La Taxidermia durante el siglo XVIII. Visión general.


El XVIII es un siglo clave en el desarrollo de la Taxidermia. El hito lo podemos establecer en el año 1743 cuando Jean-Baptiste Bécoeur, farmacéutico de Metz, Francia, inventa el jabón arsenical, un compuesto preservativo mezcla de alcanfor, arsénico, jabón, carbonato de potasa y cal. No obstante todavía tardaría más de medio siglo en comenzar a generalizarse el uso de este exitoso conservante debido al secretismo de su creador.
 

La fórmula del jabón arsenical publicada por Dufresne en su Taxidermie (1820).
 
 
Durante esta centuria ocurren además numerosos acontecimientos remarcables en la evolución de nuestro arte. En el año 1753 René Antoine Ferchault de Réaumur, célebre matemático, físico y naturalista, redacta la memoria Qui apprend à empailler les oiseaux, uno de los primeros textos -23 páginas- propiamente taxidérmicos, en la que propone la cal pulverizada o el alcanfor como preservativos y una alga marina como relleno. Años antes Réaumur ya había redactado varias memorias con instrucciones de conservación, entre ellas una en 1747 con indicaciones para transportar restos de animales desde países lejanos. Étienne-François Turgot, marqués de Sousmont, publica su Mémoire instructif (1758), libro que trata acerca de la recogida, preparación, conservación y envío desde lugares lejanos de curiosidades de Historia Natural, que contiene los primeros grabados ilustrativos del proceso taxidérmico, y donde aconseja el alumbre de roca como conservante o la pimienta o el alcanfor como sus alternativas.


Grabado de Mémoire Instructif de Turgot.

 
En Inglaterra Philosophical Transations publica en 1770 una carta del capitán Thomas Davies a John Ellis describiendo su método de preparación de aves basado en el empleo como preservativo de una mezcla de alumbre, alcanfor y canela, y con algodón como relleno. Ese mismo año se publicarán en la misma revista las cuatro cartas del terrateniente y naturalista aficionado Tesser Samuel Kuckhan exponiendo sus métodos de conservación de aves. En la última de ellas alude a la fabricación de un cuerpo artificial confeccionado con madera blanda y envuelto con algodón. Probablemente se trate del primer autor en referirse a la confección de un cuerpo ficticio.
 
Volviendo a Francia, en 1773 el Journal de Physique reprodujo las cartas de Kuckhan. En agosto de aquel año el médico Pierre Jean-Claude Mauduyt de la Varenne publica en el Journal de Physique su Manière de conserver les animaux dessechés donde puntualiza lo expuesto por Kuckhan y defiende como mejor método de conservación sus fumigaciones sulfurosas, una técnica, dicho sea de paso, el de la fumigación con gas sulfuroso de las aves ya preparadas, que ya había sido propuesto por Réaumur décadas antes. Aquella carta desataría un enfrentamiento público con acusaciones cruzadas entre Bécoeur y Mauduyt  que duraría hasta noviembre de 1774. El primero acusó a Mauduyt de mentir acerca de la inefectividad de su jabón arsenical y tildó de inútiles las fumigaciones; mientras que el segundo le respondió que si el jabón arsenical era ciertamente tan efectivo, por el bien de la ciencia, estaba obligado a revelar su fórmula. No lo hizo. Bécoeur falleció en 1777 y no fue hasta 1793 cuando se reveló públicamente la composición de su jabón arsenical. Lo hizo Félix Vicq d'Azyr en el marco de la edición de unas directrices para la conservación de objetos de Historia Natural.
 
Portada del libro de Manesse.
Entre otras de las publicaciones más destacadas del siglo XVIII no debemos olvidarnos de tres libros. En primer lugar del
Traité sur la manière d'empailler (1787) del abad Denis Joseph Manesse, el primer manual de Taxidermia con formato de libro. Su método de preparación era largo y complicado, la fórmula de su licor curtiente consistía en una mezcla de agua, alumbre, sal  y crémor tártaro (1), y rellenaba las pieles con estopa y borra. Dos años después, el abad Vicenzo Rosa publica su Metodo de preparare e conservare gli uccelli per i Gabinetti di Storia Naturale, el primer manual de Taxidermia en italiano. El tercero es Méthode de préparer et conserver les animaux (1800), obra del químico y farmacéutico Pierre-François Nicolas, quien propone su pomada jabonosa, su licor curtiente y su licor espirituoso amargo como fórmulas conservantes. En este punto apuntemos una circunstancia que no pasa desapercibida, la abundancia de ciertas profesiones, tales como farmacéuticos, médicos y monjes, entre los personajes citados, debido ello sin duda a su estudio de los tres reinos de la naturaleza con propósitos medicinales o de conocimiento.
 
