Taxidermista aficionado anónimo posando con sus trabajos.



El taxidermista de la fotografía, personaje anónimo, deseó inmortalizarse posando con algunas de sus obras. La fotografía es de finales del siglo XIX y, por los animales que aparecen en la imagen, debió tomarse en los Estados Unidos. Sobre el florido tapete de la mesita apenas se distinguen un búho americano, una ardilla, un mapache, un pequeño roedor, un par de patos, uno de ellos quizá un arlequín, y un último pájaro sobre una rama. El barbudo protagonista, de unos cuarenta años, posa en mangas de camisa, vestido con chaleco y mostrando la cadena del reloj. Está incómodo, no sabe muy bien qué hacer con las manos, la izquierda con el puño cerrado sobre el mapache y la derecha con la punta de los dedos en un bolsillito del pantalón.

"Taxidermia. Manual práctico del disecador de animales y plantas" de Manuel Llofriu.

Portada de la primera edición.
Según afirmaba su autor Manuel Llofriu en el prólogo de la obra, el mayor mérito de Taxidermia. Manual práctico del disecador de animales y plantas (1885) era que pretendía aportar "…no solamente un procedimiento de disección suficiente al aficionado, sino todos aquellos que emplean los más renombrados preparadores, así de España como del extranjero, y al mismo tiempo nuestra sincera opinión sobre las ventajas e inconvenientes de cada uno de ellos, a fin de que el operador o principiante pueda compararlos y adoptar aquel que más le agrade".

El Manual práctico del disecador, de unas 240 páginas y con 58 ilustraciones entre el texto, se trataba del segundo de la Historia de la Taxidermia de autor español, dejando aparte traducciones, manuscritos no publicados o artículos; el primero fue Nociones de Taxidermia de Joan Grau-Bassas que apareció en 1849. No se conoce que Llofriu practicara la Taxidermia, y sospechamos que desconocía su historia puesto que igualmente en el prólogo afirmaba erróneamente que "el arte de disecar puede decirse que es nuevo, pues apenas contará sesenta años", cuando en realidad se venía practicando por entonces regularmente desde hacía más de siglo y medio. La obra está basada en gran parte en el Manuel du Naturaliste Préparateur (1825) de Pierre Boitard, a quien cita en un par de ocasiones.

"Taller de un disecador" (1870), pintura de Fritz Werner.

Im zoologischen Museum. Atelier eines Ausstopfers, en español En el museo zoológico. Taller de un disecador, obra de 1870 del pintor alemán Fritz Werner, nos muestra el espacio de trabajo de un disecador en plena tarea de montaje de un ibis escarlata, que comparte protagonismo con un segundo personaje, probablemente un cliente que acude a recoger su encargo, que sostiene un ave rapaz. En el suelo, al lado de un par de jaulas vacías, un montón de pájaros muertos o pieles -de flamenco, de un tucán,...- esperando su turno. También sobre el piso una corneja, un cesto con pájaros de vivos colores y un par de plumas del ibis. Sobre las dos mesas abundan los tarros de vidrio con especímenes sumergidos en alcohol. En la de trabajo, situada ante una ventana, además algunas herramientas básicas, un cuerpo de estopa y el recipiente continente de la mezcla conservante. En la accesoria del rincón, algunas cajas de las que sobresalen huesos. Un cráneo de jabalí en la pared. A la izquierda un armario y al fondo, sobre la puerta entreabierta que da acceso a una habitación con repisas en las que se alinean especímenes disecados, un reloj y un relieve en yeso representando un mamífero.
 

Im zoologischen Museum. Atelier eines Ausstopfers (1870) de Fritz Werner (1).

La saga de los Thomas Hall de Londres.


