"L'Empailleur", un óleo de Léon Brunin.

Léon Brunin (1).
Léon de Meutter Brunin, pintor flamenco, nació en Amberes (Bélgica) el 20 de noviembre de 1861. Practicó la escultura, disciplina que abandonó para dedicarse a la pintura bajo la dirección de los reconocidos pintores, también amberinos, Polydore Beufaux y Charles Verlat, que influyeron en la obra de Brunin, como más tarde lo hizo Henri De Braekeleer. Fue profesor de la Academia de Amberes a partir de 1886. Además de pintura al óleo utilizó la técnica del aguafuerte y del grabado. Admirador de Rembrandt, sus interiores y paisajes se inspiran en el siglo XVII holandés. A menudo pinta escenas de género con artesanos en un contexto histórico. Fue miembro fundador del movimiento Als Ik Kan, (lo mejor que pueda), que defendía la virtud del trabajo duro como manera de acercarse a la perfección aún sabiendo que nunca se conseguiría. Léon Brunin murió el 13 de marzo de 1949. Parte de su obra se expone en el Museo Real de Bellas Artes de Amberes.

El cuadro que nos ha invitado a hablar de Brunin es L'Empailleur (El taxidermista), un óleo sobre lienzo, de 80x65,5 cm., no datado, firmado en el anverso con "Léon Brunin Anvers" y en el reverso sobre una vieja etiqueta pegada que dice "Léon Brunin je soussigne declare avoir peint le tableau ci-contre L'Empailleur". La última ocasión que L'empailleur pudo verse en público fue en la exposición de los lotes que la empresa Christie's subastó el 15 de junio de 1999 en Nueva York. El óleo, estimado entonces entre 3.000 y 5.000 dólares, se remató por 9.200.

L'Empailleur de Léon de Meutter Brunin (1).

"Correo árabe atacado por leones" de Édouard Verreaux.


El Correo árabe atacado por leones (1867) es una de las obras maestras de la Taxidermia creada por la Maison Verreaux de París, atribuida a Jean-Baptiste Édouard Verreaux (París, 1810-1868).
 

El Correo árabe en el Museo de Pittsburgh (1).


La Maison Verreaux, ubicada en la Place des Vosges, fue fundada en el año 1803 por Pierre-Jacques Verreaux, pero fueron sus hijos Jules, Édouard y Alexis quienes hicieron de ella un lugar indispensable para coleccionistas y museos de Historia Natural de todo el mundo. A partir de 1834 Édouard se hizo cargo de un boyante negocio que más tarde se trasladaría al número 6 del Boulevard Montmartre y al número 9 de la Place du Collège de France, también en París. Se cuenta que aquel inmenso almacén de objetos de Historia Natural llegó a disponer, en su momento de mayor esplendor, de más de 3.000 mamíferos disecados y de 40.000 aves. A la muerte de Édouard Verreaux su viuda fue liquidando las existencias, hasta el cierre del establecimiento en 1899.

Herman H. ter Meer, el dermoplástico más reconocido.


Retrato de Herman H. ter Meer de alrededor de 1930 (2).
Hermanus Hendrikus ter Meer júnior (Leiden, Países Bajos, 1871- Leipzig, Alemania 1934), miembro de una larga saga de taxidermistas, como sus antepasados, comenzó como aprendiz en el Museo Real (Rijksmuseum) de Historia Natural de Leiden, junto su padre, entonces jefe del taller de Taxidermia. Durante los años en los que coincidieron el padre se dedicó casi exclusivamente al montaje de aves y Ter Meer jr. se centró en la preparación de mamíferos. Al cumplir los 18 años, Ter Meer sénior envió a su hijo a Stuttgart, para que trabajara como ayudante y aprendiera nuevos métodos en el taller de un conocido suyo, el taxidermista alemán Friedrich Kerz. Hans Völkel, el biógrafo de Ter Meer, asegura que la elección de Kertz no fue casual. Kerz, discípulo del taxidermista de Mainz Wilhelm Nikolaus que practicó la Dermoplastia, era uno de los más reputados y avanzados preparadores europeos, que había sucedido en el puesto de taxidermista jefe en el Real Gabinete de Historia Natural de Stuttgart a Philipp Leopold Martin, considerado como uno de los iniciadores a mediados del siglo XIX de dicha técnica y autor de manuales que ya en 1870 (1) la divulgaban.


La dinastía ter Meer.

Herman H. ter Meer júnior, taxidermista dermoplástico que desarrolló su trabajo entre Leiden (Países Bajos) y Leipzig (Alemania), es el último y más conocido miembro de una dinastía de taxidermistas holandeses de larga tradición. Conozcamos algo más de esta saga de orígenes humildes.