Se engrandecen las colecciones privadas y se fundan los primeros museos. En 1704, el médico y naturalista alemán Michael Bernhard Valentini publica su compilativa obra Museum museorum, y en 1727 aparece Museographia de Caspar Friedrich Neickel, uno de los primeros tratados museográficos donde, entre otros, se describe la disposición ideal de una colección de objetos, entre ellos, animales disecados. De principios del XVIII datan el gabinete de Albertus Seba, ubicado en Amsterdam, y la Kunstkámera de Pedro I el Grande, antecesor del Museo Zoológico de San Petersburgo, una colección, la del zar, que a partir de 1734 mostró a Foma Ignatiev, un monstruo humano disecado. A partir de la donación al Estado de la colección de sir Hans Sloane, en 1753 el Parlamento decide la creación del British Museum, cuya sección de Historia Natural se trasladaría en 1881 al actual edificio de South Kensington y daría origen al Museo de Historia Natural de Londres. En el año 1771 el rey Carlos III establece el Real Gabinete de Historia Natural que más tarde se convertiría en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. En 1786 Charles Wilson Peale inaugura en Filadelfia su museo de Historia Natural, Etnografía y Arte, el primero que abrió en los Estados Unidos. Y finalmente en 1793, tras la Revolución, se crea el Museo Nacional de Historia Natural de París, sucesor de aquel Jardin de Plantas que promovió el rey Luis XIII en 1635.
 
El loro de la duquesa de Richmond (2).
Con el propósito de engrosar sus colecciones, son ahora ya las instituciones quienes tambien editan
publicaciones para viajeros instruyendo acerca de cómo preparar y enviar los objetos de Historia Natural. Entre las mas destacadas, las de David Hultman, discípulo de Carl von Linné, quien para el museo universitario de Upsala publica en 1753 en Amoenitates Academicae su Instructio musei rerum naturalium. En 1791 a instancias de la Sociedad de Historia Natural de Francia Philippe Pinel publica sus instrucciones destinadas a la expedición d'Entrecasteaux. Dos años después, por encargo de la recién instaurada Primera República francesa Vicq d'Azyr publicaría unas directrices para la conservación de objetos de Historia Natural enfocadas a los bienes incautados que pasaban a engrosar las colecciones nacionales. En Estados Unidos sería la Massachusetts Historical Society quien en 1795 editaría unas primeras instrucciones para naturalistas en aquel país.
 
Entre los especímenes montados en el XVIII y que en la actualidad podemos seguir admirando citaremos a la, probablemente, ave disecada más antigua conservada, el loro de la duquesa de Richmond, datado en 1702 y que se puede ver en el Museo de la abadía de Westminster. Entre 1716 y 1725 se prepararon  la yegua Lisette y los perros Lisette y Tirano de Pedro I el Grande, que se exponen en el Museo Zoológico de San Petersburgo. El paquidermo disecado más antiguo conservado es el elefante indio del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, montado por  Juan Bautista Bru en 1778. En 1793 Jean-Claude Mertrud y Félix Vicq d'Azyr montan el rinoceronte indio de Luis XV que sigue expuesto en el Museo de París. Por su parte, el Museo de Historia Natural de Berlín expone el armazón, es decir la escultura de madera revestida de yeso, sin piel, del jabalí cazado en 1724 por Federico Guillermo I de Prusia, como uno de los ejemplos más antiguos de técnica dermoplástica.
 
 
El elefante indio del Museo de Ciencias Naturales de Madrid (3).