Grabado de Thomas Hall I (1).
Se cree que Thomas Hall, el iniciador de la probablemente saga de taxidermistas más antigua, nació antes de 1730. Y aunque no existe ninguna evidencia, la publicidad de sus sucesores un siglo después afirmaría que este primer Hall inició su actividad en 1749. Apenas sabemos nada de su biografía, y las primeras evidencias de su oficio datan de 1779. De acuerdo con una tarjeta comercial no datada y conservada en el British Museum, me atrevo a especular conque se estableció inicialmente como disecador en el número 8 de Twister's Alley, Bunhill Row, cerca de Moorfields, Londres, y que al cabo de no mucho tiempo se trasladó no muy lejos, a una casa de ladrillo y madera ubicada en el número 10 de  City Road, Finsbury, entonces entre Featherstone Street y la esquina de City Road con Old Street, la única de la manzana que tenía patio interior. En su casa acumulaba y exhibía un buen número de ejemplares disecados, y también curiosidades y monstruosidades humanas, colección que mostró de forma itinerante en las ferias de los alrededores de Londres.

El taxidermista Severini, personaje de "Los hijos de la fe", novela de Enrique Pérez Escrich.

Enrique Pérez Escrich, uno de los novelistas costumbristas por entregas -escritor de folletines- más exitosos del siglo XIX, publicó en 1866 en dos volúmenes Los hijos de la fe. En el libro 15 de la segunda parte de la obra fallece la mascota de uno de los sujetos menores de la trama, la baronesa Flora del Cuadradillo. A comienzos del capítulo 3, titulado Un perrito chino, un poeta inédico, y un fugado del presidio, nos encontramos con la siguiente escena, en la que se menciona a un personaje real, el disecador Ángel Severini Lago, el taxidermista madrileño más conocido de la época e iniciador de una saga:
   "Por el tiempo que nos ocupa, una mañana, a esa hora en que aún no circulan por las calles de Madrid los carruajes de lujo, se detuvo enfrente de la tienda del disecador Severini una elegante berlina, tirada por una hermosa yegua de pura sangre normanda, cuya engallada y esbelta cabeza demostraba la bondad de su raza.
   Abrióse la portezuela del carruaje, y bajó de él un joven, vestido con uno de esos trajes de mañana, escasos y raquíticos como la miseria, traje que usan los dandys madrileños, ridiculizando la moda.
   El joven entró precipitadamente en la tienda del disecador de animales, y encarándose con el primero que vio enfrente le dijo:
   —Caballero, en mi casa ha sucedido una gran desgracia: se ha muerto Hoscar casi repentinamente: mi esposa, la baronesa del Cuadradillo, está desconsolada; yo, desesperado de oír sus lamentos. Es preciso que usted ponga remedio a esta catástrofe.
   Y el joven, sacando un pañuelo del bolsillo, comenzó a limpiarse el sudor.
   —¿Pero quién es Hoscar, caballero? preguntó el encargado de la tienda.
   —¿Quién ha de ser? un perrito chino de quien estaba perdidamente enamorada mi esposa.
   —¡Ah! ¿y qué es lo que quiere su señora de usted?
   —Disecarle, tenerle siempre a la vista, colocado sobre una mesa, o en el mármol de una chimenea; en fin, donde se quiera.
   —Sí, sí, caballero, está entendido: sólo falta el perro para ver en qué estado se halla.
   —En el peor de todos: cadáver.
   —Lo supongo, repuso el dependiente; pero no he querido preguntar eso.
   —Entonces no entiendo a usted.

"Taxidermie" en el "Dictionnaire de la Conversation et de la Lecture" (1839).