Christoffel Termeer (1)
Christoffel Termeer (2).
(Leeuwarden?, ?-Leiden, 1803), el tatarabuelo, era taxidermista aficionado. Tenía un taller-gabinete de creación artística. Se ganaba la vida en la calle explicando historias para adultos y cuentos infantiles, manipulando marionetas y muñecos de cera que él mismo construía y explicando noticias ayudado por cuadros que pintaba. Esos conocimientos sirvieron, sin duda, a sus sucesores para desarrollar la técnica dermoplástica. En el Rotterdamse courant del 27 de agosto de 1799 encontramos un anuncio que dice "se anuncia que llegó CHRISTOFFEL TERMEER con el hermoso nuevo GABINETE
de WASSEBEELDKN, que se muestra en la Vlasmarkt". Durante algunos años vivió con su familia en Ámsterdam. Tuvo seis hijos.

Hermanus Hendricus Ter Meer (3).
El segundo de los hermanos, el primer varón, fue Hermanus Hendricus Ter Meer (Leiden, 1774-1819), el bisabuelo del Herman ter Meer de Leipzig.  La taxidermia la aprendió en su niñez.
En un principio siguió los pasos de su padre, trabajando como titiritero, pero no ganaba lo suficiente para mantener una familia. Fue maestro de profesión y trabajó como taxidermista por su cuenta. Se pluriempleó como bombero y jefe de los serenos de su ciudad, empleos no muy bien considerados y mal pagados. Algunos de sus trabajos de taxidermia, entre los que se incluían algunos animales del zoológico local, formaron parte de la primera colección permanente del recién creado Museo Real (Rijksmuseum) de Historia Natural de Leiden. Hans Völkel, biógrafo de los Ter Mer, especula en que quizás Hermanus ter Meer fuera el primer taxidermista profesional que hubo en los Países Bajos.
 

El Museo de Historia Natural de Londres.


Fachada del Natural History Museum de Londres (fotografía de David Iliff).


Retrato de Sir Hans Sloane.
El irlandés Sir Hans Sloane (1660-1753) fue médico, naturalista y consumado coleccionista. Siendo niño se interesó por la Historia Natural. Se licenció en Medicina y más tarde se doctoró en Física. Ingresó en la Royal Society en 1685. Dos años más tarde aceptó el puesto de médico personal del entonces Gobernador de Jamaica. Tras quince meses de estancia en la colonia regresó a Londres con centenares de plantas y animales. Durante su estancia en Jamaica probó una bebida curativa local hecha a base de cacao, que consideró "nauseabunda". Mezcló el cacao con leche y azúcar y patentó su fórmula, que luego vendió a los hermanos Cadbury. Aunque su primer uso fue medicinal, el éxito del chocolate con leche, permitió a su creador una vida holgada (1). Sloane fue el sucesor de Isaac Newton en la Presidencia de la Royal Society, puesto que ocupó entre 1727 y 1741. A su muerte, su colección llegó a los 80.000 objetos y libros, no sólo de Historia Natural, sino también antigüedades, manuscritos, cuadros, etc. Su testamento establecía que su colección sería donada al Estado.

Las cuatro cartas de Kuckahn.


Las cuatros cartas en Philosophical Transactions.
Tesser Samuel Kuckahn envía a mediados de 1770 cuatro cartas a Philosophical Transactions, publicación editada por la Royal Society de Londres, en las que expone sus métodos de conservación de aves. Esas cartas lo convierten en un autor indispensable en la historia de la Taxidermia. Abordemos su contenido.

En la primera carta de fecha 22 de mayo de 1770, Kuckahn revisa tres métodos utilizados hasta ahora para preservar las aves. Objeta sobre la utilización de la mezcla de alumbre, sal común y pimienta negra que, según el autor, generalmente se utilizaba como relleno de la cavidad ventral y en el cuello, en el método de evisceración del ave. El autor objeta que la sal favorece la humedad y la corrosión de los alambres que dan una forma natural a las aves. Los ojos si son de vidrio conservan su vivacidad, pero el resto del cuerpo se deforma, se pierden las actitudes, el color... Kuckahn afirma que "la experiencia ha demostrado que las aves así conservadas se corrompen tarde o temprano, y que son pasto de insectos". Sobre el método de inmersión en licor, Kuckahn dice que es bueno desde el punto de vista de la preservación, pero que no mantiene las proporciones, actitudes, las “gracias”, y por tanto, el ave no tiene vida y movimiento. El tercer método consiste en desollar las aves y preservar la piel con alumbre, sal y pimienta. El autor comenta que es el practicado en Alemania y Holanda, y el más generalizado en Francia desde hace bastante tiempo. Kuckahn admite que no es un mal método, pero plantea tres objeciones: que presenta gran dificultad, sobre todo en el desollado de pequeños pájaros muertos con arma; que una vez desollada la piel, muchas personas no guardan bien las proporciones del ave a la hora de montarla, especialmente el cuello, que desollado dobla su longitud; y que estos métodos no llegan a descarnar las alas y los cuartos traseros y que, consecuentemente, no se pueden aplicar productos preservativos. Finalmente, el autor propone su método como mejor, enfatizando que no sólo lo es desde el punto de vista de preservación del ave, sino también en lo referente a guardar las proporciones y las actitudes naturales. Y anuncia que lo tratará en futuras cartas. 