 
Los dioramas, tan admirados en la actualidad en los grandes museos, tienen su origen a finales de este siglo. En un artículo publicado en 1782 en la Encyclopédie de Diderot y D'Alembert, el citado anteriormente Mauduyt de la Varenne propone acompañar las aves disecadas de ramas y hojas para "aumentar la ilusión, propagando la apariencia de vida". En los Estados Unidos fue el igualmente ya citado Charles Wilson Peale el primero en mostrar vitrinas ambientadas en su recién creado museo. En Inglaterra uno de sus precursores fue William Bullock, disecador que abrió en Sheffield en 1795 su propio museo, años más tarde trasladado a Liverpool y Londres.
 
Por recordar a otros taxidermistas del XVIII, aparte de los mencionados, y también algún dato curioso, podemos citar a Thomas Hall de Londres, iniciador en 1749 de una dinastía de disecadores que se prolongó hasta 1860. Otra saga fue la que estableció hacia 1800 también en Londres Benjamin Leadbeater, quien abrió uno de los primeros negocios de Historia Natural de la ciudad. En 1777 Luis Enequin fue el primer taxidermista privado en publicar un anuncio en la prensa española. En Francia Louis Dufresne, que en 1793 ingresó como ayudante naturalista en el Museo de Historia Natural de París, se convertiría pronto en un personaje clave en el progreso de la Taxidermia.
 

Primera referencia al término Taxidermia en el Traité de Daudin.

 
Para terminar, fue en 1800 cuando el naturalista François Marie Daudin empleó por vez primera el término Taxidermia. Lo hizo en el capítulo dedicado al disecado de aves en el Traité élementaire et complet d'Ornithologie. En la introducción de la obra Daudin escribía que había abordado el tema asesorado por su amigo Louis Dufresne. Por lo tanto, de momento no se puede atribuir dicha creación a ningún personaje concreto, a Daudin, a Dufresne, o quizá a un tercero. Antes de la creación de la palabra Taxidermia (del griego τάξις, colocación, arreglo, y δέρμα, piel), coexistían generalidades como preparar, conservar o rellenar: en Francia préparer, empailler, conserver; en Alemania ausstopfen, präparieren; en Inglaterra stuffing; y más tarde en España se comenzaría a usar el término disecar, derivado de desecar, y diseccionar. En la actualidad Taxidermia convive en España con disecar y naturalizar, en Francia los taxidermistes todavía empajan los animales, en Alemania se preparan las piezas -un taxidermista es un Präparator-, en Inglaterra los taxidermists aún rellenan, mientras que en Italia la actividad del tassidermista o imbalsamatore consiste en imbalsamare animales. La primera asociación con el verbo empailler la hizo Réaumur en su Memoria de 1753. El propio Réaumur en otro manuscrito también trató sobre el desecado de aves utilizando el calor de un horno, expresión que podría haber derivado en disecado.
 
Consolidado ya el despegue de la Taxidermia, el siguiente siglo, como veremos en el próximo capítulo, sería testigo de su perfeccionamiento, consolidación y expansión.

 
Notas y créditos.-
(1) Un curtido no obstante, dicha mezcla de agua, sal y alumbre, sin el crémor tártaro (bitartrato de potasa), que se ha venido empleando hasta el siglo XX.
(2) Fotografía propiedad del Museo de la abadía de Westminster.
(3) Fotografía de Hakan Svensson/Wikimedia Commons.
 
 
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Taxidermidades, 2022.
 
 
Recursos:
Artículo El "jabón arsenical" de Bécoeur en Taxidermidades.
Artículo Réaumur, precursor de la Taxidermia en Taxidermidades.
Artículo La carta del capitan Davies en Taxidermidades.
Artículo Las cuatro cartas de Kuckahn en Taxidermidades.
Artículo La polémica entre Bécoeur y Mauduyt. Parte 2  en Taxidermidades.
Artículo El gabinete de Albertus Seba en Taxidermidades.
Artículo El Museo de Historia Natural de Londres en Taxidermidades.
Artículo El Museo de Ciencias Naturales de Madrid en Taxidermidades.
Artículo Lisette, la yegua del zar Pedro I el Grande en Taxidermidades.
Artículo El Rinoceronte de Luis XV en Taxidermidades.
Artículo La saga de los Thomas Hall de Londres en Taxidermidades.
Artículo La saga de los Leadbeater en Taxidermidades.