En 1839, en pleno auge de la Taxidermia sobre todo en Francia, el Dictionnaire de la Conversation et de la Lecture incluía la siguiente descripción, algo alambicada y aderezada con alguna referencia histórica:
"TAXIDERMIA (de taxis, preparación; derma, piel). La introducción de la clasificación natural en la zoología ha hecho indispensable la formación de vastas colecciones de historia natural, que tienden cada día a completarse; y estas a su vez, han precisado la creación de un nuevo arte, la taxidermia, cuya finalidad es la de preparar las especies animales de manera que conserven todos los caracteres genéricos y específicos, y sustraerlas, a ser posible, de la influencia de los diversos tipos de destrucción. Y, como los caracteres genéricos y específicos de los animales se traducen en modificaciones del aparato pasivo de la locomoción (el esqueleto óseo) y del aparato tegumentario (lo relacionado con la piel), es sobre todo a la preparación y conservación del esqueleto y la piel de los animales a lo que la taxidermia se aplica. En consecuencia, la taxidermia puede dividirse en dos ramas: 1ª el arte de preparar y consrvar el sistema óseo de los animales, manteniendo entre las diferentes partes del sistema las relaciones de posición que tenía el animal vivo; 2ª el arte de preparar y conservar la envoltura tegumentaria, dando a esta envoltura la forma que presentaba con el animal en vida. Es sobre todo a esta segunda rama a la que se reserva la denominación de taxidermia.

"El taxidermista y el juguetero" (1963), historieta de Nin.

Historieta completa de El taxidermista y el juguetero.


La historieta El taxidermista y el juguetero, una obra con guion y dibujos de Celedonio Frejo, conocido por su seudónimo Nin, que se publicó en abril de 1963 el número 298 de la revista infantil Pumby, es tan básica como breve, tan sólo alcanza las dos páginas y es la siguiente. Jeromín, el hijo de un taxidermista, debe llevar un encargo terminado al domicilio del cliente y por el camino se encuentra con un amigo suyo, juguetero, que le invita a llevarle a su taller un animal disecado para dotarlo de movimiento y que así parezca realmente vivo, algo que conseguirá para sorpresa del protagonista.

"The Ornithologist" (1873), óleo de Henry Stacy Marks


Es una lástima no haber hallado una imagen del óleo original. Henry Stacy Marks presentó The Ornithologist (El ornitólogo) en la exposición anual de 1873 de la Royal Academy of Arts de Londres, una obra que sin duda debió destacar entre las mil seiscientas presentadas en aquella ocasión (1). El periódico ilustrado The Graphic publicó a principios de agosto de aquel mismo año un grabado xilográfico reproduciendo el cuadro. También dos periódicos de Nueva York, el recién fundado The Daily Graphic (2), una fotografía en portada, y Harper's Bazaar la misma xilografía en páginas interiores, pocos días después.
 

Grabado de The Ornithologist en el londinense The Graphic.

Visir, el caballo de Napoleón.


Visir en la actualidad (1).


A pesar de que no fue un buen jinete, Napoleón Bonaparte tuvo en el caballo su principal medio de transporte. Se cuenta que siempre tenía disponibles una treintena. A lo largo de su década imperial dispuso en total de alrededor de ciento treinta caballos, de ellos unos veinte murieron en distintas batallas. A partir de la campaña de Egipto prefirió las monturas de raza árabe. Uno de sus últimos ejemplares, de nombre Vizir o Visir (2), se conserva en el Museo del Ejército ubicado en el hôtel des Invalides de París.

Las caricaturas taxidérmicas de John Leech.

John Leech (Londres, 1817-1864) fue un reconocido caricaturista que a partir de 1841 publicó de forma asidua en la revista humorística Punch. Las siguientes viñetas, relacionadas con la Taxidermia, aparecieron en dicho periódico. En 1866, después de su fallecimiento, sus dibujos se reunieron en tres volúmenes. En la página 230 del primero encontramos la siguiente ilustración, que se incluía en la serie Memorial de la Gran Exposición de 1851 que tuvo lugar en Londres:

   "DELICADO REGALO.-
   Un viejo caballero, deseoso de que su esposa tuviera algunas bagatelas de la Gran Exposición, le compra (entre otras cosas), el elefante disecado y la réplica del dodo."

"Naturalezas recreadas". Catálogo de la exposición de homenaje a los Benedito.