"Le peuple des endormis", un cómic de Tronchet y Richaud.

El cómic Le peuple des endormis (Gente durmiente) se publicó en Francia y Bélgica en dos volúmenes, en septiembre de 2006 y enero de 2007, por la editorial belga Dupuis, en su colección Aire libre. Los dibujos son de Didier Tronchet y el texto se basa en la novela La ménagerie de Versailles de Frédéric Richaud, que se publicó en español en el año 2008 con el titulo Un zoológico para el Rey Sol. Los libros tienen un tamaño de 23,5x31 cm., con 56 y 64 páginas, respectivamente.

Cubierta del primer tomo.
En el tomo 1 nos encontramos en el París del siglo XVIII. El joven Jean recibe una estricta educación de mano de su madre y de un tutor. Su cuaderno de dibujo es su única vía de escape. Su padre es, para él, un ser extraño. La família, por sorpresa, descubre su afición secreta. El padre de Jean convierte el consejo de familia al que se enfrenta el joven en un guiño a su hijo. Esa misma noche  el padre lo arrastra por calles y callejones hasta un sótano donde le descubre su afición: la taxidermia. A partir de ese momento Jean se convierte en colaborador de su padre, obsesionado con encontrar el conservante perfecto que alargue la vida de sus trabajos. Es en ese sótano donde conoce al marqués de Dunan, mecenas de su padre, jovial, fanfarrón y seductor, a quién le gusta explicar las historias de la corte del rey y quien planea, además, una expedición a África. A la muerte  de su padre, Jean, gracias a su talento como dibujante, consigue embarcar rumbo a África junto al marqués.

Carl Akeley, padre de la Taxidermia moderna en los Estados Unidos.


Carl E. Akeley.
Clarence Carl Ethan Akeley (Claredon, Nueva York, 1864-Virunga National Park, R. D. Congo, 1926), además de taxidermista fue escultor, naturalista, inventor y fotógrafo. Creció en una granja y asistió a la escuela durante tres años. Su primer contacto con la taxidermia lo tuvo con doce años cuando visitó la exposición de unos cincuenta pequeños mamíferos y aves disecados que un pintor, decorador de interiores y taxidermista aficionado inglés llamado David Bruce mostró en la ciudad vecina de Brockport. En su autobiografía Akeley cuenta que con dieciséis años "anunció al mundo que sería taxidermista". Se compró un manual por un dólar y comenzó a disecar. A partir de 1883, con diecinueve años, ingresó como aprendíz de David Bruce, persona afable, que enseñó al joven Carl todo lo que podía enseñarle. Aquel año ingresó como miembro en la Sociedad de Taxidermistas Americanos, coincidiendo con la Tercera Exposición que se celebró en Nueva York, en la no presentó ningún trabajo. Sus ansias de progresar en el arte de la taxidermia le llevaron a tomar una determinación: "Una mañana caminé tres millas hasta la estación para tomar el tren con destino a Rochester". En aquella ciudad se presentó en el reconocido establecimiento que Henry A. Ward, "una de las grandes autoridades de la taxidermia" según Akeley, fundó en 1862. Carl Akeley recuerda el encuentro con aquel hombre "brusco y fiero" al que entregó su tarjeta de visita y que le preguntó sobre sus conocimientos. Ward lo aceptó y le asignó un salario de tres dólares y medio por semana. Akeley descubrió que sus gastos de manutención eran de cuatro dólares semanales. La jornada de trabajo era de 7 de la mañana a 6 de la tarde, sin cobertura por enfermedad ni vacaciones.

"Tableau du Préparateur de Zoologie". Théodore Poortman.


Los lectores de este blog estarán familiarizados con la siguiente imagen. Un detalle de ella sirve de fondo para la cabecera de este blog.
 

