículo asimismo ilustrado con imágenes de los museos de Nueva York, Washington y Chicago.

 
Contextualicemos. El progreso de la Taxidermia en el Museo de París fue parejo al de otros museos europeos. Así, a mediados del XIX ya se empezaron a realizar en dicho museo algunos primeros montajes dermoplásticos, sobre escultura de yeso, como ya se hacía en algunos museos alemanes, una renovación técnica que consolidaría el taxidermista Jules Terrier a finales de aquel siglo. Los museos estadonidenses que Thévenin ponía como ejemplo abrieron entre mediados y finales del XIX, arrancaron su andadura comprando en principio a taxidermistas comerciales como Verreaux de París, Ward de Londres o Ward de Rochester, piezas que técnicamente dejaban más que desear que las realizadas por los taxidermistas museísticos europeos. Los primeros montajes dermoplásticos en los museos estadounidenses comenzarían a realizarse coincidiendo con la creación de talleres de Taxidermia propios y la contratación de jóvenes y talentosos taxidermistas que aprendieron el oficio en empresas comerciales, pero que ansiaban mejorar. Fue solo entonces cuando partiendo de la dermoplastia europea, los Hornaday, Akeley, Rowley, etc., innovaron con mayor o menor fortuna técnicas y materiales más ligeros, algo más costosos, se lo podían permitir, pero mejorando los resultados; incluso creando grandes y excelentes dioramas panorámicos con grupos, en edificios construídos ex profeso para albergarlos. El progreso de la Taxidermia jamás fue uniforme, Italia, Inglaterra, Francia, Alemania y Austria, Estados Unidos, cada país tuvo su momento de gloria en la historia de este arte.
 
René Thévenin.
René Thévenin (París, 1877-1967) fue un periodista especializado en divulgación científica, sobre todo acerca de Historia Natural. Con doce años presenció el espectáculo de Buffalo Bill, un hecho que le marcó de por vida convirtiéndolo en defensor activo de los nativos norteamericanos. Entre otras, colaboró en revistas como Journal de Voyages, Chasseur français, Sciences et Voyages y Vaillant, le journal de Pif. Escribió y tradujo libros de su especialidad; también novelas de aventuras y ciencia ficción por entregas, algunas de estas últimas, las primeras de ellas, ilustradas por él mismo; y guiones de historieta y cine. Paradójicamente, durante la década de 1940, unos diez años después de haber publicado los dos artículos anteriores, trabajó como agregado en el Museo de Historia Natural de París.
 
 
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Taxidermidades, 2020.
 
 
Bibliografía:
René Thévenin   La Taxidermie ou l'Art de L'Empaillage voit aussi aux prises les anciens et les modernes , en Sciences et Voyages, nº 425, París, 20 de octubre de 1927.
René Thévenin   La présentation moderne des animaux empaillés dans les galeries zoologiques leur donne l'apparence réelle de la vie , en Sciences et Vayeges, París, 19 de noviembre de 1931.
 
 
Recursos:
Artículo Los grupos de elefantes de Carl Akeley en Taxidermidades.
Artículo El Museo de Historia Natural de Londres en Taxidermidades.