Cubierta del catálogo (1).
Hasta junio de 2020 se podrá visitar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN) la exposición Naturalezas recreadas. La obra taxidérmica de los hermanos Benedito, de homenaje a José María y Luis Benedito Vives, destacados taxidermistas que ejercieron en el Museo.

Con dicho motivo se ha editado el catálogo de la misma, libro cuidadosamente editado, de 190 páginas, coordinado por Cristina Cánovas Fernández, vicedirectora de Exposiciones del MNCN. Acompañado de ilustraciones en color, el volumen aborda el papel de la Taxidermia, su contribución a la Ciencia, el papel de las colecciones zoológicas taxidermizadas en la historia del Museo, detalles biográficos de los Benedito, su legado, y el acercamiento a algunas de sus obras que permanecen expuestas.

"Il naturalista preparatore" de Raffaello Gestro.

Cubierta del libro.
El naturalista genovés Raffaello Gestro publicó en 1883 Il naturalista preparatore (imbalsamatore-tassidermista), un tratado taxidérmico muy elemental dirigido a profanos con ganas de iniciarse. El libro se incluyó en Manuali Hoepli, una colección enciclopédica de libritos (15x11 cm.) cuyo propósito era "difundir de una manera sencilla pero exhaustiva las letras, las ciencias, las artes y la industria" (1). El texto no tenía muchas pretensiones y además Gestro era un especialista en coleópteros, lo que explica los déficits de este manual. A pesar de ello algunos autores citaron la obra, como por ejemplo Areny-Plandolit (1909) o Browne (1896). El volumen se reeditaría regularmente sin grandes cambios hasta 1926 (2).  El ejemplar de que dispongo se trata de la quinta edición, publicada en 1915, de 214 páginas y 52 ilustraciones insertadas entre el texto, que se presentaba como revisada y aumentada. Por aquella fecha Gestro cumplía dos años como director del Museo Cívico de Génova.

El Museo Nacional de Historia Natural de Santiago de Chile.

Fachada del MNHN de Chile (1).


En 1813 se acordó la creación de un museo de Historia Natural en la Real Universidad de San Felipe, que tres décadas y media más tarde se convertiría en la Universidad de Chile, pero no fue hasta 1822 cuando Bernardo O'Higgins, Director Supremo (2) del país, nombra por adelantado al militar y aventurero francés Jean Joseph Dauxion Lavaysse director de la institución y le encarga su fundación; pero este moriría en 1829 sin cumplir lo convenido. Otro francés, el naturalista Claude Gay, que había llegado a Chile para ejercer como profesor en un colegio, sería quien en 1830 recibiría de nuevo la encomienda de crearlo. Gay viajó por el pais recogiendo tanto objetos de Historia Natural como de Paleontología y Prehistoria. La primera sala del primer museo nacional del joven país abrió en 1838 en una dependencia de la Biblioteca Nacional, en la calle Catedral de Santiago, próxima al Congreso Nacional. En 1853 se ampliaría a una segunda sala.

El abad Gérard, taxidermista de Voué.


El abad Gérard posa junto a dos leones.


Encontré la tarjeta postal rebuscando por internet y me llamó poderosamente la atención. Un cura-taxidermista francés posando en un jardin con dos de sus obras, un león y un cachorro de la misma especie. La imagen, como ocurre en ocasiones, incitaba a conocerlo, y la respuesta me la ofrecía el blog de la Academia Troyana de Estudios Cartofílicos (ATEC-Troyes), una asociación de aficionados a reconstruir la historia local a través de las postales. Sus miembros reconstruyeron la biografía de este personaje que aparecía nada menos que en nueve tarjetas editadas entre 1903 y 1914.

Foto familiar junto a un oso negro disecado.




Una familia anónima pasea por una ciudad norteamericana alrededor de los años cincuenta o sesenta del pasado siglo. Al pasar por delante, el reclamo callejero de una farmacia, un oso negro disecado con los brazos alzados, provoca el efecto deseado. El padre, cámara en mano, pide a su hija, a su esposa y a su suegra que se coloquen junto a la bestia. La niña sobre el pedestal. Y clic.