Tableau du Préparateur de Zoologie. Art d'empailler les animaux (1860).

 
Se trata de una cromolitografía, con unas medidas de 545x710 mm., con el título Tableau du Prépapateur de Zoologie. Art d'empailler les animaux. Los dibujos son obra de Théodore Poortman, preparador del Muséum Nacional d'Histoire Naturelle de París, y el litógrafo es Oudard. Está impresa por la Maison Basset de París en el año 1860.

Este grabado contiene todo un tratado de Taxidermia: dibujos con utensilios, procesos paso a paso para la preparación de mamíferos, aves, peces, reptiles, crustáceos, moluscos, insectos..., con explicaciones breves junto a cada dibujo, y algo más extensas al pie, y con la fórmula del jabón arsenical de Bécoeur como preservativo recomendado.

Soler y Palaus: 121 años de Taxidermia.


Lluís Soler Pujol.
Lluís Soler Pujol nac en 1871 en Santpedor, Barcelona. Fue el segundo de nueve hermanos y, como mandaba la tradición, estaba destinado a la carrera eclesiástica. La comenzó, pero dejó los hábitos por falta de vocación. Lluís Soler se trasladó a Barcelona donde comenzó trabajando de barbero mientras estudiaba en la Universidad, donde acabó la carrera de Ciencias Naturales. Discípulo del taxidermista Francesc Darder, fue el continuador natural de su actividad. Se estableció por su cuenta en 1889. Soler, que aún no había cumplido los treinta años, se casó en 1899 con Carme Boix Valls, la hija del propietario de la Imaginería Boix del Portal de l'Àngel. Tuvieron nueve hijas.

A finales del siglo XIX había unos cuantos comerciantes en Europa que, como se decía entonces, "proveían de objetos de Historia Natural": Ward en Londres, Deyrolle, Verreaux y Dreyfus en París, Darder en Barcelona, Benedito en Valencia. Se solía vender por catálogo y se enviaba a cualquier rincón de la geografía.

En el prólogo de su Manual de Taxidermia (1908) que autoeditó, en la exposición de motivos que justificaban la escritura y publicación del libro, Soler nos cuenta algunos detalles de su biografía:
   "Por lo que a mí se refiere, puedo afirmar, desde luego, que joven todavía comencé a dedicarme a las labores taxidérmicas, luchando con la gravísima dificultad de carecer por completo de todo elemento que pudiera orientarme en el cultivo de lo que eran entonces meras aficiones, ya que no tenía a mi alcance una persona a quien consultar mis primeros pasos, ni un tratado donde poder ilustrarme; de suerte que anduve vacilante e inexperto hasta tanto que logré ser admitido en los talleres de un distinguido naturalista de esta capital (1) , de donde salí algunos años después, cuando aquel puso fin a su comercio, para ejercer la profesión en cuyo desempeño han venido favoreciéndome diferentes corporaciones y sociedades de toda la Península, juntamente con gran número de familias de la sociedad barcelonesa que han confiado a mis modestos trabajos la disecación de ejemplares, formación de colecciones anatómicas, zoológicas, etc., etc.
   Durante este tiempo, obedeciendo a las inclinaciones de mi voluntad y haciendo caso omiso de toda suerte de sacrificios, he visitado los museos de París, Londres, Berlín, Leipzig y los de otras poblaciones de menor importancia, admirando las interesantes colecciones que en aquellos se contienen, la manera de disponer los ejemplares… siéndome posible estudiar los sistemas seguidos en los talleres extranjeros para dar a aquellas simples pieles de mamíferos, aves, reptiles… la forma que tenían en su estado vital."
(1) Mi particular amigo, D. Francisco de A. Darder, Director de la Colección Zoológica del Parque de Barcelona.

Réaumur, precursor de la Taxidermia.


René Antoine Ferchault de Réaumur.
René Antoine Ferchault de Réaumur (La Rochelle, 1683- Saint Julien de Terroux, 1757), matemático, físico y naturalista francés. Estudió con los jesuítas, primero en Poitiers y más tarde en Bourges. Parecía destinado a estudiar leyes, pero finalmente sus inclinaciones le llevaron al estudio de las ciencias naturales. A los veinte años marchó a París. En 1708 ingresó en la Académie des Sciencies donde leyó un trabajo sobre geometría. Durante una década se centró en el estudio de los invertebrados marinos. En 1714 fue nombrado director de la Academia, cargo que alternaría con el de subdirector hasta poco antes de su muerte. En 1722 publicó su Traité sur l’Art de convertir le Fer en Acier, et d’adoucir le Fer fondu, trabajo que facilitó a Francia dejar de importar acero. En agradecimiento por los beneficios que su trabajo reportó a la nación, el duque de Orleans, le concedió una pensión de 12.000 libras. Inventó el termómetro de alcohol con su división en 80 grados, que rápidamente se extendió y se adoptó en el sur de Europa. También mejoró el proceso de fabricación de la porcelana. En su faceta como naturalista, Réaumur publicó obras destacadas como sus Mémoires pour servir à l'histoire des insectes (1734-1742) en seis volúmenes, u Observations sur la digestion des oiseaux (1752), además de decenas de artículos sobre insectos, aves y moluscos. Fue miembro de la Royal Society de Londres, de la Academia de Ciencias del Instituto de Bolonia, de la Academia Imperial de Ciencias de San Petersburgo, de la Academia de Berlín y de la de Estocolmo.

El día 21 de mayo de 1744 Réaumur escribía a Abraham Trembley, naturalista suizo residente en los Países Bajos:
   "(...) De las aves se derivan grandes utilidades, son unos de los más bellos adornos de la naturaleza y generalmente resultan agradables a todas las miradas. Durante tiempo he lamentado no poder conservar las aves muertas. Desconocíamos que empajándolas o rellenándolas, lo que requiere tiempo y práctica, no sería un método perfecto y duradero. Durante años creí que debía encontrar algo mejor para conservarlas en toda su belleza y, tras unas cuantas tentativas, he conseguido poner a salvo a las aves de la descomposición. Antes solamente se podían secar y, por elevación, me las arreglé para conservar las aves secas con un aspecto de vida, como lo son cuando están prestas a volar o caminar. Es un pequeño arte fácil, que puede realizarse hábilmente en menos de media hora, que contribuirá al progreso de la ornitología, y que ayudará a crear grandes colecciones de aves. Hará aproximadamente siete meses que comencé una y ya ocupa todo un gabinete, del cual no hay nadie que lo haya visto y no haya quedado impresionado por el agradable aspecto que presenta. (...)" 

"Psicosis" de Alfred Hitchcock: la parte oscura de un taxidermista aficionado.


Considerada como la obra maestra del género de terror, Psicosis (Psycho, 1960) dirigida por Alfred Hitchcock y basada en la novela de Robert Bloch, narra la huida en coche de la secretaria Marion Crane (Janet Leigh) tras haberse apoderado indebidamente de 40.000 dólares. Decide pasar una noche en un solitario motel regentado por Norman Bates (Anthony Perkins). Marion desaparecerá con el dinero. Un detective privado (Martin Balsam) contratado por la empresa para la que trabajaba Marion seguirá sus pasos y también desaparecerá. La hermana (Vera Miles) y el novio de Marion también la buscarán, ante la falta de noticias. Un inesperado final despejará el misterio.
 

Norman Bates (Anthony Perkins), el taxidermista aficionado protagonista de Psicosis.

 
Durante la noche que Marion pasa en el motel, Norman la invita a cenar en el salón contiguo a la recepción. Es ahí donde descubrimos que el protagonista es aficionado a la taxidermia. La conversación que mantienen en esa escena es la siguiente:

"Norman.- “Comáselo todo, yo no tengo hambre”
Norman.- “Come como un pájaro”
Marion “Lo dice usted por esos...”
N.- “No, desde luego. Uno oye esa expresión «Comer como un pájaro» y... es una falsedad porque precisamente los pájaros comen mucho. Bueno, no vaya a creer que entiendo de pájaros vivos. Mi pasatiempo es rellenarlos. Soy taxidermista. Los diseco. Y diseco pájaros porque... yo aborrezco ver otros animales disecados, sabe... No sé como hay personas que disecan perros... y hasta gatos. Opino que sólo se puede hacer eso con los pájaros por... porque adquieren cierta... pasividad disecados”
M.- “¡Es un extraño pasatiempo! Curioso”
N.- “Y no es muy común”
M.- “Me lo figuro...”
N.- “Ni hay que emplear mucho dinero. Resulta barato. Lo hago con serrín, agujas e hilo. Lo más caro de todo son los ácidos”
M.- “Como pasatiempo... está bien”
N.- “Bueno, es... algo más que un pasatiempo. Un pasatiempo es matar el tiempo... sin llenarlo”
M.- “¿Y el suyo está muy vacío?”
N.- “No, verá... llevo los libros (...)” 

El oso disecado, signo de riqueza y posición social.