"El taxidermista fantástico", un ensayo de Luigi Amara.

"La delicada tarea de hacer que un animal muerto vuelva a la vida y permanezca para siempre al acecho o en una pose amenazante, la oscura habilidad de curtir y estirar su piel sobre un maniquí de alambre y yeso a fin de que adopte la actitud y a veces la ferocidad de cuando aún no había sido alcanzado por las armas de los cazadores, se antoja una tarea más burda, menos artística e imaginativa que la de conseguir la recreación de una quimera, de un animal fantástico que jamás dio un paso sobre la faz de la Tierra, y que sin embargo es posible apreciar en todo su esplendor en medio de plantas de hule y piedras de mampostería. La profesión de taxidermista, la profesión meticulosa y acaso un tanto macabra pero sobre todo fiel y rigurosa del taxidermista, fue alguna vez llevada al límite por Isidoro García Saldaña, un aprendiz entusiasta que primero tuvo la ocurrencia de fabricar un mamut con los restos de un elefante que había muerto en el circo, añadiéndole pelo importado de bisonte y colmillos de madera laqueada, pero que más tarde probó suerte con el arcanodonte y otras bestias fabulosas que nadie podía encontrar en ninguna de las taxonomías existentes por la sencilla razón de que esas criaturas, antes de ocupar el centro de dioramas extravagantes, sólo habitaban en su cabeza."

Jules Terrier, taxidermista del Museo de París, reconstruyendo un dodo, especie extinta (1).

Exposición de homenaje a los Benedito en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid.


Objetos recreando el taller de los hermanos Benedito (1).


De octubre de 2019 hasta junio de 2020 permanecerá abierta la exposición Naturalezas recreadas. La obra taxidérmica de los hermanos Benedito, con la que el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid rinde homenaje a José María y Luis Benedito Vives, taxidermistas que ejercieron parte de su actividad en la institución. El visitante podrá admirar, además de ejemplares y grupos biológicos realizados con rigor científico, imágenes, esculturas de escayola y bronce y documentos personales. La exposición está repartida en dos plantas del edificio de Biodiversidad y dividida en ámbitos como ¿Qué es la Taxidermia?, Los Benedito, El taller de Taxidermia, Educación y conservación o El legado. Las obras expuestas son las del fondo del propio Museo, pero cabe destacar que para esta ocasión se ha reconstruido un grupo de flamencos que data de los años cuarenta.

Los caballos disecados del rey Gustavo II Adolfo de Suecia.

En 1630, diez años después de su inicio, Suecia comenzó su participación en la Guerra de los Treinta Años contra el Sacro Imperio Románico Germánico de los Habsburgo. Las tropas suecas, que desembarcaron en Rügen, estuvieron comandadas por el propio rey Gustavo II Adolfo, el león del norte salvador de la europa protestante. Tras vencer en la Batalla de Rain am Lech, el ejército sueco se dirigió hacia Ingolstadt, donde Maximiliano de Babiera los esperaba con sus tropas. El 30 de abril, durante una expedición de reconocimiento por los alrededores de la ciudad, el caballo blanco del rey Gustavo fue alcanzado por un disparo, que según cuenta la tradición fue de un cañón falconet, cayendo la montura sobre el rey que no obstante sólo resultaría ligeramente magullado, no así su acompañante Christoph von Baden-Durlach, que murió a causa de otra bala. El rey fue conducido de regreso al campamento sueco y el caballo recibió un tiro de gracia para evitar su sufrimiento. El asedio a la ciudad de Ingolstadt se prolongó durante tres días y fue infructuoso. Fue la primera ciudad alemana que logro evitar la invasión sueca. Tras perder unos 2.000 soldados y el campamento a causa de un incendio, Gustavo II Adolfo se retiró. Informados de que aquel animal abatido pertenecía al rey enemigo, los bávaros se apresuraron en recuperar el cadáver del caballo y transportarlo hasta la ciudad, donde se desolló y curtió la piel, y se montó sobre una escultura de madera.