Oso disecado por Edwin Ward.
Tener un oso disecado en el recibidor fue, en un tiempo, signo de poder y riqueza. Se puso de moda a partir de la época victoriana entre la alta sociedad y los burgueses con aspiraciones de ascenso social. Algunas imágenes y textos parecen demostrarlo.

En un ejemplar de La Ilustración Española y Americana del 30 de enero de 1875 nos encontramos con la xilografia de la izquierda, tallada a partir de un dibujo de P. Larson, en cuyo pie aparece el siguiente texto: "Mr. Bruin, el copero mudo. Oso cazado por Lord Suffield, y armado de esta forma por el disector y naturalista Mr. Ward". El texto que acompaña al grabado es el siguiente: 

   "Entre los festejos con que la corte imperial de Rusia solemnizó el matrimonio de los Duques de Edimburgo en enero del año anterior, figuraba principalmente una partida de caza de osos en los bosques inmediatos a San Petersburgo.
   Lord Suffield y su guía, extraviados en la espesura del bosque, fueron a dar de repente en la boca de una profunda cueva, donde se alojaba un soberbio oso, con dos cachorros ya crecidos; el peligro fue inminente para el magnate inglés, porque aquel feroz animal intentó arrojarse sobre el intruso que llegaba a turbar la paz de sus dominios forestales; pero lord Suffield tuvo serenidad bastante para esperar la acometida, preparó su escopeta y sepultó dos balas en el pecho del oso, que cayó instantáneamente exánime. Los dos cachorros huyeron, y el oso muerto fue recogido por lord Suffield, quien hizo trasladarlo después a Londres, y lo confió al reputado naturalista Mr. Edwin Ward (Wigmore Street) para que fuese disecado y armado de la manera que representa el grabado de la pág. 69.
   Así se guarda en el vestíbulo que precede al comerdor en el palacio de lord Suffield, en Londres, y es conocido por el siguiente nombre: Mr. Bruin, a dumb waiter (Mr. Moreno, un copero mudo)."

"El Rinoceronte" de Durero.


En el año 1514, el sultán Muzafar II de Gujarat, en el oeste de la India, envió como regalo al rey Emanuel I de Portugal –que dominaba extensas regiones en aquel lugar- un exótico animal: un rinoceronte. En realidad, el sultán hizo su regalo al gobernador de la India portuguesa, don Jaime de Albuquerque que, no sabiendo muy bien qué hacer con el animal, se lo envió a su soberano. El rinoceronte llegó a Lisboa el 20 de mayo de 1515. El 3 de junio el rey de Portugal hizo enfrentar al rinoceronte, que se alojaba en la casa de fieras del palacio de Ribera, con uno de sus elefantes más jóvenes, para comprobar lo que el romano Plinio el Viejo había escrito en su Historia Naturalis en el año 77, que estos dos animales eran grandes enemigos. El elefante, espantado ante la muchedumbre que quería presenciar el combate, huyó aterrorizado ante el lento avance de su adversario.
 

Dibujo a tinta del Rinoceronte de Alberto Durero. Museo Británico.

 
Pronto, el rey de Portugal decidió regalar el rinoceronte, de nombre Ganda, al zoológico del Papa León X. Un año antes, el rey ya había regalado un elefante indio al Papa, que quedó muy satisfecho. Esos regalos perseguían obtener los favores papales que ayudaran a mantener los privilegios portugueses en las tierras exploradas en Extremo Oriente. En diciembre embarcó de nuevo el rinoceronte,  junto a otros suntuosos regalos, con destino a Roma.

La momificación egipcia. Momias de animales. Segunda parte.


En la primera parte de este artículo tratamos sobre las técnicas y los materiales empleados en el proceso de momificación en el Antiguo Egipto. En esta segunda parte prestaremos atención a las momias de animales.

El halcón era la imagen de Horus, los gatos lo eran de la diosa Bastet, los toros de Apis. En los templos de Hathor se adoraba a las vacas, en los de Sobek a los cocodrilos y en los de Anubis a chacales o perros. Selket era representada por el escorpión, Amón por el ganso. Otros animales que también se embalsamaron fueron serpientes, peces, murciélagos, reptiles, ratones y huevos de pájaros. En ocasiones, simplemente se trataba de las mascotas de la familia, que se enterraban en la misma tumba de su amo, y con sarcófagos hechos a medida. 

Hacia 2950 a.C. los reyes de la Dinastía I fueron enterrados en Abydos con perros, leones y burros. 2500 años más tarde, durante la Dinastía III, un plebeyo de Abydos llamado Hapi-men fue enterrado junto a su perrito. Otras momias se enterraban junto a provisiones para la eternidad: trozos de carne de ternero, patos, gansos y palomas, salados, secos y envueltos en lino.

Algunos animales fueron momificados como representantes vivientes de divinidades. En el pueblo de Mit Rahina, donde estaba ubicado Memfis, capital del Antiguo Egipto, todavía se conservan las ruinas de la casa de embalsamamiento del dios toro Apis, uno de los animales más destacados de ese período. Símbolo de fuerza y virilidad, contenía el poder real. Mitad animal mitad deidad, se representaba con un triángulo blanco en la frente, con alas dibujadas sobre sus espaldas y la silueta de un escarabajo en la lengua. En vida, el toro vivía en un santuario, rodeado de sacerdotes, adornado con oro y joyas y adorado por las multitudes. Una vez muerto, su divinidad era heredada por otro toro. El cuerpo del animal muerto era transportado al templo y situado sobre un lecho de travertino finamente esculpido. El proceso de momificación duraba 70 días.
 

 Tebas. Hipogeos. Momias y detalles de cocodrilo, de serpiente y de perro.  Grabado. (1)

La momificación egipcia. Técnica y materiales. Primera parte.


¿Dónde se tiene su origen el arte de la Taxidermia? En el Antiguo Egipto no. En un artículo anterior pudimos comprobar que las momias de Chinchorro, descubiertas en Chile, son bastante anteriores a las egipcias y que, además, presentan un tratamiento más taxidérmico. No obstante, la cultura egipcia siempre ha acabado seduciendo a quien se ha acercado a ella, y son los autores clásicos quienes nos han permitido conocer las técnicas y los materiales empleados.

El historiador griego Heródoto (484-430 a.C.) en su Historiae, Libro II, Euterpe, nos describe los tres tipos de embalsamamiento dependiendo de la clase social a la que pertenecía el muerto:
Anubis embalsamando el cuerpo de un Faraón.
   "LXXXVI. Allí tienen oficiales especialmente destinados a ejercer el arte de embalsamar, los cuales, apenas es llevado a su casa algún cadáver, presentan desde luego a los conductores unas figuras de madera, modelos de su arte, las cuales con sus colores remedan al vivo un cadáver embalsamado. La más primorosa de estas figuras, dicen ellos mismos, es la de un sujeto cuyo nombre no me atrevo ni juzgo lícito publicar. Enseñan después otra figura inferior en mérito y menos costosa, y por fin otra tercera más barata y ordinaria, preguntando de qué modo y conforme a qué modelo desean se les adobe el muerto; y después de entrar en ajuste y cerrado el contrato, se retiran los conductores. Entonces, quedando a solas los artesanos en su oficina, ejecutan en esta forma el adobo de primera clase. Empiezan metiendo por las narices del difunto unos hierros encorvados, y después de sacarle con ellos los sesos, introducen allá sus drogas e ingredientes. Abiertos después los ijares con piedra de Etiopía aguda y cortante, sacan por ellos los intestinos, y purgado el vientre, lo lavan con vino de palma y después con aromas molidos, llenándolo luego de finísima mirra, de casia, y de variedad de aromas, de los cuales exceptúan el incienso, y cosen últimamente la abertura. Después de estos preparativos adoban secretamente el cadáver con nitro durante setenta días, único plazo que se concede para guardarle oculto, luego se le faja, bien lavado, con ciertas vendas cortadas de una pieza de finísimo lino, untándole al mismo tiempo con aquella goma de que se sirven comúnmente los egipcios en vez de cola. Vuelven entonces los parientes por el muerto, toman su momia, y la encierran en un nicho o caja de madera, cuya parte exterior tiene la forma y apariencia de un cuerpo humano, y así guardada la depositan en un aposentillo, colocándola en pie y arrimada a la pared. He aquí el modo más exquisito de embalsamar los muertos.
   LXXXVII. Otra es la forma con que preparan el cadáver los que, contentos con la medianía, no gustan de tanto lujo y primor en este punto. Sin abrirle las entrañas ni extraerle los intestinos, por medio de unos clísteres llenos de aceite de cedro, se lo introducen por el orificio, hasta llenar el vientre con este licor, cuidando que no se derrame después y que no vuelva a salir. Adóbanle durante los días acostumbrados, y en el último sacan del vientre el aceite antes introducido, cuya fuerza es tanta, que arrastra consigo en su salida tripas, intestinos y entrañas ya líquidas y derretidas. Consumida al mismo tiempo la carne por el nitro de afuera, sólo resta del cadáver la piel y los huesos; y sin cuidarse de más, se restituye la momia a los parientes. 
   LXXXVIII. El tercer método de adobo, de que suelen echar mano los que tienen menos recursos, se deduce a limpiar las tripas del muerto a fuerza de lavativas, y adobar el cadáver durante los setenta días prefijados, restituyéndole después al que lo trajo para que lo vuelva a su casa. 
   LXXXIX. En cuanto a las matronas de los nobles del país y a las mujeres bien parecidas, se toma la precaución de no entregarlas luego de muertas para embalsamar, sino que se difiere hasta el tercero o cuarto día después de su fallecimiento. El motivo de esta dilación no es otro que el de impedir que los embalsamadores abusen criminalmente de la belleza de las difuntas, como se experimentó, a lo que dicen, en uno de esos inhumanos, que se llegó a una de las recién muertas, según se supo por la delación de un compañero de oficio."