Schwedenschimmel en el Museo Municipal de Ingolstadt (1).

"A Treatise on the Art of Taxidermy" (1882) de R. I. Scudamore.

Cubierta del tratado de Scudamore.
En 1882 se publicó en San Francisco, Estados Unidos, A Treatise on the Art of Taxidermy or Preserving and Mounting Birds and Animals in their Original Form and Color. El librito, un pliego de 32 páginas, carece de ilustraciones. R. I. Scudamore, personaje del que apenas sabemos nada y que se definía en la portada como "taxidermista coleccionista", describía su obra como "un nuevo y superior método adaptado por el autor para construir un cuerpo artificial, que permite al artista colocar las extremidades en su más naturales y fáciles posiciones, y a la vez simplificar todo el proceso".

En realidad tanto el desollado como el montaje de aves y mamíferos era el acostumbrado, y lo que Scudamore creía una innovación, el empleo de corcho como material de relleno, es decir esculpiendo el cuerpo a partir de un bloque, ya había sido propuesto con escaso éxito por autores anteriores como Pierre Boitard (Manuel du Naturaliste Préparateur, 1825), Joan Grau-Bassas (Nociones de Taxidermia, 1849) o Samuel Wood (The British Bird-preserver, 1877). En cuanto a los preservativos que sugiere para conservar las pieles se encuentra el formulado a partir de 5 libras (1) de sulfato de aluminio (2), un cuarto (3) de agua caliente y 100 granos de ácido arsenioso. También el "compuesto seco usado en Europa para preservar las pieles de aves": 1 onza de alcanfor (4), 1 onza de corrosivo sublimado (5), ½ onza de alumbre (6) y 1 onza de azufre; y finalmente el "jabón arsenical francés" (7): 5 dracmas de alcanfor, 4 onzas de arsénico, 4 onzas de jabón blanco, 12 onzas de carbonato potásico y 4 onzas de cal en polvo.

"Tideland" (2005), película dirigida por Terry Gilliam.


Jeliza-Rose con Dell, y al fondo el cadáver disecado de Noah (1).


Noah (Jeff Bridges), un ex guitarrista de rock, y su esposa (Jennifer Tilly), ambos drogadictos viven con su hija Jeliza-Rose (Jodelle Ferland) en una desvencijada casa de Los Ángeles. La niña tiene su mundo propio y juega con muñecas decapitadas. La muerte de la madre por sobredosis acelerará los planes de Noah, amante de las sagas nórdicas, de marchar con su hija a Jutlandia. Teme ser acusado de homicidio. Emprenden su trayecto en autobús, lo prosiguen en autoestop, y finalmente se instalan en una abandonada casa de campo de Texas que perteneció a la madre de Noah, a quien Jeliza jamás conoció. Durante la primera noche Noah también muere por sobredosis. Su hija no le da importancia puesto que a menudo lo ha visto tumbado en su sillón. Jeliza conoce a sus vecinos Dickens (Brendan Fletcher), deficiente mental, y a su hermana Dell (Janet McTeer), una bruja loca, que viven en una oscura casa llena de animales disecados. La relación de la niña con sus vecinos es tan buena que les permite practicar la Taxidermia con su padre, cuyo cuerpo conservarán como ya hicieron hace años con su propia madre. Entre Jeliza y Dickens surge cierto sentimiento amoroso que llevará al segundo a confesar su secreto a la pequeña, un cartucho de dinamita que pronto empleará para acabar con "un monstruo". Dickens hace estallar un tren provocando gran número de víctimas. Una superviviente del convoy ofrece ayuda a Jeliza creyendo que la pequeña también es una víctima mientras Dell busca infructuosamente a su hermano desaparecido.