El "Traité sur la manière d'empailler" del abad Manesse.


En un artículo anterior revisamos la biografía del abad Denis Joseph Manesse, autor de Traité sur la manière d'empailler et de conserver les animaux, les pelleteries et les laines, publicado en 1787. En este comentaremos el contenido de su libro, un volumen de XVI+193+III páginas, sin grabados, de un tamaño de 10,5x17 cm., y que no llegó a reeditarse.

Portada del Traité del abad Manesse. 
Como nos encontramos ante el primer tratado de taxidermia de la historia, lo que con seguridad, no nos volverá a suceder, aprovecharemos la ocasión para extendernos en conocer su contenido, a sabiendas que la longitud del artículo superará lo deseado. Y lo haremos siguiendo el texto original, aunque al lector nos parezca desordenado.

En lo referente al aspecto técnico de su manual, el mismo Manesse afirma que, después de haberlo experimentado, el arsénico, el sublimado corrosivo (1), el alcanfor, la trementina, la mirra, el aloe, etc., no garantizan la conservación de los animales disecados durante largo tiempo, ya que estas drogas no penetran en el tejido celular y en los folículos grasos. Tras observar piezas en las que se utilizan los mismos compuestos, unas se degradaban antes que otras. El autor relaciona acertadamente esa degradación con la cantidad de grasa de los animales, afirmando que se descomponen antes los animales o las partes de estos que contienen más grasa, y que esta descomposición se acelera con el calor.

Manesse utiliza dos fórmulas de curtido para conservar las pieles. La primera se basa en un ácido, el alumbre de roca puro, y lo utiliza para pieles frescas; la segunda en un álcali, la soda (2), y lo propone para las pieles secas.

El Abad Manesse, autor del primer tratado de Taxidermia.

El abad Denis Joseph Manesse nace en Landrecies (Nord, Francia) en 1743. Fue canónigo en la abadía de Saint-Jean-des-Vignes de Soissons, y párroco y prior de Branges o, según otras fuentes, de Beaugies-sous-Bois (Oise). Ejerció la medicina gratuitamente y con éxito hasta el fin de sus días, lo que le valió la obtención de dos pensiones del rey Luis XVI. Tras el triunfo de la Revolución, marchó a Alemania y luego a Rusia. Ingresó como miembro en la Academia de Erfurt en 1795 y en la Academia Imperial de San Petersburgo en 1801. Vuelve a Francia tras la primera restauración, en 1814, y reprende sus trabajos como naturalista. Falleció en el castillo de Soupir (Aisne) -ahora destruido-, propiedad de su amigo M. de La Villeurnois, el 24 de septiembre de 1820.

Abadía de Sant Jean-des-Vignes de Soissons.

Él mismo escribe en su Traité sur la manière d'empailler et de conserver les animaux, les pelleteries, et les laines (1787) que su interés por la Historia Natural lo tiene desde su primera juventud y que, en el momento de escribir esta obra, contaba con más de veinte años de experiencia en la preparación de animales. Y es precisamente su Traité sur la manière d'empailler el que está considerado como el primer tratado de Taxidermia conocido. Hasta esa fecha sólo se habían publicado artículos en revistas, cartas, algún capítulo o párrafos sueltos, o los libros publicados se limitaban a dar unas instrucciones básicas para las primeras preparaciones de los animales que debían ser enviados a Europa desde otros continentes. Louis Dufresne, jefe del laboratorio de Taxidermia del Museo de París, en el año 1803 afirma:  
   “Parece que los ingleses y los holandeses no tienen, en su lengua, obra alguna que trate sobre la forma de montar los animales con algunos principios. En 1801, no estábamos más avanzados que ellos. (...) Solamente teníamos la obra del abad Manesse, pero la duración de los procedimientos que indicaba espantaba a aquellos que deseaban formarse en la taxidermia."